Opinión
Barcelona no es Madrid

El primer viaje de Sheinbaum a España como presidenta ocurre con el canciller recién cambiado, el T-MEC (Tratado comercial México-EEUU-Canadá) en revisión y la coreografía de la distensión colonial todavía sin terminar.
Sheinbaum con Petro  en dic 2024
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum recibe a su homólogo de Colombia, Gustavo Petro en diciembre de 2024. Ambos asisten a la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, en Barcelona. Foto: Gobierno de México
18 abr 2026 06:00

Es sábado 18 de abril, Claudia Sheinbaum se reúne en Barcelona con Pedro Sánchez, Lula da Silva, Gustavo Petro y Yamandú Orsi en el marco de la IV Cumbre en Defensa de la Democracia. Será el primer viaje de una presidenta mexicana a España en ocho años. El encuentro bilateral con Sánchez durará lo que dure, las fuentes gubernamentales españolas lo describen como “breve”, y no habrá reunión con Felipe VI. Esto es lo que hay, antes de cualquier interpretación.

El gesto y su arquitectura

La distensión entre México y España no ha sido ni espontánea ni sencilla. En el baile de política soft y realpolitik ha habido cartas de exigencia, filtraciones, exposiciones de cultura mexicana en Madrid como estrategia diplomática, declaraciones del canciller Albares en noviembre de 2025 reconociendo “dolor e injusticia hacia los pueblos originarios”, y una visita del rey a la exposición La mitad del mundo en marzo con el reconocimiento grabado, editado y publicado por la propia Casa Real, de que en la Conquista “hubo mucho, mucho abuso”. Al día siguiente, la ministra portavoz confirmó que el Gobierno suscribía las palabras del rey “al 100%”.

La coreografía ya la analicé en este mismo espacio hace un mes: el tono informal permite mantener la denegabilidad técnica, mientras que la difusión institucional produce el efecto de una señal de Estado. Sheinbaum lo llamó un “gesto de acercamiento”. Tenía razón en la palabra: gesto.

Hace quince días

El 1 de abril, Juan Ramón de la Fuente dejó la Secretaría de Relaciones Exteriores por motivos de salud, aunque voces cercanas señalaban que se le veía, a él y a la presidenta, incómodos. Su sustituto, Roberto Velasco, tiene 38 años, coordinó durante seis años la agenda de México con América del Norte y fue el hombre de confianza de Marcelo Ebrard, hoy secretario de Economía, en las negociaciones con la primera administración Trump. Muchos análisis coinciden en que Velasco no será un canciller que se le plante a Estados Unidos, sino más bien uno que esté atento a sus demandas y a cómo atenderlas sin que se lean como una acción hostil o unilateral. La carta más fuerte de Velasco es su cercanía con Washington, aunque esa cercanía, dicen quienes conocen el proceso, la impulse más la condescendencia que el respeto.

“No es una reunión anti Trump, ni mucho menos.” Añadió que respetan al presidente estadounidense “aunque no estemos de acuerdo con muchas de sus decisiones”

El viaje a Barcelona se anunció diez días después del relevo. Sheinbaum dijo que tomó la decisión de ir de un día para otro. La coincidencia de tiempos no suena a causalidad pero sí pinta una imagen: una cancillería recién reconfigurada en función del eje norte, y una presidenta que menos de un mes después decide ir a Europa. Los dos movimientos juntos generan un efecto de equilibrio. Si ese equilibrio responde a una estrategia deliberada o a la acumulación de circunstancias es algo que los hechos todavía no permiten determinar.

Lo que Sheinbaum no puede decir en Barcelona

La presidenta fue explícita: “No es una reunión anti Trump, ni mucho menos.” Añadió que respetan al presidente estadounidense “aunque no estemos de acuerdo con muchas de sus decisiones”. El tono sereno es el habitual y que le ha funcionado a la mandataria.

México tiene una dependencia estructural del mercado estadounidense que ninguna cumbre progresista modifica y la revisión del Tratado comercial México-EEUU-Canadá, T-MEC (antes TLCAN), está en curso, con presiones concretas sobre el sector energético, la relación con China y los mecanismos de arbitraje. En ese contexto, cualquier lectura del viaje de Barcelona como posicionamiento anti estadounidense tendría un coste demasiado alto. Sheinbaum lo sabe, por eso llega a la cumbre con el mensaje desactivado de antemano.

La cautela tiene una dirección siempre de México hacia Washington, nunca en el otro sentido. La extrema derecha lleva años construyendo redes internacionales con financiación cruzada y narrativas coordinadas sin negociar con nadie su contenido mientras la centroizquierda global, calibra la tibieza de sus palabras y posiciones para no molestar al poder que dice interpelar.

Que varios gobiernos de centroizquierda se reúnan a articular una respuesta al avance de la ultraderecha no es, en sí mismo, irrelevante pero es discutible cuánta articulación real produce

Que varios gobiernos de centroizquierda se reúnan a articular una respuesta al avance de la ultraderecha no es, en sí mismo, irrelevante pero es discutible cuánta articulación real produce un foro donde cada asistente negocia compromisos bilaterales con la misma potencia que ese foro dice cuestionar y con contextos internos menos que favorecedores. Sánchez gobierna en minoría, Lula tiene un Congreso parcialmente hostil, Petro no ha logrado consolidar mayorías, y Sheinbaum tiene el T-MEC.

Sheinbaum no va a Madrid. Va a Barcelona —capital simbólica del progresismo europeo este fin de semana—, una ciudad gobernada por el partido de Sánchez, y territorio sin Casa Real. No habrá reunión con Felipe VI y aunque habrá encuentro bilateral con el presidente, será breve.

El Gobierno español, por su parte, “opta por la prudencia a la hora de marcar este hito como el fin de la crisis diplomática”, según sus propias fuentes. El siguiente paso posible en la hoja de ruta sería la Cumbre Iberoamericana de noviembre en Madrid, esa sí en la capital, con el peso político y simbólico que eso conlleva.

Lo que Barcelona produce, entonces, es una subida de temperatura: la relación dejó de estar fría. No alcanza para ser reparación, ni normalización institucional plena, ni frente político.

La coreografía de México con España y con Trump, continúa.

Opinión
Nombrar no es disculparse
Las palabras del rey Felipe VI en las que reconoce situaciones de “mucho abuso” en la Conquista de América forman parte de una estrategia para normalizar relaciones con México. Pero son insuficientes.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...