Elecciones del 26 de mayo
El “día de la marmota” del voto exterior

Tras las elecciones generales y a 20 días de la próxima cita electoral, el colectivo Marea Granate alerta una vez más sobre las bajas cifras de participación de las personas residentes en el extranjero como consecuencia del voto rogado.

Marea Granate
Manifestación de Marea Granate en París, en 2014. Archivo Diagonal

publicado
2019-05-08 08:17:00
Para muchas de las personas que residen en el extranjero las citas electorales en el Estado español son un momento de frustración. Desde el año 2011 estos ciudadanos se enfrentan en cada ocasión a un sistema de ruego del voto que les aleja de las urnas. Un proceso sobre el papel complejo, que en ocasiones la rigidez de los plazos, la falta de información, los retrasos postales, tornan en la práctica imposible. En las últimas elecciones, según denuncia Marea Granate, fueron menos de un 6% de los más de dos millones de personas inscritas en el Censo de Electores Residentes Ausentes (CERA) quienes lograron rogar el voto. Que finalmente pudieran votar, ya es otra historia —de hecho, de las 182.545 personas que rogaron el voto, hasta 53.274 se quedaron sin ejercer este derecho. Por último, que en caso de conseguir votar, sus sufragios hayan entrado en el recuento, es una incógnita. Malas noticias a 20 días de las próximas elecciones europeas y autonómicas (los residentes en el exterior no pueden votar en las municipales).

Otra cifra: fueron 18.124 las personas residentes temporalmente en el extranjero (el voto ERTA) quienes consiguieron completar el proceso de ruego. ¿Son muchos o pocos del total de personas en esa situación? No hay datos, denuncia Marea Granate, como también se desconoce qué porcentaje de quienes hicieron el complicado trámite recibió finalmente sus papeletas a tiempo. Si es que las recibieron.

Plazos escasos e información confusa 

Si, como lleva denunciando Marea Granate desde las europeas de 2014, la obligatoriedad de rogar el voto hace que el derecho a sufragio de la mayoría de emigrantes se quede por el camino, la convocatoria de elecciones anticipadas, anunciadas el 5 de marzo, complicó aún más el proceso. “Fue caótico, primero porque cerraron el censo electoral antes de tiempo. Tenías que haber viajado en el tiempo para poder inscribirte”, ironiza lsabel Damero, integrante del grupo de prensa del colectivo.

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Aunque las personas migrantes se movilizan para luchar por sus derechos políticos serán muchas las que, una vez más, se quedarán sin votar.

En efecto, el censo se cerró tres meses antes de la convocatoria electoral: cualquier persona que hubiese cambiado de residencia a partir del 1 de enero quedaba afuera. En la semana que se habilitó para subsanar la información censal (inscribirse en caso de no figurar en los registros CERA o ERTA), los consulados se llenaron de interminables colas, y se multiplicaron los fenómenos de surrealismo burocrático. En Londres, por ejemplo, era obligatorio para realizar el trámite pedir cita previa. Pero estas citas se daban ya para después del periodo de subsanación. La presión hizo que se habilitara también la embajada para el trámite.

“Luego, como se mezclaron las dos fechas de elecciones, la gente no sabía si tenía que rogar dos veces. Si tenía que esperar la Clave de Tramitación Telemática (CTT) —el documento que habilita para rogar el voto por internet— para ambos comicios. Decidieron mandar solo una CTT para ahorrar en costos. Hubo gente que, tras votar en las generales, tiró el CCT a la basura, porque pensaban que les enviarían otro para la convocatoria del 26M”. A todo esto, continúa Isabel, se sumó un caos de plazos.

En los últimos años el grupo de voto y el grupo informático de Marea Granate han trabajado en una serie de herramientas para facilitar el complicado proceso: entre ellas una aplicación que, teniendo la fecha de los comicios, informa sobre todos los plazos previos. También está la alerta automática que avisa por mail de la apertura de los plazos a las personas inscritas en Marea Granate. Un montón de trabajo, según describe Isabel, para encontrarse una vez tras otra ante cifras tan bajas de participación.

Una de las dificultades y también de las discriminaciones —critica Marea Granate— son las diferencias en el trato de los ERTA y los CERA. Los primeros deben rogar el voto personalmente en el consulado, que a veces está en el otro extremo del país, o directamente en un país distinto al de residencia. En el pasado se podía votar en los consulados honorarios existentes en muchos países sin otra representación diplomática, desde Marea Granate se insiste en que se recupere esta posibilidad.

David, residente temporal en Montreal, completó los trámites y le dijeron que esperara sus papeletas. “El último día para votar era el 23 de abril y la documentación llegó el 24”, recuerda

Así David, residente temporal en Montreal, fue al consulado el primer día habilitado para rogar el voto, completó los trámites y le dijeron que esperara hasta que llegaran sus papeletas para votar. “El último día para enviar mi voto era el 23 de abril y las papeletas llegaron el 24”. El 25 acudió al consulado e intentó votar en las urnas habilitadas a tal fin, pero para votar allí tendría que haber sido CERA. Ante sus quejas en el consulado señalaron a los servicios postales canadienses como culpables del retraso. David no conoce a nadie en su situación, en Montreal, que recibiera sus papeletas a tiempo. De cara a las elecciones del 26M no está seguro de repetir el proceso. “Ir al consulado me supone faltar en horario laboral y si al final el voto no llega, no me compensa el esfuerzo”, valora.

Atamán sabe lo que es no tener fácil acceso al consulado: reside junto a su pareja en Akureyre, una ciudad del Norte de Islandia. Los trámites consulares debe realizarlos a miles de kilómetros: en Oslo. Por suerte están inscritos como CERA y no necesitan desplazarse hasta Noruega para rogar el voto. Pero su suerte acaba ahí: es la segunda vez que intentan votar, no ha habido éxito. Sus papeletas también llegaron demasiado tarde.

A Atamán el sistema no le inspira mucha confianza, la primera vez que rogaron el voto, las papeletas de su pareja sí que llegaron a España a tiempo. A él le dijeron que su voto había llegado una semana tarde: “es raro, porque mandamos nuestros votos juntos”, señala Atamán. “La verdad es que cuando haces todo como te piden y no consigues votar se te queda cara de tonto”, protesta. “Te quedas con la sensación de que eres un ciudadano de segunda”.

Leire es CERA, y este año ha conseguido salir del grupo de emigrantes que intenta votar sin conseguirlo. No ha sido a la tercera, si no a la cuarta. Reside en ciudad del Cabo, Sudáfrica, y las veces anteriores las papeletas le llegaban con un retraso de un mes. “En vista de que nadie alcanzaba a votar, en el consulado decidieron mandarlas por mensajero”. Llegaron, pero Leire recuerda que ha sido algo excepcional, que se usaron mensajeros porque hay pocos CERA en el país y por el mal funcionamiento del correo.

¿A dónde van los votos?

El hecho de conseguir votar no implica necesariamente que los votos lleguen a su destino. El caso de los ERTA es llamativo: si llegan después del domingo electoral se van directamente a la basura. Los votos de los inscritos en el CERA —tanto los que llegan por correo a las embajadas como los que se depositan directamente en las urnas dispuestas en los consulados—, se envían a la Junta Electoral Central y de ahí a las juntas electorales provinciales, donde se recuentan el miércoles siguiente a las elecciones. En Marea Granate también denuncian que no hay información clara sobre el escrutinio, que se realiza a puertas cerradas. Una falta de transparencia que enturbia aún más el proceso.

¿Cómo es posible que subsista un sistema de voto así? Cuenta Isabel que si bien el único consenso entre todos los grupos parlamentarios que tuvo lugar en el breve gobierno de Pedro Sánchez fue en torno a la necesidad de acabar con el voto rogado, el adelanto electoral frustró los planes. “De todas maneras desde Marea Granate la propuesta planteada por el gobierno nos pareció muy flojita, cosmética. Por ejemplo los plazos seguían exactamente igual y tampoco habilitaban los consulados honorarios para el voto. La activista tampoco le tiene mucha fe a las distintas propuestas para acabar con el voto rogado que los partidos han incluido en sus programas electorales, pues le parece que se quedan en lo formal y no explican en qué consistiría el cambio en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg) al que se comprometen. “Sí que hemos recibido quizás más apoyo de algunas personas de Unidas Podemos en ese plano, pero en general los partidos se quedan en la pura declaración de intenciones”.

Marea Granate sin embargo tiene unas propuestas muy claras: primero, acabar con el sistema de ruego. Segundo, que la subsanación de errores se pueda hacer —también en el caso de los ERTA— sea en los consulados honorarios, sea a distancia. Tercero, que se amplíen todos los plazos, incluyendo los de recepción de votos ERTA. Cuarto, transparencia: que el escrutinio sea público. Quinto, que se dote del presupuesto necesario a los consulados para que puedan acometer con más rigor las tareas relacionadas con el voto exterior.

“Somos más de dos millones, una población superior en número a la de muchas provincias que no solo se ha visto forzada a emigrar, es que tampoco está políticamente reconocida

Por último una propuesta que consideran necesaria para que los residentes en el extranjero se sientan representados en el Congreso: la circunscripción exterior. “Si realmente funcionara el voto exterior, somos más de dos millones, una población superior en número a la de muchas provincias, y que no solo se ha visto forzada a emigrar, es que tampoco está políticamente reconocida”, explica Isabel. “Los votos exteriores se distribuyen por provincias. Entre los pocos que llegan y su división, teniendo en cuenta que junto al voto rogado tenemos aún la Ley D’Hont, nuestros votos apenas afectan al resultado”. Isabel cree que poder elegir representantes desde una circunscripción propia ayudaría a que los políticos les tuvieran finalmente en cuenta.

Se da la circunstancia de que estamos en un periodo postelectoral pero también preelectoral. “Quien ya esté más o menos establecido como CERA y no haya tenido problemas el 28A probablemente podrá seguir participando el 26M. Los ERTA más de lo mismo, van a tener que ir un día al consulado a rogar el voto, con todo lo que ya hemos hablado de distancia y horarios. Más el agotamiento de sentir que se vive en el Día de la Marmota”, lamenta Isabel.

Desde Marea Granate animan a quienes hayan tenido problemas a que reclamen, a tal efecto están repartiendo formularios de reclamación con el fin de meter presión de manera colectiva, en especial en aquellos lugares, como Canadá, donde tanta gente se ha quedado sistemáticamente sin poder votar.

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