Análisis
De la Economía progresista a la economía de siempre: el péndulo retorna a la derecha en Colombia

Colombia está dividida en dos visiones profundamente distintas sobre qué significa el desarrollo, cuál debe ser el papel del Estado y qué acciones se deben tomar para construir equidad en un país.
Abelardo de la Espriella, líder del movimiento Defensores de la Patria.
Abelardo de la Espriella, líder del movimiento Defensores de la Patria.
21 jul 2026 07:00

Colombia eligió presidente hace un par de semanas, dándole la victoria (con un márgen del 0.95%) al populista de derecha Abelardo de la Espriella. Con ello terminó el primer gobierno de izquierda de la historia de este país, y comenzó una nueva etapa política y económica donde reina la polarización a tal punto que el empalme entre el viejo y el nuevo gobierno, se suspendió y Petro anunció que no asistirá a la posesión del nuevo presidente. Con una diferencia de 250.000 votos, el conteo en las presidenciales confirmó una realidad evidente desde hace varios años: Colombia está dividida en dos visiones profundamente distintas sobre qué significa el desarrollo, cuál debe ser el papel del Estado y qué acciones se deben tomar para construir equidad en un país que se ubica en el top cinco de los más desiguales del mundo (WID, 2025). 

Durante la campaña electoral esta diferencia de visiones fue evidente. Siguiendo el legado de Gustavo Petro, el candidato de la izquierda, Iván Cepeda centró sus propuestas en la justicia social y económica, entendiendo la desigualdad como un problema estructural y prioritario que exige redistribuir riqueza y transformar las reglas económicas e institucionales que la producen. La apuesta económica de Abelardo de la Espriella fue la opuesta: bajo su visión la prioridad no es redistribuir, sino crecer. Y para ello se basa en las recetas fallidas que se han implementado en los países latinoamericanos desde los 90. De la Espriella busca impulsar al sector privado disminuyendo impuestos e implementando una “gran revolución de desregulación“, reducir el tamaño del Estado ”hasta en una cuarta parte“, y sacar plata de la minería incluso con técnicas ambientalmente insostenibles ”haciendo fracking a lo que dé“. 

Estas propuestas siguen el libreto de la vieja economía, una economía que Petro (con resultados aún inciertos) trabajó por desmantelar. Su gobierno abrió un debate nacional e internacional sobre nuevas formas de manejar la economía. Justamente unas semanas antes de las elecciones, el gobierno de Petro reunió en Bogotá a académicos y líderes políticos de distintas regiones del mundo para discutir sobre un “nuevo orden económico internacional” que ponga a la vida en el centro, y que le apunte a unir las voces de las economías del sur para replantear las injustas reglas fiscales, comerciales y de financiamiento que rigen al mundo actualmente. Esta conferencia se suma a otros esfuerzos de Petro por posicionar a Colombia como un líder en la discusión sobre los grandes desafíos globales. En temas climáticos, Petro tuvo una reconocida intervención ante la ONU denunciando las responsabilidades de los países ricos y planteando alternativas como los canjes de deuda por naturaleza). En temas de transición energética, su gobierno co-lideró con Holanda, la primera Conferencia Internacional para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles.

Al nuevo presidente de Colombia parecen importarle poco estos debates. Además de su apuesta por impulsar la minería incluso con fracking (algo que Petro intentará prohibir radicando la próxima semana en el Congreso la ley antifracking), durante su candidatura De la Espriella planteó que considera sacar a Colombia de la ONU, y la seman pasada nombró como canciller a una persona que ha negado abiertamente el cambio climático

La reducción del gasto social como parte de una nueva era de austeridad es una de las respuestas de De la Espriella para reducir el alto nivel de endeudamiento de Colombia

Las posturas de De la Espriella preocupan no solo desde el punto de vista ambiental, sino también social. Aunque su propuesta programática (de 13 páginas) mencionaba la importancia de apoyar a los jóvenes, formar a mujeres cuidadoras y fortalecer el sistema de salud, de la Espriella parece no estar muy interesado en la agenda social. De hecho, el “programa de ajuste fiscal” que propone busca reducir el tamaño del Estado. Esto significa reducir el gasto social, el cual brinda educación, salud y apoyo al ingreso para 16 millones de colombianos que viven en pobreza. 

La reducción del gasto social como parte de una nueva era de austeridad es una de las respuestas de De la Espriella para reducir el alto nivel de endeudamiento de Colombia (la deuda llega a 52 % del PIB). Una vez más, esta medida refleja una visión tradicional de la economía, en el que hay que “ajustarse el pantalón” en vez de cuestionar (como lo hizo abiertamente Petro) el desigual sistema financiero  internacional que tiene a tantos países sumidos en la deuda.  Las cifras son dicientes: 3,4 billones de personas en el mundo viven en países que gastan más en pagos a la deuda externa, que en educación y salud (UNCTAD), dejándonos ante la disyuntiva de “o pago la deuda, o garantizo derechos”. 

Otra apuesta de De la Espriella para reducir la deuda es aumentar el crecimiento económico, llevando al país a crecer al 7% anual. Esta es una meta difícil de lograr teniendo en cuenta que en 2025 el crecimiento de la economía fue del 2,6%, y que este fue impulsado por el gasto público (que quiere reducir) y por el consumo de los hogares. Pero por más desregulación e incentivos a la inversión privada, De la Espriella no podrá garantizar que la inversión llegue y que esto conlleve a más crecimiento económico. Un ejemplo de ello es el caso de El Salvador (que ha sido un modelo a seguir para la campaña de De la Espriella). Bukele tiene una visión económica muy similar a la del nuevo presidente Colombiano, priorizando el crecimiento sobre la agenda social. Pese a esta visión, los datos muestran que El Salvador lleva cinco años seguidos siendo la economía que menos crece en Centroamérica, y la inversión extranjera directa ha sido un 25 % menor desde que Bukele es presidente.

Decisiones que entienden y buscan transformar las reglas del juego que sostienen la desigualdad a punta de otorgar privilegios extremos e injustos, mientras se excluye de oportunidades básicas a poblaciones y territorios enteros

Incluso si De la Espriella logra atraer inversión y hacer crecer la economía, queda la pregunta de cómo se traducirá un mayor PIB en un mayor bienestar para las y los colombianos más empobrecidos. Colombia ya ha vivido bonanzas de precios de commodities y de crecimiento, y esto no ha logrado quitarle el deshonroso título de ser uno de los países más desiguales del mundo. 

Como afirmó la reconocida economista Jayati Ghosh durante su visita a Colombia, “la desigualdad no es simplemente el resultado de tecnologías o choques externos; es, sobre todo, el resultado de decisiones políticas”. Decisiones que entienden y buscan transformar las reglas del juego que sostienen la desigualdad a punta de otorgar privilegios extremos e injustos, mientras se excluye de oportunidades básicas a poblaciones y territorios enteros. Habrá que ver qué tanto De la Espriella echará para atrás los avances que abrió (al menos a nivel de discurso) el primer gobierno de izquierda de Colombia. Sin duda, el péndulo ha regresado a la vieja economía, la pregunta es qué tanto.  

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