Colombia elige entre un segundo Gobierno de izquierda y el populismo de ultraderecha

El abogado de narcotraficantes y paramilitares, Abelardo de la Espriella, parte como favorito frente al histórico activista de los derechos humanos, Iván Cepeda. La movilización de las bases del Pacto Histórico de Petro y Cepeda intentará hasta último momento dar la vuelta a las encuestas.
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Acto de cierre de campaña electoral de Iván Cepeda, candidato presidencial de la coalición progresista Pacto Histórico, en la localidad de Soledad. Barranquilla, Colombia, 14 de junio de 2026. Robert Bonet
@eduardogiordano@masto.es
20 jun 2026 06:00

El resultado de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este 21 de junio es crucial para el futuro de Colombia y de toda América Latina, en un contexto en el que la injerencia de Washington es cada vez mayor. Y Colombia no es una pieza menor en la planificación continental de esa estrategia. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha manifestado claramente su preferencia por el ultraderechista Abelardo de la Espriella.

El candidato del Pacto Histórico (PH), Iván Cepeda, ha podido capitalizar el amplio apoyo popular a las políticas de avances sociales y derechos laborales del Gobierno de Gustavo Petro, y se propone darles continuidad y profundidad en el segundo gobierno progresista de la historia de Colombia. Cepeda participó además en las políticas de paz y en los diálogos con grupos armados que emprendió Gustavo Petro, y sostiene que la paz será una prioridad de su Gobierno, junto con su campaña ética contra la “macrocorrupción”, la defensa de la biodiversidad y la protección de los derechos de las poblaciones históricamente marginadas y estigmatizadas.

Abelardo de la Espriella tiene una visión de país diametralmente opuesta a la de Iván Cepeda prácticamente en todos los aspectos, desde la economía hasta la política de seguridad. Reconocido admirador de Javier Milei, pretende desmantelar el Estado y en particular los organismos que regulan el derecho a la posesión de la tierra por parte de los sectores desfavorecidos, campesinos y desplazados; quiere retrotraer los derechos sociales y laborales a formas de explotación anteriores. Su candidato a vicepresidente, el economista José Manuel Restrepo, se opuso al incremento del salario mínimo decretado por el Gobierno de Petro presentando una medida cautelar. Además de su orientación contrapuesta, De la Espriella habla desde el desconocimiento de lo actuado por el Gobierno de Gustavo Petro. En una entrevista concedida a Blu Radio el 16 de junio, afirmó que su Gobierno renegociaría las deudas con el FMI al día siguiente de asumir el cargo, ignorando que en abril de este año el Gobierno de Petro ya canceló las últimas deudas con ese organismo.

Abelardo de la Espriella tiene una visión de país diametralmente opuesta a la de Iván Cepeda prácticamente en todos los aspectos, desde la economía hasta la política de seguridad

El programa electoral de Abelardo De la Espriella, “Trece propuestas para reconstruir la patria milagro”, es un documento de tres páginas, que obviamente contrasta con las más de 300 páginas del programa electoral del PH. El programa de Defensores de la Patria es escaso en propuestas y medidas concretas, pero en cambio se define claramente por su sesgo ideológico. Las ideas centrales de los “defensores de la patria” son muy simples: Colombia necesita “ser salvada de cuatro amenazas: autoritarismo, violencia criminal, corrupción política, penetración del narcotráfico y de las economías ilegales”. Es un programa absolutamente banal. Nadie duda de que esto sea así, porque esas son las principales batallas que también ha dado el Gobierno de Gustavo Petro. Pero es más difícil concebir que el abogado defensor de criminales, corruptos y narcotraficantes sea la persona indicada para profundizar estas políticas.

Rechaza de plano la política de paz del Gobierno Petro, descarta cualquier forma de diálogo con los grupos armados y augura el retorno a la “mano dura” de los tiempos de Álvaro Uribe, insinuando incluso que podría apadrinar la conformación de nuevos cuerpos armados integrados por jubilados de la fuerza pública. Heredero de las políticas de alianzas con paramilitares que tejió el uribismo para justificar el gasto militar estadounidense en su afán de “pacificar” Colombia, también ha buscado inspiración en el Gobierno salvadoreño de Nayib Bukele: entre sus ideas más sonadas propone construir diez megacentros carcelarios con ese modelo de prisiones de extrema seguridad y dudoso respeto a los derechos humanos de los internos. 

Cepeda propone la conservación de la naturaleza como una meta prioritaria, mientras que De la Espriella resalta el beneficio económico por encima de cualquier consideración ambiental

En política ambiental, el candidato ultraderechista es partidario declarado de emplear el fracking (fracturación hidráulica) para extraer hidrocarburos, lo cual le ha valido críticas y reproches en las redes sociales. La campaña de Iván Cepeda, cuyo programa excluye por completo el fracking, ha explotado a fondo esta debilidad de su opositor, desarmando sus argumentos y contraponiendo las imágenes de la fauna y la flora de un país biodiverso como Colombia con imágenes de otros enclaves más desérticos devastados por el fracking. En otros aspectos fundamentales, como la deforestación de la selva amazónica y la minería, las propuestas también son extremas: Cepeda propone la conservación de la naturaleza como una meta prioritaria, mientras que De la Espriella resalta el beneficio económico por encima de cualquier consideración ambiental.

En política exterior, las diferencias entre Cepeda y De la Espriella son también de gran calado. El Gobierno de Gustavo Petro ejerció un verdadero liderazgo mundial al denunciar, antes que ningún otro país, en foros internacionales como la Asamblea de Naciones Unidas el genocidio perpetrado en Gaza por Benjamin Netanyahu y toda la maquinaria militar de Israel respaldada por Estados Unidos. De la Espriella, en la estela de Trump y de Milei, considera las masacres de Netanyahu como un modelo a seguir. Recientemente declaró: “Yo considero que el Estado de Israel, el primer ministro Netanyahu, está haciendo lo que tiene que hacer para defender a su pueblo, y es exactamente lo mismo que voy a hacer yo para defender a Colombia”. 

Hasta que llegó Gustavo Petro al Gobierno, Colombia fue un país estratégico demasiado dócil en la geopolítica sudamericana de Estados Unidos controlada desde el Comando Sur. El candidato ultraderechista, cuya fidelidad al Gobierno de Trump es manifiesta, se ocuparía de restablecer ese papel de subordinación que ha mantenido la fuerza pública al ejército estadounidense, en particular desde el inicio del Plan Colombia, impulsado por Washington a finales del pasado siglo. De la Espriella ya ha indicado que daría la bienvenida a un nuevo plan militar de esa naturaleza, al que él preferiría llamar ahora Plan Patriota, el nombre que adoptó esta cooperación militar bajo el Gobierno de Álvaro Uribe. 

De la Espriella no solo tiene la nacionalidad estadounidense y se declara votante de Trump, sino que además es miembro del partido Republicano. Esta situación anómala generó denuncias y reclamos sobre su idoneidad para participar en la contienda electoral, ya que la ley colombiana exige fidelidad a Colombia por encima de todo, mientras que las leyes de ciudadanía de Estados Unidos lo consideran reservista del ejército de este país.

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Acto de cierre de campaña electoral de Iván Cepeda, candidato presidencial de la coalición progresista Pacto Histórico, en la localidad de Soledad. Barranquilla, Colombia, 14 de junio de 2026. Robert Bonet

Denuncias contra De la Espriella por sus nexos con paramilitares

Las denuncias contra políticos de ultraderecha presentadas por Iván Cepeda ya no se limitan al clan de los Uribe. A solo diez días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Cepeda presentó tres denuncias contra el candidato Abelardo de la Espriella por sus vínculos históricos con organizaciones paramilitares. “Esta denuncia se entabla por tres delitos asociados con crímenes de lesa humanidad cometidos por estructuras paramilitares pertenecientes a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC): concierto para delinquir, financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito”, declaró Cepeda en una conferencia de prensa realizada en Bogotá el 11 de junio. La acusación se sustenta en que De la Espriella habría creado una fundación, como presunto testaferro de las AUC, “con fines políticos, en medio de su proceso de desmovilización”.

Además, Cepeda recordó qué la Fiscalía no había avanzado en las investigaciones de estos hechos y le pidió que las retomara. Y también se dirigió a la Corte Penal Internacional, “porque estos delitos, como se sabe, no han sido debidamente investigados por la Justicia colombiana”.

A quien pueda parecer extraño que estas denuncias se produzcan en medio de una campaña electoral muy polarizada, hay que recordar que Abelardo De la Espriella cuenta con un equipo de propagandistas que recurren a la IA para desvirtuar las ideas y propuestas de Iván Cepeda y enaltecer al candidato ultraderechista. Obviamente, como no podía ser de otro modo, los seguidores del candidato ultraderechista comentaron esta información como un intento desesperado de Iván Cepeda para contrarrestar el avance de su líder en las encuestas. 

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Acto de cierre de campaña electoral de Iván Cepeda, candidato presidencial de la coalición progresista Pacto Histórico, en la localidad de Soledad. Barranquilla, Colombia, 14 de junio de 2026. Robert Bonet

La articulación de la campaña sucia

Ya nos hemos referido en otros artículos publicados en El Salto a la campaña sucia de la derecha contra el candidato del PH, que ha incluido una operación de desinformación y manipulación a gran escala en redes sociales denominada ‘Proyecto Júpiter’. Ideada inicialmente para favorecer el voto por la candidata uribista Paloma Valencia, esta maniobra se volcó después de la primera vuelta, y ante la desaparición del escenario de ese sector de la derecha tradicional, en una caja de herramientas de la ultraderecha contra el candidato progresista. 

De la Espriella no solo tiene la nacionalidad estadounidense y se declara votante de Trump, sino que además es miembro del partido Republicano

Cepeda denunció ante la opinión pública la naturaleza difamatoria de la campaña ultraderechista, por lanzar “una serie de mensajes de carácter calumnioso, falaz, tendencioso, que podríamos calificar como propaganda sucia”, muchos de ellos realizados con IA. “En algunos de ellos yo aparezco haciendo afirmaciones que distan diametralmente de mis convicciones, u otros intentando vincularme a escándalos o situaciones de ilegalidad”, dijo. Uno de estos mensajes, lanzado desde una cuenta de la campaña de la ultraderecha, pone el foco en la salud del candidato del PH, que ha sufrido cáncer y se ha recuperado hace años después de haber realizado sesiones de quimioterapia. “Según una historia clínica que ha llegado a manos de pocos, Iván Cepeda está gravemente enfermo (…) Los documentos revelan que le quedan pocos meses de vida… por eso se inyecta morfina diariamente para soportar el dolor”, sostenía el vídeo. 

Según esta fake news cargada de golpes bajos, divulgado íntegramente por el propio Cepeda, habría un pacto secreto para que a su muerte lo sustituyera en el cargo la vicepresidenta Aída Quilcué, quien a su vez nombraría a Gustavo Petro como vicepresidente. “Esto es lo que está pasando mientras el país sufre: Iván Cepeda se está muriendo y ellos ya tienen listo el plan B para seguir destruyendo Colombia”, continúa el vídeo. Y el mensaje profusamente difundido por redes sociales concluye: “No más Paz Total, no más mentiras”.

Un informe emitido una semana antes de las elecciones por la Defensoría del Pueblo, sobre el seguimiento al ‘Compromiso por un proceso electoral libre y en paz en Colombia’, acusa un clima electoral marcado por “altos niveles de confrontación discursiva, estigmatización, difusión de información falsa o engañosa y cuestionamientos a las instituciones democráticas”. Dicho compromiso fue rubricado por 27 candidaturas presidenciales en febrero pasado, incluida la del PH y autoexcluida la de Defensores de la Patria. Después de analizar discursos, publicaciones en redes sociales, declaraciones y noticias derivadas de las dos campañas presidenciales, la Defensoría consideró que el nivel general de cumplimiento de los principios acordados es crítico, de apenas el 23,3%. 

Mientras el nivel de cumplimiento en la campaña del PH, que suscribió ese compromiso, alcanza hasta el 50%, la campaña del candidato opositor (que no firmó el compromiso) solo alcanza una puntuación del 8,6% de buenas prácticas. Uno de los puntos centrales del análisis se refirió a la estigmatización, en particular a la proliferación de narrativas que convierten al adversario político en enemigo, con un grado 0% de cumplimiento para el candidato ultraderechista.

Las tácticas de la derecha para la compra de votos son cada vez más sofisticadas. El intercambio de favores con iglesias evangélicas es uno de los recursos más poderosos

Al mismo tiempo, las tácticas de la derecha para la compra de votos son cada vez más sofisticadas. El intercambio de favores con iglesias evangélicas es uno de los recursos más poderosos: la identificación de los fieles con las recomendaciones de los pastores y líderes religiosos los convierte en una gran cantera de disciplinados sufragios a favor del candidato ultraderechista. En un encuentro religioso realizado el 28 de mayo en el Atlántico, más de 600 pastores y dirigentes de iglesias evangélicas dieron su apoyo a De la Espriella pocos días antes de la primera vuelta electoral, invitando a sus fieles a votar con el lema “Tenemos fe, Dios hará el milagro”, en alusión a la “patria milagro” que propone el candidato. Se trata de un sector con enorme capacidad de movilización popular en barrios y sectores populares. Y sin embargo, a pesar de este apoyo masivo de los evangelistas de la costa Caribe, en esa región fue Cepeda el triunfador de la primera vuelta.

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Acto de cierre de campaña electoral de Iván Cepeda, candidato presidencial de la coalición progresista Pacto Histórico, en la localidad de Soledad. Barranquilla, Colombia, 14 de junio de 2026. Robert Bonet

Otro aspecto de la campaña muy controvertido es la apropiación de los símbolos patrios por parte de la extrema derecha, tales como la bandera y los colores nacionales, y en particular de la camiseta de la selección de fútbol en pleno desarrollo del campeonato mundial. Este recurso a los símbolos nacionales fue impugnado judicialmente por el PH, que interpuso una tutela con una resolución inicial favorable del Tribunal Superior de Bogotá, el cual ordenó retirar toda propaganda de campaña que incorporase símbolos patrios. Pero dicha medida fue suspendida por la Corte Suprema de Justicia, que permitió al candidato ultraderechista seguir utilizando estos símbolos en su campaña sin resolver la cuestión de fondo, argumentando que esa decisión correspondía al Consejo Nacional Electoral (CNE).

Por otra parte, quienes impulsan la campaña de Abelardo de la Espriella en diversos ámbitos laborales han ejercido toda clase de coacciones contra los trabajadores. Durante la última semana de campaña abundan las denuncias en redes sociales de trabajadores del sector salud estaban siendo constreñidos por las EPS (prestatarias privadas de servicios) para orientar su voto. Otras trabajadoras de la cultura en el departamento de Bucaramanga, por ejemplo del teatro o la danza, revelaron advertencias de que ya no serían contratadas en un eventual Gobierno del ultraderechista si no votaban por él y lo demostraban. Esta demostración, que por supuesto es ilegal, consiste en fotografiar en el cuarto oscuro la papeleta marcada con su voto. Estas intromisiones en el derecho a voto, que van desde insinuaciones hasta amenazas, se han multiplicado en distintos ámbitos profesionales que dependen de patrones privados o que trabajan con contratos con el sector público.

Además, creadoras de contenido próximas a la campaña de la ultraderecha contactaron en Bogotá con artistas, influencers y actrices para hacer campaña “de centro” por la fórmula vicepresidencial de De la Espriella, José Manuel Restrepo, economista sin ínfulas de “salvador”. La estrategia consistía en posicionar bien al candidato a la vicepresidencia y, al mismo tiempo, hablar mal del candidato opositor a falta de propuestas propias. 

Ausencia de debate entre candidatos y encuestas sobrevaloradas

Iván Cepeda proclamó reiteradamente su intención de mantener un debate de campaña con el candidato opositor, accediendo incluso a realizarlo en el medio de comunicación que él sugiriese. Accedió también a un ulterior petición de su campaña de incluir en el debate a las fórmulas a la vicepresidencia de ambos candidatos. Pero aún así De la Espriella rehuyó la confrontación directa de ideas y discursos.

Sin debate ni explicaciones de fondo del programa conservador, las encuestas publicadas la última semana preelectoral le dan una importante ventaja sobre el candidato progresista. Según el sondeo publicado por la revista opositora Semana a diez días de las elecciones (de la consultora AtlasIntel), la intención de voto favorable a De la Espriella sería del 52,2%, 8,5 puntos por encima de los votos que consiguió en primera vuelta (43,78%), mientras que Iván Cepeda se quedaría en 44,5%, un porcentaje que apenas supera en 3,5 puntos al de los votos obtenidos en la primera vuelta (40,98%). 

Las encuestas publicadas la última semana preelectoral le dan una importante ventaja al ultraderechista Abelardo de la Espriella sobre el candidato progresista

En la misma encuesta se pregunta por la opinión contraria a Cepeda, que según estos datos sería superior al 50% de los votantes, mientras que los electores tendrían una opinión más benigna de su contrincante, con un rechazo del 46,6% de los consultados. El rechazo al Gobierno de Gustavo Petro ascendería al 55,2%. Otra encuesta sobre los resultados de la segunda vuelta de la consultora Guarumo Ecoanalítica publicada por el diario El Tiempo, otro medio opositor al Gobierno de Petro, da unos resultados muy similares.

Una tercera medición del Consejo Nacional de Consultoría (CNC) publicada por la revista Cambio muestra también favorabilidad para el candidato derechista, pero sin concederle la mayoría absoluta y con una diferencia entre ambos (48,6% para De la Espriella y 44,7% para Cepeda). Y según esta encuesta, la imagen positiva de Gustavo Petro sumaría hasta el 51,8% de los consultados, es decir, casi 7 puntos por encima del sondeo publicado por Semana.

El baile de cifras y la posible sobreestimación de la intención de voto a favor del candidato ultraderechista, que en menos de un mes habría aumentado desde el 20% de las encuestas anteriores a la primera vuelta hasta el actual supuesto de mayoría absoluta, generan dudas sobre la veracidad de estas tendencias aunque entre sí coincidan. Existe una relación perversa entre esta anticipación de posibles resultados que ofrecen los sondeos de los medios de comunicación del establecimiento y las voces alarmistas de quienes pronostican un estallido social si triunfa la derecha, porque presuponen que el PH desconocería los resultados. 

Un referente del PH, el senador Gustavo Bolívar, afirmó que si Abelardo de la Espriella ganaba las elecciones e implementaba las políticas represivas que había anunciado en campaña, seguramente se produciría un estallido: “Este país se va a incendiar. La gente no va a dejar que la destripen con los brazos cruzados”. Pero Bolívar no insinuó un desconocimiento del resultado de las elecciones, si este fuera legítimo. Se refería a la violencia autoritaria explícita de su proyecto político. Este enfoque de la derecha colombiana fue recogido por el periódico español El País en su artículo “El fantasma de la convulsión social amenaza la recta final de las presidenciales en Colombia”.

Entre tanto, y a pocas horas de las elecciones, el candidato progresista sigue sumando adhesiones. Entre los apoyos recibidos en el tramo final de la campaña, Iván Cepeda recibió el de Claudia López, ex alcaldesa de Bogotá y una figura destacada del movimiento ecologista y feminista colombiano.

La campaña electoral concluye jalonada por gritos patrióticos de un lado y denuncias más que fundadas por otro. Mientras el candidato de la derecha se mueve con dificultad en el plano propositivo, Cepeda ha aprovechado los últimos días de su campaña para desgranar, en pequeñas cápsulas de vídeo difundidas por redes sociales, las medidas de su programa que impactan en sectores especialmente vulnerables, sensibles a las propuestas políticas del PH y posibles votantes que se abstuvieron en la primera vuelta. Entre estos los más jóvenes, los adultos mayores o varios sectores de las clases medias.

El resultado de las elecciones no puede ser prejuzgado antes del voto popular. Este nos revelará hasta qué punto los votantes indecisos “de centro” de los partidos tradicionales, como el liberal y el conservador, pueden inclinarse en contextos políticos altamente polarizados por uno u otro extremo, en este caso por el centro-izquierda o la ultraderecha.

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