Análisis
Las PASO argentinas, la solución que resolvería el gran dilema de la izquierda española
En 2009, los líderes del peronismo, ese movimiento nacional-popular tan complejo de entender fuera de las fronteras argentinas, eran Néstor y Cristina Kirchner, siendo ella en aquel momento la presidenta del país. Habían perdido las elecciones parlamentarias de medio término en un año por demás hostil: efectos del tsunami recesivo por la caída de Lehman Brothers con el añadido de los coletazos de la gripe A que había estallado en México y regado por toda Latinoamérica y una grave sequía que afectaba las monumentales cosechas de la extensa llanura pampeana.
Pero fieles a su estilo, los Kirchner no se quedaron quietos. Entendieron que, además del contexto en contra que tenían por la economía, los dos elementos principales que habían causado la derrota (el expresidente había sido cabeza de papeleta en la provincia de Buenos Aires, además) era el enfrentamiento con el grupo de multimedios Clarín y la división del peronismo, que había acudido en dos listas diferentes (una de peronismo más de centro liberal con discurso fuerte sobre seguridad y otra la kirchnerista, en esos tiempos, con discurso apenas progresista).
Así las cosas, Néstor y Cristina Kirchner, junto a su histórico asesor y estratega Carlos Zannini, pergeñaron una profunda reforma electoral que no modificaba el reparto proporcional de escaños (como es tendencia ahora, viendo los casos de Grecia, Italia y el deseo de Núñez Feijóo) sino que cambiaba el esquema de votación y elección: las primarias abiertas simultáneas y obligatorias, que pasarían a ser conocidas como “las PASO”.
Un esquema anti-cainismo
La ley argentina 26.571, con el nombre formal de “ley de democratización de la representación política”, se aprobó el 2 de diciembre de 2009 y no fue ninguna suspicacia: el peronismo gobernante se quería asegurar que aparezca en el BOE antes que las dos cámaras parlamentarias tengan mayoría opositora, como iba a suceder a partir del día 10.
El cambio más importante era que forzaba de manera compulsiva a abrir los partidos a la sociedad, porque las primarias serían abiertas y obligatorias, es decir, todas las formaciones que quisieran competir tenían que presentarse, aunque tuviesen una lista de unidad. Se ponía un suelo electoral del 1,5 por ciento por cada circunscripción (al comienzo era un 3% pero en la negociación se debió rebajar porque algunos partidos minoritarios aliados al Gobierno se negaban a votarla). Y el censo era el oficial, no había debate de quiénes podían votar.
Lo de obligatorias también tiene que ver con que los ciudadanos estaban llamados a participar quieran o no de la definición de las candidaturas
Es importante recordar que tanto en Argentina como en Chile y Brasil, el voto no solo es un derecho sino un deber cívico que si no se cumple contempla castigos administrativos y multas de dinero (aunque en el caso argentino sería muy difícil, casi imposible, encontrar alguien a quien le hayan hecho efectiva la multa). Por eso lo de obligatorias también tiene que ver con que los ciudadanos estaban llamados a participar quieran o no de la definición de las candidaturas.
La obligatoriedad no es la única diferencia con las primarias de Estados Unidos, la madre de todos los procesos internos por su enorme volumen y movilización de recursos (desde el fiscal de distrito y el comisario hasta el presidente del país). Otro matiz clave es lo de simultáneas.
Ese concepto no es baladí y garantizaba la no injerencia (al menos masiva) de militantes y simpatizantes de un partido en las primarias de otros, porque todos debían votar el mismo día, en todas las circunscripciones y solo una vez. Un militante peronista podía, claro, votar un candidato de primarias de otro partido para intentar volcar la balanza (hubo un caso para la alcaldía de Buenos Aires que fue elocuente de ello, para perjudicar a Macri) pero la movilización simultánea y obligatoria era de tal calibre que nunca ningún partido se quejó realmente por esto. Además que todas las listas debían superar, mínimo, el suelo de votos.
Los Kirchner habían pensado que, de haber existido este sistema, en 2009 podrían haber ganado las midterm y que los disidentes hubieran participado de unas primarias, evitando la suma cero sino aprovechando los incentivos. ¿Cuáles? El reparto de escaños entre las listas era con sistema D’Hont y entonces, por obligación legal, la lista ganadora debía incorporar a los candidatos de la perdedora en la proporción de votos que hubieran obtenido.
La realidad demostró que las PASO ‘horizontalizaron’ la elección de candidatos, dinamizaron a los partidos, involucraron más a los ciudadanos no militantes y fomentaron la construcción de grandes alianzas electorales
Aquí otro matiz con el sistema estadounidense: allí al ser una circunscripción uninominal, quien gana se queda con la candidatura, puesto que hay un solo candidato (cada pequeño distrito lleva al Capitolio un diputado). En Argentina, una decena de las 24 provincias eligen cuatro o más escaños. Otra diferencia: la reforma otorgaba espacios publicitarios obligatorios en TV y radio para todos los partidos según su representación parlamentaria y también un mínimo para los que no la tenían.
El diagnóstico acabó siendo certero y la realidad demostró que las PASO ‘horizontalizaron’ la elección de candidatos, dinamizaron a los partidos, involucraron más a los ciudadanos no militantes al permitirle también decidir quién competía y, especialmente, fomentaron la construcción de grandes alianzas electorales.
Muchos creen que a Milei las PASO lo ayudaron porque al ser lista única y competir igualmente, su nombre quedó primero como el más votado, por debajo de los que competían y el efecto simbólico de ser la persona (no el partido) más votado lo catapultó
Sin las PASO no pueden comprenderse los triunfos de las últimas dos grandes coaliciones: Cambiemos en 2015 (que llevó a Mauricio Macri a la Casa Rosada, la primera vez en que un dirigente que no era ni peronista ni de la UCR socialdemócrata ganaba la presidencia) y la del Frente de Todos en 2019, que volvió a unir a tres familias políticas peronistas que habían competido por separado.
En las últimas elecciones las PASO también influyeron: salvo Milei, tanto Sergio Massa como Patricia Bullrich tuvieron primarias con precandidatos internos importantes. Muchos creen que al presidente ‘ultra’ lo ayudaron porque al ser lista única y competir igualmente, su nombre quedó primero como el más votado, por debajo de los que competían y el efecto simbólico de ser la persona (no el partido) más votado lo catapultó. Luego su triunfo se explica por otra peculiaridad: la segunda vuelta presidencial (pero eso en el Estado español es irrelevante ya que es una monarquía parlamentaria).
Con la situación actual de la izquierda confederal, unas PASO harían mucho más fácil la decisión de un candidato. Uno de los debates más aciagos en varias fuerzas es el del censo (es decir, quién está habilitado a votar), no solo al interior de los partidos, como en Más Madrid, sino cuando se conversa sobre unas primarias entre fuerzas (una propuesta de Gabriel Rufián es que las haya cuando no hay acuerdo de unidad).
Tampoco haría falta entrar en disputas con los aparatos o las ejecutivas, como el actual pulso entre Rufián y Oriol Junqueras: la votación se daría por descontado y se podría constituir un frente electoral con la marca propia en cada papeleta y que luego acabarían los nombres integrándose según la voluntad de los ciudadanos y no por una pelea de mesa de café hasta la última hora del cierre de lista.
En Estados Unidos: en 2016, Trump se hizo con la candidatura republicana a pesar de la preocupación del establishment del Partido Republicano, al que acabó barriendo
Sí, las primarias abiertas también pueden ayudar a candidatos que pueden no ser lo mejor para una democracia liberal progresista. En las últimas de Argentina en 2023, el centrista Horacio Rodríguez Larreta (más apoyado por el aparato, aunque no por Macri) perdió ante Bullrich, escorada a la derecha y con el discurso de ley y orden, y que acabó pactando con Milei. Lo mismo en Estados Unidos: en 2016, Trump se hizo con la candidatura republicana a pesar de la preocupación del establishment del Partido Republicano, al que acabó barriendo. Pero no dejan de ser decisiones soberanas de la gente.
En el espectro de la derecha española quien más desearía unas PASO sería Isabel Díaz Ayuso, quien no cuenta con el apoyo de la mayoría de los barones territoriales y sabe que su acceso al trono de la primera planta de Génova solo puede venir a través de las primarias o vía colapso y ‘shock’ (como el golpe contra Pablo Casado). Por algo Feijóo en el último Congreso instaló el esquema de los compromisarios y postergó la incorporación de las primarias.
Ni siquiera habría tiempo (ni consenso) para debatir una reforma electoral que al menos facilitara cierto esquema de primarias abiertas. Con el tiempo seguramente se verían los beneficios en sectores como los partidos a la izquierda del PSOE, tan acostumbrados a una cultura política cainita y fratricida. Pero por ahora, es lo que hay.
Argentina
Argentina va a primarias con la novedad ultra y un clima de apatía
Argentina
La grieta argentina se profundiza tras la victoria de Milei
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!