Opinión
El punto de inflexión no es Ceuta, sino Maricarmen
Tal vez la violencia sea, como escribía Karl Marx en El Capital, la comadrona de una sociedad vieja preñada de otra nueva. El desahucio de Maricarmen es, ante todo, un acto de cruenta violencia que deja en evidencia las costuras más tenebrosas de un sistema que no entiende de derechos básicos, mucho menos de humanidad. Este episodio de dolor resulta transversal a las ideologías, si bien parece que muchos todavía no consiguen atar los suficientes cabos y siguen empeñados en creer que el problema no es profundamente político y no hunde sus raíces en los mecanismos intrínsecos del sistema capitalista. Nada más lejos de la realidad.
Como todos hemos presenciado, Maricarmen de 87 años y con un 50% de discapacidad, fue finalmente desahuciada de la casa en la que había vivido los últimos 70 años de su vida. Un fondo de inversión llamado Urbagestión se hizo con el edificio en el que vivía y le multiplicó, de la noche a la mañana, de 500 a 2.650 euros el alquiler que pagaba para obligarla a abandonar su hogar. Esta es una estrategia de extorsión habitual entre los fondos de inversión que buscan inquilinos vulnerables para arrebatarles su vivienda, una práctica impune que se sigue realizando sin que el Gobierno haya hecho nada para impedirlo durante todos estos años.
Mucho me temo que es el profundo problema de la vivienda y no la inmigración o lo sucedido en Ceuta lo que va a acabar con la posibilidad de revalidar este gobierno. A pesar de todo lo sucedido en torno a la crisis habitacional, el decreto para garantizar el acceso a una vivienda digna, tan prometido por el Ejecutivo, sigue sin tener un horizonte claro. Lo que sí se ha visto ha sido una retahíla de insultantes medidas que favorecían al rentismo, como descuentos fiscales e incentivos, añadiendo así más indignación a una población hastiada y ampliamente decepcionada.
El sadismo que hemos presenciado en torno al desahucio de Maricarmen pone en entredicho aquello de que esta iba a ser “la legislatura de la vivienda”, además de dejar a esta democracia incapaz de garantizar derechos básicos y a la clase política progresista en una situación realmente incómoda. El caso de Maricarmen debería marcar un punto de inflexión en esta legislatura, especialmente para el espacio de confluencias de Sumar. Es necesario abrir un punto y aparte y plantear, de manera firme, una posición férrea ante el problema de la vivienda. Una cuestión que puede resultar crucial no solo para definir el rumbo político a seguir de ahora en adelante hasta el fin de lo que queda de legislatura, sino también para la propia supervivencia del espacio político en el futuro.
Ha llegado el momento de confrontar a este PSOE inane, políticamente inútil y que no se atreve a ejecutar políticas que pongan no solo coto, sino fin a la especulación inmobiliaria rampante que está destrozando nuestros barrios
Si de este episodio no hay una posición coherente que defienda con uñas y dientes aquellos principios más básicos por los que millones de ciudadanos depositaron su voto en las urnas, entonces es que es no hay hambre, ni imaginación política que les merezca la revalidación de la confianza, mucho menos de ampliarla a otros sectores. No tiene ningún sentido alertar de que el fascismo va a acabar con nuestros derechos si, a fin de cuentas, este Gobierno se queda de brazos cruzados cuando un caso de este calibre sacude los cimientos más básicos de nuestra democracia.
Ha llegado el momento de confrontar a este PSOE inane, políticamente inútil y que no se atreve a ejecutar políticas que pongan no solo coto, sino fin a la especulación inmobiliaria rampante que está destrozando nuestros barrios. Bien haría Sumar en fijarse en aquellos partidos como Die Linkey marcar posiciones claras,ser valientes yplantarse de una vez por todas. Los partidos que forman Sumar, así como su espacio político, tienen una necesidad vital que no es otra que darle solución al problema de la vivienda por lo que harían bien en dejar esa necesidad impertérrita de no querer generar inestabilidad en el Gobierno, pase lo que pase. Si no hacen nada, acabarán en la nada, en la irrelevancia política dando paso así a ese otro espacio que ya arremete con sus arietes de odio contra las puertas de la democracia.
Poner topes al alquiler, limitar la compra de vivienda con capital extranjero, impedir la presencia de los fondos de inversión y que se expropien viviendas son políticas que garantizan un bien básico, un derecho fundamental como es la vivienda. ¿Qué le impide a este Gobierno ejecutarlas? Parece que es mucho pedir al PSOE que deje de echar balones fuera culpando a los gobiernos regionales, solo hace falta ver cómo tras el caso de Maricarmen han empezado con diligencia a analizar posibles soluciones desde el Gobierno central, si bien no parece que haya suficiente voluntad política para acabar con el problema de raíz.
Si finalmente se aprueba un decreto, puede que esté muy lejos de los necesarios cambios que clama la calle. Como viene siendo habitual y por mucha retórica socialista que se vierta, sin una verdadera presión externa que empuje, la socialdemocracia tiende a dejarse llevar por los caminos que marcan las reglas del mercado y el laissez faire que acaba por arramblar con todo a su paso. A los hechos me remito.
Lo siento mucho por los contertulios de turno que le piden humanidad al mercado y a los especuladores, pero aquí se necesitan políticas en materia de vivienda serias
Solo hace falta escuchar como los contertulios de referencia de la radio resoplan cuando se habla de expropiar la vivienda de Maricarmen para que pueda seguir viviendo en ella como ha propuesto Sumar. Hay algo en la manera en que algunos periodistas intentaban explicar lo sucedido con el desahucio de Maricarmen que no deja de chirriar. El día que iban a desahuciar a Maricarmen, se podía escuchar en la radio como hablaban del desahucio como un hecho que, por desgracia, estaba amparado por recovecos de la ley y que, por supuesto, era comprensible y legítima la especulación con la vivienda y querer hacer dinero, pero que esto resultaba extremadamente inhumano. Sorprende escuchar como todavía hay quien insiste en ponerle una cara amable a los mecanismos más salvajes con los que se desenvuelve el capitalismo en su día a día.
En la misma línea y para añadir una dosis mayor de indignación, también se oía en uno de estos programas político-humorísticos de la radio que la especulación, en realidad, era un problema que atañía también a todos aquellos que tenían una segunda casa y la alquilaban o vendían a un precio mayor de lo que se puede permitir el común de los ciudadanos en un ejercicio de malabarismo emocional que ponían en la misma balanza a los fondos de inversión, grandes tenedores y especuladores inmobiliarios que son los que acaban con los miles de desahucios que se realizan al año con aquellas personas que poseían una segunda vivienda.
Sin duda, se echa en falta una discusión política seria, que vaya a la raíz de las causas como la grave situación que emerge de la crisis de la vivienda se merece. Se habla de humanidad, de límites morales, de sensibilidad, sin atender a que el mercado desconoce todos estos términos, no porque quiera, sino porque en este sistema se debe a sus principios capitalistas. Se lamenta la situación de Maricarmen, pero convendría preguntarse qué viene después de toda esta ola de indignación y si se puede hacer algo desde la política. No hay duda de que se puede hacer algo, pero mucho me temo que toda política efectiva debe chocar frontalmente contra los intereses del mercado y esto molesta a todos aquellos que siguen anquilosados en una suerte de discurso socialdemócrata moderado que, como siendo habitual, pretende hacernos creer que se le pueden poner diques al mar con sus tibias y contraproducentes políticas de medio camino.
Ha llegado el momento de plantarse. Hasta aquí. Urge mirar de tú a tú a este PSOE y poner fin a la adquisición especulativa de vivienda, aunque esto nos cueste la legislatura
Lo siento mucho por los contertulios de turno que le piden humanidad al mercado y a los especuladores, pero aquí se necesitan políticas en materia de vivienda serias, aquellas que marquen un antes y un después para acabar por vía de urgencia con cualquier espacio que permita un mínimo de intervención de los especuladores inmobiliarios. No podemos seguir pidiendo a los fondos de inversión que sean un poco más humanos o esperar que quienes obtienen ingentes beneficios mediante el encarecimiento de nuestras vidas decidan voluntariamente autoimponerse límites.
Es aquí donde el debate parece quedarse a medio camino y que enciende la indignación: se pretende aceptar una política moderada, la lamentación superficial ante un caso concreto como el de Maricarmen y la apelación a que determinados actores económicos se comporten de una manera diferente y con otras motivaciones a las que naturalmente responden que no son otras que las de multiplicar su capital y acumular riqueza.
Necesitamos un debate tosco, incómodo: falta una discusión que nos lleve al barro político y que la sociedad preñada de una sociedad nueva que está por venir nos lleve a un modelo de vivienda nuevo, regulado y que anteponga los derechos humanos a los beneficios privados. Ha llegado el momento de plantarse. Hasta aquí. Urge mirar de tú a tú a este PSOE y poner fin a la adquisición especulativa de vivienda, aunque esto nos cueste la legislatura. Porque si el diagnóstico es que la vivienda es un bien básico, las respuestas no pueden reducirse a pedir humanidad al mercado. Es insultante.
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