Opinión
Lecciones que (no) se han de sacar de la victoria de La Izquierda en Berlín
Es militante de Anticapitalistas.
Entre el cúmulo de noticias sobre la creciente fortuna electoral de la de extrema derecha se ha colado la victoria de Die Linke (La Izquierda) en las elecciones estatales de Berlín. No es un hecho totalmente aislado. Al logro de Die Linke en Berlín, se suman las prometedoras victorias de Le France Insoumise en municipios franceses como Saint-Denis o Roubaix en 2026. Cruzando el charco, es todavía más conocida la reciente victoria de Zohran Mamdani en Nueva York o el ascenso como candidato de Abdul El-Sayed en Michigan. Son muchas las diferencias que encontramos al comparar estos casos, pero ¿podemos extraer alguna lección importante para las izquierdas a partir de algunas de sus semejanzas? ¿Se puede extraer alguna lección general de la victoria de Die Linke en Berlín?
Los sorprendentes resultados electorales de Elif Eralp en Berlín sirven para ejemplificar algunos elementos clave en los que la izquierda ha sabido cambiar el rumbo y frenar, aunque sea temporalmente, la ola del ascenso de la extrema derecha. Esto no convierte a Die Linke en un partido sin problemas y límites importantes o como un simple modelo a copiar. Las dilaciones y dudas de la dirección en relación a las movilizaciones pro-palestinas contra el genocidio de Israel representan quizás su límite más claro. También su reiterada participación en gobiernos de coalición con SPD y Verdes que a veces ha dejado un poso de impotencia a la hora de llevar sus políticas adelante. Sin embargo, dejando por un momento estas cuestiones a un lado, es posible reflexionar acerca del reciente proceso político en Berlín y sus aspectos positivos y generalizables.
En primer lugar, la victoria electoral en Berlín el 21 de septiembre no se puede entender si no vamos más allá de la propia campaña electoral, por cierto, muy buena, desarrollada en torno a la figura de Elif Eralp. Es necesario atender a cómo Die Linke ha vivido en los últimos años, de forma particular en Berlín, una transformación profunda y una apuesta que en inicio se consideró arriesgada pero que ha dado buenos resultados.
Las campañas puerta a puerta funcionan cuando tienen un arraigo consistente en el territorio no solo cuando se hacen de cara a obtener unos cuantos votos o para postear una foto en redes sociales
La salida de Sahra Wagenknecht en octubre de 2023 partiendo el partido y creando la plataforma personalista Bündnis Sahra Wagenknecht parecía para muchos el final de Die Linke. Aunque sin duda puso al partido en dificultades, la marcha de parte de sus antiguos dirigentes permitió, sin embargo, que surgieran oportunidades y una mayor apertura para liderazgos y estrategias diferentes. Tras la salida de Wagenknecht, se ha renovado la dirección federal y también la dirección del partido en Berlín, que incluyó a Elif Eralp como vicepresidenta a partir de mayo de 2025.
Pero esto no es lo más significativo. Lo realmente importante está en el cambio en la relación de estas direcciones con las bases del partido y la ampliación y el dinamismo de estas. Por un lado, los cuadros dirigentes han asumido que su posición debe ser de ejemplaridad en relación a las condiciones de vida de las clases trabajadores, por lo que la limitación de salario de los cargos públicos o la rotación se vuelven elementos clave. Por el lado de las bases, durante el año 2025 entraron unos 8.000 nuevos militantes a la organización, la mayor parte de ellos jóvenes, poniendo freno a la capacidad de atracción de los sectores juveniles por parte de la extrema derecha.
En segundo lugar, esta disposición organizativa y esta afluencia de miles de nuevos militantes al partido también tienen que ver con un modo de hacer política, con una determinada concepción de para qué sirve el partido. Parece que las campañas electorales “puerta a puerta” se han puesto de moda después de los éxitos electorales no solo de Die Linke sino también de Mamdani en Nueva York. Sin embargo, estas campañas funcionan cuando tienen un arraigo consistente en el territorio no solo cuando se hacen de cara a obtener unos cuantos votos o para postear una foto en redes sociales. Los vecinos y vecinas de los barrios populares de Berlín, Madrid o Barcelona no son imbéciles y distinguen fácilmente a los politiqueros en búsqueda del voto fácil de aquellos proyectos serios, creíbles y con voluntad real de transformar los barrios.
En tercer lugar, desde esta posición de credibilidad, que parte del trabajo militante en los barrios, es desde donde Die Linke Berlín ha podido formular sus demandas y han sido acogidas como posibilidades reales de cambio para los berlineses. Es en ese momento en el que hay que pensar en hablar en el idioma de la gente trabajadora a la gente trabajadora: los problemas con el transporte, el precio de la vivienda, la limpieza en los barrios, el coste de la vida. Pero no como aquel que con condescendencia lo hace desde su lugar de privilegio sino como parte integrante que experimenta los problemas del día a día de las clases trabajadores.
Esas han sido las tres claves más importantes de la victoria de Die Linke en Berlín así que no nos confundamos con algunas lecturas superficiales de la comunicación política o la personalidad de los líderes. Fijémonos en lo central y en las cuestiones generales que con las cautelas necesarias nos pueden servir para analizar los retos políticos que tenemos por delante en otros contextos.
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