La violencia sexual más allá de los mitos en torno al verano

La narrativa que relaciona más ocio nocturno con más terror sexual está sesgada: el 68,5% de las víctimas denuncian que las agresiones tuvieron lugar en una casa, frente a un 11% que señala que fue en un entorno festivo. El 66% menciona a un hombre conocido como agresor.
Macrofestival
Imagen de un macrofestival en verano.

Hay un mensaje establecido: en los meses de calor las mujeres salen más y, por tanto, están más expuestas a la violencia sexual. Este mensaje añade que está violencia está perpetrada por desconocidos que esperan a la víctima en un rincón oscuro de la fiesta, en un callejón o en el baño de una discoteca. Casos tan mediáticos como la desaparición y asesinato de Diana Quer a manos de El Chicle durante las fiestas de A Pobla de Caramiñal (Pontevedra) o la violación grupal de la Manada en un portal durante las Fiestas de San Fermín han contribuido a este relato. Pero, ¿qué dicen los datos?

Expertas consultadas para este reportaje avisan: la narrativa que relaciona más ocio nocturno con aumento del terror sexual está sesgada. Según los datos de la Macroencuesta de violencia de género el 68,5% de las víctimas de violencia sexual fuera de la pareja denuncian que las agresiones tuvieron lugar en una casa (31,6% en su propia casa; 33,1% en la casa de la persona agresora; 14,1% en la casa de otra persona), el 16,3% menciona que ocurrió en zonas abiertas como calles o parques y el 11% dice que la violación tuvo lugar en entornos festivos (7,3% en discotecas, bares, etc., y 5,9% en entornos festivos al aire libre).

Por otro lado, el 66% menciona a un hombre conocido como agresor. Además, y al igual que sucedía en las macroencuestas de 2015 y 2019, cuanto mayor es la gravedad de la agresión sexual menor es el porcentaje de mujeres que mencionan como agresor a un hombre desconocido. 

Terror sexual

“Claro que existe violencia en los entornos festivos. La cuestión de fondo es que, a través de estas narrativas, se presenta el espacio público como el lugar peligroso, donde el miedo organiza nuestra movilidad, nuestra autonomía y nuestro deseo, limitando nuestra presencia en el espacio público e inhibiendo nuestras posibilidades de estar en la vida y de pasárnoslo bien”. Estas son palabras de Nerea Barjola, politóloga e investigadora feminista autora de Microfísica sexista del poder sobre el caso Alcásser y la construcción del terror sexual (Virus, 2018). “Además, se responsabiliza a las mujeres de gestionar el riesgo: no volver solas, controlar el consumo de alcohol, vigilar el vaso, enviar la ubicación, cambiar de recorrido o permanecer en grupo”, añade. 

Barjola define para El Salto el concepto terror sexual como “una disciplina y una tecnología corporal que, a través de la incorporación, por miedo, de discursos, representaciones y significados sobre el peligro sexual, sitúa la responsabilidad de las agresiones en las mujeres”.

“Estos mitos desplazan el foco de las violencias, dificultan la identificación tanto de los agresores como de las propias violencias y, por lo tanto, inhiben nuestra capacidad de respuesta y prevención. Son una forma de proteger las violencias sexuales y su libre ejercicio”, Nerea Barjola

Para esta investigadora, no es casual que los mitos y estereotipos se utilicen como una estrategia política de ocultación. "Estos mitos desplazan el foco de las violencias, dificultan la identificación tanto de los agresores como de las propias violencias y, por lo tanto, inhiben nuestra capacidad de respuesta y prevención. Son una forma de proteger las violencias sexuales y su libre ejercicio”, explica.

La cultura de la violación

Para la investigadora Bárbara Tardón, doctora en Estudios Interdisciplinares de Género y experta en violencias machistas, hay grandes mitos en torno a la violencia sexual y el verano que distorsionan su realidad. “Uno es el que relaciona el aumento de las agresiones sexuales con el calor. No hay ningún estudio científico que demuestre esto”, insiste. “Otro mito —prosigue— es representar al agresor como una persona desconocida para la víctima y otro es el consumo de sustancias para que te agredan sexualmente”.

Según los datos de la macroencuesta ya mencionada, y respecto a la denominada sumisión química, solo el 1 % de las mujeres de 16 o más años afirman haber sido violadas cuando estaban bajo los efectos del alcohol o las drogas, ascendiendo este porcentaje hasta el 2,8% entre las mujeres de 18 a 24 años.

A este respecto, el último informe que emitió el Observatorio Noctámbulas, creado para hacer un seguimiento de las agresiones en el ocio nocturno, es claro: "La idea de que las violencias sexuales en contexto de ocio nocturno son debidas al consumo de sustancias encubre el carácter estructural y transversal de las violencias sexuales. El Observatorio Noctámbul@s nació de la necesidad de visibilizar las violencias sexuales en los espacios de ocio nocturno, pero ello no excluye nuestra identificación de esta forma de violencias machistas en todos los contextos y espacios de vida social. Por ello hablamos de la transversalidad de las violencias sexuales en la vida de las mujeres. Poner el foco en las sustancias consumidas opera como discurso neomachista que ofrece impunidad a los agresores e invisibiliza el marco patriarcal que los ampara”, expresan.

“Esa relación entre más festivales y más consumo de sustancias con más violencia sexual es esencia de la cultura de la violación: te está diciendo que los hombres no pueden controlar sus instintos y que en determinadas épocas del año ese descontrol biológico les lleva a cometer agresiones sexuales”, Bárbara Tardón.

Tardón relaciona el hecho de que estos mitos salgan a relucir en verano con que las mujeres tienen más tiempo de ocio, más tiempo para pasárselo bien. Y añade otro término que duerme detrás de estos mitos: la cultura de la violación, una ideología que justifica y ampara a los agresores y desprotege a las víctimas. "Esa relación entre más festivales y más consumo de sustancias con más violencia sexual es esencia de la cultura de la violación: te está diciendo que los hombres no pueden controlar sus instintos y que en determinadas épocas del año ese descontrol biológico les lleva a cometer agresiones sexuales. Asociar el consumo de drogas con el aumento de agresiones es cultura de la violación. Porque cuando las mujeres nos drogamos libremente no vamos violando a los hombres. Tampoco cuando llegamos a los festivales de música violamos", sentencia.

Una violencia relacional y no episódica

Para María Naredo, jurista e investigadora y junto a Tardón una de las artífices de la Ley orgánica 10/2022 de 6 de septiembre de garantía integral de la libertad sexual, más conocida como Ley de solo sí es sí, el quid de la cuestión está en el carácter relacional de la violencia sexual que, con estas narrativas, la convierten en algo anecdótico. 

“La violencia sexual es una violencia relacional, no es una violencia episódica. Nos la plantean como anécdotas o situaciones excepcionales que vive una mujer cuando va por sitios equivocados en lugares equivocados. Por eso en las relaciones sexuales con amigos o con parejas nos cuesta distinguirla”, María Naredo

“Crecemos con esos mitos, con una imagen distorsionada de la violencia sexual y las relaciones de opresión”, expresa Naredo. Para esta jurista, nos educan en protegernos de los desconocidos en lugares ajenos, lo que hace muy difícil que las mujeres se puedan cuidar en las relaciones conocidas por crecer con esta distorsión. "La violencia sexual es una violencia relacional no es una violencia episódica. Nos la plantean como anécdotas o situaciones excepcionales que vive una mujer cuando va por sitios equivocados en lugares equivocados. Por eso en las relaciones sexuales con amigos o con parejas nos cuesta distinguir la violencia.Las violencias sexuales lejos de ser anecdóticas, experiencias aisladas, son violencias cotidianas", remarca.

Mientras, añade Naredo, el relato mayoritario fuerza a las mujeres a poner su libertad en juego para protegerse de las agresiones. “El mensaje de vigila la copa es un mensaje terrible. ¿Y ellos qué hacen Por que ellos son los que agreden”, concluye.

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