Una policía se infiltró durante más de un año para espiar las protestas por Palestina

La agente se hacía llamar Fátima y se integró en tres colectivos sociales de Madrid durante más de un año a raíz de las protestas contra el genocidio sionista.
Montaje Fatima infiltrada
Fátima es otra agente policial infiltrada que responde a las iniciales de S. M. H. R. Byron Maher

Durante casi año y medio, la persona que se hizo llamar Fátima García Vázquez en diversos movimientos sociales de Madrid no era quien decía ser. Comenzó a militar en Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel al calor de las masivas protestas populares que denunciaban el genocidio en Gaza, estrechó lazos con Anticapitalistas e integró durante un tiempo el Movimiento Antirrepresivo de Madrid (MAR Madrid). Este último colectivo la desenmascaró en febrero de 2025, y el pasado abril hizo público lo sucedido. Ahora, El Salto prueba cómo Fátima, en realidad, era otra agente policial infiltrada que responde a las iniciales de S. M. H. R. y que se graduó en la trigésimo séptima promoción de la Academia de Ávila.

Una portavoz de BDS recuerda que tras el inicio del genocidio en octubre de 2023 empezaron a celebrar “asambleas enormes a las que acudían decenas de personas”. Una de ellas era Fátima. “Varias organizaciones, como Desarma Madrid y Ecologistas en Acción, colaborábamos entre nosotras, y ella decía que venía por Anticapitalistas”, afirman desde el colectivo, que define a la agente como “amable, simpática y dulce”. Era habitual ver a Fátima en las acciones que convocaban, a pesar de que “no tenía recorrido en movimientos sociales anteriormente”.

La agente encubierta participó de acciones como pegar carteles, sentadas para denunciar los crímenes de Israel y acudir a diferentes reuniones para preparar futuras convocatorias no violentas

Es la primera ocasión que una policía infiltrada lo hace en este colectivo, en el que la agente encubierta participó de acciones como pegar carteles, sentadas para denunciar los crímenes de Israel y acudir a diferentes reuniones para preparar futuras convocatorias no violentas, como las que siempre realizan desde BDS. “En la manifestación grande de mayo del año pasado la echamos de menos, porque no vino”, añaden desde el colectivo antisionista. 

Cabe señalar, además, que esta agente infiltrada instrumentalizó una identidad árabe, haciéndose llamar Fátima, para dotarse de mayor legitimidad al infiltrarse en movimientos de lucha por el pueblo palestino, cuando tanto su identidad real como la de sus padres son de connotación española.

Una militante nueva que conocía todo de los colectivos

Al MAR Madrid llegó en febrero de 2024, cuando Fátima decidió acudir a una de sus convocatorias en solidaridad con unos detenidos en la capital tras las protestas por la “amnistía total de los presos políticos”. “Nos dijo que se había enterado por un panfleto que le dimos, y eso puede ser verdad. También nos dijo que estaba muy concienciada con el tema de Palestina, que era una salvajada lo que estaba ocurriendo”, apunta a El Salto Marco Fernández, portavoz de este colectivo antirrepresivo.

Es con él con quien más llegó a intimar Fátima, que tendría por aquel entonces unos 26 o 27 años, según los colectivos afectados. Fernández rememora que aseguró haber llegado a Madrid tras una experiencia algo traumática con una antigua pareja, que era de Puente Genil (Córdoba) y que trabajaba en una pizzería de Coslada, lo cual es cierto, donde se hospedaba con una tía. “Nos llamó la atención que desde el principio parecía despistadilla, no tenía mucha idea de nada. Se asombraba de muchas cosas con facilidad”, reconoce Fernández.

“Salía el nombre de alguien y, de repente, era capaz de saber dónde militaba y por dónde se movía. También estaba al día de los enredos internos entre colectivos”, comenta el portavoz del MAR

Las primeras sospechas llegaron cuando desde el MAR Madrid se percataron de que, para ser tan nueva en la militancia, había logrado crearse un mapa mental bastante completo de los colectivos madrileños. “Salía el nombre de alguien y, de repente, era capaz de saber dónde militaba y por dónde se movía. También estaba al día de los enredos internos entre colectivos”, comenta el portavoz.

Fátima llegó a acudir a convocatorias que reclamaban una vivienda digna, actos en centros sociales y hasta a la acampada por Palestina que hubo en la Universidad Complutense de Madrid en mayo de 2024. “Acabó sorprendida porque la Policía les había pegado cuando no habían hecho nada. Como si no supiera que eso es habitual que ocurra”, precisa Fernández. Cuando el MAR Madrid comenzó a impulsar una campaña de solidaridad con Las 6 de La Suiza, Fátima entró de lleno. “Sin caer en la paranoia, nosotros no estábamos seguros de ella”, añade.

Fernández estaba al día de la supuesta vida personal de Fátima: “A pesar de que empezó a decir que estaba mal en la pizzería, se mostraba bastante tranquila para la vida precaria que aseguraba tener. La despidieron y no estaba preocupada ni de ir al SEPE”.

Sin politizar, pero con mucho ánimo

Algo diferente fue la relación que Fátima trabó con Anticapitalistas. Germán P. Montañés, militante de esta organización política, fue quien hizo de contacto con ella a la hora de entrar en la organización. “Anticapitalistas fue una de las primeras organizaciones que, tras los ataques de la resistencia palestina de octubre de 2023, expresamos públicamente que eso no era terrorismo, sino resistencia legítima de un pueblo oprimido”, recuerda. Ese es el motivo que encuentra la organización para explicarse la infiltración de Fátima. “Entendemos que nuestra postura genera miedo en algún lugar. A partir de entonces, Fátima empezó a participar en nuestros actos públicos y, al cabo de unos meses, a militar en la organización”, añade.

Este miembro de Anticapitalistas coincide al afirmar que Fátima era “claramente una persona que no estaba politizada, pero con mucho ánimo de ayudar e ir a convocatorias”.  En este caso, Fátima cortó relación en febrero de 2025 con Anticapitalistas después de que el MAR Madrid la descubriera. “Su salida fue sospechosa. Nos dijo que tenía problemas familiares y que debía volver a Córdoba”, comenta Montañés. Más tarde, Anticapitalistas supo por parte del MAR Madrid lo ocurrido.

Llega la expulsión de los colectivos

Fue ese mismo febrero de 2025 cuando el MAR Madrid recibió información de que Fátima, en realidad, respondía a las iniciales de S.M.R.H. Así pudieron acceder a su perfil de Instagram y número de teléfonos verdaderos, al que Fátima responde por su nombre real. Desde El Salto, se consiguió acceder a imágenes asociadas a la identidad de S.M.R.H., lo que permitió comprobar definitivamente que se trataba de la misma persona y confirmar que Fátima era una agente infiltrada. 

S.M.R.H. fue compañera de promoción de N.M.C.F., quien se escondía tras la identidad falsa de Nieves López Medina, ya que ambas son egresadas de la trigésimo séptima promoción de la Academia de Ávila. Desde 2022, se ha destapado a 13 funcionarios infiltrados en colectivos políticos y sociales en el Estado español, siendo S.M.R.H. la séptima en Madrid.

La mayor ilegalidad cometida por el MAR Madrid en este tiempo ha sido pintar soflamas políticas en las paredes y algunos carteles de próximas manifestaciones. Tampoco ninguno de sus integrantes tiene procesos judiciales abiertos. Finalmente, el colectivo decidió confrontar con ella. “Asumimos ese riesgo. No podíamos consentir una infiltrada más en un colectivo”, comenta Fernández.

“Nuestro objetivo es que se sepa quién es, que no pueda volver a intentar infiltrarse en ningún otro lado”, señalan desde el MAR Madrid

Según la grabación de aquel momento, a la que ha tenido acceso El Salto, se ve a una Fátima algo nerviosa, quien niega las acusaciones. Acabó diciendo que el MAR Madrid no tenía nada contra ella, y el colectivo le ordenó que abandonara los colectivos en los que estaba infiltrada. “Nuestro objetivo es que se sepa quién es, que no pueda volver a intentar infiltrarse en ningún otro lado”, profundiza el portavoz.

La Policía Nacional no ha respondido a las preguntas formuladas por El Salto. Por su parte, desde el Ministerio del Interior han precisado que “las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado garantizan la seguridad y el libre ejercicio de los derechos y libertades de todos los ciudadanos, en el marco del artículo 104 de la Constitución Española, como corresponde a su función en el Estado de Derecho”. Al igual que en otras ocasiones en las que se ha intentado recabar información por su parte, desde el departamento liderado por Fernando Grande-Marlaska han añadido que la Policía actúa “siempre en esos términos, con estricto sometimiento al ordenamiento jurídico”.

Exigen una investigación de lo ocurrido

Montañés señala desde Anticapitalistas que “uno de los objetivos que el Estado busca con este tipo de infiltraciones es que los militantes de los colectivos sospechen unos de otros”. Así pues, el activista enfatiza que “en las luchas del día a día, los ánimos más necesarios son el de camaradería, incluso lealtad a aquellas personas que no llegas a conocer del todo”.

Asimismo, denuncian que es “tremendamente hipócrita” que, mientras el Gobierno liderado por Pedro Sánchez decía apoyar las reivindicaciones del estudiantado acampado en la Universidad Complutense, entre ellos hubiera una policía infiltrada. “Más allá de que el Ministerio del Interior o el presidente del Gobierno supiera lo que sucedía, ellos son los últimos responsables políticos de esto que ha pasado”, valora el integrante de Anticapistalistas, organización que exige “una depuración de los cargos de la Policía y una investigación de las personas implicadas” en la infiltración, así como la dimisión de Marlaska.

Por su parte, desde BDS, cuyas acciones son siempre públicas, recalcan que “a los pocos días de empezar a organizarnos para protestar contra el genocidio de Israel, apareció esta persona. Pensamos que previamente se estaba preparando para entrar en algún movimiento social”. 

“Ha tenido el contacto de muchísimas personas de colectivos de Madrid, en algunos casos hasta nuestras direcciones. ¿Eso a dónde lo traslada? ¿Qué hace el Ministerio del Interior con toda esa información?”, se cuestionan desde el BDS

También se preguntan dónde acaba toda la información que agentes infiltrados como Fátima consiguen de los movimientos sociales. “Ha tenido el contacto de muchísimas personas de colectivos de Madrid, en algunos casos hasta nuestras direcciones. ¿Eso a dónde lo traslada? ¿Qué hace el Ministerio del Interior con toda esa información?”, se cuestionan. Y añaden: “Nos gustaría saber por qué las autoridades mandan policías infiltrados en los movimientos sociales pacíficos cuando tenemos a genocidas de vacaciones paseando por nuestras calles”.

Los colectivos afectados destacan que este tipo de actuaciones policiales sostenidas en el tiempo “buscan la criminalización de aquellas personas que defienden los derechos humanos”. Desde el MAR Madrid, colectivo que ha sufrido tres infiltraciones policiales en los últimos años, consideran que es “crucial” que los movimientos tengan “mecanismos y protocolos para poder destapar” a los policías. “Nos persiguen por señalar que en España hay presos políticos, que no hay democracia y existe la represión”, concluye Fernández.

Policía
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