Violencia machista
Itziar Ziga: “El porno hay que prohibirlo, pero el Pretty Woman ni te digo, ¿no?”
Itziar Ziga nos abre las puertas de su casa. Agarra la botella y vierte vino en tres vasos. A nuestro alrededor, un salón colorido con lámparas, plantas, libros y retratos. “Mejor que no te pille un mal ciego aquí”, dice una compañera que nos acompaña en la entrevista. Ziga es autora de La feliz y violenta vida de Maribel Ziga donde narra la historia del maltrato físico que su padre ejerció sobre su madre cuando ella y su hermana eran niñas.
Ahora tienes herramientas para enfrentar la violencia que has visto y sufrido en casa durante tu infancia. ¿Cómo la afrontas?
Esa violencia de mi padre hacia mi ama y hacia nosotras, era una violencia que tenías que vivir en absoluto silencio, porque el hecho es que no existía. No se hablaba del tema, absolutamente nada sobre las relaciones pasionales y cosas así. Era un silencio a gritos. Pienso mucho en mis vecinas, pobrecitas. Lo mal que lo pasaron ellas también.
El sistema niega la violencia y la justifica. Al mismo tiempo, una vez que esa violencia es innegable, aplasta a las víctimas
Ahora se puede hablar del tema, hemos conseguido algo increíble que es que la violencia machista sea innegable. Hemos conseguido que sea una conversación pública y alzarnos todas a la vez con las heridas patriarcales que son las heridas del mundo.
Tu madre fue víctima de violencia machista, ¿cómo narras su historia alejándote de la posición de víctima?
La victimización viene desde fuera, desde un sistema social, ideológico, político y cultural. Por un lado, ese sistema niega la violencia y la justifica. Al mismo tiempo, una vez que esa violencia es innegable, aplasta a las víctimas. Siempre me ha cabreado muchísimo el relato sobre la violencia machista, supuestamente pretendiendo ponerse del lado de las mujeres que las muestra como seres aplastados contra el suelo.
En todos esos relatos y ficciones, en los que la mujer violentada es una víctima sin futuro, sin posibilidad, esa violencia invade absolutamente todos los aspectos de su personalidad, de su día a día, de su todo. Me enerva a mí sobremanera. Yo nunca he visto a mi madre así.
¿Y qué pasa con el agresor?
El libro tiene que ver con arrojar luz y comprensión hacia esas mujeres y, también, hacia ellos. A mi padre no se le ocurrió de la noche a la mañana ser un maltratador. No son monstruos. Vienen de violencias sistémicas, y hay todo un adoctrinamiento patriarcal que los embrutece a ellos y que nos debilita a nosotras. El patriarcado también les jode la vida a ellos.
En la vida en general, en la revolución, en el sexo y en todo, la experimentación, la duda, la aventura, es importantísima y además es muy consustancial a cómo somos y cómo funcionamos
Desde el feminismo llevo toda la vida escuchando que los tíos no cambian. Primero, no puedes decir que algo no cambia. Y no puedes decir que están hechos de otra pasta, como si fueran cyborgs. Estamos en eterna transformación y ellos también. Además, tenemos las herramientas que hemos creado: la capacidad de análisis, programas para transformar y deconstruir esa masculinidad...
¿Se ha apoderado un discurso moralista del tema de la sexualidad?
En la vida en general, en la revolución, en el sexo y en todo, la experimentación, la duda, la aventura, es importantísima y además es muy consustancial a cómo somos y cómo funcionamos. Somos puramente eso. Cercenarlo todo desde estos lugares, desde donde, además, parece empoderante, es muy peligroso.
¿Qué opinas sobre los discursos abogan por abolir la prostitución?
Tengo una colega en Barcelona que tiene una hija pequeñita, es una tía que es mexicana y trabajadora sexual. Y activista puta también. En los años que dejé de verla los servicios sociales le quitaron a la hija. Se la quitaron durante un montón de años, por migrante y por puta. Es increíble como se deshumaniza a las putas y a las migrantes.
Si lo anterior era todo oscuridad, lo que viene ahora es horrible y todo lo que hemos conseguido no vale para nada, entonces, te quedas en tu casa con una depresión de caballo y pensando que me va a arrasar el fascismo
Soy susceptible a las matracas de cada tiempo. Se repite mucho que el porno es lo peor del universo, que el porno es la teoría de la violación. Parece que funciona de una manera diferente a todo el resto de mensajes culturales y relatos. Osea, el porno hay que prohibirlo, pero el Pretty Woman ni te digo, ¿no?
¿Dónde sitúas los debates que tenemos que afrontar en pleno auge reaccionario?
¿Por qué hemos de estar repitiendo todo el rato “que viene lo malo, que nos va a pasar por encima”? Si lo anterior era todo oscuridad y oscurantismo, y las vidas de nuestras antepasadas y madres eran aplastadas y las que vienen ahora son horribles, todo lo que hemos conseguido y hecho no vale para nada. Entonces te quedas en tu casa con una depresión de caballo y pensando que me va a arrasar el fascismo.
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