Opinión
Considerando el frío

Considerando el miedo que te inmoviliza el cuello y te impide mirar hacia atrás, hacia la memoria de lo que consiguieron las que vinieron antes…
21 jun 2026 05:00

Considerando el frío que, a veces, irremediablemente, se cuela aunque te arremolines debajo de muchas mantas en los días que, como hoy, aparece otro nombre, uno más, de otra mujer que ya no. Que ya nunca. De pie. Nunca. Despierta. Ya nunca. Otra mujer que no se murió. Otra mujer. No se murió. La mataron. Asesinada.

Considerando la congoja en las entrañas, estén donde estén ubicadas, que dificulta que el aire encuentre una pompa por la que colarse dentro de tus pulmones en los días que, como hoy, no pensaste que podría ser de otra manera. La vida de esas mujeres que ya no. Se te olvidó que podría haber sido diferente. Te acostumbraste. O quizás es otra cosa. Se convirtió en algo normal. Es lo que hay. No se puede hacer nada. Ni se sabe hace cuánto. Un tiempo que era demasiado desde el principio. La violencia contra el cuerpo de las mujeres. Se convirtió en hábito. Tradición. Rutina.

Considerando el olor pegajoso que se te queda impregnado en el interior de la nariz cuando una alumna adolescente te cuenta lo que le pasó. Con un chico. Cuando desabrocha su sufrimiento. Cuando te dice “No se lo cuentes a nadie”. Avergonzada. No llena de rabia. Sintiéndose minúscula. Una mota de polvo. Cuando sabes que es lo mismo que le pasó a una amiga. Lo que le pasó a su madre. Y a su abuela. Y a su compañera de clase. Que es lo mismo que te pasó a ti.

Las que siguen gritando, como un clamor, que sí se puede, que la derrota solo está asegurada si nos quedamos quietas. Escondidas. En silencio. 

Considerando el miedo que te inmoviliza el cuello y te hace no mirar atrás. Para que la memoria se quede cada vez más borrosa. La memoria de lo que consiguieron las que vinieron antes. Las que no se rindieron. Las que no siendo mayoría consiguieron transformar sociedades que parecían inmutables. Revertir las injusticias. Ellas. Las de antes. Las de ahora. Las que siguen gritando, como un clamor, que sí se puede, que la derrota solo está asegurada si nos quedamos quietas. Escondidas. En silencio. 

Considerando el frío y la congoja y el olor pegajoso que se queda en la nariz y el miedo. Considerando todo eso. Me quedo con vosotras. Junto a vosotras. Entre vosotras. Nosotras. Todas. Sintiendo cómo la rebeldía se eriza. Porque así se logró frenar la violencia muchas veces. Porque así, de eso no tengo duda, lo seguiremos consiguiendo. Juntas.

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