Opinión
EEUU y Venezuela: entre el tutelaje y el pragmatismo
Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Las especulaciones sobre la relación entre los Gobiernos de Estados Unidos y Venezuela están a la orden del día, y no podía ser de otra forma después del ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el pasado 3 de enero.
El Gobierno de Venezuela, actualmente dirigido por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, se encuentra amenazado y aturdido, en una situación de indefensión militar y de debilidad general para responder plena y soberanamente a las amenazas que sigue profiriendo el presidente de EEUU, Donald Trump.
Trump está más desesperado por conseguir su objetivo y el chavismo ya sabe cómo gestionarlo, cediendo ante el tutelaje, pero sobreviviendo y esperando un mejor momento
Sin negar ni confirmar las informaciones que emanan de la Casa Blanca, Rodríguez se ha concentrado en aclarar que “hay un Gobierno que manda en Venezuela, que hay una presidenta encargada y que hay un presidente rehén en Estados Unidos”. También ha dicho que las ganancias petroleras las invertirá en la salud de los pobladores, utilizando el sistema privado, sin dar más detalles.
La debilidad del Gobierno venezolano es evidente. Delcy Rodríguez cruza una cuerda floja entre el chavismo radical que podría no aceptar las condiciones del “ganador” y las amenazas muy creíbles de Trump de que podría “irle peor” que a Maduro. En uno de estos giros sorprendentes, el presidente de Estados Unidos describió la conversación telefónica con la presidenta encargada de “larga y genial”. Según Trump, Rodríguez es una “persona fantástica”.
El veto de Trump a María Corina Machado ha dotado a Rodríguez de un reconocimiento que termina siendo casi de consenso: desde los halcones de Washington hasta los radicales de Caracas, todos quieren generar con ella un marco de acción que no hubiera sido posible con Maduro y, por ende, una reoxigenación del movimiento, que ya no parece ser “narcoterrorista” como repitió hasta el cansancio la gramática trumpista. Pero todo esto, ¿a costa de qué?
Independientemente de los vaivenes del mandatario, para Caracas lo más urgente es ganar tiempo. Pocos días después del 3 de enero, una serie de hechos han resquebrajado el discurso de Trump dentro del país norteamericano. El impulso del secuestro exitoso de Maduro podría entramparse en medio de muchos flancos abiertos, con una creciente oposición ciudadana, mediática y política a su deriva autoritaria.
Ante esta compleja situación, la estrategia del chavismo se concentra en no alimentar la diatriba anti Estados Unidos o el discurso soberanista, sino en ganar tiempo
El Gobierno chavista se muestra débil ante las amenazas externas, pero se mantiene intacto su acumulado de fuerzas internas. Todas sus corrientes apoyan a la presidenta encargada. El Gobierno de Trump parece avasallador, pero cuenta con muchos flancos abiertos y tiene que pasar la prueba electoral en una campaña que está a punto de comenzar. Ante esta compleja situación, la estrategia del chavismo se concentra en no alimentar la diatriba anti Estados Unidos o el discurso soberanista, sino en ganar tiempo. Pronto podrían venir nuevas situaciones que, al menos, equilibren las relaciones tan asimétricas que se presentan actualmente y escenarios que permitan un mayor margen de maniobra.
Lo económico
Por supuesto, el asunto clave en esta era postideológica es el petróleo. Trump necesita obtener petróleo cercano y garantizar el flujo de petróleo por la cercanía de un posible conflicto con Irán. Así, la pelea agónica e infinita con Venezuela pierde sentido y la democracia, los derechos humanos y los temas soft pueden esperar.
La esfera económica comienza a cambiar. El tipo de cambio no solo se estabiliza, sino que ha bajado el dólar, cuando semanas atrás estuvo disparado, recordando los escenarios de hiperinflación de años anteriores. Siguen informaciones no confirmadas sobre el cobro por parte del Banco Central de Venezuela de 500 millones de dólares provenientes de la venta del crudo que salió hacia Estados Unidos. También de la inminente relajación de sanciones, aunque aún no se conoce el esquema de comercialización ni cómo llegarían los recursos al país.
Que Washington tenga el control del petróleo venezolano puede parecer un triste final para el movimiento chavista que tanto discurso anti imperialista profirió. Pero el Gobierno está obligado a verlo de manera mucho más pragmática. El bloqueo a Venezuela que se precipitó a finales del año pasado, con buques petroleros abordados y capturados, asfixió no solo las finanzas del Estado sino también puso en vilo a la industria petrolera.
Los depósitos de combustible estaban a reventar y la producción de los pozos comenzaba a paralizarse por la incapacidad para almacenar mayores cantidades. Detener la operatividad significa mucho tiempo para volver a hacerlos productivos. Sobre Venezuela no se ciñe solamente una amenaza militar sino la imposibilidad de continuar con el modelo de venta hacia Rusia y China, u otros aliados lejanos donde vende con descuento, lo que le obliga a volver a EEUU como su única salvación para no paralizar la industria e impedir regresar a los fatídicos hechos de 2016 y 2017 en el que la producción cayó de casi tres millones de barriles a menos de 300.000, y fue obligada a vender con amplios descuentos.
La entrega del crudo a EEUU permite, independientemente de la forma en cómo se agencie la compra y venta, un rescate de la industria que estuvo a punto de ser paralizada a comienzos de año por el bloqueo naval
La entrega de crudo a Estados Unidos permite, independientemente de la forma en cómo se agencie la compra y venta, un rescate de la industria que estuvo a punto de ser paralizada a comienzos de año. El Gobierno estadounidense ahorcó con certeza a los aliados de Venezuela que no pudieron eludir el cerco y Caracas se quedó sin opciones.
En la esfera internacional el Gobierno de Venezuela ha comenzado a replantear el tema diplomático. En una reunión entre la presidenta encargada y los jefes y jefas de misión de países europeos, se planteó otro tono y hubo un acercamiento entre ambas posiciones que podría rendir frutos tomando en cuenta el distanciamiento de estos con Estados Unidos y una hipotética nueva época de relajamiento de sanciones y de apertura hacia nuevas inversiones y mercados energéticos.
Así las cosas, la estrategia de Delcy Rodríguez es clara: ganar tiempo. Si algo cambió fue el manejo del mismo. Ahora Trump está más desesperado por conseguir su objetivo y el chavismo ya sabe cómo gestionarlo, cediendo ante el tutelaje, pero sobreviviendo y esperando un mejor momento.
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