El fantasma de la crisis planea sobre los escenarios valencianos

Tras años de fuerte crecimiento, el sector afronta un cambio de ciclo marcado por la precarización y los recortes en las políticas culturales.
Festival ConFUSIÓN, arte y música en comunidad en el barrio valenciano de Benimaclet 4
Festival ConFUSIÓN, artes escénicas y música por las calles del valenciano barrio de Benimaclet Gabriel Rodríguez
4 may 2026 08:50 | Actualizado: 4 may 2026 09:25

Las artes escénicas valencianas han vivido en los últimos años un momento dorado. Tras el impacto de la crisis del Covid, el sector entró en un ciclo expansivo de resultados históricos. Al finalizar el pasado mes de diciembre, la Seguridad Social tenía inscritas en el País Valenciano a 5.352 personas que trabajaban no solo como actores, bailarines, acróbatas o directores de escena, sino también en actividades auxiliares como técnicos de luz y sonido, escenógrafos, diseñadores de vestuario, taquilleros de teatros o acomodadores. El empleo se disparaba un 31,8% respecto a los niveles registrados antes de la pandemia, superando el crecimiento medio nacional del 28,6%. El número de empresas vinculadas a las artes escénicas también presentaba una cifra récord: 522, un 25,4% más que en 2019.

Pero detrás del éxito de estas cifras, la escena valenciana lleva tiempo escondiendo signos de agotamiento. Su respuesta a la crisis del Covid tuvo en sus inicios unos resultados espectaculares: en 2021 ya había recuperado la ocupación previa a la pandemia y un año después veía cómo su empleo crecía un 16%. Pero este ciclo expansivo comenzó en 2023 a señales de cansancio. Este fenómeno, que se inició en la etapa final de los gobiernos progresistas del Botànic, se ha agudizado en los últimos tiempos en paralelo a los cambios en las políticas de promoción de las artes escénicas introducidos por el PP tras asumir el poder de la Generalitat con el apoyo de la ultraderecha.

Este cambio de ciclo se refleja especialmente en la evolución de quienes son el corazón, el músculo y el nervio de todo el sector: las compañías valencianas de teatro, danza y circo. Según los registros de la Seguridad Social, al finalizar 2025 existían en el País Valencià 342 empresas de artes escénicas que daban empleo a un total de 2.310 trabajadores. Además, otros 1.461 profesionales independientes participaban de la creación escénica valenciana como autónomos. Estos números suponen un incremento del 31% respecto a la situación previa a la pandemia. La provincia de València —y especialmente la capital— acapara en gran medida estos excelentes resultados: allí reside el 61,7% de las compañías y seis de cada diez trabajadores.

En cualquier caso, este crecimiento no ha modificado el perfil de un sector caracterizado por el pequeño tamaño de sus compañías, a menudo, incluso unipersonales. En concreto, su dimensión estándar apenas supera los 6,7 trabajadores, frente a los 7,3 de media nacional. Solo la provincia de Valencia, con una estructura más sólida y 8,2 trabajadores de media, mejora el promedio nacional, aunque sigue alejado de Madrid y Barcelona donde el tamaño de las compañías supera los 10 empleados. Sin embargo, en Castelló y Alacant ni siquiera llegan a los 5 trabajadores. Al mismo tiempo, el ecosistema escénico valenciano registra un creciente peso de los trabajadores autónomos. Al finalizar 2025 representaban el 38,7% del empleo total, más de tres puntos por encima de los niveles prepandémicos. El caso más extremo es Alacant donde el 61,5% de sus trabajadores son autónomos.

El fuerte crecimiento de estos años no se entiende sin las acciones de choque promovidas por los gobiernos del Botànic para revertir el colapso provocado por la pandemia. La partida creció un 87,5%

Esta realidad permitió una mayor flexibilidad a la escena valenciana para afrontar la crisis del Covid. En gran medida, ello fue posible gracias al esfuerzo de muchos profesionales que se mantuvieron activos como autónomos. Pero este modelo escénico valenciano también evidencia su debilidad y su dependencia de las políticas públicas. De hecho, el fuerte crecimiento de estos años no se entiende sin las acciones de choque promovidas por los gobiernos del Botànic para revertir el colapso provocado por la pandemia. En este sentido, la partida del Instituto Valencià de Cultura destinada al fomento de las artes escénicas llegó a incrementarse un 87,5% y en 2023 alcanzaba ya los 6 millones de euros. Ese esfuerzo económico se destinó casi íntegramente a programas de subvenciones. Los años 2022 y 2023 fueron decisivos. Al finalizar este último ejercicio, las compañías no solo habían dejado atrás la crisis sino que veían cómo el empleo se catapultaba un 25% respecto a 2019.

La administración compensaba con una inyección de ayudas públicas la precariedad estructural de la escena valenciana. El problema fue que, superado lo peor de la crisis, el Instituto Valencià de Cultura (IVC) dejó al descubierto su falta de músculo para gestionar un modelo que conforme crecía el sector se hacía más complejo. El resultado fueron retrasos en las convocatorias, plazos administrativos que obligaban a trabajar contrarreloj y un creciente malestar entre las asociaciones que, como la Avetid, intensificaron sus críticas. Estas dificultades de gestión se han mantenido bajo los gobiernos del PP: el pasado año el IVC tuvo que recurrir a una empresa externa para desbloquear las ayudas; esto no impidió graves problemas, como las incompatibilidades entre subvenciones que provocaron un aluvión de renuncias y obligaron a revisar las adjudicaciones al límite del tiempo.

La llegada de los nuevos gobiernos conservadores del Consell ha supuesto, sobre todo, un importante giro de timón en las políticas culturas dirigidas a las artes escénicas y ha implicado una línea dura de ajustes presupuestarios

Pero la llegada de los nuevos gobiernos conservadores del Consell ha supuesto, sobre todo, un importante giro de timón en las políticas culturas dirigidas a las artes escénicas. Por un lado, ha implicado una línea dura de ajustes presupuestarios. Aunque en sus primeros presupuestos de 2024 el programa de fomento a las artes escénicas se elevó a 6,2 millones, esta cifra se ha mantenido congelada hasta la actualidad, con los presupuestos de 2025 prorrogados.

Esto ha supuesto un recorte silencioso desde el primer año ya que la partida no asumió la subida del IPC y desde entonces acumula la pérdida de un 5,8% de su valor por el impacto de la inflación. Y la situación puede agravarse este año por la incidencia de la guerra de Irán sobre los precios.

Estos ajustes han afectado a los principales escaparates de la escena valenciana: la Mostra de Teatre de Alcoi, cuyo presupuesto se ha reducido, y los Premios de las Artes Escénicas Valencianas, suspendidos desde 2024. Y también a los programas de subvenciones que de 3,4 millones previstos en 2023 han pasado a 2,9 millones desde 2024. Menos subvenciones y mayor demanda por el crecimiento experimentado por el sector estos años.

Para encauzar esta contradicción, el IVC ha priorizado en sus convocatorias a las compañías con una estructura más sólida y mayor capacidad económica; una opción que viene a chocar con el tejido real de la escena valenciana y acrecienta las tensiones dentro del sector. Un informe de 2024 del Comitè Escèniques alertaba de que solo 34 compañías acaparaban ayudas por 3,2 millones de euros, frente a otras 273 que tuvieron que repartirse 2,9 millones; además, destacaba que el 64% de los aspirantes a una subvención bianual se quedaron fuera del reparto. Todo un cuello de botella que dificulta la consolidación de nuevos proyectos y compañías emergentes.

Por otro lado, los responsables culturales del PP han optado por aplicar la lógica del mercado en las políticas de fomento de las artes escénicas. Un mercado que, paradójicamente, también recae sobre las espaldas de las administraciones públicas ante la inexistencia de una auténtica red privada de teatros. Solo una minoría de las compañías valencianas tienen el privilegio ser contratadas en la programación de espacios, festivales y programas gestionados por IVC. En concreto, para la temporada 2025-2026 su número se ha limitado a 55. Por eso, la gran apuesta pasa por la potenciación del Circuit Cultural Valencià, un programa entre el Institut Valencià de Cultura y la Federación Valenciana de Municipios y Provincias por el que el primero sufraga el caché de las compañías contratadas por los ayuntamientos adheridos. Según los datos del IVC, el pasado año 155 municipios se integraron en el Circuit, lo que supuso un aumento del 39,2% respecto a 2024. Su presupuesto global, sin embargo, no creció al mismo ritmo: solo lo hizo un 2,7% para situarse en 2,9 millones de euros. En total, el Circuit contrató el pasado año 495 espectáculos por un importe de 1,9 millones.

Este año el programa tiene un presupuesto inicial de 2 millones de euros, que el IVC espera incrementar con partidas destinadas a los municipios afectados por la dana. Hasta la fecha, unas 800 compañías ya han ofertado sus espectáculos, lo que significa que -teniendo en cuenta las contrataciones reales del pasado año y que muchas compañías ofertan varios espectáculos- más de la mitad se quedará fuera de las programaciones. Esta dinámica, fruto de la lógica de la oferta y la demanda, amenaza especialmente a aquellas propuestas creativas más arriesgadas frente a quienes ofertan espectáculos más conservadores artísticamente. Así mismo, esta dinámica de dura competencia en el mercado escénico empuja a las compañías a ajustar sus cachés a la baja.

La Asociación Valenciana de Profesionales de la Cultura advertió que si la convocatoria a los municipios se retrasaba hasta abril, las ayudas no llegarían hasta julio y los ayuntamientos no podrán comenzar a programar hasta septiembre

A estas tensiones se le suma los mismo problemas de gestión que afectan a las subvenciones: la lentitud con que el Institut Valencià de Cultura tramita el programa del Circuit Cultural Valencià, consecuencia de los problemas estructurales que arrastra la institución. La Asociación Valenciana de Profesionales de la Cultura, que aglutina a los gestores culturales valencianos, advertían hace unos meses de que si la convocatoria a los municipios para que se adhieran al Circuit se retrasaba hasta abril, las ayudas no llegarían a los municipios hasta julio y los ayuntamientos no podrán comenzar a programar hasta septiembre. De este modo, la contratación efectiva a las compañías se limitaría a los últimos cuatro meses del año. Si estas previsiones eran pesimistas, la realidad podría ser todavía peor ya que, al finalizar abril, el plazo para que los municipios se acojan a las Circuit continuaba sin abrirse.

En este contexto de cambios en las políticas culturales, el panorama escénico valenciano comienza a registrar sus primeras víctimas. Tras años de crecimiento ininterrumpido, el País Valenciano cerraba 2025 con un descenso interanual del 3,4% en el número de empresas. Pese a ello, el empleo mantuvo un crecimiento del 2,6%, un ritmo muy por debajo de la media nacional que se situó en el 6,1%. La conclusión es clara: las compañías con más músculo todavía logran crecer tímidamente, mientras las más débiles van quedándose por el camino obligando a sus miembros, en el mejor de los casos, a tratar de sobrevivir como autónomos.

Y la perspectiva no parece muy halagüeña. Aunque el primer trimestre suele ser un periodo negativo para el sector escénico, los datos del pasado mes de marzo no invitan al optimismo: el número de empresas bajaba a 334, un 2,3% menos que en diciembre, y el empleo escénico total, pese a la resistencia de los autónomos, caía en su conjunto cerca del 5,8%; en el caso de los trabajadores inscritos en el régimen general de la Seguridad Social el desplome alcanzaba el 9,3%. El fantasma de la crisis planea, una vez más, sobre la escena valenciana.

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