Homenaje a los dos militantes de CNT asesinados por la Falange en Galicia hace 90 años

Los canteros Francisco Arca y Secundino Bugallo fueron torturados y asesinados en Ponte do Barco en agosto de 1936.
cercedo CNT
Homenaje a Francisco Arca y Secundino Bugallo en Cercedo.
3 ago 2026 08:15

A la dictadura fascista del general Franco le debemos el conocido “desgarro pactado”, ese acuerdo entre el régimen y la gran mayoría de su oposición, que permitió que la cúpula franquista pudiera seguir siendo élite en democracia, con la gran ironía de que algunos de los padres de la democracia fueron destacados franquistas.

La “loada” Transición fue apuntalada por una versión historiográfica dominante que hablaba de un reparto de culpabilidad, describiendo la guerra como “una guerra entre hermanos”. Seguir equiparando la responsabilidad de los dos bandos fue una manera de continuar con la represión.

En el momento actual, observamos cómo se normaliza un discurso neofranquista que avanza en todos los ámbitos, y que ya amenaza desenfrenado con la derogación de la Ley de Memoria Democrática en caso de que se materialice el tándem Feijóo-Abascal como futuro gobierno del Estado. Es imprescindible seguir dando a conocer la verdad de nuestra historia reciente para frenar ese revisionismo ultraderechista que va conquistando instituciones, medios de prensa y redes sociales; y que constituye una amenaza real para la convivencia democrática.

Aunque durante la Guerra Civil en Galicia no se produjo un frente de batalla, se estima que hubo entre 5000 y 7000 personas muertas en nuestro país por represión directa solo en los primeros meses después del golpe fascista de julio de 1936.

“La represión fue un mecanismo central de construcción del poder franquista”

Julio Prada Rodríguez, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidade de Vigo, aclara que “una de las particularidades más destacadas de Galicia fue precisamente que la represión alcanzó una importante dimensión en un territorio donde prácticamente no existió guerra abierta. En otras regiones la violencia fue consecuencia tanto del conflicto militar como de la persecución política; en Galicia, por el contrario, la represión se convirtió desde el primer momento en un mecanismo central de construcción del nuevo poder franquista”, así como que “la forma más habitual de violencia fue la represión extrajudicial.

Muchas víctimas fueron asesinadas sin pasar por ningún procedimiento judicial mediante los llamados paseos, las sacas o la aplicación de la denominada ley de fugas. La finalidad de estas prácticas no era solo eliminar a los opositores, sino transmitir un mensaje de terror al conjunto de la población para impedir cualquier intento de oposición.”

Socialización del terror fascista como elemento ejemplarizante

Los sublevados sabían muy bien que los efectos del terror solo existen si se publicitan adecuadamente sus resultados, de ahí la razón de los fusilamientos en las cunetas de los cruces de caminos o carreteras importantes. En un área tan dispersa como Galicia esto era clave para hacer visible el terror.

El próximo 13 de agosto, el colectivo A Lumieira da Terra de Montes organizará de nuevo el homenaje a Francisco Arca Valiñas y Secundino Bugallo Iglesias, cuando se cumplen 90 años de sus torturas y salvajes asesinatos por parte de miembros de la Falange en la cuneta del kilómetro 74 de la antigua carretera entre Pontevedra y Ourense. Fuentes del colectivo A Lumieira describen los asesinatos de la Ponte do Barco como ejemplos paradigmáticos de la macabra estrategia fascista de socialización del terror.

Fuentes del colectivo A Lumieira describen los asesinatos de la Ponte do Barco como ejemplos paradigmáticos de la macabra estrategia fascista de socialización del terror

Francisco y Secundino eran canteros de profesión, y fueron dirigentes de la Sociedad de Agricultores “El Trabajo” de Figueiroa, ligada al sindicato CNT y que formaba parte de la Federación de Agricultores y Obreros de Cerdedo, con sede en la Casa do Pobo de Deán.

Secundino Bugallo jugó un papel clave en la génesis de Izquierda Republicana en el ayuntamiento de Cerdedo, formación política que hizo una defensa activa de los obreros de la comarca encarcelados por participar en actos de solidaridad con la huelga general revolucionaria de octubre del 34.

Francisco Arca, junto con su hijo y otros vecinos, fue condenado a cuatro meses de cárcel por irrumpir en la misa del Jueves Santo en la iglesia de Figueiroa (Cerdedo-Cotobade), para defender la voluntad de una parte significativa de los vecinos de la parroquia ante las prácticas corruptas y la intransigencia del cura, que se oponía a que las personas que hubieran manifestado cierta conciencia crítica durante su vida fueran enterradas en el camposanto parroquial, así como a la construcción de un cementerio laico.

Secundino y Francisco le hicieron frente a la Guardia Civil en el puente Valoutas

Una vez se produjo la sublevación fascista, Secundino Bugallo y Francisco Arca se unieron al comité de emergencia de Cerdedo que defendió la legalidad de un gobierno elegido democráticamente, llegando incluso a hacerle frente en el puente Valoutas a la Guardia Civil que se dirigía con la idea de detener a los representantes locales republicanos. Como consecuencia de este enfrentamiento, algunas personas fueron detenidas y otras tuvieron que esconderse en los montes de la zona para ser apresadas días después.

Este fue el caso de Secundino y Francisco, que fueron recluidos en el cuartel de la Guardia Civil de Cerdedo. En la noche del 12 al 13 de agosto, los dos canteros fueron sacados del cuartel por un grupo de falangistas y llevados hasta las proximidades de la Ponte do Barco, en la parroquia de Pedre. Allí fueron brutalmente torturados y asesinados por los paramilitares fascistas. Sus cuerpos mutilados fueron abandonados en la cuneta, para ser descubiertos en la mañana del 13 de agosto por los viajeros del coche de línea, entre los que se encontraba la mujer de Francisco, que se dirigía a Pontevedra en busca de noticias sobre su marido.

El cura de San Martiño de Figueiroa no permitió que fueran enterrados en el cementerio de su parroquia, teniendo que darles sepultura en una fosa común en Pedre, también fuera del recinto del camposanto

Adrián Vilas, tataranieto de Secundino Bugallo, relata para O Salto que fue su propio bisabuelo, José Bugallo Lois, uno de los hijos de Secundino, quien fue a recoger los cuerpos en un carro de vacas, y que el cura de San Martiño de Figueiroa no permitió que fueran enterrados en el cementerio de su parroquia, teniendo que darles sepultura en una fosa común en Pedre, también fuera del recinto del camposanto.

Adrián también nos cuenta que otro de los hijos de Secundino, Gerardo Bugallo Lois, igualmente sindicalista, estuvo recluido en el cuartel con su padre, y salvó la vida en el último momento. Fue movilizado por la fuerza por el bando fascista para luchar en la Batalla del Ebro. En abril del 39, una vez terminada la guerra, regresaba a casa en un tren que hizo parada en León. Al ser reconocido en la estación por uno de los falangistas que había participado en los asesinatos de la Ponte do Barco, este no dudó en matarlo, disparándole por la espalda.

El día 21 de diciembre de 1936 le fue comunicada a Rogelio la noticia del vil asesinato de su padre durante el desayuno que compartía con sus compañeros en la pensión donde estaban alojados

Por su parte, el hijo de Francisco, Rogelio Arca Rivas, igualmente cantero de profesión, se encontraba en Madrid cuando se produjo el golpe de Estado, alistándose en la primera Columna Confederal que se organizó para defender la capital del Estado ante las avanzadas de los mercenarios del ejército franquista que llegaban por la Sierra de Gredos. Posteriormente, su columna fue reconvertida en la 39 Brigada Mixta, que combatió hasta diciembre del 36 en el frente de Aragón. Dicha compañía regresó a Madrid esa Navidad para disfrutar de unos días de descanso, y el día 21 de diciembre de 1936 le fue comunicada a Rogelio la noticia del vil asesinato de su padre durante el desayuno que compartía con sus compañeros en la pensión donde estaban alojados.

Rogelio también fue quien, junto con sus compañeros de unidad y las Brigadas Internacionales, contuvo la embestida fascista durante la Batalla del Jarama, salvando su vida de milagro en más de una ocasión. Siguió luchando por la defensa de la legalidad republicana en diversos frentes hasta el 29 de marzo de 1939, cuando fue finalmente capturado en la localidad turolense de Camarena de la Sierra, para ser trasladado y confinado en terribles condiciones de hacinamiento en una Plaza de Toros de Teruel convertida en campo de concentración.

Una vez salió de allí, fue integrado en un batallón disciplinario y recluido en los calabozos del cuartel de Lugo hasta que le fue condonada su pena. De vuelta en casa, tuvo que cargar con una realidad de escarnio y exclusión social en un Cerdedo anegado por el terror franquista.

Represión franquista contra las mujeres en el rural gallego

En un contexto donde un catolicismo integrista pasó a dominar cada rincón de la vida diaria, ejerciendo un control sobre la sociedad que sería la envidia de cualquier otro régimen totalitario de partido único, las mujeres de Francisco Arca y Secundino Bugallo fueron víctimas de continuas vejaciones. Se veían obligadas a vivir bajo un clima de coerción constante que pretendía estigmatizarlas ante su comunidad, tratando de convertirlas en un ejemplo a evitar para el resto de la vecindad.

Como resultaba habitual, la represión para las familias no terminó con sus terribles asesinatos. Adrián Vilas aclara que su tatarabuela Filomena Lois Iglesias, a quien llegó a conocer, tenía que enfrentarse a menudo a situaciones de presión por parte de los falangistas, que trataban de transmitirle la sensación de que estaba bajo vigilancia. Filomena evitaba bajar al pueblo de Cerdedo, donde por ejemplo no podía ir a la farmacia, y recordaba también el destrozo que dejaron en su casa los paramilitares franquistas cuando fueron allí a requisar las armas de su marido, ya muerto.

Adrián cuenta también cómo su tatarabuela Vitorina fue rapada por los falangistas en un molino de la aldea. Estaba casada con un hermano de Secundino que, ante las amenazas franquistas, se vio obligado a marcharse a Estados Unidos para no volver jamás a su tierra. Como ya no podían coger a su marido, Vitorina fue el blanco de las represalias.

“Muchas mujeres se convirtieron así en auténticos rehenes de la represión franquista”

El profesor Julio Prada Rodríguez, autor, entre otras obras, de Franquismo y represión de género en Galicia explica que “la represión franquista no terminaba con el fusilamiento, encarcelamiento o fuga de los hombres considerados desafectos. En las zonas rurales gallegas fue frecuente que sus esposas, madres, hermanas o hijas continuaran siendo objeto de persecución, tanto por su relación familiar con los represaliados como por constituir una vía de presión sobre los huidos y sobre sus redes de apoyo. Muchas mujeres se convirtieron así en auténticos rehenes de la política represiva franquista”.

“El castigo pretendía marcar públicamente su supuesta condición de desafectas y devolverlas al modelo de mujer sumisa, dependiente y alejada de la vida pública que defendía el franquismo”. De esta manera “las mujeres de los represaliados no solo tuvieron que afrontar las consecuencias económicas y emocionales derivadas de la pérdida de sus familiares, sino que frecuentemente sufrieron una represión propia basada en la vigilancia, las detenciones, los rapados, la exclusión social, las humillaciones públicas y, en los casos más graves, la violencia sexual. La represión franquista en el rural gallego fue también una represión de género destinada a disciplinar a las mujeres y a destruir cualquier vínculo con los vencidos.”

El colectivo A Lumieira da Terra de Montes, tomando el relevo de otras asociaciones locales como la pionera en este ámbito Verbo Xido, anima a participar en el homenaje a Francisco Arca Valiñas y Secundino Bugallo Iglesias el jueves 13 de agosto a las 20:00 h en la Casa do Pobo de Pedre (Cerdedo-Cotobade), en un acto con micrófono abierto, recitales, música tradicional y ofrenda floral.

Para la familia de Secundino Bugallo, el homenaje representa un momento especial y de marcada emotividad. Adrián Vilas concluye que “es un ejercicio de Memoria Democrática saber que estas cosas ocurrieron”

Este tipo de convocatorias juegan un papel esencial para reivindicar los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas de crímenes de derecho internacional, como los que fueron cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo, y que son reconocidos como derechos humanos por la legislación internacional.

Para la familia de Secundino Bugallo, el homenaje representa un momento especial y de marcada emotividad. Adrián Vilas concluye que “es un ejercicio de Memoria Democrática saber que estas cosas ocurrieron” y considera esencial “poner en contexto estos hechos para estar alerta ante el auge de movimientos fascistas que vivimos hoy en día”.

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