Rusia
La geopolítica del miedo se adueña de los medios
La gran mayoría de medios se han hecho eco, a lo largo de estos últimos días, de las palabras del primer ministro polaco, Donald Tusk, en el Parlamento Europeo, donde advirtió sobre un posible ataque por parte de Rusia a alguno de los países miembros de la OTAN. También el presidente francés, Emmanuel Macron —que se enfrenta en estos momentos a unas protestas masivas por parte del estudiantado—, ha puesto en el centro del relato mediático la posibilidad de un ataque ruso. No solo eso: ha ordenado el refuerzo de la protección de infraestructuras críticas frente a un eventual ataque de Moscú. Polonia, por su parte, también ha puesto en marcha una acción “preventiva” que pasa por el “refuerzo” de su defensa aérea a causa de las incursiones de drones rusos en su espacio aéreo en los últimos días. También se han avistado drones rusos en Moldavia y en Rumanía.
El escenario que plantean las potencias europeas está claro: ante una posible agresión contra cualquier Estado miembro, hay que estar preparado. Para ello, los diferentes países que conforman la Unión Europea no solo han dado y están dando pasos de gigante para un rearme efectivo, sino que están trasladando, a través de la prensa, un mensaje claro: “No estamos en guerra, pero podríamos estarlo en breve”.
Los medios nos preparan para la guerra
“Que vienen los rusos” es el título de una de las últimas newsletters enviada por el periodista Francisco Peregil de El País. En ella, da cuenta de las noticias de hace unos días en relación a los avances de Rusia en Ucrania y las amenazas de Putin contra los países miembros de la OTAN. “La escalada rusa alimenta el debate en el flanco oriental de la OTAN sobre la capacidad de respuesta aliada”, titulabaEl País el pasado 27 de septiembre. Otra noticia del día siguiente rezaba: “Bruselas advierte de que Rusia planea nuevos sabotajes y ataques híbridos en la UE”. Otro titular, en esta ocasión un par de días más tarde, del 30 de septiembre: “Rusia amenaza con usar armas nucleares contra los países de la OTAN en plena escalada de tensión en el Báltico”.
En la cadena británica BBC, la línea está siendo la misma: “Putin advierte a Occidente que Rusia está dispuesta a usar todas las armas para proteger Kaliningrado”; también en periódicos como The New York Times, el Washington Post o la cadena Al Jazeera y en revistas como Foreign Affairs, donde en un artículo publicado el pasado 24 de septiembre (“Cómo Putin intensifica la situación. Una nueva etapa en el enfrentamiento de Rusia con Ucrania y Occidente”), el periodista Andrei Kolesnikov explicaba cómo el aumento del gasto militar ligado a la subida de los precios de los combustibles están en el origen de una inflación extenuante para la población. “Para Putin, la escalada se ha convertido en un medio fundamental para mantenerse en el poder”, escribe Kolesnikov.
La estrategia rusa de disuasión y la intimidación copa los titulares de todo el mundo y en en las sociedades se instaura poco a poco una sensación de miedo e inseguridad
En los medios, un mantra que se repite: la posibilidad de que Putin ponga a prueba el artículo 5 del Tratado Atlántico y que el asunto escale sin control. La estrategia rusa de disuasión y la intimidación copan los titulares de todo el mundo y en las sociedades se instaura poco a poco una sensación de miedo e inseguridad; pero sobre todo, según apuntan los y las expertas, una sensación de que la única vía es la inversión en armas. Estar preparado para la guerra pasa de ser una posibilidad a una necesidad.
Una Europa insegura que necesita reafirmarse
“Hace años que se cuece la instauración de este clima debido a varios factores. Por una parte, existe una percepción de debilidad y de crisis en Europa, de una entidad que no termina de saber encontrar su papel y que cada vez se siente cada vez más desbordada por las grandes potencias; esto en cuanto a los decisores políticos de Europa. Esto hace que actúen de manera angustiada, más reactiva que meditada”, reflexiona para El Salto Jordi Armadans, politólogo, periodista y analista de paz, conflictos y desarme.
Ante la idea de estar ante una Unión Europea “débil”, una parte importante de los Veintisiete se ha visto en la necesidad, sobre todo a raíz del estallido de la guerra en Ucrania, de posicionarse “para no parecer los últimos o parecer despistados, débiles, etcétera”, explica Armadans. “La decisión política resultante de toda esta crisis es que Europa se debe armar más”. Pero no solo eso: además del rearme, Europa debe convencer a su sociedad civil de que ese rearme es necesario y, para ello, hay que tener un enemigo a la vista, un otro al que enfrentarse: Rusia.
“Las partidas en gasto militar de todos los países van en aumento, al tiempo que las de gasto en materia social disminuyen. Si realmente no hay una amenaza, queda muy feo llevar a cabo toda esta desinversión en el ámbito social y toda esta fortísima inversión en el ámbito militar”, explica el experto, que prosigue: “Para justificar los recortes, necesitas que esté presente esta amenaza, este peligro”. Esto no quita, por supuesto, que los peligros existían, y que “Putin esté haciendo lo que hace por remover y tensionar a la UE”. Y ese sería precisamente el meollo de la cuestión: si bien la retórica de Rusia está ahí, es posible que todo esto sea tan solo una maniobra de Rusia para “agobiar” a los Veintisiete, “sin menospreciar ninguno de los peligros y de las amenazas que supone Putin”.
En este punto, sin embargo, Armadans hace un paréntesis para mencionar las acciones y maniobras políticas y militares que están llevando a cabo tanto Benjamin Netanyahu como Donald Trump. “Además de las matanzas, se dedican a despreciar el derecho humanitario, el mandato de Naciones Unidas, y a ridiculizar los instrumentos que permiten defender los derechos humanos. Esto sí es un peligro enorme para la paz y la estabilidad de Europa, del mundo, de los derechos humanos. Sin embargo, no parece que para todos estos decisores políticos [en referencia a los Veintisiete] sea un peligro”. De hecho, sin bien Vladimir Putin ha atacado Ucrania, quien realmente ha verbalizado una amenaza directa contra la Unión Europea ha sido Trump, con el asunto de la disputa por Groenlandia. “Parece evidente que hay una construcción del discurso a partir de determinados hechos que se quieren destacar porque son útiles para este incremento presupuestario militar, mientras se esconden otros que apuntarían a otros elementos”.
No se está haciendo una distinción sobre lo que está pasando realmente y lo que puede pasar
Acerca de esta idea de sobredimensionar la amenaza incide también la investigadora en militarismo y género de NOVACT- Instituto Internacional por la Acción Noviolenta Nora Miralles: “Es cierto que están sucediendo cosas, pero aquí en el Estado español no está pasando nada. Si bien hay informaciones que aseguran que en algún momento se podría entrar en esta dinámica, de entrada, no se sabe ni cómo ni cuándo, ni qué pasará”. Para la investigadora, no se está haciendo una distinción sobre lo que está pasando realmente y lo que puede pasar, si se trata de una tensión de cierta intensidad entre Rusia y sus vecinos o si realmente se está generando un clima prebélico.
La sobrerrepresentación en los medios
Si se quiere que la ciudadanía, en este caso europea, asuma ciertos postulados, hay que trabajar para mentalizarla. Y eso pasa por sobrerrepresentar la amenaza rusa de manera constante. Es en este contexto donde entran en juego los medios de comunicación, que “sobrerreaccionan” a esos movimientos o declaraciones. Lo que hacen, en realidad, además de generar temor y angustia, es preparar a la ciudadanía para los grandes recortes en el ámbito social. “Esto es algo objetivo y evidente. Estas dinámicas no serían posibles si no se instaura la idea de un peligro cercano. [...] Identificar este peligro, sobrerrepresentarlo, etcétera, es algo que [los medios de comunicación] necesitan hacer para que todo lo demás se pueda justificar.
Nora Miralles: “En los medios se está sobredimensionando los eventos que pasan en países muy cercanos a Rusia, con lo cual se genera una alarma social importante”
Sobre esta idea de sobredimensionar la amenaza para justificar recortes en libertades y gasto social, Nora Miralles también apunta, como Armadans, a la sobredimensión de los hechos “En los medios se está sobredimensionando los eventos que pasan en países muy cercanos a Rusia, con lo cual se genera una alarma social importante. Por otra parte, hay una cuestión a abordar aquí: el hecho de que la gente, e incluso los propios periodistas, no sepan explicar bien qué es lo que está pasando realmente, cuál es el contexto, cuál es la probabilidad de que pasen ciertos hechos más graves, constituye uno de los errores. Para saber exactamente qué es lo que está pasando necesitas buscar una cantidad de información bastante grande. Y en cambio la gente que se informa leyendo apenas un par de titulares”, explica la investigadora de NOVACT, quien ve poco probable una guerra con Rusia. “Lo más probable es que se produzca algún ciberataque a infraestructuras críticas, que evidentemente pueda tener una afectación material sobre la clase trabajadora de los países europeos; pero aun habiendo una parte de certeza en todo esto, nadie sabe exactamente qué puede pasar. Y los medios tampoco lo explican”, añade.
Es evidente que hay intereses en crear un clima prebélico, porque el miedo hace a las personas maleables, más en un momento en que el autoritarismo está creciendo. “A la mayoría de las fuerzas políticas les interesa que las personas sean maleables. Por otra parte, hay un consenso en el seno de las fuerzas europeas de que hay que llevar a cabo un rearme. Evidentemente, si no hay una amenaza prebélica nadie aceptará un potencial recorte en gasto social, sobre todo, en un momento en el que ya estamos viendo la fuerte desinversión en los servicios públicos”. Para la experta, fomentar este clima es un acto de “irresponsabilidad” y de “instrumentalización”.
¿Quién gana con la instalación de este clima prebélico?
En primer lugar, la industria armamentística global, que necesita que sus productos sean considerados necesarios para aumentar las ventas. “Eso es lo lógico. Uno se puede decepcionar, indignar y preocupar, pero desde el punto de vista de los departamentos de marketing de estas empresas, lo que hacen es lo normal”, considera Armadans. La preocupación, explica el experto, aparece cuando las administraciones de los diferentes países europeos se hacen con ese discurso y lo manipulan para hacer creer a sus sociedades que hacen falta más armas, porque desoyen su función de responsabilidad pública. “Se puede hacer mucha crítica a la militarización desde un punto de vista de paz y de desarme y desmilitarización, pero incluso desde un punto de vista estrictamente de defensa militar clásica, hay muchas cosas que están pasando que son profundamente incomprensibles”, añade, como el pretexto de rearmarse para ayudar a Ucrania: “Cuando Europa esté lista, es probable que la guerra en Ucrania ya se haya terminado; así que no servirá para defender a Ucrania de nada”.
Si se quiere un rearme rápido, Europa no puede esperar a impulsar la industria, porque eso conlleva tiempo
En segundo lugar, gana la Administración Trump. Si bien el discurso que se ha instalado es el de la necesidad de que Europa sea solvente en materia militar, que tenga capacidad estratégica, esto se convierte en palabras vacías si se tiene en cuenta a quién se compra todo este armamento: a Estados Unidos. De momento, y si se quiere un rearme rápido, Europa no puede esperar a impulsar la industria, porque eso conlleva tiempo. “Esto hace que la lógica de la autonomía estratégica europea haga aguas”, dice Armadans.
Un discurso instalado que no se cuestiona
El discurso del rearme y de la necesidad de estar armados ante la inminencia de una situación bélica en suelo europeo —además de la que se está dando en Ucrania— está tan instalado en los medios y en la sociedad que apenas provoca debate. “Los argumentos se replican de manera sistemática por partidos políticos, por tertulianos, por analistas. Más allá de la crítica que se pueda hacer desde un enfoque de paz, hay otros elementos que podrían ser cuestionados y no lo son. Eso es lo verdaderamente preocupante: la ausencia de capacidad crítica”. Armadans comenta como ejemplo el hecho de que un rearme europeo individualizado, es decir, país por país, no tiene ninguna lógica militar, ya que al carecer de una estrategia conjunta de defensa organizada, pactada y consorciada, el rearme sirve de poco.
Nora Miralles también apunta hacia esa dirección, pero mira hacia las redacciones: “A la desinformación por parte de una parte importante de la población, se le suma la ausencia de una noción real o un conocimiento real de las dinámicas de las relaciones entre Estados. Los propios medios no tienen muy claro qué está pasando realmente”.
Jordi Armadans: “Estamos en un momento difícil para el discurso de paz y para introducir mensajes que generen reflexiones colectivas que vayan en esa dirección”
Para ambos expertos, la percepción de que Europa está desarmada, a pesar de estar ampliamente extendida, es errónea y por una razón muy sencilla: porque los presupuestos militares no han parado de crecer en los últimos años. “La percepción de que Europa está desarmada, que es una potencia débil porque no tiene fuerza bruta capaz y disuasoria se ha conseguido colocar en el mercado de las ideas”, constata Jordi Armadans, quien critica que haya pocos partidos políticos europeos que se atrevan a cuestionar el relato
En este contexto, hay poco espacio para el discurso pacífico, a pesar de la educación para la paz en las escuelas o la elaboración de informes e investigaciones. Si bien hace diez años el discurso de paz en Europa “no estaba respaldado políticamente, por lo menos era compartido; es decir, no generaba oposición. Ahora es al revés, incluso está criminalizado. Estamos en un momento difícil para el discurso de paz y para introducir mensajes que generen reflexiones colectivas que vayan en esa dirección”, concluye Armadans.
Una estado de alarma que va más allá de los medios
El pasado 24 de septiembre, el Servei de Protecció Civil de Catalunya escribía un tuit en la red social X sobre el kit esencial de cosas a tener en caso por si se produce una emergencia. “Prepárate. Protégete. Y ten siempre listo tu kit de emergencia básico. Puedes necesitarlo si tienes que pasar unos días sin luz, agua o gas, o en caso de evacuación”. Al clima bélico, entonces, hay que sumarle esta serie de discursos por parte de las administraciones que contribuyen al temor y a generar un contexto de miedo permanente. “Lo más perverso es que no concretan en qué consiste la amenaza. En realidad, estos mensajes van dirigidos a eventos climáticos, incendios, apagones eléctricos etcétera; pero no se concreta. Es evidente que pasarán cosas, pero hay que contextualizar, porque si no, lo único que haces es crear miedo. Y el miedo no beneficia a nadie”, comenta Nora Miralles.
Ante todo esto, ella se fija en la apelación individual, a la apelación a la acción personal, no colectiva, “a pesar de que está de sobras demostrado que en contextos de emergencia lo que hace la gente es salir a la calle, como cuando se produjo el apagón. Le estás diciendo a la gente que si sucede algo, nadie va a estar ahí para ayudarles, que lo que tenemos que hacer es encerrarnos 72 horas en casa con nuestros bienes de primera necesidad y no abrirle la puerta a nadie, asustarse a solas”. Miralles apela al comportamiento natural de las personas de, en caso de emergencia, buscar acompañamiento, información. “Los mensajes que se están lanzando van contra natura. Además, esto no es acompañar a la población ante una posible emergencia, esto es abandonar a la gente a su suerte”, lamenta.
El trabajo con la hipótesis de un posible ataque ruso, entonces, se encuentra dentro del marco de una distopía, una situación hipotética de la que no hay pruebas porque aún no se ha producido
En Contra la distopía: la cara B de un género de masas (La Caja Books, 2021), el doctor en Filosofía Francisco Martorell Campos aborda cómo desde la industria cultural se promueve un individualismo neoliberal y cómo la proliferación durante los últimos años de objetos culturales distópicos han ayudado a promover el miedo a un futuro catastrófico. Esto, a su vez, alimenta la aparición de una nostalgia reaccionaria que es la que usa la extrema derecha para hacer estructurar su discurso. El trabajo con la hipótesis de un posible ataque ruso, entonces, se encuentra dentro del marco de una distopía, una situación hipotética de la que no hay pruebas porque aún no se ha producido; una especulación. “Una cosa es trabajar con la realidad y con pruebas y la otra con hipótesis. ¿Qué sabemos del cierto? Que Alemania está recortando en todo su sector público para hacer frente a este rearme. Esto es una certeza”, explica Miralles.
La certeza es que en 2025 las exportaciones militares israelíes alcanzaron el récord histórico de 19.200 millones de dólares; que en Francia el primer ministro Sébastien Lecornu prepara un nuevo tijeretazo social de hasta 43.000 millones de euros. Todo lo demás es pura especulación.
Ciencia y tecnología
I+D+i para guerra, vigilancia y represión
Opinión
Apuntes urgentes frente a la estrategia de disuasión y el rearme en Europa
Industria armamentística
¿Quién decide que un país se prepare para la guerra?
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!