Sanear las redes: semillas del odio diseñadas por empresas globales

Hay posts que no representan odio en sí mismo, pero sí son semillas que pueden hacerlo germinar.

Profesora de Teoría del Periodismo en la Universidad de Sevilla


publicado
2018-12-05 18:00:00

En vísperas de la campaña electoral andaluza una amiga de Facebook publicaba una foto dónde se veía una pila de comida envasada encima de un contenedor de basura y se aducía que había sido depositada por “una familia musulmana mientras los de aquí pasan hambre”. Otra amiga acusaba a un partido político de boicotear un acto de otra formación. En ninguno de los dos casos se ofrecía ninguna prueba o indicio de que esto hubiese sucedido así realmente. Se trata de dos personas a las que aprecio, y a las que me niego a etiquetar con ningún término peyorativo. No creo que lo hagan con la intención de hacer daño, es más probable que puedan sentir (con razón o sin ella) que sus “valores” están en riesgo y sin ser tal vez del todo conscientes, estén contribuyendo a difundir “noticias falsas” que aúpan una agenda política de extrema derecha y que como sabemos, ha tenido consecuencias en las urnas.

Este tipo de posts no son mensajes de odio en sí mismos, pero sí semillas que pueden germinar, sobre todo si se hacen más numerosos y el régimen de vientos es propicio. Los del norte y de poniente traen a nuestras costas la ira, el odio y el miedo que hasta hace poco nos sorprendían en labios de Donald Trump. Crecen bien en terrenos con elevada crispación y polarización social.

El último periodo histórico en que esto sucedió se saldó con regímenes fascistas, una guerra mundial, entre la que podría contarse nuestra Guerra Civil cómo su primer episodio, y no voy a recordar todo lo que conlleva. Debemos tenerlo presente para no repetirlo y ello implica evitar los frentes y canalizar la triada de ira/odio/miedo de la manera menos dañina posible. Existen indicios que nos alertan sobre la enorme influencia de las dinámicas actuales presentes en las redes sociales en este proceso. Para empezar, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos y la de Jair Bolsonaro en Brasil, presidentes elegidos democráticamente aunque con tendencias totalitarias, han sido claves.

Las campañas electorales de ambos contrataron a empresas del tipo de Cambridge Analytics que atesora los conocimientos de SCL, una corporación británica que externalizó el “saber hacer” del área de defensa británica y tiene dilatada experiencia en cómo modificar comportamientos en situaciones bélicas. A Cambridge Analytics es precisamente a la que Facebook ha vendido nuestros datos, que son usados para segmentar perfiles con estos fines. Es decir las redes sociales, en las que manifestamos abiertamente nuestras opiniones, permiten que estas empresas identifiquen y accedan al grupo de personas más adecuado para sus objetivos. Y luego, ofrecen mensajes que difunden también a través de un ejército de perfiles falsos o dirigidos por trabajadores de las compañías, conocidos comúnmente como trolls, bots o cyborgs. Desde hace pocos días ni siquiera necesitarán recurrir a argucias, desde hace pocos días, gracias a PSOE, PP y Ciudadanos es legal que los partidos adquieran bases de datos que segmentan a los ciudadanos españoles según sus perfiles ideológicos.

Las teorías de la comunicación ofrecen algunos principios que estas empresas deben saber y utilizar. Por ejemplo, 1) si identificas e influyes en líderes de opinión naturales podrás diseminar tu mensaje con mayor eficiencia en el tejido social,  2) todos- a izquierda y derecha- tendemos a exponernos, atender y recordar aquellos datos o ideas que confirman nuestros puntos de vista, 3) cuando nos sentimos iracundos tendemos a tener menos cuidado y a tomar decisiones más arriesgadas (por ejemplo, compartir algo que no se sostiene y contamina el espacio público) ó 4) el miedo mueve a las personas ideológicamente hacia el conservadurismo. Estos cuatro principios actuando en conjunto permiten explicar que personas a primera vista razonables y con buenas sentimientos compartan en redes sociales semillas del odio hacia ciertas identidades sociales y políticas.

Observemos los efectos de lo anterior a la luz de la Teoría de la Espiral del Silencio, que estudia la tendencia de los humanos a sondear cada día qué opiniones son las mayoritarias, como forma de tender al consenso social. Si mensajes iracundos y llenos de odio ocupan cada vez más espacio en el espacio común- serán percibidos como posiciones que se pueden mantener sin caer en el aislamiento social, y se harán más habituales. Y una minoría ruidosa puede incluso malinterpretarse como mayoría, o al menos generar un cierto miedo que acallará la voz de aquellos en la posible diana de su odio, y los hará aún más vulnerables. Es un proceso similar al bullying en los colegios que una sociedad democrática debe afrontar. Ya sabemos cuáles tienden a ser las identidades etiquetadas: inmigrantes, LGTB, “rojos” y feministas.Cabe mencionar que se trata justo aquellas cuyas organizaciones están empezando a ser identificadas institucionalmente en la Brasil de Bolsonaro como terroristas.

La rueda parece estar en marcha en España. Si PP, Ciudadanos y Vox gesticulan para ser percibidos a la derecha de la derecha cuando el CIS dice que no hay espacio político ahí debe ser porque piensan que lo habrá. Hay indicios suficientes para pensar que empresas tipo Cambridge Analytics ya operan es España difundiendo mensajes como los que compartían mis amigas, que a menudo son falsedades, exageraciones y/o medias verdades. Existe incluso una entidad bien financiada llamada The Movement, promovida por Steve Bannon, del gobierno de Donald Trump para fomentar esta clase de partidos en Europa. Y sabemos que Trump contrató en su campaña presidencial los servicios de Cambridge Analytics y la rusa IRA con excelentes resultados y ¿por qué no usar de nuevo algo que funciona tan bien? El propio Bannon ha declarado su intención de ayudar a VOX a “sofisticar sus campañas electorales”.

Pero ¿qué podemos hacer para limitar estas dinámicas que nos pueden hacer perder tanto? A nivel individual se me ocurren algunas cosas, pero me temo que serán insuficientes si no se implementan también medidas educativas y relativas a la regulación y estructura de los medios. Sin ánimo de exhaustividad ofrezco las siguientes:
1) George Lakoff sostiene que ante mensajes de extrema derecha se debe responder siempre desde un tono amable, y conciliador. Más importante que convencer de que llevamos razón “nosotros” (lo que implica un “ellos” y por tanto ahonda el frentismo) es reconducir el conflicto hacia una conversación y favorecer un clima de raciocinio, empatía y respeto. A lo mejor en vez de responder siempre, sólo debemos hacerlo cuando creamos que podemos llevar la conversación al marco comunicativo adecuado. Aprovechemos las fiestas navideñas para hablar de política, pero no tanto para convencer sino para intentar entender la lógica de los que no piensan como nosotros, e intentar que ellos reconozcan la nuestra. Pongamos el énfasis en los asuntos en los que estamos de acuerdo.
2) Es necesario que muchas personas ejerzan de “pacificadores” en su entorno cercano. Si sólo son cuatro los “pepitos grillos” que por sentido de la responsabilidad se echen a su espalda la enorme tarea de responder serán etiquetados por los ruidosos y dejarán de tener predicamento social. Perosi algún “pacificador” es atacadoen nuestra presencia debemos mostrar públicamente nuestro apoyo y generar corrientes de solidaridad (de nuevo, como se aconseja en los procesos de acoso escolar). Hemos de ofrecer imágenes positivas también de los colectivos que tienden a ser atacados para evitar su aislamiento.
3) Hacer mucha pedagogía sobre el rol de la opinión pública en la sociedad y el reto que suponen estas empresas de ingeniería social que operan en las redes sociales. Documentos como Troops, Trolls and Troublemakers() deben ser traducidos a memes, post cortos, para que puedan ir penetrando en la conciencia y contribuir a desactivar estos procesos del odio. Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en esto.
4) A nivel estructural, hay que apoyar a las organizaciones que batallan por un espacio virtual pensado para el debate público sano, y plantear con seriedad la existencia de redes sociales de servicio público. Y hace falta, como argumenta la Federación de Asociaciones de la Prensa en España una asignatura en Comunicación y Periodismo en la ESO ya.

Decía Boaventura de Sousa Santos en La Cafetera de Radiocable que Brasil había sido el campo de pruebas que demuestran que las redes sociales pueden usarse como instrumento para acabar con una democracia. Por ello, necesitamos un conjunto acciones y prácticas que promuevan el conocimiento, la conciencia y la empatía en nuestro espacio común, que lo cuiden porque es dónde habitamos y generamos los consensos sociales necesarios en cualquier comunidad. Aquellos que no usan las redes sociales están rodeados de personas que sí lo hacen y por tanto, nadie es inmune a su influencia.

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