Protesta
¿Cómo os atrevéis? ¿Por qué se lo permitimos?

¿A quién se dirige esta conocida interpelación de Greta Thumberg? ¿Son realmente las y los políticos profesionales los responsables de la destrucción? Segunda: ¿No hemos aceptado -y aplaudido- un sistema al que llamamos democracia (y no lo es) que permite a los representantes decidir por su cuenta?

Desahucio. Santander. Patricia Botín 2
Pintada contra los desahucios en Mérida.
13 ene 2020 16:46

1.- ¿Cómo os atrevéis?

¿A quién se dirige esta conocida interpelación de Greta Thumberg? Por los diversos contextos en que ha usado esta impactante expresión diría que interpela, sobre todo, a los y las políticas profesionales, a quienes supuestamente mandan en el mundo.

Se trata de la pregunta lógica de una ciu­dadana muy joven que ve como sus representantes son unos “administradores” infieles, taimados, sordos, oscuros y recalcitrantes. No sólo administran nuestra vida y nuestros recursos en contra de nuestros intereses reales y profundos (o, lo que es lo mismo, en favor de los in­tereses ciegos y cortoplacistas de una ínfima minoría) sino que lo hacen a escondidas, con traiciones e incumplimientos continuos, intentando engañarnos o, no sé qué es peor, reprimirnos.

Ahora que hemos llegado a un punto en que sus políticas -y su falta de políti­cas- ponen en peligro nuestra supervivencia y, sobre todo, la de nuestros descendientes e incluso la vida en el planeta tal como la conocemos, un punto en que las consecuencias catastrófi­cas de su apoyo y permisividad ante el enriquecimiento desmedido a cualquier precio de la ínfima minoría de superricos se hacen innegables, al compás de la rabia, el dolor y el sufrimiento que causan, sobre todo entre los superpobres, esta parece una pregunta justa y apropiada. ¿Cómo os atrevéis a jugar así con la vida de las personas? ¿Cómo os atrevéis a poner en peligro nuestro futuro, a cercenar nuestras posibilidades de bienvivir, de autoconstruirnos como personas y como colectivo?

Pero, en mi opinión, la interpelación requiere al menos de dos apostillas. Las dos son sólo relativamente distintas y podrían resumirse en otras dos preguntas: Primera: ¿Son realmente las y los políticos profesionales los responsables de la destrucción? Segunda:¿No hemos aceptado -y aplaudido- un sistema al que llamamos democracia (y no lo es) que permite a los representantes decidir por su cuenta, sin preguntar, sin pedir permiso y sin tener que someterse a ningún control de su actividad?

No voy a detenerme demasiado en la primera. No parece que se necesite mucha información y mucha clarividencia para apuntar a quienes realmente mandan y, por tanto, están llevándonos al colapso. Puertas giratorias y enriquecimiento evidente de expolíticos no son sino una muestra más de cómo los dueños recompensan a sus fieles servidores, a sus cómplices más visibles. Por mucho que nos llamen la atención y, con razón nos indignen, no alcanzan -sus fortunas y prebendas- ni a ser pálida sombra de las fortunas y el poder de sus amos.

¿No hemos aceptado -y aplaudido- un sistema al que llamamos democracia (y no lo es) que permite a los representantes decidir por su cuenta, sin preguntar, sin pedir permiso y sin tener que someterse a ningún control de su actividad?
La vida de la mayoría de la población mundial es una vida de mierda. Y no hablo sólo, claro está, del Sur (en Extremadura, el 44’6% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social), sino a la vida de mierda de la población empleada del Norte, obligada a dedicar su vida a trabajos inútiles, peligrosos, sinsentido, tediosos… en condiciones de subordinación de su tiempo y de su capacidad al afán de lucro de sus empleadores.

Lo peor de todo será que dentro de una o dos generaciones esta vida de mierda nuestra sea añorada por nuestros descendientes.

La segunda pregunta me permite pasar al siguiente apartado de este artículo.

2.- ¿Por qué se lo permitimos?

Porque somos idiotas. No os enfadéis, que estoy utilizando el término en su sentido original: “quienes se dedican exclusivamente a lo privado y, por tanto, se desentienden de lo público”.

La democracia real es un peligro para quienes acaparan riqueza, privilegios y poder produciendo, al mismo tiempo, desigualdad extrema, discriminación, pobreza, miseria y sufrimiento. ¿Qué hacen ellos, entonces? Convencer/inducir/obligar a la gente de abajo a que se desentienda de los asuntos comunes, a que se dedique a su vida -a sobrevivir en vidas sin sentido-, a que se “idiotice”.

Ésta es sólo la primera de sus jugadas maestras: convertirnos en cómplices pasivos de nuestra propia mutilación. Que nuestra mayor aspiración sea un salario estable, aunque sea escaso. Que no nos hablen de política -el mar de fondo-; en todo caso, de “politiquilla” -la sucia espuma del mar contaminado-.

La segunda jugada maestra es desactivar y cooptar a quienes dicen/quieren representar a los de abajo. Hacer que vivan y se sientan diferentes a sus supuestos representados, comprarlos directamente, si pueden, y si no condicionarlos, confundirlos, liarlos, limitarlos, domesticarlos… profesionalizarlos (insertarlos en una especie de carrera profesional en la que hay que mantenerse y, si es posible, ascender). 

La tercera jugada es aún más destructiva: convertir a parte sustancial de la población no ya en cómplices pasivos (las y los “idiotas” de la primera jugada), sino en cómplices activos de un sistema que les degrada y les (nos) lleva a la catástrofe. Defender la propia explotación, propagar de múltiples formas la ideología del autoritarismo, del patriarcalismo, del consumismo, de la competitividad, de la insolidaridad… promover las distintas guerras entre los de abajo, odiarlos en nombre de la patria, de la raza, del género… desearles males cada vez mayores (que los alejen, que los arrinconen, que los expulsen, que se jodan, que se mueran…), identificarse emocionalmente, por contra, con quienes son la causa real de su tremenda frustración y de su miedo, quienes les van cerrando las puertas en las narices, quienes en su afán de riqueza/poder no dudan en dejarlos caer, sacrificarlos… quienes les engañan señalándoles falsos culpables, reorientando su odio hacia otras víctimas, quienes, cuando sea necesario, los reprimirán violentamente.

Identificarse emocionalmente, por contra, con quienes son la causa real de su tremenda frustración y de su miedo, quienes les van cerrando las puertas en las narices, quienes en su afán de riqueza/poder no dudan en dejarlos caer, sacrificarlos…
¿Qué queremos hacer, entonces, nosotras? Pues dejar de ser idiotas, asumir la responsabilidad de nuestra vida, de una vida digna, que incluye la defensa de las condiciones naturales que la hacen posible -la defensa de la madre tierra-, que incluye la defensa de la vida digna de las generaciones futuras. Y eso ¿cómo? Pues juntándonos para resistir su ceguera y su locura y para crear otro mundo posible y urgente, aquí y ahora, desde dentro y desde abajo. No mañana o pasado mañana. Aquí y ahora. No desde fuera y desde arriba. Desde dentro y desde abajo.

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