Pista de aterrizaje
Lorea Irisarri: “No pedí alejamiento porque la que iba a vivir alejada era yo”

Ha sido víctima de violencia de género, tiene una hija y participa activamente en diferentes asociaciones.


publicado
2019-07-08 06:32

Lorea Irisarri (Iruñea, 1978) creció en Burlada (Navarra) junto a su padre, camionero, y su madre, ama de casa, además de dos hermanas y un hermano. Recuerda una infancia tranquila en la que su madre se dedicaba a coser para las vecinas, bajaban a la plaza a jugar y pertenecían al grupo scout Flor Roja. Su madre y su padre fallecieron cuando ella tenía 22 y 29 años respectivamente. Ha sido víctima de violencia de género, tiene una hija y participa activamente en diferentes asociaciones.

¿Te consideras madre prematura?
Empecé a trabajar a los 18 años porque había que ingresar dinero en casa, hasta que detectaron el cáncer de mi madre, a la que tuve que cuidar hasta que murió. Ese año se me paralizaron las piernas y el médico me dijo que era estrés postraumático. No sé si ese rol de madre, con una hermana de 15 años, lo asumí o me lo impusieron.

Después, con 33 años fuiste madre biológica…
Sí, de una hija que “no sabemos de quién es”. En esa época es cuando sufrí varios episodios de violencia de género.

¿Tardaste en asumirlo?
Él me maltrataba, pero no me daba cuenta. Hay personas que se ponen nerviosas y dan un cabezazo contra la pared. Cuando lo hacen, en las ocasiones siguientes te va a pegar. Me empujaba, me insultaba y, en una ocasión, me tiró por las escaleras.

¿La violencia siguió?
Al año siguiente me pegó una paliza delante de mi hija. A la psicóloga le dije que “solo” me había pegado durante una hora. Estas son las frases que caracterizan a las víctimas. Ella me hizo estar una hora en silencio para ver lo largo que se hacía. Que tuviéramos el contrato de un piso a nombre de los dos me sirvió para que lo pudieran identificar como violencia doméstica. Mi hija y yo huimos de ahí y más tarde nos mudamos al Casco Viejo.

¿Te gusta el Casco Viejo?
Me encanta. Al principio no salía. Me relacionaba con los padres del colegio San Francisco y descubrí que siempre había cosas que hacer para el barrio. Encontré el huerto de la Piparrika, que ha sido un remanso de paz para nosotras. He participado en Auzoenea, San Zerningo Burgoa, he colaborado con CEAR, Acción Contra la Trata, en el colectivo Alaitz, etc.

Así que esa socialización vecinal te ha ayudado.
Claro, estar en este barrio y trabajar en estos proyectos me ha salvado. También el acompañamiento de personas como Txutxin o la gente de la peña El Txarko. Ahí me siento segura y aprendí a compartir espacios y ver la diversidad de hombres que impulsan la igualdad.

Pero ahora no vives en lo Viejo…
No. Me tuve que ir porque me engañaron: el piso estaba en venta. Aparte de mi caso, hemos detectado muchas rescisiones de contrato ilegales. Muchas son para especular con el alquiler y otras, para vender. No puedo volver al Casco Viejo porque piden dos meses de fianza y por menos de 500 euros no encuentro nada. ¿Dónde está la ayuda al alquiler si cobro 800 euros de renta de exclusión social y pago 450 euros de alquiler más gas y luz sin bono social?

“A veces pienso que hubiera preferido aguantar las palizas antes que el papeleo que te hacen pasar”
¿Consideras que el acceso a la vivienda es uno de los mayores problemas en la actualidad?
Atender la emergencia habitacional es primordial. Una de mis quejas es sobre la ayuda a la emancipación para los jóvenes cuando las necesitadas somos las personas mayores y las mujeres. Muchos colectivos feministas no ven este como un problema primordial. Habría que trabajar más con la PAH.

¿No es suficiente lo que se ha trabajado en Navarra?
Es que no hay pisos. En Iruñea hay 250 pisos vacíos, y los que se están moviendo ahora son para jóvenes. Hay que trabajar para compartir pisos trabajando por perfiles; no tiene sentido dar pisos con garaje y tres habitaciones a quien no lo va a usar.

¿Vas a volver a trabajar?
Estoy apuntada en las listas de espera para celadores, pero tengo que estar preparada para empezar porque cualquier cosa te hunde. Sobre todo si trabajas de cara al público.

¿Has vuelto a ver al hombre que te maltrataba?
Ese hombre ha salido de mi vida. No le puse orden de alejamiento porque la que iba a vivir alejada entonces era yo, ya que, si él vive en el Casco Viejo, yo no hubiera podido trabajar ahí. A veces pienso que hubiera preferido seguir aguantando las palizas antes que la burocracia que te hacen pasar para solicitar ayudas y que te reconozcan.

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