Pista de aterrizaje
Araceli Pulpillo: “Elaborar un fanzine es un acto a contracorriente”

Araceli Pulpillo ha encontrado en el femzine Labio Asesino y en la editorial Piedra Papel Libros otras formas de hacer militancia.

Araceli Pulpillo
Araceli Pulpillo, tras la entrevista con El Salto. Byron Maher
17 dic 2019 06:00

Andaluza de Rus, Jaén. Anarcosindicalista, militante de CNT y colaboradora de la Fundación Anselmo Lorenzo, Araceli Pulpillo ha encontrado en el femzine Labio Asesino y en la editorial Piedra Papel Libros otras formas de hacer militancia. Acaba de publicar también el monográfico Feminismo Andaluz.

Ahora que todo parece estar atravesado por la tecnología, reivindicas el fanzine en formato papel.
En esta era de la virtualidad es más necesario que nunca reivindicar formas de creación fuera de ese espacio que nos tiene pegadas a las pantallas. Sin negar que las tecnologías tienen ventajas de las que podemos aprovecharnos muchísimo, creo que hay un sobreuso que acaba convirtiéndose en algo más negativo que positivo. No hay más que acercarse a los linchamientos en Twitter o Instagram ante determinados “debates” o los muchos likes ante reivindicaciones que luego en manifestaciones callejeras no encuentran el mismo respaldo. El hecho de tener un objeto que pueda ser tocado, subrayado, intercambiado de forma manual, o que te llegue al buzón, es algo que tiene un valor mucho más potente, porque nos acerca de una forma material a las otras.

¿Cómo surge la idea de crear Labio Asesino?
En 2016 tuve que migrar de Jaén, una ciudad en la que tenía una actividad intensa a nivel militante: Comando Sororidad, CSA Jaén en Pie, Asamblea Antirrepresiva o la Asociación Estudiantil NEOS. Por temas de trabajo me mudo a un pequeño pueblo de Toledo en el que la posibilidad de militancia se me limita por completo. Intento militar en colectivos feministas de Madrid, pero la distancia me impide llevar el mismo ritmo que en Jaén.

En 2017 me replanteo empezar un proyecto desde otras formas de habitar la militancia y acabo entendiendo que existen “otras posibilidades de”. Ya había hecho fanzines en organizaciones en las que había estado, así que pensé: ¿Y por qué no hacer un fem­zine? Así nace Labio Asesino. El primer paso fue ponerme en contacto con amigas y compañeras de luchas diversas. Aquí Virginia Piña y Beatriz Pérez tuvieron una gran importancia, ya que les lancé la idea y, tras meditar el proyecto, acabé asumiendo la coordinación y ellas me apoyaron como colaboradoras.

¿Qué objetivos tienes en cada número del femzine?
Crear debates a propósito de los textos que se publican, así como indagar en nuestra propia memoria. Labio Asesino es un femzine que tiene un índice que se replica en todos los números —actualmente tres—, así que las secciones son siempre las mismas. Lo más interesante es que cada número lleva consigo un debate posterior en el que se abordan los temas de los que se habla en el femzine. De ahí he aprendido un montón y se han abierto reflexiones muy potentes de asistentes. Por ejemplo, el texto “Desafío a la ley y a la Virgen María” firmado por U-Shina, y que aparece en el número dos, trata sobre inseminación casera; este tema plantea muchas cuestiones que, a veces, tambalean nuestros propios pilares: sobre la familia nuclear, sobre las leyes vigentes, sobre la propiedad… y debatir en conjunto sobre asuntos que nunca habíamos pensado es importantísimo.

¿La elaboración de un femzine puede ser un acto de resistencia?
Es un acto político de resistencia. Hay un fanzine de Bombas para Desayunar, de Andrea Galaxina, que se titula: “Haz un fanzine, empieza una Revolución”, y no puedo estar más de acuerdo. Elaborar un femzine es un acto a contracorriente y no solo te permite publicar sin filtros sobre lo que quieras, en el formato que te apetezca y con la tirada que estimes, sino que además te posibilita aprender en todo el proceso y, en cierta forma, empoderarte, darte cuenta de que no hay límites. Lleva implícita la filosofía del DIY (Do It Yourself o “hazlo tú misma”). Pienso en las primeras mujeres que empezaron a hacer fanzines en un campo copado por hombres cisheteronormativos y que pudieron crear redes de apoyo con otras mujeres en la otra punta del estado o incluso a nivel internacional.

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