Qué se puede esperar de los primeros meses de Keiko Fujimori como presidenta de Perú

La cuatro veces candidata a la presidencia de Perú será la novena presidenta en una década. La victoria por la mínima refleja un país polarizado y anticipa un gobierno condicionado a la defensa del legado de su padre y una apuesta por la militarización para hacer frente a los problemas de inseguridad.
Elecciones Perú 2026  - 1  Keiko Fujimori
Keiko Fujimori durante las elecciones de junio de 2026. Cristhian Ortiz
Cusco (Perú)
22 jul 2026 06:00

El fujimorismo volverá a gobernar Perú; las credenciales ya fueron entregadas. Cuando la derechista Keiko Fujimori jure como presidenta el 28 de julio en Lima se convertirá en la novena presidenta en una década. La hija del expresidente Alberto Fujimori llega al poder después de tres intentos y augura un nuevo tiempo marcado por la inestabilidad política y la fractura social. La comitiva fujimorista ya diseña la transición del cambio de mando. La creación de la Oficina de la Presidenta Electa para “ordenar el proceso de transición”, según la futura presidenta, precederá a la ceremonia de traspaso en el Congreso. 

Veintidós días después de la segunda vuelta de las elecciones, con el 100% escrutado, el agónico conteo dio la presidencia a Fujimori con una diferencia de 49.641 votos, menos del 1%, ante su oponente de izquierda, Roberto Sánchez, en medio de denuncias de fraude. 

Aunque inclinado hacia la derecha por el voto extranjero, el resultado refleja una vez más un país dividido en dos mitades casi exactas, donde la oposición entre las zonas andinas, por un lado, y la capital y la costa norte, por otro, vuelve a emerger como una de las claves para entender el escenario que encarará Fujimori. 

“Hoy comienza una nueva etapa para el Perú, una etapa de responsabilidad, de diálogo y de resultados —dijo la presidenta electa durante la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones—. Una etapa para recuperar la confianza en nuestras instituciones y volver a poner el Estado al servicio de las personas. Los convoco a mirar hacia adelante, a construir juntos un país más seguro, más próspero y más unido, porque el Perú es mucho más grande que nuestras diferencias y, cuando trabajamos unidos, lo podemos lograr todo”.

"Uno de los pilares de Keiko Fujimori ha sido el negacionismo”, dice el politólogo Fabián Calla Suárez. “Y hoy no veo que tenga incentivos para cambiar”

Para casi la mitad del país, la elección de Fujimori representa una oportunidad de recuperar la estabilidad tras una década de crisis política. Sin embargo, para el politólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Fabián Calla Suárez, esa idea resulta ambigua. “Por un lado está la apariencia de que trae estabilidad”, menciona el politólogo, “pero uno puede cuestionar a qué estabilidad nos estamos refiriendo”.

La esperada reconciliación

Desde que inició el camino hacia la presidenca, hace más de 15 años, Keiko Fujimori no ha buscado una reconciliación con los sectores que se opusieron a la corrupción y violaciones de derechos humanos perpetradas por Alberto Fujimori durante su Gobierno (1990-2000). Fabian Calla Suárez afirma que un reconocimiento de esos hechos podría contribuir a cerrar parte de las fracturas sociales del país, pero sostiene que el fujimorismo no tiene alicientes políticos para hacerlo, especialmente en un contexto en el que el Congreso liderado por el partido de Fujimori ha impulsado normas cuestionadas por favorecer la impunidad estatal. 

"Uno de los pilares de Fujimori ha sido el negacionismo”, dice el politólogo. “Y hoy no veo que tenga incentivos para cambiar. Su proyecto habla de unidad, pero lo hace sobre la base de desconocer conflictos y demandas sociales que siguen abiertos”, apunta.

La futura gobernabilidad de Keiko Fujimori estará condicionada por el estrecho margen con el que ganó las elecciones, la alianzas de los partidos opositores en el legislativo y la reacción popular en las calles. Por otro lado, el politólogo Luis Valverde Ramos menciona que la presidenta electa llega al poder con un “pasivo político” debido a la fuerte resistencia que el fujimorismo aún genera en una parte importante de la población. No obstante, considera que parte de esa desconfianza podría disminuir si su Gobierno consigue resultados tempranos en seguridad, economía y la respuesta al fenómeno de El Niño que ya calienta el litoral capitalino en pleno invierno.

“Si Keiko va a garantizar la negociación o un equilibrio, por lo tanto, va a hacer del Perú gobernable”, dice Valverde Ramos. “Creo que eso es poco probable, sobre todo por el pasivo político con el que entra y por las limitaciones en términos de capacidad que va a tener para materializar lo que ella quiere”, añade.

Luis Valverde Ramos menciona que la presidenta electa llega al poder con un “pasivo político” debido a la fuerte resistencia que el fujimorismo aún genera en una parte importante de la población

Así, en plena fiesta de la independencia celebrada el 28 y 29 de julio, Fujimori recibirá un Perú con una prolongada crisis institucional, una economía mantenida en el avance mínimo y sin muchos cambios. Las políticas económicas y buena parte de la agenda pública han mantenido continuidad, comenta Calla Suárez, con pocos avances en derechos laborales o sociales. En ese sentido, afirma que la tan ansiada “estabilidad” que promete el fujimorismo responde más a una demanda de orden y mano dura frente al crimen organizado, que se ha mantenido inmutable en la capital y en otras regiones, más que a un cambio sustancial en el rumbo político del país. 

La gobernabilidad de la mano dura

En una entrevista con el periódico ecuatoriano El Universo, Fujimori aseguró que, bajo pedido de facultades, habrá una militarización y trabajo conjunto con policías y militares en zonas de emergencia y mayor índice de crimen “hasta recuperar la paz”. Mientras que en otros medios felicitó el método Bukele en asuntos penitenciarios para ser implementado en Perú, aprovechó para aplaudir la militarización implementada por el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, estrategias duramente criticadas por organizaciones de derechos humanos.

“Hay una estrategia integral, pero sobre todo un equipo humano que demostró en los años 90 recuperar la paz y, sobre todo, una capacidad para enfrentar en ese momento al terrorismo”, dijo Fujimori a El Universo, invocando la memoria autocrática de su padre.

Para Valverde Ramos, el legado de Alberto Fujimori en su participación contra grupos maoístas en los 80 y 90 seguirá marcando al nuevo gobierno de su hija. Mientras que para sus simpatizantes el fujimorismo representa orden, autoridad y la derrota de Sendero Luminoso, para sus detractores está asociado con autoritarismo y violaciones a los derechos humanos, menciona. “Keiko sabe muy bien cuándo traer a su padre y cuándo esconderlo”, afirma el politólogo. “Se sirve de ese legado cuando le conviene y toma distancia cuando representa un costo político. Esa administración de la memoria ha sido una de sus principales fortalezas”, analiza.

Carlos Moran, exministro peruano del Interior, enfatizó al medio Hildebrandt en sus 13 que “militarizar la lucha contra la criminalidad es un craso error”. El exministro criticó que Ecuador haya tenido pobres resultados ante el crimen organizado y el narcotráfico, y que reflejar esas medidas en Perú no sería recomendable. “Si vamos a hacer lo mismo, estaremos repitiendo los mismos errores”, resaltó Moran al semanario. “Los militares no tienen injerencia en un trabajo eminentemente policial. Están formados para otro objetivo”, resaltó Morán. 

Carlos Moran, exministro peruano del Interior, enfatizó al medio Hildebrandt en sus 13 que “militarizar la lucha contra la criminalidad es un craso error”

La campaña presidencial de Fujimori supo capitalizar el creciente temor frente a la inseguridad ciudadana, el desgaste de los gobiernos anteriores y la fragmentación de la izquierda peruana. Al mismo tiempo que se realizaba el recuento de votos, el Congreso, liderado por el partido de Fujimori, aprobó la modificación del Código Penal Militar Policial (Decreto Legislativo N.º 1094) y el Nuevo Código Procesal Penal (Decreto Legislativo N.º 957) para ampliar la competencia del fuero militar-policial sobre los llamados “delitos de función”. La medida dispone que los presuntos delitos cometidos por policías y militares en el ejercicio de sus funciones sean procesados por la jurisdicción militar-policial, ya no por la justicia ordinaria.

Sus propuestas de mano dura y las modificaciones lideradas por su partido se inscriben desde la sombra autoritaria de su padre y se acomodan con el auge de gobiernos de derecha en Latinoamérica y, según analistas, representarían un retroceso en la búsqueda de justicia por parte de las víctimas de la represión estatal y favorecerían la impunidad en violaciones de derechos humanos. 

“Siempre ha sido una lucha cuesta arriba”, dice el politólogo Calla Suárez. “Pero con Fujimori muchos perciben que esta radicalización inclinará aún más la cancha. Si ya estaba inclinada, ahora va a ser peor”. Valverde Ramos coincide en que los derechos humanos están en peligro, aunque considera que existen barreras institucionales que podrían amortiguar el autoritarismo, la militarización y las megacárceles. 

“El discurso de mano dura es un discurso que vende. Pero es muy difícil de materializar. Se hizo en El Salvador, donde el contexto es totalmente distinto”

“El discurso de mano dura es un discurso que vende”, apunta. “Pero es muy difícil de materializar. Se hizo en El Salvador, donde el contexto es totalmente distinto: concentración en un territorio pequeño y bandas estructuradas. Perú es diferente y eso sería un pasivo político para Keiko, porque demostrará que no es tan fácil luchar contra el crimen y reducirá la idea de mano dura como solución”, argumenta Valverde Ramos.

Los primeros cien días 

Los primeros tres meses de Gobierno serán determinantes para medir si Keiko Fujimori logra traducir sus promesas de campaña para convencer a la mitad del electorado que no votó por ella. La seguridad ciudadana, principal bandera de su candidatura, será la primera prueba. El avance de las extorsiones, el sicariato y el crimen organizado se tradujo en 152 conductores asesinados en dos años según el Ministerio Público. Al mismo tiempo, la amenaza del fenómeno El Niño exigirá capacidad de respuesta rápida y prevención eficiente del Estado.

Valverde Ramos sostiene que la respuesta al fenómeno de El Niño será una de las pruebas urgentes de la nueva administración. A su juicio, el evento climático pondrá en evidencia las debilidades del Estado para ejecutar políticas públicas y, además, podría afectar el crecimiento económico del que depende buena parte del programa de gobierno de Fujimori y por el que medios de comunicación y empresarios apostaron.

“Todo el plan de gobierno de Keiko depende del crecimiento económico, porque, por un lado, ofrece beneficios fiscales para atraer inversión, pero, por otro, también quiere aumentar el gasto en programas sociales. Entonces, hay una contradicción ahí que se resuelve con crecimiento económico”, menciona. Pero este crecimiento se puede ver afectado por las consecuencias de la crisis climática. “Fujimori entra con bastantes retos, no solo a nivel político, sino también a nivel material, y eso va a dificultar la gobernabilidad”, dice.

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