Fujimori y Sánchez luchan voto a voto en un Perú dividido en dos mitades exactas

El racismo y el desprecio hacia los votantes andinos y de zonas rurales son los antagonistas en cada elección peruana. Desde el domingo, la división se profundiza, mientras que el escrutinio podría durar hasta mediados de julio.
En el barrio de Miraflores, en Lima, una voluntaria de la campaña electoral de la candidata al Senado Sitza Romero, de Fuerza Popular.
En el barrio de Miraflores, en Lima, una voluntaria de la campaña electoral de la candidata al Senado Sitza Romero, de Fuerza Popular. Miguel Fernández Ibáñez
Cusco (Perú)
11 jun 2026 09:28

Desde un balcón en la Plaza San Martín, en el centro histórico de Lima, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, con su característico sombrero rural, dio un emotivo discurso de poco más de 20 minutos en el que habló de reconciliación nacional,  recuperación de la democracia, de la defensa de los votos y el fin del pacto mafioso. Sánchez agradeció a los principales colaboradores de su candidatura, aquellos grupos humanos que lo mantuvieron a unas décimas por encima de Keiko Fujimori en lo que dura el escrutinio y del que el candidato de la izquierda se muestra orgullosos de representar: Los Andes y las regiones sureñas.

“Pueblo de todas las sangres, pueblo profundo”, inició ante la multitud. “En esta noche bendita recuperaremos la democracia y vamos a acabar con el pacto mafioso que se ha apoderado de nuestro gobierno”. Sin embargo, Sánchez aún no ha ganado. Después de haber acariciado la presidencia por unas decenas de miles de votos, el candidato de izquierda ha sido superado por la heredera del dictador, Alberto Fujimori, por segunda vez en la recta final del escrutinio.

Han pasado cuatro días desde que alrededor de 19 millones de peruanos se echaron a las urnas para elegir a su futuro presidente en una segunda vuelta marcada por una ya tradicional polarización en la que primó la elección del mal menor y el racismo. Después de esperar las actas del voto en el extranjero y en las zonas rurales y alejadas, el recuento oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) al 98% coloca a Keiko Fujimori con el 50,002% de los votos, apenas 651 más que Sánchez, con el 49,998%. El escrutinio podría alargarse hasta mediados de julio debido a las 1.500 actas impugnadas que podrían determinar el resultado en cualquiera de las dos direcciones.

Resultados al 98% en las elecciones presidenciales en Perú.
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Resultados al 98% en las elecciones presidenciales en Perú.

El escrutinio electoral en Perú se demora, además, porque el escrutinio es manual y las actas llegan a distintos ritmos desde todo el país y el extranjero. Ante la incertidumbre, Sánchez mandó a llamar a sus votantes a permanecer atentos y a defender sus votos. Por decenas empezaron a manifestarse a las afueras de la ONPE desde el martes. Juntos por el Perú ha convocado una marcha para este viernes, ante las declaraciones del presidente de Ipsos, Alfredo Torres, quien predijo que Fujimori podría remontar. 

El recuento oficial de ONPE al 98% coloca a Keiko Fujimori con el 50,002% de los votos, apenas 651 más que Sánchez, con el 49,998%. El resultado final depende del escrutinio de 1.500 actas en observación

“El problema es la situación altamente polarizada en la que estamos”, explica a El Salto la politóloga Flavia Nestares. “Ambos candidatos han tomado sus propias herramientas y sus mecanismos. Fujimori, como en 2021, impugnó la mayor cantidad de actas, ahora, ha tomado un poco más de ventaja con el reclutamiento masivo de personeros”. La cuatro veces candidata impulsó la campaña Defensores del Perú, en la que intentó reclutar 100.000 personeros. Según Fujimori, 95.000 fueron desplegados. “Ese es un factor importante que retrasa la parte final del acto electoral”, dice Nestares.

Las dos realidades peruanas

El mapa peruano se ha vuelto a polarizar con los colores de cada candidato, mostrando una fotografía de realidades distintas. La capital peruana, Lima, que sigue sufriendo los embates del sicariato y el cobro de cupos a negocios y transportistas, se mantiene como el enclave fujimorista, con votos por encima del 60%, al igual que en las regiones costeras del norte, atacadas de la misma forma por el narcotráfico, la minería ilegal y las mafias, donde Fujimori superó el 50% de los votos. Lo mismo ocurre en regiones amazónicas como Loreto y Ucayali.

Por el contrario, en las regiones andinas, desde Cajamarca hasta Puno, junto con gran parte de las provincias del sur, el heredero simbólico del expresidente Pedro Castillo superó el 60%. En algunas provincias, como Puno, alcanzó el 80% de los votos. 

Para el antropólogo cusqueño José Ramos Nahuel, en el norte y la capital existe una fuerte influencia de discursos mediáticos y conservadores que califican cualquier propuesta de cambio de “comunismo”, “terrorismo” o “antidesarrollo”. En el sur también existe este discurso, añade en conversación con El Salto, pero la población “enfrenta de manera directa problemas como la represión de protestas”, la impunidad, la pobreza o los impactos de la minería. 

"También hay un sentimiento anti-limeño, anticentralista, que se opone directamente al centro político: Lima. Algo que no es de ahora, sino histórico”, explica la politólogo Michael Encalada Calderón 

“Pareciera que existieran dos países distintos. Pero no es así, lo distinto es la forma en que se relacionan los procesos de manipulación”, subraya. “Existe este mecanismo que nos permite entender el proceso de fragmentación que se observa en el país y que ya denota que estamos en un momento de tránsito, donde quienes gobiernan están apelando a la severidad para poder seguir sosteniendo su forma de manejar la economía y la política en el país”, añade.

Tras conocerse los resultados de la primera vuelta, el racismo se extendió entre amplios sectores de la capital y las otras regiones. Un famoso streamer, popular entre adolescentes, insultó a votantes de la zona sur con términos de “serranos de mierda”, “come motes” a los que  “no les llegaba oxígeno al cerebro”. El candidato de ultraderecha y exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, pidió anular 4.500 mesas de la “serie 900.000”, mesas de sufragio creadas para zonas rurales, de difícil acceso o comunidades indígenas alejadas,  argumentando presuntas irregularidades. En elecciones pasadas, la historia fue la misma para un sur andino que apostó y llevó al sillón presidencial a Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y a Pedro Castillo, a quien ahora Sánchez representa.

“No es que el sur vote por una opción de izquierda, sino más bien por una opción media”, explica Michael Encalada Calderón, politólogo quechua. “En un momento les llamaron antisistema por el sistema neoliberal que tenemos. Sin embargo, también es un sentimiento más anti-limeño, anticentralista, como oponerse directamente al centro político: Lima. Algo que no es de ahora, sino histórico”. En muchas provincias del sur de Perú, los votos a Sánchez no bajan del 80%. En la provincia cusqueña de Chumbivilcas, el candidato de Juntos por el Perú obtuvo el 89%. 

Encalada menciona que las diferencias políticas entre Lima y el sur del Perú reflejan distintas formas de cosmovisión y de entender la sociedad. Mientras en muchas comunidades andinas predomina una visión más colectiva, en los sectores altos de Lima prevalece una perspectiva más individualista. Esta lógica también se expresa en el voto. En numerosas comunidades rurales, sostiene, la decisión política se construye en torno a la pregunta “¿a quién vamos a apoyar?” más que “¿por quién voy a votar yo? Todo esto ayuda a explicar los altos niveles de respaldo que Sánchez alcanza en regiones del sur. 

El antivoto

Una semana antes de las elecciones, centenares de ciudadanos salieron a las calles en rechazo a la candidatura de Fujimori. La marcha nacional denominada “No a Keiko”, convocada por grupos de derechos humanos y colectivos sociales del país, es parte del fenómeno de antivoto surgido por el legado de su padre, las múltiples candidaturas de la derechista y en respuesta a su intromisión a través de su partido con amplios escaños en el parlamento. Sin embargo, el “No a Keiko” no es muy distinto al otro anti: “No al comunismo”.  

“El antivoto casi siempre ha estado fundado en una emoción negativa”, señala Nestares. “Tiene que ver, sobre todo, con el miedo, una emoción que puede movilizar mucho más que el entusiasmo o la identificación con un candidato. Es increíble, pero hace que la gente salga de su casa y haga todo lo posible por llegar a votar”. Para la politóloga, este fenómeno también refleja una crisis de representación: “Los peruanos hace tiempo que no votamos por liderazgos que nos representen al cien por ciento. Desde la época de Ollanta,  en adelante, todo se fue volviendo un antivoto demasiado notorio. Creo que no hemos superado esa situación”. 

Como en la campaña anterior, Keiko Fujimori se apegó al discurso anticomunista junto a medios de comunicación, empresarios y partidos de derecha

Como en la campaña anterior, Fujimori se apegó al discurso anticomunista junto a medios de comunicación, empresarios y partidos de derecha. Días antes de la segunda vuelta, la candidata sostuvo una videollamada con la líder opositora venezolana María Corina Machado, en la que ambas hablaron de defender la democracia y evitar que Perú siga una trayectoria similar a la de Venezuela bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Esta conversación reforzó el mensaje central de la campaña de Fujimori, que buscó presentar la elección como una disyuntiva entre la libertad y un modelo político asociado al chavismo y al legado de Pedro Castillo 

Para Nestares, el fenómeno antivoto no opera de la misma manera en todos los casos. A diferencia de Roberto Sánchez, Pedro Castillo logró movilizar no solo un voto de rechazo a sus adversarios, sino también un voto de identificación y reivindicación social. “En el caso de Castillo, no solo era miedo, ya era racismo”, afirma. “Expresiones racistas y disparatadas venían de muchas personas para no dejar que ganase él. Entonces, contra todo, Castillo logró reivindicar”, concluye la politóloga.

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