Huelga histórica del sector educativo en el País Valencià

Amplio seguimiento de una convocatoria que inundó las calles y vació las aulas para visibilizar un malestar acumulado durante años. Sin una negociación real, los docentes advierten que el conflicto podría intensificarse.
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La comunidad educativa hizo notar en las calles la convocatoria de cierre de las aulas.

La huelga docente que vivió la jornada de este martes 31 de marzo el País Valencià no fue un estallido improvisado, sino la expresión concentrada de un descontento sostenido en el tiempo. Culminó un proceso de movilización y autoorganización del profesorado en sindicatos y asambleas de docentes, de centro y territoriales, que ha desbordado incluso las mejores previsiones sindicales de impacto. La convocatoria ha sido unitaria, respaldada por casi todos los sindicatos —STEPV-Intersindical, CGT, COS, UGT, CCOO, CSO y los estudiantiles, SEPC y el Sindicato de Estudiantes—, y ha desplegado una gran vertebración territorial, con concentraciones no solo en las capitales de provincia, sino en la mayor parte de las ciudades medianas y pueblos grandes del País Valencià.

En ese sentido, ha realizado una labor importante la Plataforma Docentes en Lucha y la Coordinadora de Asambleas Docentes, que agrupan profesionales de todas las etapas educativas, y también la Plataforma en Defensa de la Enseñanza Pública, formada por unos veinte sindicatos y organizaciones de la enseñanza. En los días previos a la convocatoria se han celebrado asambleas comarcales, municipales y por centros, charlas, talleres de pancartas, concentraciones y, en algunos institutos, como el de Formación Profesional La Torreta de Elche, unos cincuenta docentes se encerraron como medida de presión. La jornada arrancó con piquetes informativos a las puertas de centros educativos de todo el territorio, a la que siguieron concentraciones matinales ante los departamentos territoriales de la Consellería de Educación en Castelló y Alicante y en la sede de la Consellería en València, antes de la manifestación.

Unas 16.000 personas participaron en la marcha en València, mientras que el seguimiento del paro osciló entre el 35,5% estimado por la administración y cerca del 80% que señalan los sindicatos

Durante la jornada de lucha, la rutina educativa se detuvo: las clases quedaron en suspenso y el protagonismo pasó de las aulas a las calles. En València, miles de profesores se manifestaron en el centro de la ciudad en una movilización multitudinaria que evidenció la magnitud del conflicto. Según cifras oficiales, unas 16.000 personas participaron en la marcha en València, mientras que el seguimiento del paro osciló entre el 35,5% estimado por la administración y cerca del 80% que señalan los sindicatos. En las otras grandes ciudades valencianas (Alacant, Elx y Castelló) también se hicieron notar en las calles, con multitudinarias y coloridas protestas.

El contexto político resulta clave para entender esta protesta. En los últimos años, la educación en el País Valenciano ha estado marcada por cambios normativos, debates ideológicos y una percepción creciente de distancia entre la administración y el profesorado. Cuestiones como la gestión de los recursos, el modelo educativo o el papel de la lengua en la enseñanza han generado tensiones que han acabado trasladándose a los centros educativos. En este escenario, muchos docentes consideran que sus demandas no han sido atendidas con la suficiente voluntad política.

El profesorado del País Valencià ha perdido un 25% del poder adquisitivo y que, desde el año 2010, no se ha aprobado ninguna subida salarial autonómica, solo se han aplicado las de ámbito estatal

Desde la Plataforma Docentes en Lucha, denuncian que el profesorado ha perdido un 25% del poder adquisitivo y que, desde el año 2010, no se ha aprobado ninguna subida salarial autonómica, solo se han aplicado las de ámbito estatal. El pasado 24 de marzo, en un documento enviado por la Consellería de Educación a los sindicatos y organizaciones educativas, la administración condicionaba cualquier mejora salarial a la financiación autonómica, a la vez que proponía incluir las subidas estatales en el pacto de negociación sin aportar ninguna mejora propia. “El documento es una burla, porque no aborda ninguna reivindicación real y, en cambio, impone excusas y restricciones. Además, es una propuesta unilateral, que no ha tenido en cuenta nuestras demandas”, critica Sandra Cáceres, portavoz de las Asambleas de Docentes. En la misma línea se expresa Marc Candela, portavoz del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza al País Valenciano (STEPV): “el documento está muerto. Ninguna organización sindical lo hemos valorado, sino que les hemos exigido una negociación real y efectiva”.

Precisamente, uno de los principales detonantes de la huelga ha sido la sensación de bloqueo en la negociación. Aunque se han producido contactos entre sindicatos y administración, el profesorado percibe que no se traducen en avances concretos. La advertencia de posibles movilizaciones futuras, incluso una huelga indefinida que podría afectar al final del curso, refleja hasta qué punto la situación se considera insostenible si no hay cambios reales.

Las motivaciones de la huelga: desde la sobrecarga burocrática a las ratios en las aulas

Entre las causas más destacadas se encuentra la sobrecarga burocrática. Los docentes denuncian que dedican una parte creciente de su tiempo a tareas administrativas, lo que reduce su capacidad para centrarse en la enseñanza. Esta acumulación de exigencias genera desgaste y contribuye a una sensación generalizada de saturación.

Las ratios elevadas en las aulas constituyen otro problema central. Con grupos numerosos, la atención individualizada se vuelve más difícil, afectando tanto al alumnado como al profesorado. La reducción del número de estudiantes por clase aparece así como una demanda prioritaria, vinculada directamente a la calidad educativa. Aunque a nivel estatal se ha aprobado reducir el máximo de alumnos por aula, en el País Valenciano todavía no se han aplicado estas reducciones. Marc Candela defiende que las ratios reducidas “permiten dedicar más tiempo a la atención individualizada de cada alumna y alumno, especialmente a quién más apoyo necesita, además de mejorar el clima de convivencia y facilitar el intercambio e interacción entre el alumnado y el profesorado”.

La cuestión salarial también ocupa un lugar destacado en las reivindicaciones. Los docentes valencianos denuncian una pérdida significativa de poder adquisitivo en los últimos años y reclaman mejoras que les permitan equipararse con otras comunidades autónomas. En este sentido, se plantean subidas progresivas como punto de partida para la negociación.

A estas demandas se suman la necesidad de mejorar las infraestructuras educativas y de aumentar los recursos humanos. Muchos centros requieren inversiones para garantizar condiciones adecuadas, y el profesorado insiste en la importancia de contar con más personal de apoyo, especialmente en ámbitos como la orientación o la atención a la diversidad.

El uso del valenciano en la enseñanza también forma parte del debate. Gran parte de la comunidad educativa reclama una mayor presencia de la lengua propia en el sistema educativo, en un contexto donde las políticas lingüísticas han generado controversia. Este aspecto añade una dimensión cultural y política al conflicto.

Los efectos de la huelga se hicieron visibles de inmediato: interrupción de las clases y movilización masiva en las calles. Sin embargo, su impacto va más allá de esa jornada. La protesta ha logrado situar la educación en el centro del debate público y ha evidenciado la necesidad de abordar las condiciones en las que se desarrolla la labor docente.

A partir de ahora, el desarrollo del conflicto dependerá de la respuesta institucional. Si se abre un proceso de negociación efectivo, la huelga puede convertirse en un punto de partida para mejoras. En caso contrario, el profesorado ya ha dejado claro que no descarta nuevas movilizaciones. Más allá de las cifras y las reivindicaciones, la jornada dejó una imagen significativa: la de miles de docentes compartiendo un mismo mensaje. Por un día, la enseñanza salió de las aulas para ocupar el espacio público. Y en ese gesto, entre consignas y pasos acompasados, se hizo visible algo esencial: que la educación no solo se construye dentro de las aulas, sino en los barrios y las plazas, donde se defiende lo común.

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