Muerte digna
Marcos Hourmann: “Los médicos también tenemos que mejorar la muerte”

El primer médico condenado por eutanasia aceptó declararse culpable para no ir a la cárcel y acabó condenado por la opinión pública cuando trataba de rehacer su vida. Hoy lo cuenta en el Teatro del Barrio y espera que el caso de Ángel Hernández y María José Carrasco sea el revulsivo definitivo para regular la muerte digna en España.

Marcos Hourmann 2
El doctor Marcos Hourmann, el primero en ser condenado tras provocar la muerte de una paciente terminal. David F. Sabadell

publicado
2019-04-21 06:00

El 21 de marzo se estrenaba en el Teatro del Barrio “Celebraré mi muerte”, la pieza de teatro documental en la que Marcos Hourmann cuenta la historia del primer médico condenado por eutanasia en España: él mismo. Pocos días después del estreno, Ángel Hernández reabría el debate sobre la muerte digna al autoinculparse de la muerte de su mujer, María José Carrasco, enferma terminal a la que suministró pentobarbital sódico adquirido por ella misma cuando aún podía.

La sala se llena función a función, y han ampliado a 30 las representaciones hasta octubre, cuando la obra se va a ir de gira. El montaje proporciona a Marcos Hourmann una oportunidad que no tuvo en su proceso judicial, la de dar explicaciones. Acusado de homicidio, un jurado popular tenía que emitir un veredicto que nunca llegó, porque la Fiscalía le propuso reducir la pena a un año —pena con la que no iría a prisión— y evitar su inhabilitación como médico a cambio de declararse culpable. “Fue un desastre, no calculé lo que vendría después”. Lo que vino fue una condena social en Reino Unido, donde trataba de rehacer su vida antes de que un diario amarillista le apodara “doctor muerte” y fuera a por él. 

Hoy es uno de los nombres más significativos en la historia del movimiento por la muerte digna en España, una historia en la que pocos médicos se han atrevido a dar la cara, reprocha Hourmann.

Y no, no volvería a hacerlo.

“La mujer a la que yo maté se llamaba Carmen”, dices en el escenario del Teatro del Barrio. ¿Quién es Carmen y qué pasó el 28 de marzo de 2005?
Carmen es una paciente de 82 años que llega a la guardia en la que yo estaba. Llega en estado grave con muchas patologías juntas y lo intento todo para salvarle la vida. Me pide dos veces morir, no quería sufrir más y no quería ver sufrir a su hija. Pero yo no le respeto su petición porque creo que puedo salvarla. Durante tres o cuatro horas le hago de todo, hasta que llega un momento  en que su corazón dice ‘basta’, y le propongo a su hija sedarla. La sedo, y a los pocos minutos la hija me vuelve a llamar y me dice que no puede ver sufrir más a su madre. Le pregunto si quiere acabar con ese sufrimiento, me dice que sí y le pongo el potasio. Y ese es el punto de inflexión en mi vida, donde no pensé nada más. Me quiebro todavía al pensarlo. Pero yo estuve en ese lugar como hijo y pensé “te voy a ayudar”, no pensé nada más. Fue el acto más humano que hice, donde el conocimiento quedó de un lado y quedó la parte humana de reconocer lo que es sufrir sin sentido, no pensé nada más.

Cuando tomas esa decisión, ¿tenías ya una postura sobre la muerte digna?
No. Tendría que haberlo hecho con mi padre y no pude, y ahí está el dolor.

Le administraste 50 miligramos de cloruro de potasio, y lo reflejaste en el parte médico ¿Podrías haberlo hecho de otra manera, no haberlo reflejado?
No suelo mentir ni esconderme, así terminé.

¿Sabías que al ponerlo por escrito iban a ir a por ti?
No, no lo calculé. Si lo hubiera pensado no lo hubiera hecho.

Sería un hipócrita si dijera “lo volvería a hacer”. Las consecuencias fueron nefastas, tuve miseria, durante años y uno sigue llevando esta mochila

¿Te arrepientes?
Sí, siempre lo digo y la gente de Derecho a Morir Dignamente se sorprende, pero es la verdad. Sería un hipócrita si dijera “lo volvería a hacer”. Las consecuencias fueron nefastas, tuve miseria, durante años y uno sigue llevando esta mochila de recuperar dos caídas a los 45 y a los 50 años. No pondría potasio, aumentaría la sedación a tope.

¿Cómo se gesta “Celebraré mi muerte”? 
Esto es un teatro documental que surgió de la entrevista que me hizo Salvados en 2016 en un reportaje sobre la buena muerte. El realizador, que es Víctor Molina, quedó impactado con la historia y se le ocurrió ese mismo día la idea de hacer un teatro documental que contara la historia. Hemos trabajado durante dos años hasta que él contacta con Alberto San Juan, que lo adaptó dramatúrgicamente hablando.

Entonces en 2016, después de un Salvados sobre “La buena muerte”, Jordi Évole y el realizador del programa, Víctor Molina, te proponen llevar la obra al teatro. Pero no eres actor, ¿por qué aceptas?
Soy atrevido, es verdad. Soy loco, es verdad. Tercero, porque me parece que es una maravillosa forma de contar cara a cara, de vomitar lo que no pude en su tiempo y tirar un mensaje a la gente de lo que significa la muerte, que no es ya un tema tan tabú como tantos otros fueron. Y un canto a la esperanza de que otros no sufran tanto.

Te declaraste culpable para evitar la cárcel sabiendo que no lo eras. ¿Qué consecuencias ha tenido eso?
Todo fue un desastre. Desde lo económico a lo laboral. El trato que ofrece la Fiscalía es la no inhabilitación como médico y la libertad. No calculé nunca lo que vendría después, que eso fue fundamental para que mi futuro en Inglaterra se destruyera. No tomé conciencia porque nunca me sentí culpable, por lo que no le di valor a lo que suponía una sentencia de culpabilidad por más que haya un acuerdo. Supuso la destrucción de mi futuro en Inglaterra, que estábamos reconstruyendo después de un año del acuerdo, ese fue el efecto demoledor que tuvo aceptar mi culpabilidad.

“Celebraré mi muerte”, ¿es un ajuste de cuentas con ese pasado?
El teatro supone una forma de comunicación en la cual no hay una sola palabra de mentira. Cada vez que lo hago es nuevo, son sensaciones nuevas, o son sensaciones que existen y se repiten entre una mezcla de dolor y de risa, que también es el mensaje de la obra, no todo el la muerte es luto y también se puede sonreír aunque sea más difícil. El texto a veces provoca la risa, y el final es estrepitoso y permite sonreír cuando uno se va. Se puede morir de otra manera más agradable tanto como para uno como para la gente que lo ama.

Creo que lo de Ángel da el golpe en la mesa, si no entienden esto, ¿qué hace falta para que los políticos hagan nada?

La obra está en proceso desde 2016. Justo cuando se estrena conocemos el caso de Ángel Hernández y María José Carrasco.
No tenía contacto ni sabía la historia. Creo que Ángel cierra un círculo, porque está la historia de Maribel y su familia [la mujer enferma de alzhéimer cuya familia pidió regular la eutanasia para cumplir su deseo] que es un caso de una enfermedad mental, hay historias de médicos como Luis Montes, y digo que cierra un círculo porque el de Ángel refleja el caso de tantas familias que tienen que esconderse ante los últimos momentos de la vida y dejar sus seres queridos solos... Creo que lo de Ángel da el golpe en la mesa, si no entienden esto, ¿qué hace falta para que los políticos hagan nada? 

¿Ha servido para que se entienda?
Lo de Ángel ha sido un golpe muy duro para todos y creo que hasta los políticos se han dado cuenta de que esto no tiene vuelta atrás. Iniciamos una petición en change.org y hay casi 600.000 firmas en un periodo muy corto de tiempo. La sociedad está más avanzada que esta gente. Es tan absurdo todo, como el hecho de que lo pasen al juzgado de violencia de género, que creo que esta vez no hay muchas más cosas que mostrar para que la gente que tiene poder haga algo.

Luis Montes y tú sois médicos que habéis dado la cara por la muerte digna. ¿Sois una excepción?
Totalmente.

¿Miedo? ¿Objeción ideológica?
Hace falta un debate médico, este es un debate que no se encara. Esto es una cuestión de esencia humana más allá de los congresos médicos sobre tecnicismos y modernizaciones, que son útiles para mejorar la vida de ser humano, pero los médicos también tenemos que mejorar la muerte. Y para eso hace falta humildad, humanidad, dejar de lado un montón de historias que son útiles, pero morir nos moriremos todos, ¿hay algo más importante que eso? Los médicos son individuos como cualquier otro, con sus creencias, sus circunstancias, su experiencia, y una ley que ayudar a morir no significa que el médico esté obligado a hacerla, para eso está su objeción de conciencia. Seguimos no dando la talla y no respetando a cada individuo. Es hora de que nos sentemos a hablar del tema. 


¿Qué es morir dignamente?
Morir como uno quiere y en base a lo que uno cree. El límite de la buena muerte lo pone nada más que el paciente, el ser humano; ni un médico, ni un juez ni un, abogado ni un psiquiatra. No se me ocurriría decirle a una persona que cree en dios que se muera ya, no: yo te dejo morir como quieras y tu muerte será muy digna. Pero hay quienes han luchado, están cansados, no pueden más, ¿quién es uno para obligar a vivir? No toda vida merece la pena ser vivida. Nadie elige morir como un capricho, es un proceso interno de mucha elaboración. Hay gente que piensa que te levantas mal y pides algo para irte de este mundo: es inentendible.

¿Qué les dices a quienes se oponen porque “defienden la vida”?
Que se trata de defender la buena vida. El malvivir implica sufrimiento, y ese sufrimiento se hace sufrimiento máximo insoportable, y no te deja ni poder levantarte porque no podés, más… Es defender la vida digna más que la muerte digna.

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1 Comentario
LA CRÍTICA - lacritica.xyz 14:04 21/4/2019

Una obra muy valiente y necesaria. Y Marcos Hourmann no será actor profesional, pero nadie lo diría (sólo se le ve incómodo saludando). Lo único que me sobró un poco fueron los detalles morbosos de la autobiografía de Hourmann (los amantes de su madre, la torpeza sexual de su padre...), que no dudo que sean ciertos, pero me parece que también querían ser graciosos y, para mí al menos, estaban fuera de sitio. En cualquier caso, vale mucho la pena. Y me parece de una enorme valentía por parte de Hourmann contar su historia, con jurado popular y en directo. Buena noticia que prorroguen.

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