Opinión
Emilio Esquivel Sánchez: “Me fui sin daros un beso”

Un extremeño de la diáspora que, como tantos otros, participó en la heroica y desigual lucha antifascista en España y Francia, con humildad y discreción y que, tras pasar por prisión, emigró a Terrassa, donde sembró antifranquismo en la vida de sus familiares, compañeros y amigos, a pesar de la terrible experiencia vivida.
Emilio Esquivel Francisco García 1944
Emilio Esquivel Sánchez y Francisco García, año 1944.

Historiador y Dr. Historia Comparada, Política y Social (UAB) Responsable de la EVMHT del CEHT.

28 oct 2026 07:13 | Actualizado: 28 oct 2026 08:09

Las pequeñas historias construyen el mundo, sobre todo las historias de quienes lo dieron todo en beneficio de todos, sin escatimar ni los bienes materiales, ni la libertad, ni la salud, ni la propia vida.

La historia del extremeño y tarrasense Emilio Esquivel Sánchez es similar a la de otros vecinos extremeños o nacidos en otras tierras y llegados a Terrassa en plena dictadura franquista. Un desconocido, otra persona anónima para todos nosotros; solo los círculos más próximos, familiares y amigos, conocieron su verdadera historia muchos años después de los hechos que marcaron su vida.


Emilio Esquivel nació en Azuaga (Badajoz) el 6 de septiembre 1918. Era hijo de Guzmán Esquivel Domínguez, herrero, y de María Sánchez Prieto, ama de casa, y tenía siete hermanos. La familia se trasladó por motivos laborales a Valdenfierno, después a la mina María y, finalmente, a Piconcillo —una pequeña localidad de Fuente Obejuna (Córdoba)—, donde se estableció con una herrería propia. Allí, Emilio aprendió junto a su padre el oficio de forjador (herramientas agrícolas) y herrero, formándose como herrador con el veterinario de Fuente Obejuna, Manuel Gómez.

La emigración de la familia Esquivel de Badajoz a Córdoba, antes de la Guerra Civil, estaba ligada al trabajo minero y a las industrias auxiliares, pretendía mejorar las condiciones de vida y trabajo, pasando de obreros a propietarios de una herrería. Esto ocurrió, durante el extraordinario crecimiento económico que se produjo en esta importante zona minero-industrial española, situada a caballo entre Extremadura (Campiña Sur) y Andalucía (Alto Guadiato), en la que destacaban la cuenca carbonífera de Peñarroya (carbón) y complejo minero de Azuaga (galena argentífera, plomo).[1]

La emigración de la familia Esquivel de Badajoz a Córdoba, antes de la Guerra Civil, estaba ligada al trabajo minero y a las industrias auxiliares, pretendía mejorar las condiciones de vida y trabajo, pasando de obreros a propietarios de una herrería

El crecimiento se produjo con la llegada del capital francés a la zona. Gracias a la desamortización del subsuelo –Ley de Minas de 1868–, la creación de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya (SMMP) vino de la mano de los banqueros Rothschild, quienes desde 1830 hasta la Guerra Civil actuaron como un gobierno en la sombra, controlando la economía española, financiando al Estado; asumiendo la deuda pública de gobiernos en quiebra; eso sí, a cambio de grandes beneficios y subyugando la soberanía nacional; controlaron de forma monopolística el sector minero (mercurio de Almadén y el plomo/plata de Peñarroya; dominaron el sector ferroviario (construido a la medida de sus intereses y precios) y, por último, utilizaron los resortes del Estado para legislar a su favor y, como no, emplearon las puertas giratorias para pagar favores a políticos, aristócratas y generales.

La SMMP [2] se convirtió en una de las grandes empresas de Europa; su crecimiento sostenido fue posible gracias al control progresivo de los centros mineros –la empresa grande se come a la pequeña sin recursos financieros–, a la integración vertical –combustible, mineral e industria de transformación–, al monopolio del transporte ferroviario –bajo coste–, a la diversificación productiva, la expansión internacional y al control de los mercados, pero todo esto fue posible por una capacidad financiera notable –inexistente en España–, y por el apoyo total del Estado español. La SMMP tuvo un impacto positivo en la modernización, capitalización y proyección exterior de la economía española, pero a cambio de la pérdida de protagonismo de la minería nacional y de la sumisión a los intereses y decisiones del capital extranjero.

Extremadura y Andalucía eran enclaves coloniales en manos extranjeras, donde el Estado español actuaba como un actor más al servicio del capital europeo. El Estado durante todos estos años favoreció a la empresa con leyes, con recursos materiales (subsuelo) y financieros (Primo de Rivera le otorgó fondos públicos), con la represión del movimiento obrero (Ejército y Guardia Civil al servicio de la empresa) y con la permisividad ante las duras condiciones de trabajo.

La SMMP era en realidad “un estado dentro del estado”, su poder omnímodo se tradujo en un férreo control sobre los salarios y las condiciones de trabajo y vida de los mineros y trabajadores industriales. Las salidas laborales en este espacio geoeconómico eran muy pocas: trabajo en la empresa, en el campo o en el sector artesanal y de servicios.

Extremadura y Andalucía eran enclaves coloniales en manos extranjeras, donde el Estado español actuaba como un actor más al servicio del capital europeo

La mayoría de los trabajadores quedaron a merced de la compañía francesa con salarios bajos, pago con vales de cantinas de la empresa, alta siniestralidad, enfermedades de la minería del plomo y el carbón (saturnismo i silicosis) y un falso paternalismo (casa, escuela y salud), que solo duraba mientras el obrero era sumiso a la empresa y no hacía huelga o se sindicaba.

En estas circunstancias laborales se forjó la personalidad de Emilio y otros muchos jóvenes de Extremadura, donde un movimiento obrero radicalizado y combativo se consolidó en dos grandes sindicatos: UGT y CNT. La lucha por los derechos se concretó en la Huelga General de 1917 y finalizó en 1920 –durante el trienio bolchevique (1918-1920)– con una huelga salarial y de solidaridad (readmisión de despedidos); la respuesta patronal fue un durísimo “lockout” (cierre patronal), la utilización de esquiroles y una fuerte represión por parte del Ejército y la Guardia Civil (enviada por el gobierno). Tras tres meses de resistencia y lucha, sin cobrar el salario y con las cajas de resistencia vacías se volvió al trabajo sin conseguir las reivindicaciones; la represión fue brutal, encarcelamiento de los líderes sindicales, listas negras de obreros de CNT y UGT, y emigración. Tras la derrota, la llegada de la dictadura primoriverista dejó el sindicalismo en una fase latente su fuerza se recuperó al llegar la Segunda República; las huelgas fueron constantes y defensivas para mantener los puestos de trabajo y evitar el cierre de los pozos.

Al estallar la Guerra Civil, tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la combativa cuenca minera quedó en manos republicanas; lo que significó la huida de los directivos franceses de la empresa SMMP y la incautación de sus propiedades por parte de los obreros –Azuaga, Peñarroya-Pueblonuevo y Fuente Obejuna– y de sus organizaciones sindicales (UGT y CNT). El objetivo era controlar el complejo minero industrial para servir al esfuerzo bélico de la República; sin embargo, el ejército sublevado, dirigido por Gonzalo Queipo de Llano conquistó Azuaga a finales de septiembre de 1936 y el complejo industrial de Peñarroya en octubre.

El avance de las tropas franquistas sobre Piconcillo, que había quedad en zona republicana obligó a la familia Esquivel –y a otras tantas– a huir y vagar por las dehesas pasando hambre y con miedo a ser detenidos o asesinados por los militares o falangistas. En 1937, Emilio pasó a la zona republicana y se alistó voluntariamente en el Ejército republicano, con el que luchó en el frente de Madrid. Fue dado de baja por ser menor de edad. En enero de 1938 ingresó en el Cuerpo de Carabineros y fue destinado a Barcelona y Vila-real. En marzo de 1938 resultó gravemente herido en Tardienta (Huesca), lo que dio inicio a un largo periplo hospitalario y a varios meses de operaciones en Lleida —donde sobrevivió a un bombardeo aéreo—, Terrassa[3] y Sant Hilari Sacalm. En diciembre de 1938 recibió el alta y fue destinado a una unidad sanitaria en Camprodon y Olot.

El 9 de febrero de 1939 atravesó a pie la frontera francesa, iniciando un largo exilio que lo llevó a los campos de internamiento de Saint-Laurent-de-Cerdans —donde conoció a su amigo inseparable, Francisco García— y al campo de Septfonds, conocido como Camp de Judes. Ambos trabajaron durante catorce meses en la 63.ª Compañía de Trabajadores Extranjeros. Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, Emilio fue destinado a cargar municiones para el ejército francés en la Drôme y en Juzadvigny. Cuando se produjo la invasión alemana, huyó a Lyon y Nimes con Francisco. Ambos fueron detenidos y recluidos durante tres meses en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, en el verano de 1941.

El 9 de febrero de 1939 atravesó a pie la frontera francesa, iniciando un largo exilio que lo llevó a los campos de internamiento de Saint-Laurent-de-Cerdans...

Entre 1942 y 1944 trabajaron en la región de Ardèche. A mediados de 1944, cuando los alemanes les ordenaron presentarse en Aubenas, optaron por huir e integrarse en la Resistencia francesa —las Fuerzas Francesas del Interior, de orientación gaullista—. Recorrieron lugares como Perpiñán, Céret y Prats de Molló. Emilio ejerció de cocinero del grupo.

Participó en la invasión de España en octubre de 1944 con poca convicción, pero respetando la decisión tomada por la Resistencia. Emilio Esquivel y su amigo Francisco García cruzaron la frontera por Coustouges con un grupo de treinta guerrilleros. En Girona, Francisco fue abatido por la Guardia Civil al lado de Emilio. Después de dieciséis días vagando desarmado por las montañas, Emilio fue detenido en Vic el 10 de noviembre y trasladado a la prisión Modelo de Barcelona.

El 15 de noviembre de 1944 fue procesado por adhesión a la rebelión (sumarísimo 33.366)[4]. Los informes de buena conducta de Piconcillo y Fuente Obejuna, así como el hecho de que fuera considerado un fugitivo del maquis, favorecieron el sobreseimiento provisional de la causa. Quedó en libertad provisional el 26 de febrero de 1945.

Portada del expediente Sumarisimo nº 33.366
Portada del expediente Sumarisimo nº 33.366.

Sin embargo, los sufrimientos no acabaron ahí. Al llegar a Piconcillo en febrero, fue detenido de nuevo por orden del gobernador civil y encarcelado en Fuente Obejuna. Después de pasar por la prisión de Córdoba, a finales de 1945 se le concedió la prisión atenuada en su domicilio, tras nueve años y cuatro meses de sufrimientos.

Informe del Ayuntamiento de Fuente-Obejuna Emilio Esquivel
Informe del Ayuntamiento de Fuente-Obejuna.

En 1962, Emilio se trasladó a Terrassa por motivos económicos, como tantos otros habitantes de Extremadura y Andalucía. Lo hizo atraído por el trabajo en la industria —especialmente la textil—, mejor pagado que los trabajos del campo en la España meridional. Otros lo hicieron para huir de la persecución y el señalamiento que sufrían en sus lugares de origen por ser «rojos» o familiares de estos. Algunos de estos nuevos vecinos participaron en la lucha antifranquista en nuestra ciudad, en el PSUC; especialmente, sus hijos o nietos –como explicamos en “Combat per la llibertat”[5]–. Este es el caso del hijo de Emilio.

Portada del expediente Sumarisimo nº 33.366 II
Expediente Sumarisimo nº 33.366, donde se puede leer la manifestación de Emilio Esquivel.

Emilio padre trabajó en el sector textil, en Tintes Guardiola, y finalmente en una fundición de aluminio. El miedo a la represión no le impidió mantener el contacto con amigos y compañeros. Escuchaba La Pirenaica y, según explica su hijo Emilio, intentó hacer una pintada con un bote de “Kanfort” en la fábrica donde trabajaba. El miedo era evidente. Cuando su hijo le pidió los documentos que conservaba de Francia, Emilio le dijo que los había quemado al enterarse de que estaba metido en política, concretamente en las juventudes comunistas del PSUC, primero en La Maurina y después en Pueblo Nuevo, donde fue uno de los fundadores de la asociación de vecinos del barrio.

Expediente Sumarisimo nº 33.366 III
Declaración recogida dentro del expediente.

En 1986, Emilio Esquivel escribió un libro de memorias titulado “Me fui sin daros un beso”, en el que narra de forma sencilla su experiencia vital entre 1936 y 1945, sin dar importancia a acciones que podríamos considerar heroicas. Son unas páginas llenas de humanidad y de rechazo a la guerra. Nos explica su experiencia en la Guerra Civil como carabinero; su participación en la Segunda Guerra Mundial, en la Resistencia francesa; su estancia en los campos de concentración de Francia; su paso por dos compañías de trabajo; su entrada en España durante el intento de conquista del valle de Arán, y su año de prisión en Barcelona —en la Modelo— y Córdoba.

Documento judicial Barcelona Emilio Esquivel
Documento judicial de Barcelona que menciona su libertad.

Pero ¿por qué recordar la vida de Emilio? En el Espacio de la Memoria Histórica de Terrassa (www.memoriaterrassa.cat), hemos recuperado para el presente las biografías de los tarrasenses –residentes o nacidos en la ciudad– muertos en la Guerra Civil, exiliados o deportados, y víctimas del franquismo, como los fusilados. Sin embargo, todavía no hemos abordado las biografías de los tarrasenses antifranquistas que vinieron a vivir a Terrassa después de la Guerra Civil. Muchos de ellos y ellas llevaban consigo todo un bagaje de lucha en defensa de la República, pero también de exilio, como Esquivel, que luchó contra el nazismo en la Resistencia francesa y participó en la Operación Reconquista de España, dirigida por el PCE. Se trató de un intento de establecer un gobierno provisional en el valle de Arán mediante un ataque de más de cuatro mil guerrilleros (maquis), en octubre de 1944.

EMILIO ESQUIVEL SANCHEZ 1986
Emilio Esquivel Sánchez, año 1986.

Emilio, como otros antifranquistas, se integró en la vida social local a lo largo de la dictadura. Hay una historia pendiente: una historia que nos explique sus vicisitudes y su contribución a la lucha por la democracia y a la construcción de nuestra memoria democrática.

Emilio Esquivel Sánchez murió en Terrassa en 2016; este es su recuerdo y su legado: «¡Maldita sea la guerra! ¡Odiemos la guerra! ¡Amemos la paz!»

[1] Córdoba: Peñarroya-Pueblonuevo (núcleo empresarial e industrial del plomo y la plata), Belmez (carbón), Fuente Obejuna (hulla y plomo) y Espiel (carbón). Badajoz: Azuaga (núcleo minero extremeño), Berlanga y Granja de Torrehermosa, zona minera del plomo argentífero.

[2] La primera empresa carbonífera y del plomo fue la Compagnie Houillère et Métallurgique de Bélmez –fundada en 1865 y refundada en 1869–. En 1881, tras unos acuerdos con los Rothschild –banqueros franceses líderes del sector–, se creó la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya, que controlaba la minería del plomo y la fundición; mientras CHMB hacía lo propio con el carbón y la producción de energía; además de gestionar la red ferroviaria que permitía el transporte de recursos materiales y trabajadores. En 1893, la SMMP absorbió a su empresa asociada, CHMB y, entre 1900-1914 controló las minas de carbón de la zona, las plomo (argentífero) y otros metales, liderando el mercado español; desde la Gran Guerra hasta la Guerra Civil española, la empresa se internacionalizó y diversificó sus actividades

[3] Emilio estuvo en Terrassa en abril de 1938, en el Hospital de Sant Llàtzer, donde fue operado de unas graves heridas de metralla sufridas en el frente de Aragón, en el municipio de Tardienta (Huesca), el 26 de marzo, durante la ofensiva de los sublevados (marzo-abril de 1938), tras la ruptura del frente de Aragón y la caída de Lleida. Sus recuerdos comienzan en la Estación del Norte y continúan en el hospital, donde fue operado por primera vez –sufrió cuatro operaciones– y donde pudo comprobar el hambre que se pasaba en la ciudad: le daba su panecillo a la limpiadora para que se lo llevara a sus hijos.

[4] El sumarísimo, disponible en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Tercero de Barcelona (86 folios), recoge la acusación de rebelión militar contra Emilio Esquivel. Tras sus declaraciones y los informes favorables de la Guardia Civil de Piconcillo y Ayuntamiento de Fuente Obejuna, el juez instructor considera que fue obligado a incorporarse al maquis y ordena que se les “conceda la libertad provisional a los inculpados, dada la escasa trascendencia de los hechos”. El no ir armado en el momento de su detención le salvó la vida.

[5] LACUEVA MORENO, Josep Lluís; MÀRQUEZ BERROCAL, Manuel i PLANS CAMPDERRÓS, Lourdes. Combat per la llibertat: Memòria de la lluita antifranquista a Terrassa (1939-1979). Terrassa: Fundació Torre del Palau, 2007.

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