Maltrato animal
La industria del pollo en España: “No hablamos de granjas de los horrores, sino del estándar del sector”
Las imágenes difundidas este martes por las organizaciones animalistas AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal vuelven a poner el foco sobre el modelo intensivo de producción avícola en España. La investigación, realizada por el fotoperiodista Aitor Garmendia en cinco granjas de Cataluña y Castilla-La Mancha, documenta hacinamiento, falta de luz natural y animales con graves problemas físicos derivados del crecimiento acelerado al que son sometidos los pollos broiler. “Nos hemos querido enfocar en el estándar y no en algo puntual, como una granja de los horrores. Nos hemos encontrado lo que podemos encontrar en el 80% de la producción de pollos en España”, explica a El Salto Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. Según denuncia, las escenas observadas no son excepcionales, sino consecuencia directa de un sistema basado en la rentabilidad y la hiperproducción.
España es actualmente el segundo productor de pollo de la Unión Europea, solo por detrás de Polonia. En 2025 se sacrificaron más de 810 millones de aves en el Estado español, según los datos del Ministerio de Agricultura recogidos en la investigación. El pollo broiler —destinado a la producción de carne— representa cerca del 82% de toda la carne de ave producida en el país. La clave de este modelo son las razas de crecimiento rápido, seleccionadas genéticamente para alcanzar cerca de tres kilos en apenas seis semanas. “Vemos hacinamiento, heridas cutáneas, dolor crónico y una alta mortalidad antes del matadero. Esto se debe tanto al hacinamiento como a la raza de alto crecimiento, el broiler, modificada para lograr más kilos en menos tiempo”, denuncia Gascón.
La investigación señala que muchos de estos animales desarrollan problemas cardiovasculares, enfermedades musculares o dificultades para caminar antes incluso de abandonar la granja. Las organizaciones denuncian además que la normativa europea permite densidades de hasta 42 kilos por metro cuadrado, el máximo legal dentro de la UE.
Otro de los puntos que alertan a las organizaciones es el elevado uso de antibióticos en la ganadería intensiva. “En general, el uso de fármacos es preocupante, porque se usa el doble de medicamentos que la media europea”, sostiene Gascón. La activista advierte además del riesgo sanitario derivado de esta práctica: “La diseminación de bacterias supone un riesgo de contaminación de la carne y agrava el problema de la resistencia a los antibióticos”. La investigación recuerda que, aunque la Unión Europea prohibió en 2006 el uso de antibióticos como promotores del crecimiento, las ventas de antimicrobianos veterinarios volvieron a crecer en 2024 tras más de una década de descenso.
“Francia, Alemania o Dinamarca ya están iniciando esa transición, mientras que Noruega es un referente”, afirma Aïda Gascón
Las organizaciones relacionan este fenómeno con las condiciones de hacinamiento y estrés permanentes en las explotaciones industriales. Según recuerdan, la propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recomendó en 2023 reducir drásticamente la densidad de animales y limitar el crecimiento diario de estas aves. Mientras el modelo intensivo continúa siendo mayoritario en España, otros países europeos han comenzado ya una transición hacia sistemas considerados de mayor bienestar animal. “Francia, Alemania o Dinamarca ya están iniciando esa transición, mientras que Noruega es un referente”, afirma Gascón. Según explica, el país nórdico prevé eliminar completamente las razas de crecimiento rápido en 2027.
Desde estas organizaciones explican que en Países Bajos, por ejemplo, las cadenas de supermercados trabajan ya con estándares de bienestar más exigentes y algunas empresas, como Lidl, se han comprometido a sustituir progresivamente estas razas por otras de crecimiento más lento. Sin embargo, las organizaciones denuncian que España “ni siquiera ha iniciado” este proceso. Por ello, reclaman que la patronal avícola Avianza se posicione sobre la transición hacia modelos menos intensivos y que las grandes empresas del sector firmen el Compromiso Europeo del Pollo, una iniciativa impulsada por organizaciones animalistas para reducir densidades, incorporar luz natural y apostar por razas de crecimiento lento.
“La responsabilidad no puede recaer solo en las personas consumidoras, es la industria la que debe elevar el estándar”, recalca José Luis Murillo, Director General del Observatorio de Bienestar Animal
Más allá de la reforma de la industria, AnimaNaturalis defiende también un cambio profundo en el modelo alimentario. “Es inviable seguir manteniendo los niveles actuales de consumo de proteína animal con la población y la tendencia actual”, sostiene Gascón. “La responsabilidad no puede recaer solo en las personas consumidoras, es la industria la que debe elevar el estándar. Es quien debe decidir si quiere liderar la modernización del sector o seguir defendiendo un modelo basado en la precariedad biológica del animal”, recalca José Luis Murillo, Director General del Observatorio de Bienestar Animal.
La activista de AnimaNaturalis apuesta por “diversificar las proteínas” tanto por motivos ambientales como sanitarios y, explica, que sustituir las razas broiler por otras de crecimiento natural permitiría reducir hasta un 85% el uso de antibióticos, aunque encarecería parcialmente la producción debido al aumento de espacio y tiempo de crianza.
Maltrato animal
Codornices entre cadáveres en una granja con certificado de bienestar animal
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