Opinión
Mi hijo versus la Policía Nacional

La redada racista de la Policía Nacional que terminó con Serigne Mbayé y seis vecinos detenidos contó con numerosos testigos, entre ellos varios niños y niñas. Pudieron comprobar no pocas contradicciones con lo que aprenden en el cole.
9 abr 2026 06:00

11 de la mañana. Patio de un colegio de uno de los distritos del sur de Madrid. Dos agentes de la Policía Nacional entran en el patio de los más pequeños porque en el arenero alguien encontró tres navajas (grandes). La pareja de policías coincide con los niños, que están en el recreo.

—¿Detuvisteis a alguien antes de Semana Santa? —Niño 1 pregunta. 

—No —contesta un agente. Niño 1 sabe que es mentira porque él vio cómo la policía de la misma comisaría se llevaba a siete vecinos, entre ellos, a su padre. 

—¿Eres racista? —pregunta Niño 2.

—Nooooo, todo lo contrario —contesta el agente. 

En el mundo de mi hijo los mayores no mentimos, o, al menos, no debemos mentir. O, al menos, un policía no debería. Pero claro, mi hijo no ha leído el atestado policial de la reciente detención de siete personas, incluido Serigne Mbayé. Además, está en minúscula y él tiene seis años, todavía le cuesta. Tampoco necesita leerlo porque lo vio todo. Cuando por fin pude subir a comprobar cómo estaba me lo encontré al borde de la lágrima. 

Estoy triste y enfadado porque han empujado a papá. Vaya, lo ha visto, mierda, pero qué bien que lo exprese. ¿Y qué has hecho? He entrado en casa y he pegado a un cojín para canalizar mi rabia. ¿Esto en qué momento lo hemos hablado? ¿Canalizar? ¿Nos cuestan las mayúsculas pero decimos “canalizar”? ¿Quién te ha enseñado esto? Me lo han dicho en el cole

Y sí, esta mañana, la misma en la que han venido los policías a su arenero, he hablado con su tutora y me ha confirmado que lo han hablado en la clase como una herramienta para prevenir la violencia en el aula y fuera de ella. Santas mujeres, que decía mi abuela refiriéndose a las profesoras. Y yo pienso: “Tiene más herramientas mi hijo de primero de Primaria para gestionar la rabia que un policía nacional”. Y conozco a dos policías y sé que no son así, para nada, quiero pensar que es la institución, quiero pensar que no todos son iguales. 

En el mundo de mi hijo los mayores no mentimos. O, al menos, un policía no debería. Pero claro, mi hijo no ha leído el atestado policial de la reciente detención de siete personas, incluido Serigne Mbayé

—¿Por qué han detenido a Serigne? ¿Porque es de otro país? —me preguntó mi hijo la tarde de las detenciones.

—Creo que no, porque a papá no le piden que se identifique todo el rato aunque también es de otro país.

[Cri-cri, cri-cri] 

—¿Es porque es negro? —mi hijo tarda un rato en darse cuenta y no da crédito. Bendito. Privilegiado como yo. 

—Sí, creo que sí.

—¡Pero no tiene sentido! Puede haber policías de otros países. ¡Y policías negros!

Y yo pienso que los únicos policías negros que veo son los de las pelis yankis. Y Ruxxo, bendito Ruxxo también. Pero es que mi hijo vive en un mundo mejor que el mío, que el nuestro. Ya me había pasado una vez, también en Semana Santa. 

—Cuando veas a un nazareno le puedes pedir caramelos o que te ponga cera en esta bolita de papel de plata. 

—Nazareno o nazarena.

Jaaar, mi hijo me acaba de pasar por la izquierda... ¡Qué guay! En su mundo de paridad infinita hay las mismas mujeres que hombres debajo de los capirotes morados, negros o blancos. Y las túnicas y capirotes blancos no tienen nada que ver con el Ku Klux Klan, porque no existe el Ku Klux Klan y el racismo es una cosa antigua a la que se enfrentó gente como Rosa Parks, hace muchísimo tiempo, incluso antes de los años 80 (sic). Su mundo es mejor. Y en su mundo sigue habiendo personas negras y libres debajo de esas túnicas creadas en el siglo XIV, como explicó en un artículo precioso Paula Llaves. Y nunca se las apropió el Ku Klux Klan porque en su mundo eso no existe. 

Y es bueno que su mundo sea así. Menos mal. Y qué suerte, porque es el mundo que mi  hijo y su panda de primero de Primaria pueden crear, que está por llegar. Pero para eso sería deseable que tuvieran buen ejemplo, que no vean a policías nacionales ostiando a su familia, a sus vecinos, a su comunidad. Que no mintieran, eso también estaría bien. Y que se depuren responsabilidades. Que le enseñen a nuestros hijos e hijas que si un agente no sabe controlarse se le amonesta y/o se le cesa y se le manda a gestionar su rabia y su racismo con un cojín.

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