Literatura
Juarma: Todo está lleno de poesía
Juarma se abre paso entre la gente con cara de no entender qué es lo que hace allí, abarrotando la Sala que ha destinado la Biblioteca de Granada para presentar ‘Poética de la autodestrucción’ (Blackie Books, 2025). El caso es que no debería, pero aún le sorprende la pequeña legión de fieles que va arrastrando allá por donde pasa. Le recuerdo una pequeña presentación que hicimos en un bar hace ya siete u ocho años en Córdoba, en la que sólo vendió un ejemplar, pues a la hora de comprar, los pocos presentes se fueron convenientemente a la barra a pedir. Él, por su lado, me habla de aquella en la Feria del Libro de Granada, en la que firmó apenas un par de ejemplares en el banco de una plaza, porque la feria nos había puesto a ultimísima hora, tan última que ya no quedaba nada abierto. Le pregunto si ahora nota algo muy distinto: «de normal no se nota, tengo una vida muy tranquila, sólo que cada dos años me veis un poquito más la cara».
Si algo tiene Juarma (Deifontes, 1981) es que nunca se ha mostrado muy charlatán en este tipo de circunstancias. Es raro que te cuente algo que no quiera contar y siempre va a ser directo en sus respuestas. Eso es algo que ya arrastra desde la época en la que se dedicaba mayormente a dibujar. Él me corrige: «sigo dibujando, lo que pasa es que como no tengo sitio donde publicar, porque en redes sociales cada vez es peor. Lo dibujo, se lo mando a tres o cuatro amigos por Whatsapp, y cuando junte unos cuantos haré un tebeo.»
Es un milagro que exista este libro.
La editorial no sólo ha sacado ‘Poética de la autodestrucción’, sino que ha reeditado sus dos primeras, ‘Al final siempre ganan los monstruos’ y ‘Punki’: «En vez de sacar este iba a sacar otro, que estaba terminado, pero el año pasado me dio el volunto y lo cambié, quise sacar esta para que así estuvieran ya todos los personajes. Entonces la editorial se dio cuenta de que había lo que ellos llaman un “universo”, o lo que yo llamo simplemente “los libros”. Por eso tenía tan claro que quería sacar esta, porque ahora sí, ya puedo hacer lo que quiera. Tengo una terminada, y otra avanzada y es lo que digo siempre, desde que hice este, ya sabía “el final”. Tú dices que va sobre la poesía, yo digo que va de la poesía y la obra. Es un milagro que exista este libro, que lo lean y guste, ya es la hostia.»
‘Poética de la autodestrucción’ cuenta la historia de Miguel, un chico tímido, obsesionado con la poesía. Él vuelca sus anhelos en los versos, que imprime, y encuaderna para, al final, prenderles fuego. «A Miguel le sirve escribir porque, entre otras cosas, todo el tiempo que le dedica a escribir no lo dedica a hacer el tonto. Si se tira 200 páginas haciendo el capullo, por lo menos para un poco y se cree que es Shakespeare y se pone escribir.»
El lugar donde se ambienta es Villa de la Fuente, un pueblo ficticio cerca de Granada. Una pregunta que ronda por la cabeza de los presentes es que si le preocupa que poner un escenario como aquel o si dotar a los personajes de un acento, de unas expresiones, tan características como las de Granada y alrededores, pueda hacer que al lector que no sea de la zona se pierda. «A ver», duda Juarma, «la respuesta corta, que no quiero dar, es es me da igual», dice provocando risas y añade: «La respuesta larga es que, por ejemplo, Rita Indiana, autora que me gusta como escribe y usa muchas palabras que no entiendes pero que, por el contexto, las vas sacando. Lo escribe a su manera y me gusta, y entiendo perfectamente sus libros. Para mi hacer los diálogos y que hable como hablo yo es más fácil que ponerlo de otra manera. A veces, hay gente que lo ve como que es andaluz, y parece que no se puede escribir así. Pues sí. Lo escribo así y no te lo he hecho más radical porque no me han dejado.»
Para ser universal, habla de tu pueblo.
Hace unas semanas, dudando en cómo enfocar la presentación me escribieron que la gran virtud de la literatura de Juarma es que ha puesto en el mapa un lugar que no tiene historia ni adoquinados. Tenemos literatura de la España industrial, de la España vaciada, pero Juarma no es nada de eso. Él ha cogido y ha convertido en literatura el escenario más anodino posible, llámese Villa de la Fuente, Navalperal de Pinares, Puebla del Caramiñal; esté en el norte, en el sur, en la costa o en el interior. Y es la hostia. Y todo el mundo debería leerlo. Yo, que suscribo esas palabras se las repito. «Para mí es más fácil contar la historia en un pueblo, porque me he criado en uno. Vivimos en sitios parecidos, hemos tenido circunstancias parecidas. La mayoría de personas tenemos las mismas emociones, buenas y malas. Pasamos por momentos buenos y por momentos malos. Y a veces, lo único que puedes hacer es tirar p´alante. En los libros todos siguen haciendo sus vidas hasta que en algún libro haya una defunción», termina con malicia.
En su novela, Juarma cuenta cómo Miguel, el protagonista de la obra compagina los amigos y la escritura con su trabajo en la obra y lo hace con brillantez. «uno habla de lo que conoce, conozco el campo y conozco la obra. Si hubiera trabajado en un banco, aunque hay un personaje que trabaja en un banco, hablaría de otra cosa. Son simplemente cosas que me apetecía contar. También me gusta un poco poner nerviosa a cierto tipo de persona que encuentre esta novela y se encuentre conmigo explicándole cómo hacer mezcla o cómo darle el giro al carrillo y que no se le caiga.»
Pero Miguel, como otros personajes en Villa de la Fuente, también está rodeado de un ambiente de alcohol y drogas, algo que no para de recordarle toda la prensa cuando le entrevista, entonces es cuando uno se pregunta por qué llama tanto la atención, cuando el que más y el que menos sabe lo que es la noche, el tema de las drogas: «A mi hablar de drogas me funciona como distracción, porque en realidad estás contando otra historia y muchas personas reparan sólo en lo de la droga. Yo digo muchas veces que me interesa mucho el contexto y la memoria. Yo no puedo poner que los fines de semana se van a jugar al rol o a hacer senderismo. No te quiero contar eso. Además que no es ninguna cosa que me esté inventando, que coges la noticias de sucesos, las lees y ves lo que sale. Eso tiene que estar... También funciona como cuando va un conejo por la carretera y echas las largas y se queda parado. A la gente le llama mucho la atención, pero esto habla de otras cosas.»
Lo que sí es cierto es que muchos de los lectores conectamos con personajes como Álex (protagonista de ‘Punki’) o con el de este libro, Miguel. «Conectáis por accidente, esta parte lo digo cariñoso. El personaje de Álex, por ejemplo, era muy complicado. Me costó mucho entenderlo, pero llega un punto que lo entiendes y le vas cogiendo cariño. No de cuánto cariño le tengo, sino de comprender por qué hace tal cosa u otra (...) Me encanta que la gente conecte. Pero no es una cosa buscada de “voy a hacer un personaje que te rompa el corazón”, lo que quiero es que la gente se divierta, que eche un buen rato». Y sigue añadiendo: «Yo cuando empecé con el personaje de Miguel, me caía fatal. Y me ha sorprendido que hay mucha gente a la que le guste. En el momento que le pilla en este libro le pilla mal. Se siente atrapado, se siente perdido. En cuanto salga de su pueblo va a ser el hombre más feliz. Creo que la mayoría de sus problemas se hubiera solucionado con un móvil con Google, pero está ambientada en 2002. Preguntándole cosas. Pero creo que Miguel será feliz.»
¿Pa qué pollas sirve la poesía?
Blackie Books, su editorial desde 2021, habla de universo Villa de la Fuente, porque, aunque son novelas independientes, se interconectan, porque sus personajes van saliendo en forma de pequeños cameos y participaciones en las otras. «La gente se cree que tengo un CSI ahí en la pared con hilos. Yo tengo un tablero en blanco con varios post it, uno con el código postal en el que vivo, otro con unos versos de Gata Cattana y luego uno que “no preguntar nada”, que no sé lo que significa, en algún momento lo puse por algo. Pero no tengo nada. Mi anclaje lo tengo en los libros.»
Dentro de sus personajes encarnados, hay unos cuantos, como algunos de los que pueblan las páginas de ‘Poética de la autodestrucción’, muy luminosos: «en este libro creo que la mayoría son buena gente, son un poco ingenuos, tienen poca sombra. Tienen fondo bueno, Lourdes, el Larios, que es un personaje que me gusta. Es el primer adulto que me ha salido buena gente y espero que dure mucho.... en verdad, Miguel me sirve para contar la historia de estos personajes». De entre ellos destaca Rober que, llegado cierto momento pregunta: ¿Pa qué pollas sirve la poesía?»
«Eso no está puesto por capricho. ¿Para qué sirve la poesía? Pues para contar esta historia. Para mí era una cosa perfecta. Al principio la novela era un poco más de caos, hasta pensaba que una buena sinopsis para la contraportada sería “pero qué cojones...”. La pregunta que hace este personaje ¿Para que sirve la poesía? Pues para que leas a Rober, que ya salía en los otros dos libros y te guste como personaje. Fíjate que parece que Miguel es el protagonista, pero la historia que se cuenta es la de Rober, la de Lupe, la de Lourdes, la de Inma, la de Eva, la del Larios y toda esa gente que pasa por ahí.»
‘Poética de la autodestrucción’, como el resto de la obra pasada y, esperamos, futura, está plagada de referencias, sobre todo musicales. Black Sabbath, Iggy Pop, pero también Los Caños o Bunbury. «Es verano de 2002, estás trabajando en la construcción y en las habitaciones sólo se sintoniza Canal Fiesta, no se puede apagar la radio. Y todo el día suena Bunbury, la canción más fea del barrio. Llegaba un momento que de escucharlas tanto... no sé. En otro sitio me pasó, y esto lo hemos hablado muchas veces, que ponían Cadena Dial y si habías tenido una ruptura amorosa y lo escuchabas en el bar que trabajabas 11 horas al día, salías para tirarte de un puente. Se te metía el ruidillo, la tristeza en la cabeza era una cosa horrible. Las lista que me hago para los libros son para acordarme de qué van los libros. Son anclas para diferenciar un poquito los personajes, me da un poco la personalidad del personaje, las manías, los gustos...»
Un buen titular
Entre el público que puebla la sala le comentan que escribe personajes que son un desastre, pero se escriben con mucha ternura, sin caer en clichés, salvo en algunos. O parece que son un desastre y luego son personas muy responsables, como el caso de Miguel, pero también muchos otros. Son chavales que sufren esa violencia de los padres, pero luego no son víctimas, porque luego ellos mismos la vuelven a cagar. Asumen responsabilidades. Y luego no hay el “la poesía nos salva, la obra nos salva, el amor nos salva”. Sería muy fácil caer en esos estereotipos que ayudan a conformar el mundo. Como las novelas sudamericanas, que los personajes simbolizan cosas. Aquí no, hay un intelectual, alguien que se acerca a través de las emociones, pero de pronto se convierte en lo contrario. Y es el mismo personaje. Entonces eso es lo que hace que sea un mundo mucho más complejo. Por eso se identifica alguien de fuera con estos personajes, aunque hablen tan distinto. Evidentemente sí, porque creo que es la universalidad, porque al final habla de emociones, traumas, alegrías...
Juarma replica: «es que los personajes son así, viven situaciones y tal, pero qué van a hacer, ¿quedarse en casa llorando? son personajes que tienen que tirar para adelante. Tienen que trabajar. Cuando me dicen que los personajes son quinquis. Digo, macho, están trabajando, está estudiando, está escribiendo poesía, ... no les da tiempo a delinquir. Entonces a veces depende del punto de vista cambia mucho la cosa. De con qué ojos mires a los personajes. Mira a Lolo, que aparece en la primera. Que luego va a apareciendo y se ve distinto, porque lo ven otros ojos. Aquí el narrador me da mucho juego».
Todos asentimos cuando Juarma habla. Y, ahora que transcribo las cosas que dijo, me pienso que al final va a ser que no calla tanto como creíamos en un principio. Pero sí es verdad que parece que tiene claro lo que quiere contar: está ahí, simplemente hay que fijarse, hay que leerlo. Sin embargo, queremos saber más, y se lo volvemos a preguntar: «yo simplemente lo que quiero contar es estos libros. Pero sí es verdad que aprovechando este último, al que le tengo especial cariño, lo que quiero contar a lo mejor es que, todo está lleno de poesía, que tenemos que fiarnos de la poesía y fiarnos un poco más de las personas que nos quieren a pesar de todo y demás. Eso sí, que el amor y todas esas historias no te salvan, esto no es Harry Potter. Entonces si me preguntan, quiero contar.. que todo está lleno de poesía, que así suena guay». Le comento que eso sería un buen titular y él me contesta que probablemente no se lo vayan a poner en ningún lugar
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