LGTBIAQ+
La percepción del odio entre la población LGTBI+ se incrementa al mismo ritmo que el acoso y las agresiones
El 7 de abril, un comerciante del mercado de Pere Garau, en La Palma, denunció haber sido víctima de una agresión homófoba por otros comerciantes del mismo recinto. Los perpetradores comenzaron a propinarle golpes e insultos por su orientación sexual, profiriendo expresiones como “maricón”. El 8 de marzo, en Vitoria, dos jóvenes denunciaron una paliza propinada por tres chicos que les han tirado al suelo y les han propinado varios puñetazos y patadas: “Empezaron a llamarnos maricones y nos siguieron”, declaró uno de ellos a un medio loca. El pasado 22 de marzo, la activista trans Bianca Fernández fue víctima de una agresión grupal en un pub de La Bañeza, Zamora, después de ser increpada con insultos tránsfobos en el baño del local.
Lo que tienen en común estos incidentes son la agresión y la palabra, el hecho de que, junto a la paliza, hubo un señalamiento verbal a estas personas por su orientación sexual, identidad o expresión de género
Lo que tienen en común estos incidentes son la agresión y la palabra, el hecho de que, junto a la paliza, hubo un señalamiento verbal a estas personas por su orientación sexual, identidad o expresión de género. “Muchos estudios muestran que hay una correlación directa entre los mensajes de odio y lo que ocurre en las calles, su traducción a violencias y agresiones”, decía Paula Iglesias, presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), en nuestro podcast Asalto hace unos días.
El informe Estado del Odio 2026, que esta organización presentado este jueves, ayuda a poner en contexto esta situación. Según este estudio elaborado a partir de una muestra representativa de 800 entrevistas, entre 2024 y 2026, la prevalencia del acoso ha pasado del 20% al 36%; la de la discriminación ha aumentado del 23% al 29% mientras que la de las agresiones se ha incrementado del 7% al 22%. Además, el 54% de las personas LGTBI+ ha sufrido algún acto de odio, presencial u online, en el último año y el 22%, una agresión física.
Estas cifras son coherentes con otra variable que mide este estudio, como es la percepción del odio entre la población LGTBI+. Esta percepción se ha incrementado en al menos 8 puntos porcentuales desde 2024 y llega hasta los 13 puntos en el caso de la percepción del acoso público y los discursos de odio.
Principales hallazgos
Sobre los tipos de agresión, el estudio indica que un 4% de la población LGTBI+ ha sufrido una agresión física grave. Un 6% ha sufrido una agresión física leve. A estas situaciones se suman las agresiones sexuales, entendidas como cualquier actividad, experiencia o contacto sexual sin consentimiento: un 4% de las personas LGTBI+ afirma haber sufrido agresiones sexuales con violencia, mientras que el 5% declara haber experimentado agresiones sexuales mediante intimidación, lo que supone un aumento de aproximadamente un punto y medio porcentual con respecto a años anteriores.
El acoso constituye una de las formas más extendidas de incidentes de odio hacia la población LGTBI+. En particular, los insultos y el trato degradante por pertenecer al colectivo representan la situación más frecuente
El acoso constituye una de las formas más extendidas de incidentes de odio hacia la población LGTBI+. En particular, los insultos y el trato degradante por pertenecer al colectivo representan la situación más frecuente: el 17% de las personas LGTBI+ declara haber experimentado este tipo de comportamientos durante el último año. La segunda situación más declarada es el aislamiento o rechazo social por motivo de LGTBIfobia, que afecta al 13% de la población LGTBI+. Otras formas de acoso también aparecen con una frecuencia relevante: amenazas (7%), empujones o agarrones en contextos de hostigamiento (6%). Por su parte, las situaciones de coacción o chantaje alcanzan al 5% de la población LGTBI+.
En el apartado de tipos de violencia, la encuesta analiza diversas situaciones de discriminación experimentadas por la población LGTBI+ durante el último año. Los resultados muestran que estas prácticas siguen presentes en distintos ámbitos de la vida social e institucional. En concreto, el 4% de las personas LGTBI+ declara haber sufrido la denegación de un bien o servicio, mientras que el 7% señala haber recibido un trato desigual en el ámbito laboral debido a su orientación sexual o identidad de género. Además, el 9% de la población LGTBI+ afirma que no se le ha reconocido algún derecho por el hecho de ser LGTBI+, lo que convierte esta última situación en la forma de discriminación más declarada en la encuesta.
No afecta a todas las siglas por igual
Las situaciones y expresiones del odio LGTBIfóbico no afectan a todas las personas del colectivo por igual. En ese sentido, las lesbianas sufren mayor acoso y discriminación (41% y 32% respectivamente, de éstas).La discriminación está muy presente en personas trans y bisexuales (52% y 31%).
Un dato reseñable es el referido a las agresiones físicas sufridas por las personas trans en comparación con el resto de personas LGTBI+ de los colectivos más numerosos (LGB+): un 52% de las personas trans ha sufrido una agresión física en el último año, una cifra muy por encima del resto de grupos, donde el número oscila en torno al 20%
La interseccionalidad de múltiples identidades históricamente marginalizadas y minorizadas tiene un efecto multiplicador de la exposición al odio y la victimización de las personas LGTBI+. Así, las personas LGTBI+ que además se identifican como personas con alguna discapacidad o con diversidad funcional o intelectual son con mayor frecuencia víctimas del odio en todas sus manifestaciones. La multiplicación de las experiencias de victimización del odio es también evidente en el caso de las personas LGTBI+ que se identifican con algún grupo minorizado: minorías religiosas, minorías étnicas, minorías racializadas, o minorías de origen migrante.
El estudio señala un daro revelador: mientras que existe un 30% de prevalencia media del acoso entre las personas LGTBI+ no minorizadas, en el caso de personas racializadas o de minorías religiosas el porcentaje llega al 70% para las personas LGTBI+ racializadas o de minorías religiosas. Si hablamos de agresiones físicas, el porcentaje del 20% para las personas LGTBI+ no minorizadas suba a casi la mitad para las personas LGTBI+ racializadas o de minorías religiosas.
La edad, los ingresos, la situación ocupacional y el nivel de estudios también inciden. En términos generales, se aprecia que la exposición declarada al odio disminuye paulatinamente con la edad. Al igual que la edad, el acceso a recursos económicos muestra una relación con la prevalencia de experiencias de odio que sigue una pauta aproximadamente lineal: a mayores recursos, menor victimización. Finalmente, se analiza la prevalencia del odio en función de la posición en el mercado de trabajo de las personas LGTBI+: “En general, las disparidades no son muy grandes, pero sí se aprecia que las personas pensionistas están expuestas a menor riesgo y que las personas en situación de desempleo tienen un riesgo algo mayor de sufrir determinadas formas de odio, aunque con frecuencia no son diferencias estadísticamente significativas”.
El estudio analiza los espacios de riesgo. En este apartado, el principal escenario sigue siendo la calle (32%), seguido de los centros de trabajo (13%), lugares de ocio (13%) y el ámbito familiar (11%). Con menos de un 10% aparecen el transporte público (9%), un lugar frecientado por personas LGTBI+ (9%), centros de enseñanza (6%) y ámbito sanitario (4%). “La calle continúa siendo el principal escenario de la violencia, especialmente en sus formas físicas. No solo concentra una parte importante de todos los casos, sino que su peso se intensifica en las agresiones más directas: el 38% de las agresiones físicas leves y el 39% de las graves tienen lugar en el espacio público. Este patrón refuerza la idea de que la exposición cotidiana sigue siendo uno de los principales factores de vulnerabilidad para las personas del colectivo”, dice el estudio.
Sobre la denuncia, el informe refleja que, aunque el porcentaje de denuncia ha subido del 17% en 2024 al 35% en 2026, casi la mitad de las víctimas (47%) sigue sin denunciar ni acudir a asociaciones. Otra variable de análisis es el tipo de población en el que se producen los incidentes. “Un 33% de la población LGTBI+ viven en ciudades de entre los 100.000 y los 500.000 habitantes. Sin embargo, no existe una forma específica en la que se manifieste el odio”, dice el informe, que añade que el odio sí continúa siendo uno de los factores determinantes del sexilio, acaparando el 70% de las respuestas.
Por otra parte y en línea con los hallazgos de otros estudios, el informe refleja que existe una relación directa entre experiencias de odio y mayores niveles de estado depresivo, ansiedad, estrés, soledad, rabia y miedo.
Instagram y X, la redes con más odio
El informe Estado del Odio 2026 recoge por primera vez cifras que revelan cómo afecta el odio al colectivo en el entorno digital: el resultado es que 4 de cada 10 personas LGTBI+ han sufrido odio en redes sociales. En ese sentido, los insultos en redes sociales constituyen la forma más frecuente de violencia digital, mencionados por el 18% de las personas LGTBI+. A continuación, aparecen las situaciones de aislamiento o rechazo en redes (13%) y las experiencias de discriminación laboral vinculadas a interacciones en plataformas digitales (11%). Además, alrededor del 7% de las personas del colectivo declara haber sufrido coacciones, amenazas o sextorsión a través de redes sociales, lo que evidencia que estos entornos también pueden facilitar formas de violencia particularmente graves. En menor medida, el 5% de las personas LGTBI+ afirma haber sufrido la denegación de un alquiler debido a su orientación sexual o identidad de género tras interacciones en redes, mientras que el 4% señala que se le ha denegado un servicio a través de estos canales digitales. Teniendo en cuenta todas estas situaciones de odio en redes sociales, hasta un 44% de la población LGTBI+ encuestada declara haber sufrido alguna de estas situaciones.
Las plataformas digitales donde se concentran principalmente las situaciones de odio online son las plataformas abiertas, como Instagram y X
La encuesta también permite analizar a través de qué tipo de plataformas se producen estas situaciones de odio, diferenciando entre redes sociales públicas y plataformas de mensajería privada, como Facebook o WhatsApp. La conclusión es que la mayor parte de las situaciones de violencia se produce en redes sociales públicas: las plataformas digitales donde se concentran principalmente las situaciones de odio son Instagram y X. En tercer lugar, se sitúa Facebook, una red social de carácter más privado, donde la interacción se produce mayoritariamente entre personas conocidas o con vínculos indirectos. Los grupos más jóvenes —especialmente las personas menores de 35 años— acumulan aproximadamente la mitad de los casos en prácticamente todas las tipologías analizadas, excepto en sextorsión.
“Estos resultados indican que las diferentes plataformas digitales facilitan distintos tipos de dinámicas de violencia hacia la población LGTBI+. Mientras que las redes públicas tienden a ser las más utilizadas para perpetrar formas más directas y visibles de hostilidad, como insultos o amenazas, las redes privadas pueden convertirse en espacios donde se reproducen dinámicas de exclusión social o discriminación en entornos relacionales cercanos”, concluye el informe.
Pacto de Estado contra el odio
La responsable de investigación, formación y calidad de la Federación Estatal LGTBI+, María Rodríguez, destacó en la presentación del informe cómo “para una parte significativa de las víctimas, estos episodios no constituyen hechos aislados, sino experiencias repetidas a lo largo del tiempo, siendo además igual de frecuentes todas las formas de violencia”.
La presidenta de la FELGTBI+, por su parte, ha señaló la necesidad de la aprobación urgente de un Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos en situación de vulnerabilidad. “Si el odio avanza, la protección debe hacerlo a pasos más agigantados, porque solo así podremos frenar la violencia que viven cada día miles de personas”, declaró este jueves.
Paula Iglesias: “Nuestras vidas están en juego y solo un Pacto de Estado podrá garantizar una protección estable y duradera contra los discursos de odio que son la antesala de la violencia”
“Nuestras vidas están en juego y solo un Pacto de Estado podrá garantizar una protección estable y duradera contra los discursos de odio que son la antesala de la violencia”, defendió. “Además, requerimos de una protección integral a las víctimas a través de recursos policiales y judiciales porque las cifras muestran que, ahora mismo, esta es insuficiente y, lejos de protegernos, seguimos estando expuestas a la violencia", reivindica. Y es que los datos reflejan que quienes denunciaron vivieron un mayor número de experiencias negativas durante los procesos de denuncia (74%), frente a las positivas (57%), que traslada el informe.
El Pacto Social contra los discursos de odio hacia los grupos en situación de vulnerabilidad es una alianza suscrita en 2023, impulsada por la Federación Estatal LGTBI+ y formada por más de una decena de entidades que trabajan por los derechos humanos y los principales sindicatos. El pasado lunes 13 de abril, este proyecto dio un paso adelante con el proceso de negociación con los grupos parlamentarios para la tramitación de esta medida.
LGTBIAQ+
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