Opinión
La guerra de los mercachifles en Irán

Estados Unidos y sus aliados están destruyendo un país de un millón y medio de kilómetros cuadrados y cien millones de habitantes para hacer negocios. Para ganar mucho dinero.
Bombardeos Teherán Hamid  Valkli 13-03-26 - 4
Hamid Vakili Al mediodía del 3 de marzo, Estados Unidos e Israel atacaron el barrio de Ferdowsi, en Teherán. Como consecuencia de este ataque, muchos civiles y personas de a pie resultaron muertos y heridos. ©

Arabista en la Universidad Autónoma de Madrid.

27 mar 2026 06:00

Resulta que esto de atacar Irán no iba de todas esas cosas que tanto nos han explicado. Nada de derribar un régimen despótico ni de eliminar el arsenal nuclear —de un régimen despótico— ni los misiles balísticos que amenazan la estabilidad de un Oriente Medio lleno de naciones que respetan los derechos humanos y las reivindicaciones legítimas de su población autóctona como los regímenes de Israel, Arabia Saudí o Egipto. Tampoco iba de crear, precisamente, un nuevo Oriente Medio, eliminando la amenaza de, otra vez, un régimen despótico que no cree en el libre comercio.

No, están destruyendo un país de un millón y medio de kilómetros cuadrados y cien millones de habitantes para hacer negocios. Para ganar mucho dinero. No los súbditos del gobierno que está organizando todo este desaguisado, sino una caterva de mercaderes sin escrúpulos que, además, conforman una especie de conglomerado familiar-corporativo dirigido por el presidente de Estados Unidos, su yerno, los amigotes de este y una lista nutrida de hombres de negocios que se encargan de las relaciones exteriores de su país y los consejos de administración de las principales empresas armamentísticas y de hidrocarburos en EEUU y satélites. Con un solo mensaje en su red social, el presidente estadounidense ha hecho ganar a los suyos millones de dólares, probablemente a sí mismo también a través de testaferros.

Con un solo mensaje en su red social, el presidente estadounidense ha hecho ganar a los suyos millones de dólares, probablemente a sí mismo también a través de testaferros

Basta decir, primero, que iba a bombardear la infraestructura de generación eléctrica iraní y despacharse después con que se daba otros cinco días de tregua. O haciendo subir el petróleo, el pan y las hipotecas afirmando que iba “a llegar hasta el final” para luego sorprender a cada vez menos gente anunciando conversaciones de paz con los iraníes, “que están deseando poner fin” a todo esto. Que están rogando la paz, vaya, sin condiciones. Da igual que sea mentira o verdad, puesto que, muy probablemente, llevará a cabo una intervención terrestre y así decir que ha hecho algo. Lo que importa es “calentar los índices bursátiles”.

Trump es un tiburón de los negocios, astuto y sagaz. Pero no por ello inteligente. Implacable, desmemoriado y cínico, avezado conocedor de su negociado, a saber, especular, comprar y vender para sacar dinero como y de donde sea. Ahora bien, ignora casi todo lo demás, lo cual apenas le importa. No le hace falta saber muchas más cosas; sólo que haciendo uso de su insoportable influencia y poder para alterar el curso de la política internacional consigue aumentar su cuenta corriente y la de sus amigotes. Para eso está en política.

Buena parte de los analistas internacionales —cuánto necesitamos verdaderos periodistas de investigación que indaguen en todos estos tejemanejes— se están preguntando si la bajada abrupta de los precios de los hidrocarburos y la subida de las bolsas, tras una serie de mensajes emitidos por el mandamás estadounidense, responden a movimientos sospechosos de inversores “pre informados”. Estos se están haciendo de oro especulando con derivados financieros, acciones de petroleras y compra abusiva de partidas de petróleo. La jugada es muy simple: manejo “información confidencial” —más aún, yo mismo genero tal información— y me embolso unos milloncetes. O se los endoso a otros; así me deben favores.

Entrada ya esta campaña bélica que, decían, iba a durar días, afirmó, el presidente miserable que tenemos, “no pasa” nada porque suban tanto la gasolina y el gas. Total, su país es el gran productor de petróleo mundial y un incremento en un 20% o 30% de los precios les favorece. Bueno, favorece a sus colegas directores y administradores de las petroleras estadounidenses, que se llevan dinero a espuertas, pero no a sus conciudadanos.

Nadie les explica por qué, si su país ingresa más por los beneficios del petróleo, tienen que pagar el galón mucho más caro que antes. La respuesta por supuesto no viene en los mensajes del imbécil de presidente que nos ha caído a todos en desgracia, ni en las sandeces que cuentan los asimismo mentecatos de sus mariscales de campo, sino en las propias dinámicas del mercado de hidrocarburos. EEUU exporta mucho pero también debe importar, porque consume más que nadie, unos 20 millones de barriles al día.

Su producción no puede cubrir toda la demanda interna porque, entre otras cosas, sus yacimientos no aportan en cantidades suficientes determinados combustibles, como el utilizado para el diésel, o derivados ligeros. Igualmente, un buen número de sus refinerías están pensadas para material extraído en otros países productores, como Venezuela (por eso han ido también para allá, aunque nos hayan contado fábulas sobre el cártel de la droga y la lucha por la democracia para el pueblo venezolano). 

Lo más hilarante: para bajar los precios, también, dejan que los iraníes vendan el petróleo que está circulando en barcos cisterna por ahí, a pesar de las sanciones

Por eso la gasolina ha subido tanto en los surtidores estadounidenses, un cuarto o más por galón (3,78 litros). Las oscilaciones de los carburantes, derivadas en parte del cierre parcial del estrecho de Hormuz, se han aliviado con la retirada de reservas estratégicas y las ayudas aportadas por algunos gobiernos —al final pagan siempre los demás las aventuras criminales de Washington—; sin embargo, y aquí reside otro de los elementos que certifican la estolidez de la chusma que nos gobierna desde la Casa Blanca, esto implica también dejar que los rusos vendan su gas y petróleo con mayores ventajas y margen de beneficios, lo cual, dicen, les ayudará a financiar su guerra particular en Ucrania y de paso apoyar más a Teherán. Un motivo más para que Moscú desee una guerra prolongada. Es la ventaja de tener a este chollo de mercaderes indocumentados en la capital del imperio. Como sólo van al negocio, te puedes entender con ellos si haces que ganen más.

Lo más hilarante: para bajar los precios, también, dejan que los iraníes vendan el petróleo que está circulando en barcos cisterna por ahí, a pesar de las sanciones. Un vodevil. Se hace esta guerra para asfixiar más todavía a un “régimen despótico” pero, como los amigos negociantes en bolsas y mercados se quejan de la inestabilidad financiera, permitimos que vendan el material que financia el “terrorismo internacional”. En días pasados, la Guardia Revolucionaria ha informado de cobros millonarios por dejar pasar a determinados petroleros por aguas del Golfo. Eso sí, que paguen en dólares porque si la gente deja de pagar el petróleo en esta moneda, que Washington puede imprimir a discreción, y los intereses de los bonos del tesoro se ponen por las nubes —Estados Unidos está al borde de la quiebra, pero como nunca acaba de pagar las deudas, por entre otras cosas, guerras como esta— el guateque sí que se nos jodió para siempre. ¿No nos habían dicho que ese estrecho cuyo nombre nadie sabe pronunciar estaba cerrado? A cuánta zafiedad hemos degenerado con esta gente.

Luego están las ganancias de los compadres que tenemos en la industria armamentística. Cada ofensiva de estos individuos se convierte en una feria de exhibición. Nuevas armas, nuevas tecnologías, a cada cual más mortífera —y costosa—, desplegadas para deleite de dispuestos compradores de todo el planeta. Probamos la eficacia del nuevo producto y a cerrar contratos copiosos. Hay algunos problemillas, como que los F-15, F-16 y F-35 están siendo derribados con mayor frecuencia de la esperada; y nos estamos quedando sin misiles con fibra óptica, guiado de infrarrojos y códigos indescifrables, de cuya infabilidad no sabemos nada porque en la guerra de junio de 2025 nos dijeron que de tan buenos que eran habían destruido las sofisticadas bases militares y nucleares iraníes bajo tierra. Y meses después, por arte de birlibirloque, estos misiles no habían servido para nada, porque los “ayatolás” estaban a punto de fabricar la bomba atómica. ¿En qué quedamos? ¿Vuestras armas, tan potentes y mazo eficaces, han destruido la infraestructura militar iraní o no?

Los iraníes llevan resistiendo camino del mes y está costando un poco colocar tanta arma sofisticada. Y en otro orden de cosas, si habéis ido allí para librar al mundo de un régimen despótico y represivo, ¿qué hacéis negociando con sus representantes? ¿Estáis parlamentando para que se queden a cambio de qué? Estamos oyendo mucho que la administración mercantil Washington S.A. no tenía un plan B si a Teherán le daba por resistirse bastante. Para qué iban a tenerlo: forrarse siempre ha sido el mejor de los planes.

Es tal el disparate, sangriento e inmoral, de esta guerra que ni en los estadounidenses saben que están haciendo. Y tiene su miga, porque si hay alguien que sabe de guerras criminales y deletéreas, sin justificación moral ni ética, desde Vietnam a Afganistán o Iraq 2023, son ellos. Salvo los incondicionales del “presidente del tambor” —su nombre original en alemán, Trump, significa eso— el resto no tenemos ni idea de qué va esto. Va de dinero, vale, sí, pero como es sólo para unos pocos... Resulta habitual ver a los congresistas y senadores estadounidenses, incluidos algunos republicanos, poner cara de honda reflexión cuando se les pregunta por qué han embarcado al planeta en esta guerra. Ni p. idea; los cretinos que en Europa y resto del mundo jalean las barbaridades de su líder intelectual transoceánico, tampoco, pero con soltar paridas sobre el peligro del islam, el reemplazo, la excelencia de occidente y la LIBERTAD (así, en colosal, aunque no saben lo que significa) les alcanza. Algunos aducen que es por el régimen de Tel Aviv.

Para que el sistema de colonos viva mejor y se conviertan en la fuerza hegemónica de Oriente Medio. Para que puedan echar a los palestinos, civilizacionalmente. Pues muy bien. Cuando la buena e informada opinión pública occidental tenga que pagar el litro de gasolina a dos euros y pico, les suban los tipos de interés un qué-se-yo por ciento y los huevos no ecológicos pasen de cuatro euros sí o sí, dirán que la culpa la sigue teniendo Irán. Porque, si no lo saben, todo esto lo empezó Irán en el Golfo y Hezbolá en Líbano, que son siempre los que empiezan lo malo. Otra de las genialidades de los medios de comunicación, que manejan el relato y las perspectivas según convenga a los centros de poder. Echadle la culpa siempre a ellos. Europeos y estadounidenses, que apenas leen y pocos piensan, se lo creerán.

Las petromonarquías del Golfo, aliadas entusiastas de Washington, corren peligro de entrar en recesión y, además, están enfadadas porque se han percatado de que las bases están en sus territorios para defender al régimen de Tel Aviv, no a ellos

Esta cosa bélica que se han inventado para que la cuadrilla gane unos dineros está costando un millar de dólares al día al “contribuyente estadounidense”, cómo les gusta esa palabra. Las petromonarquías del Golfo, aliadas entusiastas de Washington, corren peligro de entrar en recesión porque no pueden vender su maná y, además, están enfadadas porque se han percatado de que las bases estadounidenses están en sus territorios para defender al régimen de Tel Aviv, no a ellos.

En Europa tenemos que dedicar cantidades ingentes a paliar los efectos del incremento en los precios básicos. Y aunque eso no importe a nadie, millones de iraníes, opuestos muchos de ellos a su gobierno, han perdido sus casas, la vida, su modo de vida o las fuerzas para aguantar los bombardeos diarios —la Media Luna iraní informa de daños en al menos 600 colegios y centros de instrucción pero como los “moros” son unos mentirosos no los cree nadie—. Pues muy bien. Aúpa. Y como en el chiste, además de la comunidad internacional, ¿hay alguien más?

La ONU, en una de esas resoluciones que sí entusiasman a los prebostes estadounidenses y sionistas, condenaba el 10 de marzo “los ataques iraníes a los países árabes del Golfo”. Ni una palabra al respecto de que el 28 de febrero EEUU y su repelente niño Vicente de Oriente atacaban un estado soberano, incluida una escuela de niñas donde se asesinó a 168 personas. Tampoco dice nada la tal resolución, ni ningún otro documento, de los pingües beneficios que unos cuantos se están apretando con fruición.

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