Puigdemont y el Gobierno juegan al despiste y posponen las decisiones hasta el jueves

La carta en la que Puigdemont debía contestar al requerimiento del Gobierno sobre la independencia no ha aclarado nada. El Gobierno ha optado por mantener el perfil bajo y amplía el plazo de respuesta hasta el jueves.

Barcelona_10O
Concentración en Barcelona el 10 de octubre. Bárbara Boyero
Actualizado a las 15:40

publicado
2017-10-16 13:13:00

La escena final de La dama de Shanghái (1947) es uno de esos momentos del cine recordados por muchas personas que no vieron nunca la película. El clímax en el que tres personajes se apuntan en una galería de espejos es una variación del viejo recurso del western, el momento en el que los pistoleros se retaban por ver quién era el que empezaba la sangría –en la que, probablemente, morirían todos–. La escena de La Dama de Shanghái incluye una carta y una cita: “Naturalmente matarte a ti es matarme a mí, no hay diferencia. Pero, ¿sabes?, estoy bastante cansado de los dos”. Empiezan los tiros y finaliza la película.

Si es lunes, este es otro día clave en el conflicto entre los Gobiernos catalán y español. Es un día para resolver el tiroteo. Pero no.

A primera hora de la mañana, RAC1 y Cataluña Radio han publicado el contenido de la carta que Carles Puigdemont debía remitir al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Iba a ser la madre de todas las cartas, en la que el president del Govern debía contestar si sí o si no declaró una independencia que no fue declarada el pasado martes 10 de octubre. Pero la carta no ha resuelto la demanda del Gobierno. Y el Gobierno ha pedido otra carta.

Puigdemont ha elegido seguir manteniendo la pistola apuntando al espejo. La carta no niega que se produjera una declaración de independencia, aunque no utiliza las palabras declaración ni independencia. La frase que más se aproxima es “mandato político”, y va detrás de “la suspensión”.

Al otro lado del espejo estaba el Gobierno. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha comparecido a las 11h para explicar que el Ejecutivo se agarra al siguiente plazo en este desenlace a cámara lenta. El agónico plazo del lunes a las 10h se estira hasta el agónico plazo del jueves 19 a las 10h. Veremos si con posibilidad de nueva moratoria.

La ampliación hasta el jueves estaba prevista si Puigdemont decía que sí se había declarado la independencia (en ese caso era el plazo para que revocase esa declaración), pero Sáenz de Santamaría ha abierto otra puerta, por la que Puigdemont “puede decir que no tiene que revocarla porque no la ha declarado”. Vuelta al principio. 

El temido y manido artículo 155, activado el día 11, seguirá en el cajón –y dando calorcito a la imaginación de tertulianos y tertulianas– hasta que Puigdemont remita esa otra carta histórica.

La vicepresidenta ha dicho dos cosas más. La primera, que a Puigdemont se le está dando un campo amplísimo –aun a costa de que el Gobierno sea acusado de “blando”–, y que el diálogo “no se exige, se practica”, frase de almanaque que queda muy bien y llama la atención lo justo y que significa que las pistolas siguen apuntando al espejo pero que, de momento, la pólvora no corre.

El frente constitucionalista

Mientras se esperaba la comparecencia de Sáenz de Santamaría, el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluis Trapero, y los presidentes de ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, pasaban por las horcas caudinas –versión Audiencia Nacional– para dar explicaciones por el referéndum del 1-O. La Fiscalía ha mantenido el suspense, para al final pedir prisión incondicional para Trapero. En manos de la juez está ordenar el ingreso en prisión de los tres e incrementar el pressing PdeCat vigente.

El Estado –a través de sus poderes– aprieta pero no quiere ahogar, al menos todavía. La vía Rajoy-Sánchez de reforma constitucional por arriba o de “bipartidismo reloaded”, implica un perfil de  nacionalismo español suave –al menos no estridente–.

El tiempo apremia, pero la perspectiva es llegar a la doble cita electoral, en Catalunya y en el resto del Estado con un argumentario de segunda transición, "ajustando" el Estado de las autonomías y amenazando, siquiera veladamente, con los peores nubarrones si se pierde la perspectiva de la recuperación económica 'a la europea'. En ese contexto, el frente piolín –la entrada en vigor del artículo 116 de estado de alarma– no sirve para evitar alarmar a los "mercados".

La tercera pata de ese nacionalismo español prefiere la estridencia. Es la que representan sectores del PP, como el ‘wannabe’ Pablo Casado, la ministra Cospedal o Xavier García-Albiol, y Ciudadanos.

El conflicto catalán ha puesto a los naranjas ante otro espejo. Su defensa de la recentralización, más el aumento de la carga xenófoba de su discurso, puede minar la base del ‘rajoynato’ entre aquellos que desdeñan al pontevedrés por no ser Aznar. La leña en Catalunya apenas tiene coste político para los de Albert Rivera, que se permiten dar el consejo de barra de bar al Gobierno de que ate en corto a los medios internacionales que difundieron la represión el 1-O. Todo muy gracioso si no fuera porque se les hacen los coros.

El frente independentista

Con la carta de hoy, el independentismo mantiene –al menos tres días más– la posibilidad de hacer efectiva la DUI y confiar en una serie de acontecimientos que debiliten al Estado. Y por más que los partidarios del “a por ellos oé”, lo nieguen, esa debilidad es cierta.

Una respuesta sobredimensionada, a través de la utilización del artículo 155 en modo estricto (cachas, que diría Guillem Martínez), puede tener consecuencias en la Unión Europea, pero, sobre todo, en Catalunya, donde la movilización popular que supuso el referéndum del 1 de octubre y el paro del día 3, está a la espera de ser “invocada” de nuevo por los artífices de la hoja de ruta. Una respuesta cautelosa y medida por parte del Gobierno –un 155 liviano casi transparente– mantendría la tensión dramática hasta la próxima curva ¿electoral? y sería también un buen argumento de cara a esos comicios para los autores del Procés.

Si hay un personaje con total maestría en el juego de espejos, ese es Santi Vila. La palabras del conseller de Empresa y Conocimiento de la Generalitat, y, para ser justos, los de la coordinadora general del PdeCat, Marta Pascal, tendrían un espacio debajo de la definición de anfibología de un buen diccionario enciclopédico. Hay veces que Vila dice, no obstante, lo que piensa: “Todos gestionamos nuestros extremistas”, explicó ayer en La Sexta (ojo al verbo gestionar, tan bussiness friendly).

Para un partido de extremo bussiness friendly, la deslocalización de empresas que se produjo a partir del 6 de octubre es un palo mayor que una aplicación fuerte del artículo 155. Las declaraciones de Artur Mas, epítome del bussiness friendly, sobre el reconocimiento internacional han sido interpretadas en esa línea.

Los extremistas que ‘gestiona’ PdeCat, se entiende, son las miles de personas que salieron a defender el referéndum del 1-O –exceptuando a las miles de personas del entorno de los Comunes– y más concretamente las Candidaturas d’Unitat Popular (CUP), que ya han anunciado que dejarán la actividad parlamentaria si los espejos no empiezan a romperse pronto: si no hay un momento en el que Puigdemont diga algo así como “el martes 10, aunque no lo pareciera (y no se lo pareció a nadie) declaramos la independencia de Catalunya”.

La CUP se ha sentido excluida de la respuesta enviada por Puigdemont a Rajoy, y parte de su sector juvenil ha interpretado que la carta muestra un “pactismo altamente preocupante", según la organización Arran. Desde el día 1, el sector independentista en torno a la CUP roza con los dedos la declaración que desencadene los acontecimientos, ya por la vía que demuestre la ‘demofobia’ del Estado a aquella parte de la sociedad catalana que no termina de considerarla un factor de importancia, ya por la vía del reconocimiento por parte de otros pueblos y el ponerse a trabajar en una lógica anticapitalista o fuera del sistema. Imaginen qué le parece esta segunda vía a un Santi Vila.

En medio, en una posición táctica, está ERC, el partido en la proa del ciclo –que no en la vanguardia–, significativamente a favor de aumentar la presión retórica en Twitter, pero a favor de la sustitución de la declaración de independencia por “mandato democrático”. En la misma línea, ANC y Òmnium han avalado la carta de Puigdemont. Hasta el jueves no hay fisuras.

La tercera vía

Cuentan fuentes presenciales que estaban en Zaragoza durante la asamblea convocada por Unidos Podemos para la paz y el diálogo, que la cara del representante del PdeCat era un poema mientras hablaba el portavoz parlamentario del PNV. Cuántos años de entendimiento y qué difícil arrancar algo de los nacionalistas vascos en un momento de necesidad.

La posición del partido jeltzale, la del diálogo sensato, compartida, al menos en Zaragoza, por las dos centrales sindicales mayoritarias, cotiza a la baja en el momento actual. Tienen algo más de predicamento en el PdeCat, según las CUP, las llamadas de Ada Colau a retirar la declaración de independencia para entrar en la fase del diálogo.

Pero nadie parece dispuesto a permitir que los llamamientos a la mediación se lleven el crédito de la solución al conflicto, sea cual sea ésta. Y mucho menos si la solución es un adelanto electoral. Y mucho menos si la solución favorece el discurso de Unidos Podemos en un momento en el que las encuestas le sitúan detrás del partido del "a por ellos oé".

La solución “blanca” y ciudadanista al conflicto Parlem/Hablemos –que convocó manifestaciones multitudinarias en todo el Estado el día 7 de octubre– espera acontecimientos para activarse de nuevo o romperse como un espejo más cuando empiece el tiroteo. Si es que empieza.

1 Comentario
Iñigo Arispe 18:27 16/10/2017

Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.
Me explico; "La solución "blanca" y ciudadanista al conflicto, Parlem/Hablemos,..." es aparentemente la apuesta del articulista,y me parece muy bien. Ahora, ni me parececió una solución ciudadanista, ni multitudinaria. Más bien me pareció una apuesta de laboratorio, con escasa respuesta ciudadana, y promovida por eldiario.es y otros actores temerosos de sus privilegios. No sé si el articulista se ve reflejado en este espejo tan frágil.
Lo auténticamente ciudadanista y multitudinario fueron los cientos de miles de catalanes que salieron a votar, que tomaron las calles, y que resistieron la agresión del nuestro Estado criminal el pasado 1 de octubre.
Eso sí que ha sido un ejemplo de lucha, dignidad, solidaridad y respeto por los derechos civiles.
Gracias
Por cierto, ¿a qué "encuestas" se refiere Pablo Elorduy?, ¿a la de eldiario.es?.

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