Galicia
Galicia se rearma con el ‘no a la guerra’ para hacer frente al desfile militar de las Fuerzas Armadas
La celebración del Día de las Fuerzas Armadas este sábado 30 de mayo en Vigo ha desatado, desde hace semanas, una creciente contestación política y social que cuestiona tanto el sentido del desfile militar como el modelo de ciudad y de sociedad que representa. Colectivos antimilitaristas, organizaciones juveniles, plataformas pacifistas y el propio BNG han convertido la oposición al evento en un eje de movilización pública bajo una idea compartida: rechazar la normalización de la guerra y denunciar el aumento del gasto militar en plena crisis social.
Las protestas llegan además en un contexto internacional marcado por la escalada bélica global, el rearme europeo y el aumento sostenido de los presupuestos militares. Para los colectivos convocantes, el desfile no es un acto aislado ni meramente protocolario, sino una “operación política y simbólica destinada a legitimar el militarismo en un momento de creciente tensión geopolítica”.
La campaña más amplia ha sido articulada por el colectivo Espazo Aberto Antimilitar que, bajo el lema ‘Desarma Vigo’, lleva meses haciendo pedagogía e interviniendo en espacios públicos con el ánimo de dotar a vecinos y vecinas de herramientas y recursos con los que hacer frente a este tipo de exhibiciones.
En el manifiesto, difundido durante las últimas semanas, la plataforma define el acto como “un desfile militar que toma el asalto a la ciudad precisamente en el momento oportuno”, coincidiendo —sostienen— con el regreso de “los tambores de guerra” y con un clima internacional que busca “excitar los ánimos con una banda sonora ya conocida por vieja”.
El texto plantea una crítica de fondo al actual escenario político internacional y vincula directamente el auge de la militarización con el crecimiento de la extrema derecha, el control social y el deterioro democrático. “La creciente militarización del mundo, en un contexto de auge de la derecha más extrema en todas sus formas, sirve como herramienta de control y sometimiento”, sostiene el manifiesto.
La plataforma considera, además, que el discurso de la seguridad y de la amenaza permanente funciona como mecanismo para justificar tanto el rearme como el debilitamiento de derechos sociales y democráticos. En esa línea, denuncia que “el predominio de la razón geopolítica está detrás tanto del estado de guerra permanente como del declive medioambiental”, relacionando directamente la industria militar con el colapso ecológico y el deterioro de las condiciones de vida.
Pero la crítica no se queda únicamente en el plano internacional. Espazo Aberto Antimilitar sitúa también el foco sobre la transformación económica e industrial de Vigo, alertando de lo que considera “una reconversión en toda regla hacia la industria de la guerra”. El colectivo señala tanto la tradicional actividad militar vinculada a los astilleros como la implantación de nuevos proyectos tecnológicos relacionados con la defensa.
Entre ellos, citan la llegada de Indra con una planta de fabricación de chips en Valladares, una parroquia de la ciudad, y un “centro de excelencia aeroespacial y de defensa” impulsado en colaboración con Zona Franca. También denuncian la creación de una aceleradora empresarial especializada en seguridad y defensa promovida junto a Asime, la patronal del metal. Para la plataforma, esta deriva militarista implica igualmente a la Universidade de Vigo, a la que reprochan actuar como suministradora de personal y desarrollo tecnológico para la industria armamentística: “Olvidando, parece ser, que uno de los fines de la Universidade de Vigo es el fomento de la paz”, lamenta el texto.
La campaña ha recibido el apoyo de una amplia red de colectivos sociales y políticos, entre ellos Ceivar, Verdegaia, el Sindicato de Inquilinas, la Coordinadora Antimilitarista Galega, el CS Fuscalho o el CS A Revolta.
La oposición al desfile también ha llegado al ámbito institucional. El Bloque Nacionalista Galego registró en el pleno del Concello de Vigo una moción de rechazo a la celebración del acto militar y reclamó transparencia sobre el impacto económico y urbano del operativo. En el documento, firmado por el portavoz municipal Xabier P. Igrexas, el BNG define el desfile como un acto “de marcado carácter militarista y de exaltación españolista” que resulta “ajeno a las prioridades y necesidades reales de viguesas y vigueses”.
La formación nacionalista considera especialmente grave que el evento se celebre en un contexto internacional “atravesado por la escalada bélica, el aumento del gasto militar y del creciente uso de la guerra como instrumento político al servicio del imperialismo”. Según el texto, Vigo es “una ciudad obrera, abierta y solidaria” que “no necesita convertir su espacio público en un escaparate de exhibición militar ni en un escenario de propaganda españolista”.
La moción también carga contra la presencia de la monarquía en los actos, calificando a la institución de “arcaica y anacrónica” y cuestionando su legitimidad democrática.
Uno de los aspectos más criticados por el BNG es el enorme despliegue militar previsto para el desfile. Según detalla el documento, participarán más de 3.200 efectivos del Ejército de Tierra, Aire y Armada, además de Guardia Civil y UME. El operativo incluirá más de un centenar de vehículos militares, carros de combate Leopard y Pizarro, cazas Eurofighter y F-18, helicópteros y exhibiciones navales y aéreas sobre la ría de Vigo.
El Bloque denuncia el “evidente e innecesario impacto ambiental” del operativo, así como las consecuencias prácticas que ya está teniendo sobre la vida cotidiana de la ciudad. El texto critica la ocupación de instalaciones deportivas municipales para usos logísticos militares y las restricciones de movilidad derivadas de la organización del evento.
En particular, el grupo municipal reclama compensaciones para usuarios y clubes afectados por cierres temporales de pabellones, gimnasios y pistas deportivas, denunciando que muchas personas continúan pagando cuotas pese a no poder utilizar las instalaciones con normalidad.
La formación también exige al gobierno municipal que haga públicos todos los costes directos e indirectos del desfile: dispositivos de seguridad, limpieza, horas extraordinarias, cesión de espacios o afectaciones a la movilidad. Para el BNG, destinar recursos públicos a este tipo de actos resulta “socialmente injusto” en un momento marcado por problemas como el acceso a la vivienda, el deterioro de servicios públicos o las crecientes desigualdades sociales.
La contestación social tendrá este sábado su principal expresión en una manifestación convocada por la plataforma Galiza pola Paz bajo el lema ‘Paz e soberanía. Nin guerra, nin OTAN, nin gastos militares”. La marcha partirá a las 12h desde Vía Norte hasta Porta do Sol y busca convertir el rechazo al desfile en una movilización masiva.
Durante la presentación de la convocatoria, la portavoz Marta Romero aseguró que el desfile supone “un intento de justificación” del aumento del gasto militar “en detrimento” de la calidad de vida de la ciudadanía. En términos similares se expresó el portavoz Rafa Vilar, que denunció la “maquinaria de guerra” impulsada tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea y acusó a las instituciones de priorizar el rearme frente al Estado del bienestar.
“La maquinaria militar está destrozando países y dinamitando el derecho internacional”, afirmó Vilar, que citó expresamente conflictos como las masacres del Estado de Israel en Palestina o Líbano para contextualizar la protesta.
En los días previos a la manifestación, las acciones simbólicas también se han multiplicado. La organización juvenil del BNG, Galiza Nova, desplegó una gran pancarta junto a la estación de tren de Urzaiz con el mensaje “Non á guerra imperialista. A mocidade galega pola paz e a soberanía!”, acompañada de una imagen invertida de Felipe VI.
Según explicó el colectivo, la fotografía del rey boca abajo simboliza “el rechazo total de la juventud gallega a la monarquía española como máxima autoridad de unos ejércitos sumisos a la OTAN y al imperialismo”.
La organización juvenil denuncia además el “gasto millonario” asociado al despliegue militar “en un contexto de profunda precariedad para las clases populares y la gente joven”, y llamó a participar masivamente en la movilización del sábado para expresar el rechazo a la militarización de la sociedad gallega.
A pocos días del desfile, Vigo se ha convertido así en escenario de un debate mucho más amplio que la propia celebración militar: el choque entre quienes reivindican la cultura de paz y quienes denuncian la creciente normalización del rearme, la industria militar y el gasto en defensa en un momento marcado por la incertidumbre social y económica.
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