Fronteras
‘Refugio’, un juego de mesa para empatizar con la tragedia de las migraciones forzosas hacia Europa
“Imagina cómo sería tener que dejarlo todo atrás para salvar tu vida: tu hogar, tus amigos, tu familia, tus raíces, tu historia…”. La mecánica de la mayoría de los juegos se basa en conquistar territorios, acumular riqueza o derrotar enemigos, pero el objetivo de Refugio: una huida para sobrevivir, es mucho más elemental, ya que trata de llegar vivo a un destino que no conoces a través de un viaje donde tienes muchas probabilidades de morir.
El juego, basado en una realidad que no tiene nada de divertido, empieza en África. Allí, empujadas por la guerra, la pobreza o el colapso climático, decenas de miles de personas arriesgan su vida cada año cruzando el desierto y atravesando el Mediterráneo para tratar de llegar a la frontera violenta de la promesa europea. Muchas, miles de ellas, mueren en el camino, y la mayoría de quienes consiguen pisar suelo europeo se enfrentan a un sistema xenófobo y hostil que los trata como invasores y obstaculiza su derecho a pedir asilo.
Frente a los titulares que se centran en el número de llegadas y que deshumanizan a los migrantes hablando de invasiones, asaltos masivos y crisis migratorias, Refugio propone una experiencia cooperativa construida desde la empatía y la colaboración para que “podamos experimentar lo que sienten las personas migrantes y refugiadas”, explica su creador, el trabajador social David Expósito.
Los protagonistas son personas migrantes que han aportado sus testimonios y el relato de su viaje. Uno de ellos es Lassana, tiene 21 años y llegó desde Mali a través de Mauritania
Los jugadores tienen que sobrevivir a una travesía larga y peligrosa, con naufragios y mafias de traficantes de personas. Si consiguen llegar a Europa deben completar el laberíntico proceso de solicitud de asilo antes de que se agote el tiempo. Pero lo más importante es que toda la partida depende de la cooperación entre jugadores, ya que nadie gana si otra persona se queda atrás. El diseño busca trasladar la idea de que la supervivencia durante el trayecto migratorio a menudo depende de las redes de apoyo y la solidaridad que se crea entre los propios migrantes, así como de quienes les prestan ayuda a lo largo del camino.
Uno de los retos fue no caer en el morbo ni en el sensacionalismo. Expósito insiste en que “si el juego elimina la muerte, la deportación, los traficantes de personas, el desierto, el mar o las denegaciones de asilo, deja de hablar de la realidad de las migraciones”. Por eso, explica, la clave fue integrar estos elementos con cuidado en las mecánicas, sin frivolizar: “Pretendemos que durante la partida los jugadores vean esta realidad de otra forma, cooperen, entiendan que el trayecto no es lineal y reconozcan que las personas migrantes no son ‘los otros’, sino parte de nuestra sociedad”.
Las personas migrantes son protagonistas
Otro de los aspectos llamativos del proyecto es que los personajes del juego son reales. Los protagonistas son personas migrantes que han aportado sus testimonios y el relato de su viaje. Uno de ellos es Lassana, tiene 21 años y llegó hace un año y siete meses desde Mali a través de Mauritania. Cuenta que allí era estudiante, que tiene formación en panadería y pastelería, y que tuvo que abandonar su país por la pobreza. Un tío suyo lo ayudó a pagar a los intermediarios que lo subieron a una patera rumbo a España.
“En la patera íbamos 85 personas”, cuenta Lassana. Estuvieron cuatro días en el mar antes de llegar a la costa de Almería. “De allí fuimos hasta Mérida, y después a Madrid”, donde vive actualmente. Lassana asegura que está “contento porque otras personas pueden conocer mi historia. No es fácil estar cuatro días en el mar sin comer”, añade.
Tampoco fue fácil para Modou, un gambiano que hace dos años se subió a otra patera en Senegal para venir a España. La embarcación tardó una semana en llegar a la costa: “En esos siete días había sed, había hambre y mucho miedo”, dice Modou. Ahora vive en Madrid, y cuenta con entusiasmo que está estudiando y buscándose la vida.
Además de Lassana y Modou, cada personaje incorpora un código QR que permite acceder a un vídeo donde la persona que inspira esa historia comparte parte de su experiencia en su travesía hacia Europa. Se trata de que quienes han atravesado todas esas dificultades en su búsqueda de una vida mejor lejos de sus países de origen dejen de aparecer como sujetos pasivos, víctimas o simples números para convertirse en los protagonistas de su propio relato. Así, la migración adquiere rostro y voz.
La idea ha estado 15 años madurando. Antes de llegar a la campaña de financiación, el juego pasó por decenas de sesiones de prueba en colegios, universidades, asociaciones de vecinos y ONG
Esta colaboración se ha realizado a través de la Asociación Karibú. Nicole Ndongala es su directora además de activista por los derechos humanos, y pone el acento en que “nadie elige convertirse en refugiado. La migración forzosa jamás es una elección, sino el último y más desesperado recurso para salvar la vida. Aunque la supervivencia y la dignidad no son un juego, Refugio ha nacido para enseñarnos a cooperar”.
Ndongala también se vio obligada a migrar, en 1998 llegó a España huyendo de la guerra civil que en aquel momento se libraba en la República Democrática del Congo. “Soy una persona real que tuvo que migrar forzosamente y que hoy comparte su historia para derribar prejuicios”, comenta. Su meta es que la gente comprenda que la empatía y la humanidad no son conceptos abstractos, sino decisiones que pueden salvar vidas.
En un momento en el que la xenofobia y los discursos de odio están cobrando protagonismo en boca de los representantes políticos de la extrema derecha, Nicole Ndongala asegura que “la España actual es diversa, plural y multicultural, por lo que es hora de que dejemos de vivir atrapados en la eterna percepción del ‘otro’ como un extraño”. También pide que se deje de hablar de seres humanos únicamente desde lógicas geopolíticas o de fronteras, ignorando los Derechos Humanos más fundamentales. “A quienes lanzan discursos de rechazo hacia las personas migrantes les diría que el miedo suele nacer de lo desconocido y que la distancia nos hace fríos, pero la cercanía siempre nos humaniza”, añade.
Un proyecto independiente que también busca educar
Aunque Refugio surge como una iniciativa independiente, durante su desarrollo el proyecto ha tejido una amplia red de colaboraciones con organizaciones como Open Arms o la fundación porCausa, que trabajan en distintos ámbitos relacionados con las migraciones y la defensa de los derechos humanos. Los fotógrafos de Ruido Photo han cedido imágenes tomadas sobre el terreno —principalmente en África— para ilustrar las cartas del juego y reforzar su realismo, y la editorial Sugaar ha contribuido al desarrollo editorial, la preparación de la campaña y su posterior producción.
La idea ha estado 15 años madurando. Antes de llegar a la campaña de financiación, el juego pasó por decenas de sesiones de prueba en colegios, universidades, asociaciones de vecinos y ONG. Según cuenta su creador, David Expósito, una de las preguntas que más se repetía al terminar las partidas era: “¿Pero de verdad pasa todo esto?”. Esta reacción resume buena parte del objetivo del proyecto, que intenta convertir una realidad que muchas personas conocen únicamente a través de estadísticas y números fríos en una experiencia que genere preguntas y remueva conciencias. “Es muy fácil rechazar una estadística, pero es imposible rechazar a alguien cuando te das la oportunidad de escuchar su historia real, sin filtros políticos ni mediáticos”, incide Ndongala.
Hasta hoy, el juego ha recaudado más de 10.000 euros mediante un crowdfunding en el que han participado unas 300 personas, y se ha abierto una segunda fase en la que se esperan recaudar 13.000 euros, una cantidad que permitiría desarrollar actividades educativas gratuitas en centros escolares, entidades sociales y espacios culturales, y donar ejemplares del juego a distintas ONG.
“El proyecto cobra mucho más sentido cuando llega a institutos, universidades y otros espacios culturales en los que puede generar reflexión, especialmente entre la población joven. Refugio busca activar una de las capacidades más poderosas que tenemos los seres humanos, la empatía”, comenta su creador.
Una realidad que continúa dejando miles de muertos
Las migraciones hacia Europa constituyen una de las mayores crisis humanitarias contemporáneas. Según el proyecto Missing Migrants de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Mediterráneo continúa siendo la ruta migratoria más letal del mundo. Solo en 2025, más de 3.000 personas murieron en las rutas terrestres y marítimas hacia España desde África, tal y como recoge la ONG Caminando Fronteras.
A escala mundial, la OIM habla de que el año pasado perdieron la vida o desaparecieron cerca de 8.000 personas. Detrás de cada estadística hay seres humanos que huyen de conflictos armados, persecución política, violencia, discriminación por orientación sexual, pobreza extrema o los efectos de la crisis climática.
Ceuta
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