Elecciones del 26 de mayo
Municipalismo o barbarie

Dos aclaraciones y siete tesis sobre el municipalismo en el frente institucional.

@armandocasitas0


publicado
2019-06-03 15:23

Vaya por delante una primera constatación: en todos los sitios donde se ha presentado una opción electoral municipalista —en cualquiera de sus declinaciones— los resultados han sido malos, sin paliativos. No se ha repetido —salvo las honrosas excepciones de Cádiz, Puerto Real y Barcelona— la excepcionalidad que llevó a las instituciones en 2015 a candidaturas de muy diverso pelaje, aunque todas con un cierto aroma a 15M y al Podemos impugnatorio de los primeros tiempos. Y este retroceso, también con excepciones, se ha extendido al área política que —guste o no— parece que conforman Podemos, IU, las diversas confluencias y el municipalismo “pata negra”.

Es necesario hacer dos aclaraciones iniciales:
Primera. El que escribe participó en la construcción de Municipalistas, el artista antes conocido como “Confederación Municipalista”. Una red sutil de candidaturas de perfil variopinto, pero conformadas, o bien por activistas sociales atravesados por el 15M o bien por ex militantes de Podemos o ambas cosas. Y digo sutil porque, muy en la línea del área política que representa el 15M y una cierta post-autonomía, la resistencia a cualquier tipo de organización en sentido fuerte o a la generación de una marca de ámbito estatal ha sido grande. Somos lo que somos. En concreto, somos Málaga Ahora, Ganemos Córdoba, Ganemos Jerez, Ganemos Salamanca, Imagina Burgos, Cambia Logroño, Ganemos Avilés, Santander Sí Puede, La Bancada Municipalista, Rivas Puede, Levantemos el Puerto, Alto Aragón en Común, Reinosa en Común, AIVA y Ganemos-Goazen Bilbao.

Segunda. Cuando hablamos aquí de municipalismo nos vamos a referir, de manera más amplia, a todas las candidaturas municipales que se han identificado con este nombre, más allá de su vinculación orgánica a Municipalistas, y más allá de si han estado participadas por Podemos, IU o por ambas. También nos referimos a lo que queda de las Mareas gallegas, Por Cádiz sí Se puede, Barcelona en Comú, Tarrasa en Comú y otras tantas.
¿Qué es lo que ha pasado para dejar sin representación a la casi totalidad de candidaturas municipalistas que concurrían en competencia con Podemos e IU, por un lado, y con otros partidos “del cambio” (Compromís en Valencia o EH Bildu en Pamplona, por poner dos ejemplos)?

Primera tesis: no nos leemos nuestros libros o si los leemos, no extraemos conclusiones de ellos. La apuesta municipalista (Traficantes de Sueños, mayo de 2014), un libro de cabecera para muchos en aquellos momentos inciertos de 2014, además de dotar de un sentido histórico a las centenares de candidaturas que se estaban fraguando en aquellos meses, se hablaba de “movimiento municipalista”. Esta misma idea se ha repetido a lo largo de los encuentros de Municipalismo, Autogobierno y Contrapoder (MAC1 en Málaga, MAK2 en Pamplona, MAC3 en A Coruña y MAC4 en Madrid): sin contrapoderes claros fuera de la institución es imposible hacer políticas públicas que redistribuyan renta hacia las clases populares y las clases medias en vías de precarización.

Alto y claro: sin una PAH activa en nuestra ciudad, es difícil, más allá del voluntarismo, que exista una política pública de vivienda digna de tal nombre. La calle ha estado, en la mayoría de las ciudades de tamaño mediano que analizamos, muy poco presente en los debates públicos. Sin capacidad de presionar a consistorios en teoría cercanos y sin margen de maniobra para señalar los desvaríos del gobernismo que empezaron a asomar ya en 2016. Con honrosas excepciones —la PAH en algunos lugares, el movimiento feminista en otros, los sindicatos de inquilinos en otros y colectivos muy puntuales— no ha habido contrapesos que orientaran la acción institucional, bienintencionada en muchas ocasiones.

Segunda tesis: no se ha castigado especialmente la “desunión de las izquierdas”. Es preciso atajar este meme con datos. El electorado ha castigado en general a todo el espectro de “la nueva política”, aunque es justo señalar que allí donde candidaturas municipalistas han competido, o bien con Podemos e IU por separado, o bien con coaliciones de Podemos+IU, han salido peor paradas que el resto. Desde Jerez a Málaga, pasando por Salamanca, Pamplona, Castelló, o Burgos, Podemos, IU y el municipalismo por separado y tomados en conjunto han sacado peores resultados que en 2015, sea cual sea la forma en que se han presentado. Por poner dos ejemplos llamativos: Terrasa en Comú (candidatura municipalista vinculada a BCN en Comú) saca mejores resultados que la coalición de Podem más ICV/EU con la que competía; en el otro extremo, en 2015 compitieron en Santander IU, Podemos y Ganemos Santander (ahora Santander Sí Puede) sumando en torno al 13% de los votos y obteniendo 3 concejales (dos Ganemos y uno IU), mientras que en 2019 la confluencia de estas tres fuerzas apenas llega al 6% y un concejal. Las explicaciones hay que buscarlas en otro lugar, por ejemplo en la…

Tercera tesis: se ha votado en clave estatal. Sin querer abusar de la expresión “jugada maestra” en estos tiempos de reconstitución del Régimen del 78, hay que reconocer que Sánchez ha acertado colocando las generales tan cerca de las municipales. Ha sido un movimiento arriesgado, pero que ha conseguido que la gente vote con la cabeza puesta en las pequeñas reformas del gobierno del PSOE y en su capacidad para “frenar a la ultraderecha” —si es que podemos considerar a VOX algo más que un partido de burócratas escindido del PP—. En este clima, ver a Pablo Iglesias pidiendo ministerios por los platós de televisión no ha ayudado mucho. La reflexión de muchos votantes ocasionales de Podemos puede haber sido: “Si tanto apego le tiene Pablo Iglesias ¿por qué no darle una oportunidad al socialismo rejuvenecido de Sánchez?”. El verdadero partido de estado, el PSOE, vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: representar a las clases medias con aspiración a reproducir sus condiciones de vida a través del acceso a la función pública y recuperar a una parte del electorado de rentas bajas. El resto de votantes de los barrios populares, el que hizo posible la excepcionalidad de 2015, vuelve a la abstención y los resultados de Podemos empiezan a parecerse a los de la Izquierda Unida de toda la vida: bienvenidos a 2010.

Cuarta tesis: no existía una marca común del municipalismo. Ante la ausencia de un “coyuntura de excepción electoral” como la de 2015, donde muchas candidaturas desconocidas tuvieron unos resultados espectaculares, y en un contexto marcado por las elecciones generales, la diversidad de nombres, colores y sabores del Municipalismo ha jugado en contra. El tibio intento de Municipalistas por generar un nombre y un logo reconocibles no ha sido suficiente. Ha habido una campaña común en redes pero ni siquiera candidaturas “fundadoras” como Aranzadi en Pamplona integraron el nombre “municipalistas” en su denominación o en su propaganda. Pensamos que se repetiría el fenómeno de 2015, pero lo cierto es que nos equivocamos: lo que percibimos en 2015 como una diversidad virtuosa ha demostrado ser en 2019 un factor de dispersión. La gente que ha ido a votar ha preferido hacerlo por marcas conocidas, incluyendo a IU. Salvo un par de excepciones, vinculadas a las alcaldías, ninguna marca local ha resistido en solitario. ¿Aprenderemos algo?

Quinta tesis: la radicalidad del discurso —o la falta de ella— en campaña o durante la legislatura no ha sido un factor determinante. Desde candidaturas que han dado su apoyo al PSOE, hasta otras que han investido al alcalde para pasar acto seguido a la oposición, pasando por las que han compartido gobiernos con EH Bildu o Compromís… todas han salido mal paradas en 2019. Sin duda, entrar a formar parte de gobiernos en condiciones de subordinación y con el escaso margen de maniobra institucional con la que partíamos en 2015 ha sido un error que se ha pagado quizá ligeramente más caro —Iruñea es un ejemplo de ello— pero que, en definitiva, no ha sido determinante. El municipalismo del “buen rollo” ha salido casi tan mal parado como el de los “malos chicos”. En el único contexto en el que las políticas desarrolladas o los gestos hacia la población más golpeada por la crisis han tenido alguna eficacia ha sido allí donde se había conseguido la alcaldía.

Sexta tesis: si vamos a jugar al juego institucional, hay que hacerlo duro y a la encía. Los ayuntamientos, pese a la retórica lastimera que algunos concejales del cambio han empleado para traicionar sus programas electorales, no son espacios totalmente vaciados de poder desde los que “no se puede” cambiar nada. Son lugares desde donde, a veces, se manejan cientos de millones de euros y se pueden mejorar —siempre dentro de los límites del voluntarismo institucional— algunas cosas en favor del precariado urbano al que queremos representar. Dos ejemplos de ello han sido Barcelona y Cádiz. Sin entrar a valorar lo retórico o no de los gestos, hay que reconocer que la vivienda, la confrontación con las élites empresariales y la reducción de los privilegios de la clase política han estado siempre presentes en la agenda pública, con resultados electorales moderadamente buenos —Adelante Andalucía consigue el 43% de los votos y BCN en Comú podría revalidar su alcaldía—.

Séptima tesis: ¿colega, dónde están mis votos? No nos despistemos con las alcaldías ni los gestos radicales por parte de concejales honestos. Lo que permitió la excepcionalidad de 2015 fue la desmovilización del voto a los partidos del Régimen, erosionados por el ciclo 15M, la gestión de la crisis financiera e inmobiliaria realizada por estos, la división del voto de derechas, y la extraordinaria movilización del voto abstencionista, clásicamente concentrado en los barrios populares. Cientos de miles de personas —el 34% de los asalariados gana menos de 650€— que, legítimamente, piensan que votar a uno u otro partido no va a cambiar sus condiciones de vida, que no militan en los colectivos de izquierdas —compuestos, en su mayoría, por individuos de rentas medias—, que no leen los periódicos progres y que también, muy legítimamente, han decidido que esto del municipalismo no va con ellos. Estos votantes, o bien han vuelto a la abstención o bien han confiado en el PSOE —un partido que históricamente tiene buenos resultados en los tramos de renta más bajos y más propensos a la abstención—. Ha sido la ausencia de políticas de redistribución hacia abajo la que ha dado la puntilla al municipalismo y también a Podemos y a IU, percibidos como la muleta del socialismo. Ni las magdalenas de Carmena ni el peculiar y cercano talante del alcalde abertzale de Pamplona —su “jatorrismo”— han sido suficientes para movilizar a un electorado que, por otro lado, ha actuado de manera bastante racional.

En cualquier caso —y por retomar la primera tesis— la mayoría de estas explicaciones no exceden el marco de lo que podríamos llamar la autonomía de lo político: discurso más o menos radical, políticas públicas mejor o peor orientadas, pero siempre limitadas, situación de subordinación en gobiernos moderados… Estamos hablando de factores que, bien gestionados podrían haber situado las pérdidas del municipalismo en niveles similares a los de Podemos e IU —que, por otro lado, se han llevado una buen batacazo— pero que no hubieran sido determinantes para mantener gobiernos o, lo que es más importante: para cambiar la realidad material de la existencia de las mayorías precarias. Quiero pensar que una estructura flexible, pero algo más densa de la que hemos estado dispuestos a construir en estos cuatro años, hubiera sido un factor de mayor peso que el resto a la hora de sostener nuestra posición institucional durante los próximos cuatro años.

Pese a su importancia, las respuestas no están exclusivamente en el campo institucional ni en lo que la tradición marxista llama “la construcción del partido”. El eslabón débil de la cadena municipalista ha estado —y está— en la poca densidad del tejido social organizado en nuestras ciudades. Esa ha sido la debilidad determinante, más allá de otros factores, y explica la práctica desaparición del municipalismo institucional. Sin centros sociales, no hay democracia —que nos lo digan en Iruñea, en A Coruña, o en Madrid—. Sin un movimiento de inquilinos potente, dispuesto a marcarle líneas rojas a gobiernos “amigos”, no se frena la turistificación —que nos lo digan, también, en Iruñea—. Sin cooperativas de trabajo autónomas, prensa independiente y humor desde abajo, no se sostiene un proyecto político, un proyecto que aspira a esbozar una sociedad alternativa. Sin un sindicalismo social capaz de enfrentarse a las élites locales y conectar, siquiera ligeramente, con esos sujetos que cada vez están más lejos de los itinerarios de la clase media y que, precisamente, fueron los que propiciaron, con su voto, gobiernos de cambio, no hay nada que hacer. Pongámonos a ello.

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7 Comentarios
#35602 10:04 8/6/2019

Buenos días,
Seria muy gratificante, muestra de cercanía y señal de un nueva política de verdad que los escritores de los artículos se dignaran a contestar a los comentarios. Por lo menos a los escritos desde el respeto.
Esto parece una rueda de prensa sin preguntas y respuestas.

Un saludo

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Anónimo 12:12 7/6/2019

El hecho de que los comentarios críticos con Aranzadi reciban aquí tantos puntos negativos, puede obedecer a muchas razones. Creo que una de ellas es el desconocimiento de cómo ha sido la acción de Aranzadi en estos cuatro años. Personas que impulsaron y formaron, no solo parte del grupo, sino también incluso del equipo de gobierno, y nada sospechosas de ser de EH Bildu, han escrito un artículo que, desde luego, ofrece una lectura bastante diferente del fracaso electoral de Aranzadi.

https://www.eldiario.es/norte/navarra/contrapunto/Aranzadi-Pamplona-Ayuntamiento-candidatura_municipal_6_906819325.html

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#35585 15:16 7/6/2019

Lo curioso es que se ponen puntos negativos pero sin añadir ninguna respuesta al comentario que aclare por qué esa opinión negativa. ¿Falta de argumentos?

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La navaja de Ockham 10:10 7/6/2019

De verdad que no entiendo este popurri que planteas. Demasiada teoría, palabras gordas y balones fuera. No voy a entrar a debatir tus “tesis” porque creo que a rasgos generales no das una y partes de supuestos erróneos o poco fieles a la realidad.

En mi humilde opinión muy resumido la galleta ha sido por:
1. La mayoría de voto que aglutino Podemos, confluencias, municipalismos es gente en su gran mayoría desinteresada por la política y activistas de sofá. Gente que tenia de referente al en su momento encumbrado por la televisión Pablo Iglesias y a vosotros en general nos os conocen, ni os han conocido.


2. Se monto un movimiento/partidos a nivel nacional sin precedentes a una velocidad poco recomendable. Lo cual a generado luchas de poder y cambios de rumbo sobre la marcha. Espectáculos bochornos desde lo más alto a lo más bajo. Blanco fácil para el mass media.

3. En concreto en Navarra olvidándome del tema Pablo Iglesias, Colau, Anticapis,... La gente ha entendido (tanto de izquierdas como de derechas) que habéis sido un grano en el culo del cambio. Tanto por vuestras luchas internas como por vuestra patente falta de experiencia en negociaciones cruzadas. Tener paciencia y saber lavar los trapos en casa es un virtud en los tiempos que corren.

Bonus track: Para la política hay que tener cierto carisma. Me sabe malo porque no quiero personificar. Pero tu has sido de las pocas personas en la cuenca de Pamplona que ha puesto cara al municipalismo y has hecho más bien pocos amigos. No se puede valer para todo, es lo que hay.

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Ezkertiarra 10:49 6/6/2019

Me parece un error considerar la experiencia de Aranzadi en Iruñea un ejemplo de que se ha pagado algo más entrar a formar parte de gobiernos municipales, porque eso puede valer para la primera parte de la legislatura, pero no para la segunda cuando quedaron fuera del gobierno, seguramente más decisiva en términos electorales.
Aunque es cierto que el contexto estatal ha debido influir mucho, yo creo que también ha pesado mucho cómo se ha actuado en la gestión local. Y en el caso de Iruñea creo que el problema no fue entra al gobierno, sino no saber estar en el gobierno, actuando muchas veces como si se estuviera en la oposición. Por no hablar de cómo se actuó después fuera del gobierno con decisiones tan cuestionables como la de tumbar los presupuestos.
Y posiblemente la gestión interna de la agrupación también ha debido de desencantar a mucha gente que participó inicialmente, a juzgar por este otro artículo: https://www.eldiario.es/norte/navarra/contrapunto/Aranzadi-Pamplona-Ayuntamiento-candidatura_municipal_6_906819325.html

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Txokarrao 18:45 5/6/2019

Te has quedado calvo con esa txapa inmunda, en fin que no tenéis solución ni tú ni tu sombra Aitor Balvas.

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Ciclistas en acción 11:36 5/6/2019

Eres de lo peorcito que le ha pasado a Iruñea.

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