¿Por qué cobra más un arquitecto que un albañil?

La prioridad ontológica de lo racional sobre lo material propia del pensamiento griego clásico se ha filtrado a multitud de ámbitos de nuestra sociedad. Uno de ellos es el de las relaciones laborales y las lógicas de dominación que hay detrás de ellas.

Profesor de Filosofía

publicado
2018-02-06 09:30:00

En nuestra sociedad se ha normalizado el hecho de que los trabajos de carácter intelectual a los que se accede a través de una larga formación teórica estén mejor pagados y mejor valorados socialmente que los que son de carácter práctico y basados en una preparación esencialmente de esa naturaleza. Así, si se pregunta, por ejemplo, por qué cobra más un arquitecto o una arquitecta que un o una albañil, la respuesta suele ser unánime: el primer caso implica un largo y duro periplo académico, el segundo no. No se tiene en cuenta, a la hora de dar tal respuesta, que en el segundo caso, el o la albañil se puede haber pasado esos mismos años trabajando de sol a sol poniendo en riesgo incluso su integridad física. La respuesta a nuestra pregunta no reside, por tanto, en la necesidad de recompensar el esfuerzo del trabajador o trabajadora en su preparación para el trabajo en cuestión, sino en el tipo de esfuerzo que se ha tenido que desarrollar para acceder al mismo y en la propia naturaleza de ese trabajo: uno de carácter teórico y el otro de carácter práctico.

PLATÓN Y EL DESPRESTIGIO DE LA MATERIA

La prioridad ontológica de lo teórico sobre lo práctico -característica fundamental de la mayor parte de la filosofía occidental, al menos hasta el s. XIX- comienza, como no podría ser de otra manera, con el pensamiento griego clásico. Así, tanto para Platón como para Aristóteles, el ámbito racional y especulativo es más real que el de la materia y la praxis, dado que es en el primero en donde encontramos la esencia de lo real, su ser.

Quienes habitan e interaccionan con el mundo de la materia serán, igualmente, esencialmente inferiores a quienes dedican sus esfuerzos a comprender el orden racional del mundo
En el caso de Platón, por ejemplo, las ideas -entidades objetivas que habitan el mundo inteligible- representan la esencia de toda realidad sensible. El conocimiento de las mismas únicamente es posible a través de la razón, de espaldas a todo lo que tenga que ver con lo corporal-sensible. El mundo empírico, accesible a través de los sentidos y objeto de nuestra interacción física, solo es una mala copia de lo inteligible. Aquel, representado por el interior de la caverna en su famosa alegoría, es el mundo de las sombras del que quien busque la Verdad debe huir en su camino hacia el exterior, el mundo de las ideas. Lo empírico -incluido nuestro cuerpo- es, por tanto, sólo un obstáculo hacia esa Verdad.

LA INFERIORIDAD ANTROPOLÓGICA, SOCIAL Y MORAL DEL TRABAJADOR

El dualismo ontológico plasmado en la “Alegoría de la Caverna” y la jerarquización de lo real que va asociada a él supone, asimismo, una jerarquización antropológica y social que, actualmente, afecta directamente al mundo laboral. Así, quienes habitan e interaccionan con el mundo de la materia serán, igualmente, esencialmente inferiores a quienes dedican sus esfuerzos a comprender el orden racional del mundo. El lugar de cada individuo en la sociedad -la clase social a la pertenece: rey-filósofo, guardián o productor/trabajador- se verá determinado por su cercanía o lejanía a lo racional, al mundo de las ideas. Aristóteles llega a la misma conclusión: “El que es capaz de previsión con su inteligencia es un gobernante por naturaleza y un jefe natural. En cambio, el que es capaz de realizar las cosas con su cuerpo es súbdito y esclavo, también por naturaleza” (Política).

Paralelamente, esta doble jerarquización antropológica y social del ser humano tendrá su reflejo en una jerarquización moral. Sólo la actividad racional –que es la que define al ser humano– permite tener el conocimiento necesario para la acción moral correcta, aquella que permite al individuo alcanzar tanto la virtud como la felicidad. Por el contrario, la relación con lo material aleja al ser humano del conocimiento que permite la vida contemplativa y, por tanto, de la moralidad. La persona vinculada a lo material resulta, pues, no solo moralmente inferior sino también incapaz de alcanzar la verdadera felicidad.

LA PRIORIDAD ONTOLÓGICA DE LO TEÓRICO COMO FORMA DE DOMINACIÓN

Tradicionalmente, la alegoría de la caverna ha sido interpretada como un canto a la libertad, a la lucha por deshacernos de los grilletes que nos imponen quienes nos tienen sometidos a las sombras y a la esclavitud.

Más que como un canto a la libertad, la Alegoría de la caverna puede interpretarse como una metáfora de la dominación que ejerce el poder desde su control de lo que se considera Verdad
Son sin embargo minoritarias las interpretaciones del famoso pasaje platónico que lo ven como una metáfora de la dominación que ejerce el poder desde su control de lo que se considera Verdad. Y es que ese mundo de sombras chinescas del interior de la caverna representa para Platón el mundo de la materia, de la carne, del que solo se puede salir a través de un proceso violento capitaneado por quienes, huyendo de la materia, han centrado sus esfuerzos únicamente en el ámbito de lo teórico. Una labor que ha dotado a los Reyes-filósofos de un conocimiento absoluto que les otorga no solo el derecho sino también la obligación de mantener el orden social a través del uso de la violencia, ejercida por los guardianes. Y es que la justicia solo es posible cuando se “contiene a cada uno en los límites de su propia tarea” dado que “la confusión y la mezcla de [clases sociales] es el acontecimiento más funesto que puede tener lugar en un Estado” (República).

LA RUPTURA DE MARX

No es casualidad que la ruptura con el orden ontológico clásico entre lo teórico y lo práctico lo realice un filósofo revolucionario desde un punto de vista político y social. La inversión de ambos ámbitos en el pensamiento de Marx implica el fin de la creencia en un orden social fundamentado en el conocimiento alcanzado por una élite, aquella que “sabe cómo son las cosas”, que “ha estudiado” y viene, supuestamente, a liberarnos de nuestras cadenas.

Tal inversión, el llamado “giro práxico de la filosofía”, se fundamenta para el autor de El Capital en una nueva concepción de la verdad: “el problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico” (Tesis sobre Feuerbach, II). O dicho de una manera más poética: “En contraste directo con la filosofía alemana –en referencia a Hegel–, que desciende del cielo a la tierra, ascendemos aquí de la tierra al cielo” (La ideología alemana).

La inversión de los ámbitos teórico y práctico en Marx implica el fin de la creencia en un orden social fundamentado en el conocimiento alcanzado por una élite
El orden ontológico clásico y consecuentemente la jerarquización social y moral que, como hemos visto, va asociada a él, invierten sus roles. La verdad no viene dada por quienes se dedican a la labor de comprender lo real, sino que se construye desde la praxis por quienes interactúan laboralmente con el medio físico. La existencia de una élite social y moral deja de tener su fundamento en el ámbito del conocimiento teórico, dado que el mundo y la historia son algo por hacer y no algo acabado que comprender y conservar. Y, por supuesto, la filosofía debe acompañar en la labor de liberarnos de la esclavitud de la Verdad sobrevenida: “Hasta ahora la filosofía se ha dedicado a comprender el mundo. Es hora de que se dedique a cambiarlo” (Tesis sobre Feuerbach, XI).

Sin duda, resulta necesaria la construcción de una visión del mundo que pueda hacer frente a la presencia constante de la ideología dominante, por decirlo con las palabras de Marx, en cada uno de los rincones de nuestra percepción y comprensión del mundo. Sin embargo, esa propia construcción teórica debe realizarse desde la renuncia a lo teórico como algo que, desde su trascendencia, resulta ser expresión de lo real. Una necesidad que no encontramos únicamente en Marx, sino también –aunque en un sentido muy diferente– en Nietzsche, abriendo, como en el caso del filósofo de Tréveris, una nueva perspectiva en la filosofía y en el uso que el propio Deleuze establece para la misma: “denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas”.

Sobre este blog
La filosofía se sitúa en un contexto en el que el poder ha buscado imponerse incluso en los elementos más básicos de nuestro pensamiento, de nuestras subjetividades, expulsando así de nuestro campo de visión propuestas teóricas y prácticas diversas que no son peores ni menos interesantes sino ajenas o directamente contrarias a los intereses del sistema dominante.

En este blog trataremos de entender los acontecimientos del presente surcando –en ocasiones a contracorriente– la historia de la filosofía, con el objetivo de poner al descubierto los mecanismos que utiliza el poder para evitar cualquier tipo de cambio o de alternativa en la sociedad. Pero también de producir lo que Deleuze llamó líneas de fuga, movimientos concretos tanto del presente como del pasado que, escapando del espacio de influencia del poder, trazan caminos hacia otros mundos posibles.
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22 Comentarios
ewokcillo 9:19 13/2/2018
Desde un punto social tiene todo el sentido del mundo que cobren lo mismo, la cuestión es que la importancia de un arquitecto respecto a un obrero es su importancia a nivel de especie, me refiero a que un arquitecto nos permite avanzar mas como especie que un obrero, un arquitecto permite pasar de lo abstracto a lo físico, sin esto seria imposible construir.
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Anónima 13:44 14/4/2018
Y un obrero o albañil permite la ejecución de lo físico. Sin uno no hay otro. Es como en el propio cuerpo humano. Sin cerebro, sin mente, cómo te mueves? Sin cuerpo, cómo sientes? Son dos caras de la misma moneda, igual de importantes, cada una fungiendo una especialización. Pensar que una es mejor que otra, es lo que nos tiene hundidos en este mundo que hemos creado, lleno de desigualdad e injusticia, sufrimiento y absurdos. El camino al bien común es trabajo en equipo. Se puede ver en la naturaleza. Las células forman tejidos, los tejidos forman órganos, etc. Ese que describes es totalmente retrógrada, en.mi opinión.
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Anónima 2:42 8/2/2018
Pues mira el Arquitecto cobra más por varios motivos: 1. Efectivamente ha estudiado para conseguir su formación y gracias a su formación un edificio no se cae hecho pedazos en la cabeza de todas las personas que lo habitan. 2. Tiene mucha más responsabilidad judicial en la Construcción. Al fin y al cabo los planos llevan su firma y si algo pasa es culpa suya. 3. Sabe lo que está haciendo. No solo hace lo que le dice que hagan. Y sabe por qué un pilar va aquí y tiene x armadura. Cosa que un albañil por muchos años que trabaje no tiene por qué saber. 4. Se supone que parte de su trabajo es precisamente garantizar que el obrero no ponga su vida en riesgo. Y cuidao que la ponga y pase algo. 5. Porque al fin y al cabo ha perdido tiempo y dinero y esfuerzo en adquirir sus estudios. Y no menosprecio el aprendizaje de un obrero, el cual puede ser brutal. Pero si te metes a obrero porque no te da la realisima gana de estudiar pues encima quieres un premio...
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Rafa Poverello 8:03 14/4/2018
Hay mogollón de arquitectos que no saben hacer una mezcla. Si no hubiera obreros u obreras ese magnífico trabajo intelectual del arquitecto sería mera entelequia. Aspecto, desde luego, muy halagado en los tiempos que corren, donde toda la peña parece necesitada de haber hecho un máster para que su opinión sea tenida en cuenta, aunque luego lo mismo no sepa ni cuanto cuesta un café en el bar de Pedro. De eso es de lo que habla el artículo, del valor que le damos a los estudios en vez de a la persona. Una duda, ¿cuántos arquitectos han muerto en su puesto de trabajo? Ahora es que no caigo.
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samuel. 15:02 13/2/2018
Muy pretencioso, tendrías que tener praxis como obrero para poder hablar y descalificarlos de esa manera. Es mejor pensar que son un conjunto que no funciona el uno sin el otro, y como un todo debe existir en igualdad.
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Anónima 0:07 10/2/2018
Las desigualdades económicas y sus consecuencias desaparecerán el día que trascendamos el dinero. Hoy todo el mundo quiere ser rico. Yo imagino un futuro en el que por trabajar jornadas ridículas habrá acceso gratuito a cualquier necesidad o servicio. Las máquinas nos desplazarán en el mercado laboral. Producen incansablemente, no les molesta nada ni necesitan la riqueza que ellas mismas generan para mantener un hogar o hacer viajes exóticos.
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Economista 21:02 9/2/2018
Es el mercado amigos. Es una cuestión de cuanta gente tiene las capacidades de ser arquitecto y cuantos de ser albañil. Hay más gentes capaces de ir poniendo ladrillos aguantando el frío que gente capaces de resolver integrales dobles. La "oferta" de arquitectos es muuucho inferior a la "oferta" de albañiles y por eso (pese a que la demanda es menor) valen más. También se tiene en cuenta las opciones de salida... si a un arquitecto no le pagas mucho, igual encuentra algo de otra cosa bien pagado tb. Un albañil si no le pagas x no va a tener muchas más alternativas laborales. La teoría marxista del tiempo necesario para preparar a un arquitecto es mayor que el de un obrero y que por eso debería cobrar más. No se sostiene, ya que la vida laboral de un arquitecto empieza más tarde pero también termina más tarde. Y si durase un 10% menos... como mucho podría ganar ese arquitecto un 10% más... que como bien sabemos no es el caso. Besetes
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Anónima 18:21 8/2/2018
Seguís demostrando que la vida de los esclavos, (obreros) os la suda. Por mucha preparación que lleve un arquitecto, el que se juega la vida es el obrero,no el arquitecto. El sueldo del obrero debería ser más alto solo por eso, y por el esfuerzo físico continuo que ello implica, y el que va a llegar con los riñones reventados a la jubilación, si es que llega y no pierde la vida en un accidente laboral, es el obrero. Pero como no sois obreros no tenéis ni puta idea del sacrificio que es ser obrero. Y os parezca que el simple hecho de esforzarse para sacar una carrera ese arquitecto le da derecho a cobrar más del doble que un albañil. Lo que debería primar a la hora de cobrar es el esfuerzo que supone realizar dicho trabajo y el riesgo que implica, no que sea determinado por el esfuerzo que te haya llevado prepararte. Creo que es bastante obvio. El arquitecto incluso debería tener un sueldo inferior, porque una vez realizados planos, puede dedicarse a otros proyectos, y recibir otro salario, el obrero tiene todo su tiempo ocupado hasta el final de la construcción de la obra y supone mucho más esfuerzo. Lo que quiero decir es que mientras el obrero solo puede aspirar a cobrar un sueldo, el arquitecto puede llevar varios proyectos al mismo tiempo y cobrar por cada uno, porque hasta donde se, un arquitecto no cobra un jornal. Y por cierto el arquitecto no es el único responsable si un edificio se cae, y no todos los obreros de la construcción son albañiles, en la construcción hay obreros, que no son albañiles y tienen bastante responsabilidad en las estructuras de un edificio y también pueden ir a la cárcel. En definitiva que el esfuerzo que te ha supuesto formarte no debería primar a la hora de recibir un sueldo, porque luego hay arquitectos que no dan palo al agua, más allá de desarrollar unos planos y firmar. El esfuerzo real lo hizo al prepararse, no en el día a día, que quien lleva un esfuerzo descomunal es el obrero. Por no hablar del trato que recibe uno al que recibe otro. Muchos os pensáis que en la construcción solo hay albañiles, no hay más obreros, y que se dedican a poner ladrillo y 4 cosas más, cuando es bastante más complejo y tienes que saber muchas otras cosas, que nadie te ha enseñado. Que infravalorados están algunos trabajos, y que poquito respeto hacia la vida, se valora más al que menos esfuerzo hace y menos peligro corre solo, porque tiene estudios. Un aplauso para todos los creídos con estudios que con un poco de suerte tendrán un trabajo mejor remunerado que los analfabetos y gracias a ello nos podrán mirar por encima del hombro y no seran unos esclavos cochambrosos como nosotros que no merecemos ni el sueldo de miseria que recibimos por nuestra explotación por ser unos desgraciados sin estudios, eso si, siempre por decisión propia, porque preferíamos ganar 3000€ al mes durante la burbuja, y yo no fui ni siquiera de esos. Que asco dais algunos con vuestros comentarios.
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Arquitecto 20:36 8/2/2018
Demuestras que has aprendido poco de los arquitectos en obra, o que sólo has coincidido con arquitectos malos. Hacer los planos y dedicarse a otra cosa? OJALÁ! Eso es un delineante, amigo. Y sinceramente, te compadezco si los arquitectos con los que tratas te miran por encima del hombro. Eso tampoco es un arquitecto, es un gilipollas y los habrá en todos los gremios.
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Arquitecto 20:30 8/2/2018
Dejando de lado las teorías filosóficas, en gran parte la diferencia de sueldo se corresponde con la responsabilidad legal que acarrea el puesto de arquitecto en una obra. Si un albañil cae de un andamio, él se rompe la crisma, pero el arquitecto puede ir preso. Por otro lado, sin llegar a la muerte o lesión de un albañil, miles de circunstancias pueden acabar llevando un arquitecto a juicio, plato de buen gusto para nadie dejando de lado las costas judiciales. Por otro lado, cierto es que un albañil experto se ha pegado años partiéndose el lomo mientras el arquitecto se los ha pasado estudiando una carrera. En este caso, para mi la diferencia sustancial que puede hacer que un arquitecto cobre más es que, mientras el albañil trabajaba, obviamente cobraba. El arquitecto en esos años lo que ha hecho es pagar una carrera durante, como poco, 4 años (5 anteriormente) y actualmente a precio de oro aunque sea universidad pública. Todo esto no quita que hay albañiles que son auténticos artistas y que deberían cobrar el triple, como arquitectos inútiles que deberían estar en el paro. Como en todos los gremios.
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Anónima 22:10 7/2/2018
Un cirujano cobra más que un contable y su trabajo es más práctico mientras que el del contable es más teórico (hay infinidad de ejemplos parecidos), ¿como encaja eso en tu teoría?
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STIGMA 0:36 8/2/2018
Justamente del mismo modo. Ya que el trabajo manual no es "digno" de una clase estudiosa, el tener que realizarlo por cuenta propia debe ser recompensado "excesivamente" para que esto marque la diferencia con el obrero. No extraña pues que a estas personas se les de casi el rol de "artistas" , figura que implica una cualidad aurática en un quehacer material.
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L 4:05 8/2/2018
Detrás de la practica siempre hay una teoría, pienso que la diferencia radica en la complejidad de la teoría que aplican los profesionales, por eso un administrador (por ejemplo de Google) gana más que un administrador de una empresa a la vuelta del vecindario. La especializaciones de una profesión también marcan diferencia... Pero como el sistema económico de libre mercado impera en nuestros días, las cosas lo dejamos a la oferta y la demanda. Si hay gente que pude pagarte lo que pides entonces nada importa lo complejo de la teoría que apliques, saludos.
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Anónima 16:28 8/2/2018
Oiga su artículo es de un absurdo y un anacronismo total, se quedo en la lucha de clases del siglo XIX, ya varios de los comentarios le han explicado por qué estudiar implicar valorar un trabajo profesional. Pero lo que no pensó es que desde el último cuarto del siglo XX por lo menos en México la mayoría de los egresados de las carreras profesionales son la primera generación de su familia en estudiar la universidad. Lo que en parte quiere decir que las clases trabajadoras no son fijas, y que sus aspiraciones sociales no son estáticas. podría decirse que no tiene sentido enfrentar a padres e hijos. Es necesario que tome en cuenta que la brecha de la desigualdad no radica en la relación entre profesionistas y trabajadores, la mayoría de los sueldos de los profesionistas-académicos son similares a la de los obreros, y en los casos de obreros calificados como los de un maestro de obras sus ingresos son superiores a los de un egresado de filosofía o un becario de posgrado. Los ingresos de un carpintero de igual manera pueden ser superiores a los de otras profesiones. Es ofensivo que quiera solo replicar los discursos del resentimiento sin pensar en las verdaderas estrategias de acumulación de capital y fomento de la desigualdad. Hoy día las empresas tienen un margen de ganancia mucho mayor y explotan a los profesionistas y a los trabajadores.
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Johan Hartmann 14:16 8/2/2018
Por la misma razón que el autor de este artículo si es titulo superior puede impartir clases en una facultad de arquitectura y un albañil de gran pericia, estoy pensando en el que colocó los ladrillos del muro oeste de la ampliación del Prado ni puede ni dar un seminario.
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Anónima 6:15 8/2/2018
La responsabilidad tambien se paga, porque hay que pagar los seguros. Si al edifico le salen grietas las paga el arquitecto (su seguro), no el obrero. Si el edificio se cae se le cae el pelo al arquitecto, no al obrero. Si el obrero tiene un accidente tambien se le cae el pelo al arquitecto (o al tipo con estudios superiores que se haya encargado de la seguridad y salud) no al obrero, que bastante tendra con curarse de su accidente. No es solo por tener estudios, es todo lo que eso conlleva despues.
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segovro 3:45 8/2/2018
Leerse a Marx, se lo ha leido.
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Segovro 21:35 7/2/2018
Para ejemplo la constru en el boom inmobiliario. Decenas de miles de jovenes preferian 3.000 euros al mes en la constru, que 0 en la uni. No son comparables los años de trabajo, unos se cobran otros no.
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atilagp
atilagp 18:45 7/2/2018
Sin salirnos de Marx ni de la teoría del valor/trabajo , un arquitecto cobra más que un obrero porque el coste de la reproducción de la mercancía « fuerza de trabajo » es mayor. El valor de una mercancía está determinado por el tiempo socialmente necesario a su producción (o a su reproducción), y eso también se aplica a la mercancía “fuerza de trabajo”. En nuestra sociedad, formar un arquitecto necesita más tiempo y energía que formar un obrero. Por ese motivo, yo creo que la respuesta a la pregunta debería ser más económica que filosófica
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Anónima 23:21 7/2/2018
¿No crees sería más conveniente relacionar el pago con la calidad del trabajo realizado?
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Anónima 7:56 8/2/2018
¿Y cómo determinas la calidad y fijas un precio según que calidad? Puedes llegar a la conclusión que algo es de más calidad y por lo tanto, más caro. Pero que fija el precio? Y necesariamente hay que disponer más tiempo para que tenga más calidad?
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L 3:50 8/2/2018
El trabajo del arquitecto y el albañil son diferentes (ambos profesionales), por tanto no pueden compararse. El arquitecto contrata al albañil para que construya sus ideas (el proyecto). El tema en cuestión es, ¿porqué gana más un arquitecto, digamos en un mes que un albañil?, en tanto comparto la idea de Atilagp, los arquitectos emplean mucho conocimiento e investigación para elaborar un proyecto (muy complejo); por el contrario el oficio del albañil es mas práctico y repetitivo (sencillo-fácil de aprender).
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En este blog trataremos de entender los acontecimientos del presente surcando –en ocasiones a contracorriente– la historia de la filosofía, con el objetivo de poner al descubierto los mecanismos que utiliza el poder para evitar cualquier tipo de cambio o de alternativa en la sociedad. Pero también de producir lo que Deleuze llamó líneas de fuga, movimientos concretos tanto del presente como del pasado que, escapando del espacio de influencia del poder, trazan caminos hacia otros mundos posibles.
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