Okupación
CSOs: las heterotopías populares

El término foulcaultiano de heterotopía, significando un lugar-otro, se ha visto retratado en manicomios o prisiones. Sin embargo, quizá sea el momento de abordar espacios así sin que represente per se unas relaciones opresoras.
Pintada ocupacion en Tetuan
Pintada en una valla publicitaria en Tetuán, Madrid. David F. Sabadell
Graduada en Filosofía y Periodismo
24 ene 2023 08:00

El concepto de heterotopía ha sido un término empleado originariamente en el ámbito de la medicina. Concretamente pertenece a la biología evolutiva del desarrollo y se usaba para describir los cambios espaciales y/o temporales que se producían en el periodo embrionario. No obstante, Michel Foucault lo dotó de otro significado. La definición del filósofo francés referenciaba a los espacios alternativos, marginales, diferentes; un espacio que contrasta con el lugar en el que está inserto y que no cumple las normas que se aceptan en su alrededor. En muchos casos se relaciona con la utopía, entendiendo que es un no-lugar, pero que a la vez tiene existencia. Foucault ejemplifica la relación con un espejo: el reflejo sería la utopía, dado que no es, mientras que el espejo en sí, sí tiene existencia material.

Las heterotopías que incumben a este trabajo son, por tanto, una especie de mundo dentro de otro mundo, unos lugares que, a pesar de estar insertos en un contexto tanto material, temporal, espacial como social concreto, no terminan de encajar. Pueden ser descritos como una especie de guetto, un espacio que funciona mediante una organización y establece unas relaciones distintas. Lo que define en gran medida esta resignificación es la otredad que implica.

De aquí que, a pesar de la obvia conexión que tiene este tema con el urbanismo o la arquitectura, su interés sea también político y social. La manera en la que se distribuye el espacio en una comunidad, las funciones que se dan para las diferentes zonas y las barreras o fronteras que se construyen tanto físicas como mentales no dejan de representar un sistema de ideas que interesa a la filosofía en la medida en que traen consigo un planteamiento teórico-práctico. Este proyecto entraña hasta cierto punto incluso una concepción concreta del ser humano, de su antropología, de su moral, de su libertad y de la limitación de esta.

Para poder ejemplificar el concepto foulcaultiano ya introducido se utilizarán los que se autodenominan Centros Sociales Ocupados (CSOs) con el fin de poder prestar atención a la realidad más inmediata de las personas, en vez de abordar únicamente un debate abstracto.

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La categorización de los CSOs como heterotopías, con su debida definición, sin centrarse en la valoración cuasi moral de la okupación, es incuestionable. Entendido así, no se puede hablar propiamente de un debate sobre el asunto de las heterotopías como se daría sobre otros temas más teóricos, sino dicho debate que trataría de la clasificación de estas y la importancia o influencia que tienen en el resto de la vida social urbana. La repercusión de estos espacios varía dependiendo del funcionamiento de cada uno, pero lo que sí que permanece es una demostración de alteridad, en mayor o menor medida. La exhibición de otra manera de organizarse, convivir o meramente existir, puede ya de por sí suponer un pulso a lo ya establecido, actuando como una evidencia de la posibilidad de cambio y como panfleto propagandístico de la raíz que posibilita su aparición. Es decir, se emplea el argumento ejemplificador como prueba de razón lógica.

La actualidad de este asunto es cada vez mayor. Desde hace años se vive un auge en la especulación económica sobre las viviendas y el espacio público debido a diversos factores como la proliferación de los fondos buitre y la gentrificación, todo en búsqueda de un mayor beneficio monetario. Dicha situación desemboca en una oleada de desahucios por la subida de precios tanto en alquileres como en hipotecas; los jóvenes tienen muchos más problemas para independizarse y comienza una romantización de prácticas precarias como el co-living o nesting, anglicismos que pretenden sofisticar la inseguridad financiera actual en unos medios de comunicación que pecan de ser un entramado al servicio de grandes empresas. Esta problemática da de lleno en el punto elemental de la existencia del ser humano y es que, se es, pero también se es “en”, como adverbio de lugar.

La manera en la que se distribuye el espacio en una comunidad [...] no deja de representar un sistema de ideas que interesa a la filosofía en la medida en que traen consigo un planteamiento teórico-práctico.

Frente a esta coyuntura, los CSOs también pueden considerarse como una reformulación del espacio público, buscando una reapropiación de un espacio donde “ser” de la manera menos condicionada posible, convirtiéndose en grandes herramientas político-culturales, o mantenerse en la función de un microtopos centrado solo en los individuos que experimentan directamente esa realidad por estar dentro.

Los Centros Sociales Okupados

Los CSOs, como ya describe su nombre, son espacios okupados a los que se le ha dado primordialmente una función social. Suelen tener un gran arraigo en los barrios en los que están situados, dado que son utilizados por muchos colectivos locales tanto como lugar de reunión como de realización de actividades lúdicas. En sus propios principios está el servir como un centro que ofrece las condiciones materiales para llevar a cabo las propuestas que ven necesarias para una mayor armonía en la comunidad, como talleres, charlas, banco de alimentos, deportes o proyecciones de cine. La principal diferencia entre estos espacios y aquellos que pueden ser organizados o propulsados por los ayuntamientos es la libertad en la gestión. Por esto muchas veces vemos las siglas CSO acompañadas de la A de Autogestionado.

A pesar de que la inmensa mayoría de CSOs o CSOAs no pueden ser autogestionados al cien por cien ya que están inmersos en un sistema capitalista, no se han de pasar por alto las diferencias que tienen en este ámbito con respecto otros espacios tutelados por el Gobierno. Algunas dinámicas capitalistas tienen que permanecer, aunque estos centros pretendan ser su contraposición. Esto es así porque es muy complicado crear alternativas a los cimientos en una heterotopía tan pequeña como puede ser un CSO. Un no-lugar, un lugar dentro de otro, como se ha mencionado antes, se define por contraste con sus alrededores. No obstante, un centro social suele ser de un tamaño limitado a un edificio, por lo que suele depender del sistema más amplio para poder subsistir en términos materiales sin recurrir al exterior en absoluto. A pesar de esto último, sí suelen hacerse “desvíos” procurando participar lo menos posible en las dinámicas capitalistas: pinchar la luz y el agua de servicios públicos, recoger la comida que los establecimientos vayan a tirar y reciclar mediante redes vecinales todo aquello que pueda ser reutilizado en el espacio. Para que esto sea viable el CSO debe haberse hecho útil a la comunidad.

Ese debe ser uno de los objetivos principales del CSO: vínculos con la comunidad. Su existencia pretende suplir muchas carencias que puedan darse, en muchos casos por la negligencia o el abandono por parte de las autoridades estatales o locales. La perspectiva vecinal o de la comunidad respecto del CSO resulta vital para que cumpla su función y pueda desarrollarse en todas sus capacidades.

Sin embargo, la percepción de heterotopía de los CSOs por parte de aquellos afines a los mismos está influida por una consideración utópica de los mismos: se elaboran los discursos alrededor de los Centros Sociales Okupados como si éstos fuesen una especie de Edén o buscasen llegar a serlo. La idealización de estos proyectos, mientras que obviamente puede suponer una dificultad a la autocrítica de su funcionamiento, también tiene su contrapartida implícita:

Casi cualquier utopía supone una crítica implícita a la civilización que le sirve como trasfondo; y de igual modo, constituye un intento de descubrir las potencialidades que las instituciones existentes o bien ignoran o bien sepultan bajo una vieja corteza de costumbres y hábitos [Mumford, Lewis (2013). Historia de las utopías].

Además, con las utopías, ya sea en forma de idea abstracta o con acercamientos prácticos, se hace también una propuesta. No solo una proyección de cómo se cree o desearía que fuesen las cosas, sino que se presenta una alternativa, con la exposición de cuáles son las causas de malestar o del señalamiento de estas por su ausencia en el modelo.

Por ejemplo, la organización del CSO suele estar divida en comisiones o grupos de trabajo para los diferentes ámbitos de funcionamiento del centro, estos pueden ser desde la comunicación y las redes sociales, la economía o la limpieza hasta los diferentes proyectos que se llevan dentro del espacio como talleres, cine o gimnasio. Por otro lado, hay una asamblea general donde se toman las decisiones que afectan al centro social en su conjunto: horizontal, sin jerarquías y donde prima el consenso. Otra faceta que les caracteriza es su accesibilidad, es decir, su asamblea suele estar abierta a todo aquel que quiera participar, ya sea en forma de colectivo o como persona individual.

El espacio público

Se ha hablado en todo momento de espacios, de lugares, de territorios, ¿qué le añade el adjetivo “público”? En teoría significa común, un espacio para el uso de todos; en la práctica tiene el matiz de que la gestión de dicho espacio se da por parte de las administraciones, también, en teoría, públicas. Estos lugares incluyen tanto parques, calles y plazas como bibliotecas que se supone que han estado situadas premeditadamente en la ciudad siguiendo planes urbanísticos. Una ciudad intenta mediante su organización espacial dotar al ciudadano de todo aquello que se considera necesario y beneficioso para su desarrollo como persona y su satisfacción. Se pretende poder acceder a todas las herramientas sin apenas dificultad ya sea económica o de movilidad. En este sentido, las ciudades son reflejo de una concepción del ser humano concreta y de sus necesidades.

Esta concepción se ha ido modificando, o más bien adaptando, al sistema capitalista. La urbanización se ha ido amoldando a las empresas y franquicias privadas, que se observa en la proliferación de establecimientos como casas de apuestas o cafeterías que ocupan gran parte de las zonas peatonales.

La modificación del espacio público está estrechamente relacionada con la gentrificación, que, con sus diferentes herramientas, termina convirtiendo un barrio en aquello que resulta de interés capitalista, ya sea como producto de consumo turístico o como punto de venta como centros comerciales, por ejemplo.

Lo que se busca, al final, es una reapropiación, una demanda al derecho a la ciudad, entendiéndolo como una crítica a las políticas de vivienda y espacio público, se toma por los propios medios.

El posicionamiento político frente a este fenómeno es inevitable puesto que se trata de un asunto fundamental de la polis. Se buscan soluciones para no tener que hacer frente a los efectos de este proceso urbanístico que superficialmente se pueden resumir en una subida de los precios que encarece la vida en esos lugares. Algunos grupos apelan a las vías institucionales, pero la confianza en las autoridades gubernamentales ha menguado, ya que éstas han permitido la situación mediante las diferentes licencias otorgadas a las empresas responsables.

En la pesquisa por remedios inmediatos se barajan alternativas al margen de las establecidas oficialmente. La necesidad impulsa la fractura en la fe ciega de la que gozaba el mandamiento de la propiedad privada.

La propiedad privada

La propiedad privada es uno de los derechos sagrados que sostienen el funcionamiento de la sociedad capitalista. La defensa de la propiedad privada está arraigada en el pensamiento colectivo y trasciende a todos los ámbitos de la persona. Aunque en algunos se está intentando superar, este principio ha servido de cimiento incluso para las propias relaciones interpersonales, desde los matrimonios hasta los hijos. No obstante, en este trabajo el foco se va a poner en los espacios y viviendas.

Con la desigualdad económica reinante y esa, cada vez más incesante, precarización de una gran parte de la población, la legitimidad de la propiedad privada se pone en entredicho. En el ámbito que aquí interesa, el foco se pone en la okupación como una herramienta para mejorar esas condiciones y, concretamente, para abordar el asunto de la expropiación de espacio popular.

Según la clasificación del sociólogo holandés Hans Pruijt (¿Qué es okupar?, 2004) Los CSOs entran en tres categorías de okupación: la empresarial (se ocupa un inmueble con fines de constituir un establecimiento de funcionamiento social); la conservacionista (los ocupantes pretenden conservar el inmueble frente a una demolición o un cambio radical de su función original); y la política (la función principal es de un claro activismo político).

Esta herramienta generalmente propulsada por el rechazo de los ocupantes por la propiedad privada, tal y como se entiende bajo el capitalismo, va de la mano con las ventajas que proporciona tener un espacio, un lugar de reunión, donde realizar actividades y poner en práctica los ideales que profesan. Lo que se busca, al final, es una reapropiación, una demanda al derecho a la ciudad, entendiéndolo como una crítica a las políticas de vivienda y espacio público, y por las diferentes complicaciones burocráticas, se acaba tomando por los propios medios.

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Las microtopías

A partir de la obtención de un espacio, se puede generar en el marco del CSO una microtopía. Esto es, se conforma una especie de microcosmos, un lugar pequeño que pretende estar al margen.

La diferencia específica entre la utopía y la microtopía, que se mantienen entrelazadas y derivadas la una de la otra, sería su propio campo de acción. Si la utopía era el no-lugar del ideal, la potencialidad y la virtualidad con una tendencia universalista de los numerosos proyectos que se han tratado de aplicar a lo largo de la historia, la microtopía se puede presentar como aquel espacio y proyecto en una escala menor, dentro de los márgenes de la utopía y, por lo tanto, con más posibilidad de acción (De Santiago Delfín, Diego. Ciudad y la okupación: espacio urbano entre utopía y microtopía)

Con todas las ventajas que supone tener un espacio, también se corren riesgos, como la conversión de un CSO en un fin en vez de un medio. Una microtopía también implica cierto aislamiento por su plena autonomía o autogestión y dado que lo que pretende conseguir un CSO es la influencia en su comunidad, enmarcarlo al cien por cien en los límites de una microtopía sería contraproducente y si prácticamente fuese el caso, supondría un fracaso en los objetivos fundamentales del centro. La conexión entre ambos topos debe ser continua para poder escuchar las necesidades que surgen y los deseos humanos que deben tener en cuenta en la creación del proyecto.

Conclusión

En una sociedad que cada vez presta más atención a lo material, aunque en general de manera superflua como las apariencias, el espacio como lugar, como objeto de pertenencia juega un papel fundamental. Se entiende pertenencia en sentido de identidad autoconstruida y autodeterminada, donde el individuo tiene la libertad de construir colectivamente y decidir cómo se quiere realizar el proyecto en el que se inserta.

La heterotopía del CSO surge después de la comunidad ya establecida o con la propia creación del mismo, como reacción y crítica a las dinámicas que se observan como nocivas en el ideal armónico al que se quiere tender como el individualismo, la competitividad, la meritocracia o las desigualdades. Los Centros Sociales Okupados poseen un potencial emancipatorio de la organización urbanística gubernamental que sirve como maqueta de un proyecto a gran escala.

Por esto mismo, no puede suponer un espacio aislado y debe vencer la tendencia a la microtopía, al “guetto”, sin una conexión intencionada, trabajada y cuidada con la comunidad en la que se inserta, pierde la función primordial de la concienciación. A pesar de estar sometido a los estereotipos que incluyen su organización en torno a una filosofía más bien ácrata, su función es mostrar la utilidad y la posibilidad de una alternativa real. Es debido a esto y a su construcción por parte de miembros de esa sociedad a la que quieren contraponerse, siendo así parte de la comunidad externa y a su vez interna, por lo que pueden considerarse heterotopías funcionales y hasta necesarias, ya que muestran la elección, aunque limitada, del ciudadano.

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La filosofía se sitúa en un contexto en el que el poder ha buscado imponerse incluso en los elementos más básicos de nuestro pensamiento, de nuestras subjetividades, expulsando así de nuestro campo de visión propuestas teóricas y prácticas diversas que no son peores ni menos interesantes sino ajenas o directamente contrarias a los intereses del sistema dominante.

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