Editorial
La Navarra sin medalla

La Navarra de abajo, anónima y colectiva, ajena a oropeles institucionales, sigue trabajando con pico y pala, y soñando que el gobierno del cambio le traiga unos presupuestos más sociales.

Bandera Navarra
Manifestación en defensa de la bandera navarra Jone Arzoz

publicado
2017-12-04 16:28

Tres de diciembre, festividad de San Francisco Javier, patrón de Navarra. Día grande, como diría Ricardo Feliu, para el navarrismo pop. Y más este año, en el que la parroquia anda agitada por la concesión de la Medalla de Oro a Arturo Campión. ¿Era un fascista y un integrista, o un padre de la patria y eukaltzale adelantado a su tiempo? Fascinante enigma para una tertulia. Bien mirado, resulta enternecedor que se conceda tan alto honor a una terna de venerables patricios por la hazaña de diseñar un cuadrado rojo, el Malévich foral.

Bromas aparte, la mirada feminista ya ha advertido del sesgo de género y clase del premio, puesto que las medallas son concedidas invariablemente a varones de clase media alta, nunca a mujeres. ¿Tiene sentido seguir concediendo galardones tan patriarcales y monárquicos, como esta Medalla de oro de Navarra o el Príncipe de Viana, a prohombres destacados? Parece que la cuestión es que preferimos rumiar sobre nuestras esencias y símbolos —de nuevo una bandera en disputa— antes que afrontar los conflictos de fondo y saludar propuestas alternativas para la gente.

El martes pasado, la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria y el Parlamento Social volvían a reclamar en el Labrit sus clásicos quincemayistas de fin de año: cambio estructural en las políticas públicas para poner la vida en el centro, reforma fiscal profunda para que paguen más quienes más tienen, presupuestos participativos y con perspectiva de género, derecho a tomar en Navarra las decisiones sobre el modelo social y económico... Obviamente, ninguna de estas propuestas va a concretarse en esta legislatura y, menos aún, como propone el Parlamento Social, la auditoría de la deuda y el impago de la deuda ilegítima de Navarra, estimada en 171 millones de euros. Quien se atreviera a poner esa pica en Madrid —sin temor al 155— sí que merecería una medalla... olímpica.

Entre tanto, la Navarra sin medalla, la de abajo, anónima y colectiva, ajena a oropeles institucionales, sigue trabajando con pico y pala, y soñando que el gobierno del cambio le traiga, con el nuevo año, unos presupuestos más sociales. Y el lunes habrá preferido, antes que himnos y fanfarrias, irse de excursión a Urbasa a tirarse unos bolazos de nieve.

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