‘La Pietà’, la película que humaniza los glaciares para luchar contra su extinción

Los directores Rafa Molés y Pepe Andreu dan vida, en su último largometraje, a uno de estos gigantes de hielo amenazados de muerte por el cambio climático.

Muchas de las personas que han visto un glaciar coinciden en un punto: la imposibilidad de describirlo. Intentar atraparlos, ya sea a través de palabras, de fotografías o de vídeos, siempre deja un sentimiento de insatisfacción. Un hecho que, como cuenta a El Salto el director del documental La Pietà, Rafa Molés, una obra codirigida junto a Pepe Andreu, tiene que ver con lo bellos y salvajes que son.

“Hay algo en los glaciares muy complejo que te expulsa de la normalidad”, cuenta Molés. Es algo que, para él, también sucede con las buenas obras de arte. “Los dos son difíciles de abarcar mentalmente. En el caso de los glaciares, creo que ocurre por sus dimensiones, por su composición y porque se mueven. La unión de estos tres hechos hace que tengan ciertos elementos de algo vivo. Una contradicción que los hace fascinantes: tienen características humanas y, a la vez, sobrehumanas”, sostiene.

Pepe Andreu: “La idea fue darle vida al glaciar. Y queríamos conseguirlo gracias a la manera en que lo grabábamos, no mostrándolo como un fondo de pantalla”

El primer acercamiento de los dos directores a estos gigantes de hielo sucedió por separado, pero en el mismo año. En 2006 visitaron Islandia y ambos, desde diferentes ángulos, se enamoraron completamente de ellos. “Nos atravesó una emoción muy fuerte que dura hasta el día de hoy. A partir de ahí surgió la idea de hacer una película sobre un glaciar, pero en esos años nos superaba la idea y no sabíamos cómo contarlo”, explica Molés.

Humanizar a un glaciar

El resultado pudo verse el pasado miércoles en el marco del Another Way Film Festival, el festival de cine referente en cambio cultural y progreso sostenible cuya nueva edición tiene lugar entre los días 20 y 25 de este mes en la Cineteca de Madrid. En la cinta, logran algo impactante: a través de los archivos, las fotografías y los recuerdos de una familia islandesa que vivió aislada en el siglo XX en una granja a los pies del Vatnajökull —el glaciar más grande del país— y de imágenes muy trabajadas del propio glaciar, consiguen humanizar a ese gigante de hielo.

“La idea fue darle vida al glaciar. Y queríamos conseguirlo gracias a la manera en que lo grabábamos, no mostrándolo como un fondo de pantalla. Nos metimos allí y lo presentamos como algo poderoso. Y, aunque somos conscientes de que lo que tú ves en pantalla no es lo mismo que lo que sientes en ese momento, conseguimos algo parecido”, cuenta Andreu. El director señala que lo lograron introduciendo diferentes elementos, “como un sonido o una música que lo humanizaba; unos sonidos excepcionales que te remueven las tripas”.

“En España ya los hemos perdido todos los glaciares, solo quedan neveros con fecha de caducidad. Y en Suiza, en los últimos cinco años, han reducido un 20 % su volumen. Va todo muy rápido”, lamenta Andreu

Molés, por su parte, añade que incluyeron crujidos y fricciones para darle voz y conseguir empatizar con el glaciar, humanizarlo de forma más clara. “Para nosotros, esto, aunque pueda sonar naíf —apunta—, sigue siendo un alegato político. Y más en estos tiempos en los que la humanización, ya sea del glaciar o de quien sea, es algo a defender”.

La Pietá Rafa Moles y Pepe Andreu - 2

Se trata de una forma de abordarlo que también se lleva a cabo desde la ciencia. A ellos mismos les sorprendió que los científicos hablaran de hielo muerto o hielo vivo. “Incluso de que se cura: cuando llega el invierno, esas cicatrices que le salen al glaciar se cierran. Y si no lo hacen, es que está muerto. La ciencia está llena de poesía porque tiene esa sensibilidad. También desde ahí atribuimos características humanas a la naturaleza inerte”, explica Molés.

Una muerte en directo

En un momento de la cinta un experto cuenta que, de aquí a 150 años, todos los glaciares de Islandia morirán y que, dentro de 300, desaparecerán. Unas predicciones que para los directores Rafa Molés y Pepe Andreu son muy optimistas. Según pudieron comprobar ellos dos años después de haber grabado el documental, muchas de las imágenes ya eran archivo.

“Muchas lenguas de los glaciares ya habían perdido mucho cuerpo en esos pocos años. Lo que nosotros grabamos era una realidad que poco tiempo después ya no existía”, indica Andreu. “En España ya los hemos perdido todos —continúa—, solo quedan neveros con fecha de caducidad. Y en Suiza, en los últimos cinco años, han reducido un 20 % su volumen. Va todo muy rápido, muy acelerado y está rompiendo con las predicciones que teníamos”.

“Esa imagen icónica disparó en nosotros la idea del glaciar como el sudario de un cuerpo moribundo”, relata Molés

Todo esto se debe a que, como incide el propio Andreu, no es que no frenemos el ritmo para menguar el cambio climático, sino que cada vez vamos más rápido. Es algo que está multiplicando catástrofes en torno a estos gigantes como la que sucedió el pasado agosto en el Himalaya, cuando el colapso de un glaciar motivó una brutal riada que arrasó con todo. El resultado: casi 1.500 muertos y 5.000 desaparecidos. Son desastres que auguran un nuevo ciclo para el que no estamos preparados y que, como dice Andreu, ni siquiera queremos imaginar.

Molés cuenta que, cuando trabajaban en el proyecto, analizaron modelos de cómo quedarían los mares respecto al deshielo de los glaciares, “unos datos que ya eran bastante terroríficos”, indica, y que ahora, con el recrudecimiento de la crisis climática, ya se han superado. “La cuestión es que, si se deshielan todos los glaciares, el nivel del mar subirá, pero los científicos nos avisan de que no nos preocupemos tanto por eso porque los problemas habrán llegado mucho antes. Este verano lo hemos visto con la alta mortalidad por el calor. Para los glaciares quizá ya no hay tiempo. Y seguimos sin tomar medidas para frenar el cambio climático”.

Para darle una vuelta a esta situación, los dos creen que es muy importante comunicar la crisis climática desde muchos lugares y a través de diferentes tipos de mensajes. Y aunque ellos lo hacen a través del cine, en su caso lo que les movilizó para rodar la película fue la imagen de los glaciares de los Alpes cubiertos con sábanas para protegerlos. “Esa fotografía nos dio el tono. Es algo tan ridículo…”, lamenta Andreu. 

Al respecto de esa imagen, su compañero indica: “En ella se puede ver cómo los humanos somos capaces de hacer algo tan épico y al mismo tiempo tan inútil. Esa no puede ser la solución”. Y, sin embargo, esa estampa fue el resorte que dio pie a una de las ideas clave de la película. “Esa imagen icónica disparó en nosotros la idea del glaciar como el sudario de un cuerpo moribundo”, finaliza.

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