Distopías
Cuando el mundo empieza a parecerse a una película de zombis

Las distopías siempre han ido por delante de los cambios económicos y sociales. Algunas advierten sobre los aspectos más negativos del presente, los exageran y los llevan al futuro para luchar contra ellos. A veces también dan ideas. Otras veces, las distopías son de derechas

Mundo zombi
El regreso de las películas, los videojuegos y las series de zombis, espoleado por el estreno de 'Walking Dead' en 2010, coincide con los peores años de la crisis económica.

publicado
2019-02-23 06:00

Mucho se ha especulado sobre las razones del triunfo —especialmente en la última década— de las series, los videojuegos y las películas de zombis. En Estados Unidos, una de las teorías con más éxito señalaba la identificación entre este ejército de muertos vivientes y los redneck, la clase trabajadora blanca venida a menos, con los cuellos rojos de las largas jornadas de trabajo bajo el sol, mal vestidos y mal hablados, representantes y recordatorio para la clase media de una amenaza cercana: el desclasamiento. Precisamente, los redneck se convirtieron en 2016 en la base electoral de Donald Trump.

Andreu Domingo, integrante del Centre d’Estudis Demogràfics, también tiene una teoría al respecto, y la plasmó en su reciente libro Demografía zombi (Icaria, 2018). Para este profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, el género zombi “refleja el impacto de la política neoliberal sobre la población, dividiendo la población entre supervivientes (resilientes) y los zombis (redundantes)”.

El género zombi “refleja el impacto de la política neoliberal sobre la población, que la divide entre supervivientes y los zombis”

El género zombi, señala, muestra un mundo postapocalíptico “marcado por la idea de competencia, por la gestión de la violencia por parte de los supervivientes, que luchan sobre todo contra otros supervivientes más que contra los propios zombis, y esa idea meritocrática neoliberal de que todo esto es una cuestión de talento”.

La idea marxista de “ejército de reserva”, un excedente de población que era útil al capitalismo industrial para bajar salarios y regular la ilusión de ascenso social, queda en entredicho en el mundo zombi del que habla Andreu Domingo. Este ejército de zombis no está en ninguna cola del paro, “no se espera que entre en el mercado de trabajo, ni siquiera que consuma, por lo que se convierte en redundante”.

Según Andreu Domingo, la evolución propia del neoliberalismo desde los años 70, unida a la acelerada automatización que trae la 4º Revolución Industrial, hace que “cada vez sean más los sectores de población que pueden caer en una redundancia, desde las clases más bajas hasta las clases medias, que tienen miedo al descenso social”. Un descenso social que en la mitología zombi viene reflejado en el miedo al otro, el miedo al contagio, “que hace que acabes matando a tu vecino o a tu madre”. Pero aquí, en el mundo real, “el contagio es la pobreza”.

Extrema derecha
El cuento de la extrema derecha

La extrema derecha se extiende en toda Europa a través de bulos sobre la migración y promesas de una vuelta a un pasado irreal sin tocar las desigualdades ni los privilegios de los multimillonarios.

Las distopías, cuenta Domingo a El Salto, nacieron como una respuesta a los totalitarismos, como forma de denuncia de “las tendencias más negativas que se observan en el presente y se proyectan en el futuro para luchar contra ellas”. De esta forma, en las últimas décadas han proliferado las distopías relacionadas con la superpoblación y las migraciones, las políticas de control de los nuevos-viejos fascismos, la crisis de natalidad, la pérdida de derechos de las mujeres, el racismo y la invasión de esos “otros” llamados zombis.

¿Una distopía demográfica que estemos viviendo en la actualidad? Este investigador no tarda en contestar: “Para mí, distopía demográfica es lo que estamos viviendo en Europa… Los programas de la extrema derecha de cualquier país son un canto nostálgico al regreso del patriarcado, a la autoridad masculina. Es una amenaza muy real”.

Explosión demográfica. Entre las “demodistopías” de más éxito, tal como las llama Andreu Domingo, destacan las vinculadas con la superpoblación y el agotamiento de recursos del planeta. Sin embargo, Domingo no coincide con las visiones más catastrofistas sobre la explosión demográfica y la superpoblación. Los datos confirman que la reducción de la natalidad es constante en todos los rincones del globo salvo en el centro de África y algunos países asiáticos.

La población sigue creciendo en todo el mundo, en efecto, pero “no porque la fecundidad sea alta, sino porque estamos viviendo la inercia de cuando la fecundidad era alta”. Dicho de otra forma: los diversos baby booms de las décadas pasadas han provocado, explica Domingo, que en la actualidad haya muchas mujeres en edad reproductiva y “sigan naciendo muchos niños aunque la natalidad sea muy baja”. Todas las proyecciones indican que el principal crecimiento se dará en el África Subsahariana y que la población mundial llegará antes de finales de este siglo a los 11.000 millones y, a partir de ahí, comenzará a descender. Domingo tampoco identifica el envejecimiento como un “problema” en sí mismo y señala a los vendedores de seguros y pensiones privadas como los principales interesados en crear alarma sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas.

¿Somos demasiados? Sí, contesta el ecologista Luis González Reyez, al menos si no cambiamos nuestro hábitos de consumo y la desigualdad

Los problemas vinculados a la población vienen más bien de un previsible agotamiento de recursos y la desigualdad dentro de las propias sociedades y las desigualdades norte-sur, señala el autor de La espiral de la energía, Luis González Reyes. ¿Somos demasiados? Sí, contesta este activista del ecologismo social, al menos si no cambiamos nuestros hábitos de consumo y las bases de una desigualdad cada vez mayor.

Entre las proyecciones de futuro, Andreu Domingo menciona la obra de Yuval Noah Harari, autor de varios best sellers sobre el pasado y futuro de la humanidad. “Harari dice que vamos a ser sabios, que vamos a ser inmortales, que vamos a ser la primera especie que va a cambiar nuestro destino y nuestra evolución, todas cosas estupendas, pero la trampa de eso es que no lo vamos a ver todos. Vamos a tener que aceptar que unos sí y otros no”.

—¿Los zombis otra vez?
—Exacto, unos van a pasar a ser supervivientes y el resto zombis. 

Matrix y la humanidad como plaga
En una de las principales escenas de la trilogía Matrix, el agente Smith lo explica todo: “Le voy a contar una revelación que he tenido en el tiempo que llevo aquí. Esta me sobrevino cuando intenté clasificar su especie. Me di cuenta de que, en realidad, no son mamíferos. Verá, los mamíferos logran un equilibrio perfecto entre ellos y el hábitat que les rodea. Pero los humanos van a un hábitat y se multiplican hasta que ya no quedan más recursos y tienen que marcharse a otra zona. Hay un organismo que hace exactamente lo mismo que el humano. ¿Sabe cuál es? Un virus. Sí, los humanos son un virus, son el cáncer de este planeta y nosotros somos esa cura”.

La idea de la humanidad como “plaga”, defendida por el naturalista británico David Attenborough, está presente también en la obra de James Lovelock, autor de la hipótesis de Gaia, en la que la Tierra es un organismo vivo autorregulado. “Antes esperaría que una cabra tuviera éxito como jardinera que los seres humanos se convirtieran en administradores de la Tierra”, dijo Lovelock antes de convertirse en defensor de la energía nuclear en 2004. En 2009, Lovelock se asoció a Population Matters, una ONG que propugna la reducción de la población para alcanzar el equilibrio demográfico, situado, según esta organización británica, entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes. Esta organización se volcó para apoyar el Brexit en el referéndum de 2016 con argumentos más que discutibles como la “superpoblación” en el Reino Unido.
El ecologismo genocida de Utopía.
La “inevitable guerra por los recursos” que supuestamente se avecina nos llevaba a casi simpatizar con los malos de la serie británica Utopía, una conspiración que pretende esterilizar al 90% de la población para “evitarles sufrimiento”. En las escenas finales, uno de los conspiradores se encuentra con una mujer que viaja con su hijo a Francia por carretera para evitar la contaminación de los vuelos aéreos. Sostienen esta conversación difícil de olvidar:
—Es un camino largo en autobús —le dice el hombre.
—Lo sé. Solo que…, ya sabes…, el medio ambiente —dice la mujer con su hijo en brazos. (...)
—Entonces ¿por qué lo tuviste? —le suelta el hombre señalando a su hijo.
—¿Perdón?
—Nada consume más carbono que un humano del primer mundo. Y aun así creaste uno. (...) Él consumirá 515 toneladas de carbono en toda su vida. (...) Tenerlo fue el equivalente a 6.500 viajes a París en avión. (...) Sin mencionar todos los pesticidas, detergentes, la enorme cantidad de plásticos, los combustibles nucleares para mantenerlo cálido. Su nacimiento fue un acto egoísta. Fue brutal. Usted ha condenado al sufrimiento a los demás. De hecho, si a usted le importara, lo que haría sería cortarle la garganta ahora mismo.

Otra frase que resume el espíritu de la serie: “¿Conoces a la persona que tuvo el mayor impacto positivo en el medio ambiente en este planeta? Genghis Khan, porque masacró a 40 millones de personas”.

La novela Inferno de Dan Brown, llevada al cine por Ron Howard en 2016, sigue la misma estela argumental. La película fue un éxito de taquilla pese a recibir pésimas críticas.
La superpoblación en Elysium, Soylent Green y La purga
En el año 2154, los más ricos viven en una estación espacial dirigida por una corporación privada, mientras que el resto de la humanidad se hacina en una Tierra superpoblada. Pateras espaciales intentan llegar a Elysium para salir del infierno terrestre y curar enfermedades intratables en la superficie, pero que dejaron de ser un problema hace tiempo para la población más rica en el espacio, todo gracias a un avanzado y tecnológico sistema sanitario. Una hipérbole nada sutil del presente en esta película de 2013 protagonizada por Matt Damon y Jodie Foster.
En el clásico de ciencia ficción de 1973 Soylent Green (Cuando el destino nos alcance, en España), Nueva York es una ciudad invivible, entre el hacinamiento, la contaminación y el cambio climático producido por el efecto invernadero. Corre el año 2022 y la población neoyorquina suma 40 millones de habitantes —hoy el área metropolitana llega a unos 23 millones—. Una pequeña élite mantiene sus privilegios mientras la enorme mayoría sobrevive en viviendas precarias consumiendo un producto llamado Soylent, supuestamente derivado del plancton. Charlton Heston es un detective que va tirando del hilo y descubre —¡atención, spoiler de los buenos!— adónde van a parar los presos políticos y las personas que desaparecen todos los días en la ciudad: al estómago del 99%. “¡Soylent Green es gente!”, grita el protagonista.
En la saga de terror La purga, una noche al año, durante 12 horas, todo está permitido, sobre todo el asesinato. En la última de las películas, La primera purga: la noche de las bestias (2018), se explica el origen de la tradición. A mediados del siglo XXI los disturbios —“provocados por una crisis de las hipotecas peor que la de 2008”— no hacen más que empeorar y propician que el Gobierno sea derrocado por los Nuevos Padres Fundadores de América, un grupo de extrema derecha que afirma haber encontrado la solución a la eterna crisis del país.

Con incentivos de 5.000 dólares y otros pluses para cada persona que acepte “participar activamente”, los Padres Fundadores lanzan “la purga”, primero como experimento en Staten Island y luego en todo el país. Tal como afirma en una escena, todo se trata —este spoiler es bastante previsible— de una forma de reducción del gasto social vinculado con la población más pobre, a la que se criminaliza por el camino. La purga no es sino un mecanismo para hacer frente a la bancarrota del Estado sin tocar los beneficios de la élite.
La criada, Trump y Bolsonaro
Todo empieza por una crisis ambiental y de natalidad. El cuerpo de las mujeres se pone al servicio del Estado y de la élite de los Comandantes. Ahora, la vuelta a una época en la que los hombres eran dueños del cuerpo de las mujeres y de sus decisiones reproductivas ya no parece tan lejana. El estreno de la serie El cuento de la criada, basada en la novela de Margaret Atwood, en 2017, coincide milimétricamente con el ascenso de Donald Trump al poder. El auge de este movimiento de extrema derecha, que ha pasado de regar las redes sociales y la web de comentarios racistas, homófobos y machistas a controlar la principal potencia del mundo, Estados Unidos, y la principal potencia de América Latina, Brasil, es uno de los aspectos más preocupantes del estado actual del mundo. También es uno de los fenómenos que mejor ha conseguido retratar el género distópico.

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1 Comentario
#30992 10:42 26/2/2019

En el subconsciente del humano privilegiado actual crece la certeza de que somos demasiados y de que es necesaria una gran guerra (o decenas de pequeñas guerras) de la que salir victoriosos con un mundo menos superpoblado en el que prosperar.
¿Qué tal una bomba atómica sobre NY para empezar?

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