Culturas
¿Quién genera la cultura gratuita?

La gratuidad de los productos culturales repercute directamente en una exclusión de clase para la creación de esos productos culturales y en el monopolio de las grandes cadenas de producción, cuyos intereses tienen mucho más que ver con el capitalismo que con la cultura.

27 abr 2020 06:00

Con el confinamiento se ha abierto de nuevo a lo grande el melón nunca cerrado de la gratuidad de la cultura. Cultura gratis para que todas tengamos acceso a la cultura. El argumento, sin embargo, tiene trampa, que se visualiza de manera mucho más clara pensándola desde cualquier otra industria. Cuando una cadena de supermercados revienta el precio de un producto, no lo está haciendo más accesible. En su consumo directo sí, ahí está el gancho.

Pero sabemos que la trampa es que, para hacerlo, revienta la producción, expulsando de ella a las pequeñas productoras locales que no tienen medios para el cultivo extensivo y el monopolio. Y favorece, en la práctica, solo a las grandes productoras que usan métodos para el desastre. Eso mismo sucede con la industria cultural. Otra trampa, sin embargo, en el debate, es la confusión entre cultura e industria cultural.

Cultura y productos culturales

La cultura es un bien de primera necesidad, es un alimento necesario para hacernos comunidad. Creamos cultura cada vez que nos expresamos, de manera individual o estando juntas, incluso en esa forma de estar juntas tan dura como está siendo el confinamiento. Creamos cultura cada vez que posteamos cosas en las redes, cada vez que creamos o recreamos palabras, cada vez que inventamos canciones o le damos vuelta a otras para hacerlas más nuestras, cada vez que bailamos, aunque sea en una fiesta.

Que las personas no cobren por su trabajo no es romper el capitalismo, es reforzarlo. Es, de hecho, el sueño húmedo de cualquier magnate: hacernos trabajar gratis

Es, además, un bien de primera necesidad para hacer resistencia política, para articular pensamiento que nos acompañe en la resistencia al desastre en el que vivimos. Pero eso que denominamos productos culturales, que es una de las formas en que se concreta la cultura, no salen de la nada, como no salen de la nada los alimentos concretos con los que cocinamos. Salen del trabajo y necesitan de tiempo sostenible para realizarse. Es una mierda que el capitalismo lo cruce todo. Pero que las personas no cobren por su trabajo no es romper el capitalismo, es reforzarlo. Es, de hecho, el sueño húmedo de cualquier magnate: hacernos trabajar gratis.

Igual que en el consumo de alimentos, no se nos ocurre pedirles a esas agricultoras locales que nos regalen las patatas, sino que entendemos, incluso, que su producto sea más caro que esos productos con los precios reventados en las grandes superficies.

Sin embargo, cuando hablamos de productos culturales, de libros, de películas, de discos, nos parece incluso ofensivo que las productoras hiperprecarizadas por la industria quieran cobrar por su trabajo. Se supone que ese trabajo es de todo el mundo, pero no lo es. Lo pueden ser las ideas que contienen, pero la forma concreta en que esas ideas han sido articuladas y plasmadas han necesitado de un tiempo y de un esfuerzo que es trabajo como cualquier otro trabajo.

Culturas
La clase obrera de la cultura en la era Amazon

En el acto de entrega de la cartera, el ministro de Cultura saliente, José Guirao, le dijo a su sucesor en el cargo, José Manuel Rodríguez Uribes, que “los ministros, los concejales y los consejeros no hacemos la cultura, la hacen los creadores y los ciudadanos”. El problema es en qué condiciones se realiza en un mundo dominado por corporaciones gigantes que imponen sus normas, como Amazon y Google.

No conozco a ningún grupo de música con mirada política que se niegue a que sus canciones se canten libremente, ni conozco a ninguna escritora con mirada política que se niegue a que sus libros se presten, se comenten, se hagan clubs de lectura con ellos o que sus ideas sean difundidas y explicadas. Y, sin embargo, se pide, se exige incluso, que no quieran cobrar (la miseria que se cobra, todo sea dicho) por la ingente cantidad de horas dedicadas a realizar el producto concreto. El problema no es solo a corto plazo: ese mecanismo impide la sostenibilidad de la creación independiente de productos culturales.

El acceso a la cultura

La gratuidad tiene consecuencias en el acceso a la cultura. No en su consumo, pero sí en su producción. Lejos de liberar los productos culturales, los discursos, deja su creación en manos de quien se la puede permitir. Libera el consumo, pero secuestra la producción, se la entrega de manera descarnada al capital, convirtiéndola en un lujo que solo algunas se pueden permitir.

“De los libros no se vive”, es lo que nos dicen. Y, sin embargo, hay imperios económicos organizados alrededor de los libros. ¿Dónde va todo ese capital? Pues al mismo sitio que va todo el capital de las grandes cadenas de supermercados: a cualquier sitio menos a la agricultora. Si quieres escribir, si quieres poder hacerlo materialmente, tienes que buscarte otro trabajo para poder vivir.

Pero volvamos al mundo real: las dobles jornadas sumadas a las múltiples jornadas que se van sumando para sostener la vida son inviables. Se podrá escribir un libro, dos como máximo, y luego el capitalismo se impone. Por si fuera poco, cuanto más disidente es la escritura, el pensamiento, y cuanto peor te sabes relacionar con el poder, hacer contactos, alianzas, ir a saraos y todas estas cosas, más difícil es que alguien apoye ese trabajo, por muy necesario que sea. Mucho peor aún si hablamos de producción cultural en lenguas sin apoyos oficiales, otro abismo.

Es la cultura del fast food: ¿cómo puede ser que tengan tanto éxitos los McDonalds y similares, si sus hamburguesas saben a nada con salsa? Porque producen muy barato, cosa que les da mucho margen de beneficio, que invierten en dos cosas: hacerse omnipresentes y hacerse una publicidad de impacto que nos convence de que aquello que comemos mola mucho. Y por eso lo consumimos, aunque sepa a mierda y arrase con todo a su paso.

Cada vez que veáis un libro más barato en una gran superficie, recordad que la banca siempre gana, y las grandes superficies nunca pierden

La industria del libro funciona así, e imagino que el resto de industrias culturales no deben de ser muy distintas. Y lo hace no solo en referencia a las productoras: las grandes superficies también arrasan con el pequeño comercio de librerías con unos métodos muy serios de lobby y de reducción de precios a las autoras y a las pequeñas editoriales con técnicas cercanas al chantaje denominadas negociación de porcentajes. Cada vez que veáis un libro más barato en una gran superficie, recordad que la banca siempre gana, y las grandes superficies nunca pierden. Esa es la realidad de la cultura si la cruzamos con la mirada de clase.

Hay compañeras que optan por asegurarse un lugar en la academia que debería garantizarles tiempo para escribir. Esa garantía de tiempo ya no funciona así y la precarización en la academia está a niveles que dan miedo (e invoco aquí, y a partir de aquí, a la maravillosa Remedios Zafra).

Y aun así, no olvidemos que el acceso a la academia no está al alcance de todo el mundo. Es necesario un capital económico que sostenga los largos años hasta alcanzar el puesto de trabajo y es necesario un capital cultural que contemple esa posibilidad con el que no todas crecemos. Y aunque esos capitales no existiesen, es dramático para la cultura que su producción tenga que pagar semejante servitud a la institución que ha convertido el conocimiento, precisamente, en una cuestión de clase. Así que la gratuidad de los productos culturales repercute directamente en una exclusión de clase para la creación de esos productos culturales y en el monopolio de las grandes cadenas de producción, cuyos intereses tienen mucho más que ver con el capitalismo que con la cultura.

Culturas
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La crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus deja ver las entretelas de un debate poco usual en el ámbito español. Pareciera que de repente los trabajadores de la cultura, esos intermitentes, coman, paguen facturas y no sean ángeles de ficción, sin sexo ni apetito, que han venido al mundo a rellenar nuestras horas muertas.

Así que tenemos un debate de fondo: ¿queremos que todos los productos culturales que nos alimentan provengan de la burguesía? ¿Queremos un arte cuya única experiencia de opresión de clase sea inventada, o un arte que solo responda a los intereses del amo y se vea obligada a silenciar las cuestiones que realmente apuntan al amo? Porque si queremos un ecosistema un poco más variado tendremos que apoyar económicamente a las pequeñas productoras de alimento y asegurarnos de que puedan seguir trabajando con un mínimo de independencia.

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17 Comentarios
#60405 18:51 13/5/2020

Enhorabuena a la autora y al medio por el artículo!

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#59709 9:47 8/5/2020

Me ha encantado este artículo y me ha hecho reflexionar, ir más allá, dar vueltas... Gracias por compartir vuestro "valor añadido" y hacernos replantearnos las estrategias y lo que hay detrás del gran laberinto del mercado cultural.

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#59004 15:47 30/4/2020

Soy actriz me gustaría me ayudarán a saber cobrar por mi trabajo , algunas estrategias? Gracias

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#58986 12:42 30/4/2020

Estoy totalmente en desacuerdo y lo digo tanto como productor cultural como consumidor de cultura.
Si a día de hoy puedo dedicarme a la cultura (sin ánimo de lucro) es gracias a la pirateria y a iniciativas como creative comons y el sistema di bibliotecas públicas de nuestro país que en el fondo no está tan mal...
Todo "productor" cultural tiene que "cosnumir" una barbaridad de cultura antes de hacer cualquier cosa decente, l formación cultural iplica como mínimo tiempo, si encima implica dinero es imposible que personas de los estratos socialse mas humildes lleguen nunca a tener una buena instrucción en un saber que no sea meramente técnico o práctico por no hablar ya de que se dediquen algún día a la cultura.
La cultura en la modernidad es un nicho al que solo tiene acceso la élite, tanto a nivel de consumo/formación como a nivel laboral y el principal causante de ello es la indústria que hay detrás, pero también su concepción de mercancía.
La cultura no se democratiza eliminando al intermediario, se democratiza liberandolla del capital, porque la cultura finalmente es un dialogo, es algo que se hace para ser visto, escuchade, sentido, se hace por comunicar algo, porqué se tienen cosas que decir sobre el mundo. Cobrarías a vuestros amigos después una conversación? Pues eso es la cultura, un diálogo, una conversación entre amigos y no un producto de consumo o un nicho del mercado.
Y eso no significa denostarla, no significa que tenga menos importancia que otros productos de primera necesidad como la comida, de hecho la comida y la vivienda también tendrían que ser gratuitas, vivir tendría que ser gratuito porque nadie nos ha perdiido permiso para traernos a este mundo. Estamos arrojados a él, obligados a comer, beber, dormir y conversar....
Si esto se nos nega por nuestra condición social, es perfectente lícito que lo tomemos sin pedir permiso, porque lo noecesitamos, porqué la riqueza está alli y sólo uns pocos se benefician de ella. Así que mas organicación social, más delincuencia selectiva, mas libertad de expresion (libertad economica y discursiva), más lucha de clases y menos pamplinas noliberales encubiertas

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#62197 23:50 1/6/2020

Creo que confundes la cultura (conversación con tus semejantes) con Producto Cultural. Ya dice el artículo de no caer en esa trampa. Y también hay que diferenciar Producto Cultural de unas élites o burguesía, con Producto Cultural directo y cercano. Que veas gratis una peli de Hollywood no hace el mismo daño y es totalmente distinto a no quieras pagar por el libro que ha escrito cualquier hijo de vecino, o el disco del grupo de música con talento que ha pasado horas de ensayo y ha pagado por grabarlo. Y para colmo, la mayoría paga por lo primero, pero se niega a pagar por lo segundo. Un saludo

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#58936 23:41 29/4/2020

Soy investigador y músico. En ciencia no me pagan por los artículos, sino por dar clase, porque hay una infraestructura en la que puedo trabajar y sacar rendimiento indirecto de lo que publico gratis. El problema no es si cobramos por hacer canciones o tocar. El problema es que hemos dejado que la infraestructura cultural se venga abajo. Hay muchos culpables, y nosotros también, por jugar a esta carrera de ratas que solo genera ruido. No se trata de cobrar. Se trata de no inundar el mundo con todo lo primero que se salga.

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#58887 13:12 29/4/2020

El proyecto de regeneracion democratica de la izkierda del kapital se traduce en una opcion personal: la representacion, la mediacion se convierten en una posibilidad de salida profesional para individuos cualificad@s ke sin opciones en el mercado laboral convencional encuentran en las representaciones del capital (instituciones varias) una via de valorizacion de sus capacidades.
La cultura como cualkier produccion humana responde a la sociedad ke la genera, es la formacion social la ke determina la forma de la mercancia cultura(su produccion, aplicaciones y objetivos)

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#58884 12:33 29/4/2020

Es lo ke tiene el capitalismo, ke todo lo convierte en una mercancia incluidos nosotr@s. La producion de cultura como la de cualquier otro tipo de produccion solo tiene sentido como valor de uso lo demas son pamplinas progres.

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#58877 11:20 29/4/2020

Cada vez que he querido cobrar como músico me han llamado capitalista. Todo trabajo merece la dignidad de cobrarse. Estoy de acuerdo en algunas cosas, mientras que el capital económico no consista en una ayuda-por-nada que revierta la situación y convierta al artista en esclavo del estado en lugar de esclavo de los monopolios. Viene a ser lo mismo. Renta mínima=dependencia. Trabajo remunerado=dignidad.

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#58719 21:11 27/4/2020

¿Cultura gratis (para no-privilegiados) creada por privilegiados, o cultura pagando creada por no-tan-privilegiados (pero para privilegiados que puedan pagarla)?

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#58698 18:45 27/4/2020

Qué clase de artículo. Lleno de coherencia y claridad. El tema es los productos culturales pero aplica también para el periodismo y la información como 'producto de consumo'; baste con nombrar este medio El Salto para ejemplificarlo. Quiero expresarles mi admiración. (Apoyaré donando y suscribiéndome).
Punto y aparte pero no fuera del tema, el periódico El Pais ha venido manejando una publicidad de que ahora más que nunca las suscripciones a los medios "oficiales" y el seguimiento a la información por parte de "los especialistas de la comunicación" es más fundamental... sin embargo creo que en el fondo su único interés es capitalismo y monopolio. Si estoy equivado agradecería retroalimentación. Dejo mi correo actorsocial@gmail.com

Saludos

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#58666 15:35 27/4/2020

Mila esker

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zosimoyubero 12:39 27/4/2020

Muchas gracias por este artículo. Estando plenamente de acuerdo, creo que son iniciativas como El Salto las que nos pueden mostrar un modelo de sostenibilidad de ideas culturalmente opuestas al capitalismo dominante y gratuito. Y a la vez, ofrecer los contenidos en abierto para que la transformación siga.
Y me parece muy evocadora la pregunta del debate: no creo que queramos que todos los productos culturales vengan de la burguesía, claro, pero si no reconocemos cuándo somos el amo, seguiremos en el fast food cultural.

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#58647 11:39 27/4/2020

OK, Sinde. Lo que tus empresarios ordenen

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