Opinión
Cuba bajo asedio: crónica de una isla que no se rinde

El autor, integrante de una brigada internacionalista en Cuba, describe la situación de emergencia que se vive en la isla por el embargo petrolero, una vuelta más de tuerca tras seis décadas de bloqueo.
La Habana
Estefanía Enríquez Cubillos Comercio callejero en La Habana durante el bloqueo petrolero.
Militante de Anticapitalistas
18 mar 2026 05:00

Llegar a Cuba es atravesar seis décadas de bloqueo. El 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió recrudecer el bloqueo contra Cuba imponiendo sanciones y aranceles a quien llevara petróleo a la isla, aumentando así la crisis energética. En medio de este contexto, viajé a Cuba como parte de la I Brigada Rosa Luxemburgo

Las brigadas de solidaridad son grupos internacionales de personas que viajan a la Isla desde 1960 para realizar trabajo voluntario y conocer la realidad cubana de primera mano. En nuestro caso también llevábamos medicinas y material sanitario. Tardamos tres días en llegar debido a la cancelación de nuestro vuelo por la falta de combustible y una huelga en el aeropuerto.

El bloqueo aparece como algo que atraviesa la vida cotidiana: el combustible no llega, las piezas para recambios no se consiguen, los medicamentos son casi inexistentes, y cada vez hay menos turistas

Finalmente pudimos volar vía México, donde contamos con ayuda del Gobierno para pasar la frontera debido al material médico. Incluso antes de despegar (en un viaje que estuvo a punto de cancelarse varias veces tras la agresión de enero de Estados Unidos contra Venezuela y las nuevas medidas contra la isla) entendimos que viajar y estar en Cuba es siempre atravesar un camino lleno de obstáculos, sostenido únicamente por la voluntad y la determinación de quienes se empeñan en hacerlo posible.

“El bloqueo está en todo”

Manuel, un guajiro que conocimos en nuestro primer día en Cuba, hablaba de geopolítica como si hablara del tiempo. Empezó a mencionar a Rusia, China, Estados Unidos, a América Latina y a los cambios en el equilibrio político de la región con una naturalidad que nos descolocó. Habíamos llegado a Cuba esperando encontrar un Estado fallido y el aislamiento, una isla cercada no solo económicamente, sino también informativamente. Sin embargo, la conversación tomó rápidamente otro rumbo. El bloqueo apareció pronto en sus palabras, no como una idea propagandista, sino como algo que atraviesa la vida cotidiana: el combustible que no llega, las piezas para recambios no se consiguen, los medicamentos que son casi inexistentes, y cada vez hay menos turistas. 

Hablaba sin dramatismo, casi con una serenidad práctica. Como si describiera una dificultad más del trabajo en el campo. Para él, el bloqueo era una condición constante, y que obliga a reinventar soluciones todos los días. En esa conversación empezamos a entender que muchas de las contradicciones del país no pueden explicarse sin ese contexto de guerra económica que dura ya más de seis décadas, en el que han crecido ya varias generaciones. Manuel hablaba de dificultades, sí, pero también de resistencia. De la capacidad de un país pequeño para seguir funcionando bajo una guerra económica constante. 

Con el paso de los días empezamos a entender que esa resistencia no es solo una consigna política, sino una práctica diaria: adaptarse, reorganizarse, encontrar nuevas formas de sostener la vida cuando el contexto empuja constantemente en la dirección contraria. 

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Mujeres en el centro de La Habana. Estefanía Enríquez Cubillos

Una guerra económica

El bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba comenzó a tomar forma en 1960. Ese año, un memorando del funcionario estadounidense Lester Mallory ya planteaba la idea de presionar económicamente a la isla para debilitar al nuevo Gobierno revolucionario: “La única forma previsible de perder el apoyo interno es a través del desencanto y el descontento derivados de la insatisfacción económica y las penurias”. Mallory proponía “negar dinero y suministros a Cuba, para reducir los salarios monetarios y reales, provocar el hambre y la desesperación, y derrocar al Gobierno”. 

“Esta propuesta de castigo colectivo y guerra económica se hacía en un momento en el que no se hablaba de socialismo todavía”, nos decía Fernando González Llort, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), una de las instituciones que organizaba la brigada.

“La única forma previsible de perder el apoyo interno es a través del desencanto y el descontento derivados de la insatisfacción económica y las penurias”, decía el funcionario estadounidense Lester Mallory en 1960

Dos años después, en 1962, el presidente John F. Kennedy formalizó el embargo total, prohibiendo casi todo el comercio entre ambos países. Desde entonces, Cuba perdió su principal mercado y tuvo que reorganizar su economía buscando nuevos socios comerciales, primero en la Unión Soviética y luego en otros países.

Con el paso de los años, el bloqueo se fue ampliando mediante nuevas leyes. En los 90, tras la caída del campo socialista, Cuba entró en el “Periodo Especial”, una profunda crisis económica. Gente que había vivido esta época nos decía que de un día para otro dejó de haber suministros. En este contexto, en 1992, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Torricelli, que prohibía a las filiales de empresas estadounidenses comerciar con Cuba. También impedía a los barcos que hubieran atracado en un puerto cubano entrar en Estados Unidos.

En 1996, la Ley Helms-Burton convirtió el bloqueo en una ley permanente sancionando a empresas extranjeras que mantuvieran relaciones comerciales con Cuba o que utilizaran propiedades nacionalizadas tras la Revolución, extendiendo el alcance fuera de Estados Unidos. 

Más recientemente, durante el primer mandato de Donald Trump, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, redujo el acceso a financiación externa en un mundo financiarizado, debido al riesgo que tendrían que asumir las entidades. Además de estos datos, la economista cubana Gladys Hernández nos comentaba que la inversión China ha sido históricamente muy escasa debido a su relación comercial con Estados Unidos.

Además, Gladys nos comentó que desde la pandemia de la covid-19, la economía cubana está sufriendo una descentralización con la creación de las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, que encadenadas con el sector estatal pretenden suplir problemas de suministro. 

Asimismo, la economía está dando un giro en sus sectores productivos principales —turismo y biotecnología— a la agricultura, la energía y la minería, en un momento en el que el recrudecimiento del bloqueo apunta a la necesidad de una soberanía energética. Todo esto se plantea desde una perspectiva de sostenibilidad de la vida. Aunque las contradicciones siguen siendo profundas, también continúan los avances en derechos y el intento de profundizar los avances del proceso revolucionario.

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La falta de combustible ha hecho disminuir el tráfico urbano en el centro de La Habana. Estefanía Enríquez Cubillos

Creciendo con más dificultades

“Cuesta explicarlo”, nos decían un grupo de estudiantes con los que nos reunimos en la Universidad de La Habana. Pese a todo, Cuba sigue enfrentando el reto de reconstruirse. Avanzar y sostener las conquistas sociales no resulta fácil, especialmente debido a que “cada vez que se produce una mejora o un avance, aparece también una nueva modalidad de bloqueo”. 

En este momento la universidad está cerrada debido a la falta de combustible. Pese a ello, los estudiantes nos decían con orgullo que habían sido capaces de organizar tres trenes para llevar a todos los estudiantes universitarios a sus hogares de origen para continuar de manera virtual las clases. También en cada localidad se ha intentado garantizar que los estudiantes que lo necesiten tengan acceso a internet para seguir los cursos. 

Pese a todo, se está viviendo un cambio generacional, en el que la gente joven tiene más dificultades materiales para acceder a nuevos derechos que la generación que vivió la Revolución.

Aun así, entre los problemas y contradicciones que hoy atraviesa la población cubana sigue persistiendo un fuerte espíritu de solidaridad y defensa de la soberanía, incluso entre las personas con las que conversamos que se mostraban más críticas con el Gobierno. Desde la Revolución, la prioridad ha sido no dejar a nadie atrás, y esto no solo lo aplican a la interna, sino que la solidaridad internacionalista ha sido y sigue siendo una prioridad. 

Estudiantes palestinos con los que nos reunimos durante nuestra visita nos contaron que actualmente alrededor de 250 jóvenes de Palestina estudian medicina en Cuba gracias a becas otorgadas por el Gobierno cubano. Para ellos, esta oportunidad representa mucho más que una formación universitaria: la ven como un gesto de solidaridad internacional. En las conversaciones, explicaban que Cuba ha apoyado históricamente a distintos pueblos que luchan por su dignidad y su autodeterminación, y que ese respaldo les da fuerzas para continuar sus luchas. Desde su perspectiva, formarse como médicos en la isla también implica asumir una responsabilidad mayor: regresar algún día a sus comunidades con herramientas para cuidar la vida y seguir enfrentando el colonialismo y el imperialismo.

“Un enfermo no es un cliente”

Uno de los encuentros más emotivos fue con el biotecnólogo Manuel Raíces, que nos recordaba que antes de la Revolución cerca del 91% de la población era analfabeta. En 1961 una campaña nacional movilizó a miles de cubanos, incluidos jóvenes de hasta 16 años, para enseñar a leer y escribir en todo el país de manera voluntaria. Aquella experiencia, decía, fue sobre todo una expresión de voluntad política y de compromiso colectivo. 

Esa misma lógica se refleja hoy en su sistema de salud: allí, repetía, “un enfermo no es un cliente, es un problema que hay que resolver”. Bajo esa idea se ha desarrollado un sistema sanitario y un sector biotecnológico capaz de exportar medicamentos y vacunas a 49 países, mientras en la isla tratamientos como la vacuna contra la hepatitis B se ofrecen de forma gratuita. Pudimos verlo en la entrega de medicinas en el Hospital Salvador Allende, donde conocimos de primera mano el avance hacia un sistema sanitario totalmente universal y gratuito, pero que, sin embargo, no puede cubrir todas las necesidades debido a las dificultades del bloqueo.

Varias de las misiones de Cuba en el exterior están siendo revertidas en países como Ecuador, Guatemala, Honduras o Jamaica, en gran medida por las presiones ejercidas desde Estados Unidos

Esa vocación también se extiende más allá de la isla a través de las misiones médicas cubanas en decenas de países, que permiten garantizar servicios básicos de atención primaria en lugares donde, bajo la lógica del mercado, no sería rentable mantener médicos. Sin embargo, varias de estas misiones están siendo actualmente revertidas en países como Ecuador, Guatemala, Honduras o Jamaica, en gran medida por las presiones ejercidas desde Estados Unidos.

Ante la escalada militar global y el poder desbordado que hoy encarna Donald Trump, la pregunta vuelve una y otra vez: ¿quién puede poner límites? Tras nuestra visita a Cuba, la respuesta aparece menos abstracta. 

Desde hace más de seis décadas, la Revolución cubana se mantiene como uno de los desafíos más persistentes a la Doctrina Monroe. Pero su significado va más allá de la isla: habla de soberanía, de cooperación entre pueblos y de una forma distinta de entender las relaciones entre países, basada en la solidaridad y no en el dominio. Por eso, la lucha de Cuba resuena también en todas y cada una de las resistencias del mundo: en la del pueblo palestino, en quienes defienden los servicios públicos, en la lucha por la paz, en cada comunidad que pelea por decidir sobre su propio futuro. Son luchas distintas, pero unidas por una misma intuición: que solo la solidaridad entre pueblos y la defensa de la soberanía pueden abrir el camino hacia otra forma de organizar la vida, más allá del capitalismo y del imperialismo. Como escribió Rosa Luxemburgo, se trata de luchar “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

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