Un nombre propio de la tragedia

Galardonada en el Festival de Casares y programada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, la película documental Samba, un nombre borrado será presentada en la cineteca de Madrid el próximo 8 de diciembre, en el marco de unas jornadas sobre derechos humanos.


publicado
2017-11-21 16:45:00

Con Samba, un nombre borrado, el sevillano Mariano Agudo (Intermedia Producciones), ante todo, denuncia la tragedia que tuvo lugar en la playa de El Tarajal (Ceuta) en febrero de 2014. Y la impunidad. Quince muertos y un número indefinido de desaparecidos que se van quedando en el olvido.

“Se ahogaron en una zona donde el agua mide alrededor de un metro cuarenta”, cuenta Mariano Agudo, “está claro que algo tuvo que ver el uso de material antidisturbios, como balas de goma y botes de humo”.

Sin embargo, a pesar de los videos y testimonios que apoyan esta versión, aún no se han asumido responsabilidades. Aquel día en el Tarajal intentaron pasar unas 200 personas, 15 murieron en el intento tras la intervención de la Guardia Civil, 23 migrantes llegaron a pisar tierra española y fueron directamente entregados a la policía marroquí, de los demás nada se sabe. “Hay muchas violaciones de derechos humanos en esta historia”, denuncia Agudo, “empezando por la omisión del deber de socorro, hasta la negación del visado a las familias para visitar las tumbas”.

Samba no tiene tumba, es uno de los muchos desaparecidos. “Teníamos solo un nombre, en un informe de Caminando Fronteras y algunos testimonios de supervivientes”, cuenta Mariano, que, con la ayuda de Mahmud Traore, ha seguido la pista de Samba en una investigación que ha durado un año.

Mahmud, que llegó a España de forma similar, en el salto a la valla de 2005, y que ha contado su odisea en el libro Partir para contar, es protagonista y coautor del documental. “Cuando vi lo del Tarajal”, cuenta, “sentí que la pesadilla se repetía y que tenía que hacer algo”.

Esta es quizás la mayor peculiaridad de Samba, un nombre borrado, que no es un documental “sobre” migrantes, sino un documental hecho “con” los migrantes, en el que la mirada de Mahmud y su personal historia se funde con la de Samba. Es también el fruto de una amistad, del encuentro entre Mahmud y Mariano, en 2005, cuando participó en la caravana de indignación tras la represión en la valla de Ceuta.

Antes de 2005 era impensable que se disparara a personas que intentan pasar la frontera, lo malo es que quizás nos estemos acostumbrando

Según Agudo, los movimientos sociales fueron mucho más activos tras los hechos de 2005 que en el caso de El Tarajal. “Antes de 2005 era impensable que se disparara a personas que intentan pasar la frontera, lo malo es que quizás nos estemos acostumbrando”, señala.

Los muertos en el Mediterráneo, en la fronteras, las devoluciones en caliente, los heridos, “de los que nunca se habla, pero hay personas que quedan limitadas de por vida y con unos traumas tremendos por la violencia que sufren”, todo está enfocado en la deshumanización del fenómeno migratorio, en las historias que no se cuentan, en los nombres borrados y en los números de las estadísticas.

En el cementerio de Ceuta hay unos nichos sin nombre, una lápida blanca con un número. El mismo número que aparece en los registros del cementerio, acompañado de una anotación: Raza negra, Varón/Hembra, según el caso. “Es terrible”, comenta Mariano, “son cuerpos sin identificar, personas reducidas a un género y una raza”.

El tratamiento informativo que se le dio a la tragedia de El Tarajal fue también deshumanizante, según Agudo. “Se centró en la pelea política, en demostrar quien había mentido, se deshumanizó completamente, y pasado el momento de conveniencia electoral el caso quedó atascado y los medios no le dieron continuidad”.

Samba, rodaje
Rodaje de la película 'Samba, un nombre borrado' Intermedia Producciones

Los migrantes son números, porcentajes. Poco se habla de todo lo que pasa antes de llegar a nuestras fronteras, de los larguísimos viajes a pies, pasando por el desierto, de la violencia que sufren, de los abusos, de las continuas devoluciones en caliente que practica Marruecos. “Uno de los momentos más duros para mí”, cuenta Agudo, “fue cuando enseñamos a Demba la secuencia de los muertos en el Sahara”.

Estas durísimas imágenes las grabó en 2005 un chico nigeriano, como material de sensibilización en Nigeria, “porque otro gran problema es que estas cosas en África no se cuentan”.

Demba, que falleció recientemente, era un compañero de Mahmud que estuvo con él en el bosque de Ben Younes, cerca de Ceuta, no consiguió saltar la valla y fue deportado al desierto. “Cuando compartimos la secuencia con Demba se quedó muy afectado, luego nos dio las gracias por contarlo, porque después de su expulsión no le había contado nada a nadie, nunca había podido hablar de lo que vivió y son experiencias muy traumáticas que dejan secuelas, pasar por todo aquello y no expresarlo genera unos traumas tremendos”.

En Senegal hay como un tabú con respecto al fracaso

Más allá de recuperar la identidad de Samba, hasta llegar a su familia en un pueblo de Senegal, la película quiere romper este silencio, contar lo que pasa realmente. “En Senegal no se habla de los muertos, los deportados o las deudas. Hay como un tabú con respeto al fracaso”, explica Mariano. “Hay un relato oficial bastante roseo, que nadie se atreve a romper, y que conviene, porque los migrantes sustentan a sus familias. Hay sitios donde no hay nada pero hay un MoneyGram. Es otra de las grandes estrategias que tiene la lógica de la prohibición de la libertad de movimiento, el tabú sobre el relato real de lo que pasa. Las historias de fracaso, conflicto o siquiera complejas están prácticamente vetadas por una especie de pudor, o porque no se las creerían. Nadie se imagina que te puedan recibir a balazos, no se lo creen”. Por este motivo, para Mahmud el momento más difícil fue contar a la familia de Samba lo que había pasado realmente, romper este tabú.

En este intercambio de miradas distorsionadas entre el sur y el norte, el documental ofrece alguna pincelada sobre cuestiones fundamentales, como la externalización de las fronteras, que Agudo define “una perversión”. “Es como decir tú te encargas de castigar a los tuyos, que es la misma lógica que se aplicaba con los capos en los campos nazis. Y además es un gran negocio para todos”.

Agudo recuerda que cuando se produjo el salto a la valla de 2005, en Sevilla una delegación de Marruecos estaba tratando con España y la UE los acuerdos bilaterales sobre el control de fronteras. “De alguna manera el salto a la valla fue empujado por eso”, explica Mahmud Traore, “por las retadas de la policía marroquí que aceleraron la decisión de intentar pasar, porque te encuentras atrapado, no puedes ir adelante y una vez que has llegado allí y has pasado por todo lo que has pasado es imposible volver atrás”. Una huida hacia adelante que también conviene a muchos. “Al Estado le interesa generar una imagen de saturación porque va todo en la línea de ese discurso de la invasión. Los llaman asaltos y refuerzan esta idea”, apunta Mariano Agudo, “y vienen muy bien a ambos lados, a Europa para justificar sus políticas y a Marruecos que gana dinero con ello”.

Sobre esto nos cuenta Mahmud que es bastante frecuente que Marruecos contabilice los mismos migrantes varias veces, “te devuelven en medio del desierto, te dejan allí, sabiendo que lo único que puedes hacer es volver a intentarlo”.

Sambra, frame
Frame de la película 'Samba, un nombre borrado' Intermedia Producciones

Agudo reflexiona sobre las ventajas y las conveniencias del control de fronteras y la ilegalización de la libertad de movimiento de las personas. “El blindaje de las fronteras conviene a todos”. Si, por un lado, ofrece la imagen funcional de “la invasión”; por otro proporciona mano de obra esclava. Una parte del documental es en Roqueta de Mar, “porque por allí pasan todos y no va la policía” cuenta Mariano. “Sin esa mano de obra esclava no hay invernaderos. Los clandestinos no tienen vida fuera del trabajo, no pueden hacer nada, por el miedo de ser devueltos, y aceptan encantados trabajar en total explotación. Obreros mal pagados que van del trabajo a dormir, es el sueño de los empresarios...” comenta. “De allí viene la competitividad de los productos agrícolas, del régimen de explotación como sistema”. Es lo que uno de los participantes al documental, el representante de los migrantes en el Sindicado Andaluz de Trabajadores, llama “el cuarto mundo”.

Lo mismo pasa en Marruecos. El bosque de Ben Younes, donde antes malvivían muchos migrantes subsaharianos esperando pasar la frontera, ahora está muy poco transitado, “con el boom de la construcción los prefieren al interior, en las ciudades trabajando en situación de extrema precariedad”.

El documental introduce también el tema del expolio de los recursos africanos, como la pesca. “Cuando estuvimos en Goré, había un barco de la Guardia Civil patrullando delante de la costa, me chocó mucho que estuviera allí”, cuenta Mariano.

Goré es una isla cercana a Dakar, conocida por haber sido un importante centro en el comercio de esclavos. “Me pareció muy simbólico”, comenta, “y sinceramente no me creo que estén allí solo por la inmigración, están salvaguardando unos intereses económicos, como los de las empresas pesqueras, para que no pase lo que ha pasado en Somalia. Muchos de los que se fueron en cayuco entre 2004 y 2006, son pescadores a quienes las multinacionales han esquilmado los bancos de pesca. El control de fronteras es también una estrategia para tener controlados militarmente a esos países, por si hay estallidos”, añade, “es útil a muchas cosas menos a solucionar el problema”.

Y, concluye, “el riesgo es que la sociedad está aceptando este discurso de la seguridad de las fronteras y de que hay que venir legalmente. Es completamente falso, no existe este trámite legal, los que vienen legalmente vienen con visados fraudulentos. Hay un negocio enorme entorno a las fronteras”.

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