El PT recupera la iniciativa política y convoca a la movilización con Lula en prisión

Aunque no hayan conseguido sacar a Lula de la cárcel, las acciones de los diputados petistas han dejado en evidencia el corporativismo y subordinación de la judicatura brasileña al poder económico y mediático.

Lula antes de entrar a la cárcel

publicado
2018-07-10 15:30:00

En una hábil iniciativa legal operada este fin de semana, el tándem formado por los abogados de la defensa de Lula y los diputados del PT Paulo Pimenta (Rio Grande do Sul), Paulo Teixeira (São Paulo) y Wadih Damous (Río de Janeiro), ha recuperado la iniciativa política que el partido parecía haber perdido desde la prisión del expresidente, en abril pasado.

Aprovechando el inicio del feriado judicial y la paralela ausencia del juez Sérgio Moro —oficiante de cancerbero judicial del ex presidente— entraron con pedido de hábeas corpus y solicitud de excarcelación de Lula, centrándose en la falta de isonomía (equiparación de derechos) del preso, dada su potencial condición de candidato en las elecciones presidenciales de octubre próximo. Era una situación de manifiesta desigualdad, agravada por el hecho de que Lula lidera, con diferencia, todas las encuestas de opinión de voto.

El juez Rogério Favreto, que estaba de turno en el Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región (TRF-4), hizo lugar a ambas demandas y ordenó la puesta en libertad del expresidente. El magistrado valoró que, al estar privado de libertad, se le estaría impidiendo ejercer sus derechos como precandidato a la presidencia de Brasil en dichas elecciones. Este dictamen disparó las alarmas en el establishment judicial, así como en el mediático —que se prodigó en amplificar el ruido— y el juez Moro, de vacaciones en Portugal, hizo pública su enérgica reprobación a la decisión de Favreto: en un cuestionable ejercicio de competencia exhortó a la policía a no liberar al prisionero.

Según expertos jurídicos, Moro no tenía potestad para sustentar semejante actitud. Primero, porque es cuestionar e interferir en la decisión de un “desembargador”, figura del ordenamiento jurídico brasileño de jerarquía superior a la de Sérgio Moro, que sólo es un juez de primera instancia. Esto constituye, como mínimo, un delito de insubordinación. En segundo término, conforme a las normativas imperantes en el poder judicial brasileño, un juez en situación de vacaciones está impedido de exhortar o impetrar acciones legales, facultades que sólo podrá realizar durante el período de ejercicio habitual de su actividad profesional.

Es evidente que la acción de los diputados y abogados petistas, al menos en primera instancia, ha resultado exitosa

Como para que no queden dudas de su poder y de la autopercepción de “juez estrella” —perfil labrado por los medios oficialistas a partir de su visibilidad en la Operación Lava Jato—, Sérgio Moro se permitió accionar a João Gebran Neto, otro juez del TRF-4 e instructor del Caso Lava Jato —en paridad de escala jerárquica con el ordenante Favreto— y a Carlos Thompson Flores, presidente del mismo tribunal, quienes —como era de esperar— ratificaron la negativa a la excarcelación de Lula. Thompson Flores taxativamente consideró que la competencia sobre la libertad de Lula recae en el instructor del caso Lava Jato (Gebran Neto) y no en el juez de turno (Favreto).

Sin embargo, la disputa jurídica no acabó ahí; ante el bloqueo de Gebran Neto, el juez Favreto reiteró la exigencia de libertad del expresidente y dio una hora de margen para que se haga efectiva, plazo que se cumplió a las 22h de España del día de ayer. En ese ínterin y para presionar en favor de su liberación, simpatizantes de Lula empezaron a arribar al sitio donde el expresidente permanece recluido.

Es evidente que la acción de los diputados y abogados petistas —al menos en primera instancia— ha resultado exitosa, ya que aunque no hayan conseguido, al menos hasta el momento, el objetivo supremo de sacar a Lula de la cárcel, han dejado en evidencia el corporativismo y subordinación de la judicatura brasileña al poder económico y mediático. Además, su gesto visibilizó el patético comportamiento del juez Moro, notoriamente excedido en el ejercicio de sus funciones, asumiendo un papel más propio de un sheriff del Far West, que de un juez de primera instancia en un régimen democrático.

Por otra parte, han conseguido activar la implosión del poder judicial brasileño, en este momento profundamente dividido, a favor y en contra de la excarcelación del exmandatario. El clima de desencuentro y conflicto judicial instalado por la extemporánea reacción de Sérgio Moro, ha sido superado por la respuesta de 125 abogados nucleados en Jueces para la Democracia, que acaban de entrar con pedido de juicio y prisión inmediata para Moro y Gebran, acusándoles de estar actuando fuera de la ley, exigiendo que sean retirados del tribunal que juzga al ex presidente. Asimismo, solicitan que la conducta de Sérgio Moro —que cualifican de insubordinación— sea analizada por el Pleno del TRF-F4 y por el Consejo Nacional de Justicia.

Además, los petistas han centrado el escenario de disputa en el campo político —donde, objetivamente siempre estuvo— y, dada la abundancia de pareceres jurídicos divergentes, han conseguido enturbiar la estrategia juridicista —con pretensión de gesta anticorrupción— que el aparato judicial y mediático había conseguido imponer hasta el momento. Como efecto derivado, también ponen de manifiesto que los defectos de prueba en las investigaciones y en la posterior condena de prisión a Lula obedecen igualmente a intereses manifiestamente políticos.

A partir de ahora la disputa deberá dirimirse centralmente en el ámbito político

Dado este cambio en el marco discursivo e interpretativo conseguido por el PT, a partir de ahora la disputa deberá dirimirse centralmente en el ámbito político, aunque pueda seguir en el corto plazo recubriéndose de apelaciones a inhabilitaciones y alegatos de supuestas aberraciones jurídicas, que unos y otros se prodigarán como arma arrojadiza.

Y, en ese espacio, ninguna de las partes lo tiene fácil. Peor —notoriamente— el establishment. Con unas instituciones bajo mínimos en la legitimidad y aceptación popular, no consigue articular una alternativa que pueda plantarse con solidez ante el candidato del PT, cuya prisión –precisamente por este motivo- hacen cuestión de prolongar. Según diferentes institutos de opinión, el presidente Temer tendría el apoyo de sólo un 7% de la población, el poder legislativo –diputados y senadores- recibiría la reprobación de un 70% y el poder judicial no saldría mucho mejor parado. Y esto, a pesar del ingente trabajo de glamurización y manipulación del grupo O Globo y el resto de la prensa oficialista.

Brasil
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Pero el PT, a pesar de la manifiesta ventaja electoral de su candidato, tampoco las tiene todas consigo. Sea por el trabajo de erosión de O Globo y otros medios del establishment, sea por casos de corrupción probados de dirigentes del partido y/o por el simultáneo desgaste devenido del ejercicio del poder y opacas negociaciones con los partidos del establishment mientras fue gobierno hoy la formación de Lula no consigue generar el entusiasmo y movilización de otrora.

En efecto, pese a las inconsistencias periciales ya mencionadas, buena parte de la opinión pública está convencida de que Lula es culpable de los cargos por corrupción que se le imputan, en el caso del apartamento triplex con que la empresa Odebrecht —según sus acusadores— le habría sobornado.

Precisamente por esa relativa debilidad en su capacidad de movilización Lula y el PT se vieron obligados a abortar la maniobra inicial de resistir a la prisión dictaminada por el poder judicial, en el pasado mes de abril. El expresidente se atrincheró en la sede del sindicato en São Bernardo dos Campos, esperando que el país se paralizara exigiendo la retirada de la acusación, pero poco más que el activismo petista se movilizó activamente; ante esa desfavorable relación de fuerzas, el expresidente tuvo que aceptar la orden de encausamiento e ingresar en prisión.

Hoy el PT y su candidato redoblan la apuesta, habrá que ver si en esta segunda oleada consiguen el nivel de movilización suficiente como para deshacer las costuras de un poder galvanizado en torno a una oligarquía demasiado acostumbrada a ser poder incontestable —salvo el interregno del PT— y que no está consiguiendo siquiera articular alguna alternativa gatopardista.

3 Comentarios
Laercio 2:07 11/7/2018

La visión aquí exposta es de orientación equivocado y defrauda la realidad.
La democracia en Brasil se gana músculo, se alza vuelo sobre solo protegido. Lula está encarcelado no por las cosas buenas que hizo pero por las malas . Su entrada en prisión es la prueba de que Brasil no tolera más las décadas de impunidades. Lula y todo su escuadrón de agentes corruptos están en la carcere.
Lo que se ve en esos días es una otra estrategia del aparato petista ismicuido aún en los poderes.
Moura se indigno como todos los demás brasileños en ver la cuadrilla entrer en accion en un domingo que pensaba pasaría desapercebida por el receso judicial. No contaba que la seleçao brasileira estaría ya despachada de la copa y Brasil estava ya con los ojos puestos en lo que les interesa más : barrer la corrección !!!
Cabe destacar que el juez de guardia era abogado del PT y filiado antes al PT y esta como desembargador nombrado por el PT. Suena a contraria !

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Hodei 16:00 11/7/2018

Cómo vemos, estamos ante un nuevo caso de la plasmación del sobreponer ilegal del que hace eco la burgesia, para impedir cualquier tipo de cambio en el gobierno, por pequeño que fuere.
Si en Siria y Libia apoyan a los grupos terroristas, en Colombia a los paramilitares, en Ucrania a los neonazis y en Brasil compran a los jueces.
Así juega la élite explotadora. No podemos quedarnos quietos ante ello!

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#20130 17:25 10/7/2018

Muchas gracias por entregarnos esta vision de la actualidad politica brasileña, me parecio muy claro y oportuno; felicitaciones al periodista.

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