Vox, la España que madruga y la mistificación de la clase obrera

La incursión de Vox en los barrios supone el último episodio en el debate sobre la derechización de la clase obrera. Entender los barrios y la gente que allí vive como un ente uniforme que constituye un problema es crear una identidad ficticia y amenazante, allá donde existe agencia y esperanza.
Compra Barrio Tetuan
Una calle del barrio de Tetuan, en Madrid. David Fernández
Sarah Babiker

publicado
2018-10-25 10:34:00
Andamos fascinadas con Vox. Como esas películas de terror que cosechan grandes éxitos de taquilla, el partido de extrema derecha genera una especie de morbo apocalíptico, de sensualidad de la disrupción que por animadversión o simpatía no deja a nadie indiferente. Su encaje en el clima fascista mundial traduce al contexto local una gramática de la exclusión que requiere de una identidad fuerte, fetichizada. Mucho se ha hablado de quién queda afuera del nosotros de Vox. Pero ¿a quién busca en las plazas de los barrios y en los callejones de las redes sociales?

Allá en Vistalegre, el 7 de octubre, ante el entregado público, Santiago Abascal y los suyos interpelaron una y otra vez a la “España que madruga”. La fórmula encajaba bien con esa atmósfera épica que se respiraba: los españoles que con su esfuerzo y sacrificio sacan adelante a sus familias y al país. Currantes, gente de bien, olvidada por la clase política, dejada de lado para favorecer a los inmigrantes. Así la identidad a la que interpela Vox es una identidad doblemente excluyente, una identidad amurallada por dos fronteras: la del origen, y la del trabajo. Y además es doblemente ficticia.

¿Ve Vox su “España” en las miles de personas racializadas que hemos nacido o crecido en el estado? La respuesta parece evidente

Toda identidad tiene un grado de fabulación en cuanto intenta congelar la historia, la diversidad y el conflicto en un nosotros atemporal y aproblemático. Porque ¿dónde ve Vox a su “España”? ¿Ve su “España” en las miles de personas racializadas que hemos nacido o crecido en el estado? ¿Ve su “España” en las millones de jóvenes feministas que se preparan para defender a uñas y dientes sus derechos sexuales y reproductivos? ¿Ve su “España” en los ateos, o en las jóvenes que llevan velo o hacen el Ramadán? ¿Ve su “España” en las personas trans? La respuesta parece evidente.

Menos se ha hablado de la segunda parte, es decir, del predicado de la frase: “la España que madruga”. A ver,¿quién madruga en España? ¿Madrugan las jornaleras marroquíes, madrugan los parados de cincuenta y tantos, muchos de ellos españoles, que campan entre la exclusión y el abandono? ¿Madrugan las cuidadoras latinoamericanas de las personas mayores, madrugan los jóvenes que no encuentran trabajo? ¿Piensa Vox que toda la gente sin empleo de los barrios que visita es extranjera? ¿Tiene alguna propuesta para la España que no madruga porque hace años que el mercado de trabajo las masticó y expulsó? ¿alguna propuesta para quienes madrugan a cambio de menos de lo necesario para vivir?

La España que dibuja Vox, el nosotros en el que ofrece resguardar a toda esa gente aturdida de intemperie, quemada de frustraciones cotidianas es un nosotros que supura “ellos” por todas partes. Pero hay algo peor para quienes buscando tierra firme se adentran en arenas movedizas. Es un nosotros que no existe más, una España blanca y próspera, que si ya era una ficción histórica, ahora es una quimera. Un mundo que cada vez madruga menos, y al que madrugar no le saca de pobre.

Mirar a Italia siempre ayuda. Mientras Matteo Salvini se muestra como el azote de inmigrantes y refugiados, en segundo plano, su vicepresidente del movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio, dice de su renta de ciudadanía: “no daremos dinero para quedarse en el sofá. Quien lo tome se compromete a hacer trabajos de utilidad pública. Quien haga trampas se enfrentará hasta a 6 años de cárcel”. En un país con un desempleo rampante, con la precariedad como norma, el mensaje es: Nosotros no mantenemos vagos. Antes de esto, ya había alertado de que la renta solo sería para italianos, tras las críticas, incluyó a los extranjeros con 10 años de residencia en el país. La ‘ciudadanía’ de la renta de ciudadanía no es un espacio de derecho sino una fortaleza excluyente.

La fórmula “la España que madruga” evoca un reverso tenebroso: quien queda fuera de esa identidad que es una ficción no se merece una vida digna

Si en los años del apogeo económico se alertaba contra los inmigrantes que venían a robar el trabajo, ahora el principal temor es otro: que se queden con las ayudas sociales. Todo ese miedo obtura un debate: el de la redistribución de la riqueza de arriba a abajo. La lógica de la escasez ha permeado el sentido común. Y entonces a la gente le sorprende que haya inmigrantes asentados conformes con el cierre de fronteras. Merecería la pena preguntar a quienes repiten “los españoles primero” qué piensan de “los vagos que viven de los servicios sociales”, o los “jóvenes ninis que no se esfuerzan.” La fórmula “la España que madruga” evoca un reverso tenebroso: quien queda fuera de esa identidad que es una ficción no se merece una vida digna. Contiene una impugnación contra el principio de que hay una dignidad intrínseca en las personas por el mero hecho de serlo. Esta etapa del capitalismo necesita una lógica del “merecerse” que aplaste los derechos fundamentales.

Dicho esto: este no es un artículo que apela a la intelectualidad o a las clases medias para que entiendan por qué la pobre clase obrera bruta y vapuleada es tan peligrosa y racista e inconsciente. Más racismo social y cotidiano hay en esos barrios tan blancos donde las personas racializadas van con uniforme. El racismo no tiene clase —y ya que estamos, el clasismo tampoco tiene raza—. De los barrios empobrecidos brotan contestaciones cotidianas, redes de solidaridad, adaptaciones a los tiempos de mierda que corren, entendimientos, resistencias. Brotan muchas más esperanzas que amenazas de los barrios “obreros”, de sus colegios mestizos y sus plazas llenas de vecinos. Pero sucede que se (nos) trata como un objeto de debate o de preocupación y no como un sujeto.

No ha sido un proceso espontáneo, tiene que ver con el cierre del ciclo político hacia la representación, un cierre al que ha contribuido la “nueva política”. Si a la izquierda tanto le preocupa la clase obrera empobrecida de los barrios, debería hablar mucho menos de inmigración —que es también clase obrera empobrecida de los barrios— y más de renta básica universal. Si a la izquierda tanto le preocupa la deriva de los barrios obreros hacia la derecha, debería de pensarlos menos como objeto a representar y defender, y más como espacios donde habitan sujetos políticos. Si al menos Vox nos sirviera para ver esto, podríamos transitar de la fascinación a la respuesta.

Extrema derecha
Incubando a Vox
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En los últimos tiempos, el auge de la extrema derecha parece una tendencia imparable de nuestras sociedades. Sin embargo, el fenómeno es analizado habitualmente como si hubiese surgido de manera espontánea, desvinculado de los procesos político-sociales que han alterado drásticamente el mundo en que vivimos. 

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22 Comentarios
Madrugador 19:19 25/10/2018

La extrema derecha puede que esté dirigida por la "gente de bien" de las buenas familias de toda la vida, pero su apoyo (en las urnas y en la calle) siempre, siempre, siempre viene de dos fuentes: la clase obrera proletaria (mineros, obreros fabriles) y la clase media venida a menos (esa que o bien la derecha tradicional con su liberalismo o bien la izquierda con sus impuestos se cargan). Los primeros porque la izquierda tradicional ha sido sustituida por una izquierda "guay" (los "progres") integrada por gente bien de clase media-alta, que les ha olvidado y cambiado por románticas luchas --fáciles de ganar-- como son los derechos de las minorías: inmigrantes, etnias no integradas, feministas, opciones sexuales, etc. (¿es extraño entonces que se vayan con quien ataca a los grupos por los cuales precisamente han sido abandonados?). Los segundos porque han sido fieles seguidores del sistema --han estudiado, se han arriesgado en su trabajo y negocios, han cumplido las leyes, han sido socialmente ejemplares-- y a cambio sólo han recibido palos: cada vez que intentan crear algo nuevo se encuentran con la mastodóntica burocracia que lo impide, cada vez que les va bien su beneficio es saqueado por impuestos --vigentes o nuevos--, cada vez que tienen éxito el estado se encarga de cercenarlo con su actuación o aparecen las poderosas corporaciones que los laminan. Ambos colectivos, efectivamente, son "la España que madruga" y que ven en el Estado un enemigo conformado por una casta política (aquella "casta" denunciada por la nueva "casta" que provenía, precisamente, de la vieja "casta") apoyada por un ejército de clases pasivas (todos esos colectivos) y grandes corporaciones a los que hay que mantener. Y muchos parados y jubilados que provienen de estos dos grupos se sienten también expulsados por el sistema y se suman. ¿La solución? Que la derecha española (léase PP y Ciudadanos) deje de reírle las gracias a su sector carca y se modernice de una vez y que la izquierda española (léase PSOE e IU) vuelva a mimar al proletario y lo haga centro de sus políticas (sin descuidar a la minorías, obviamente) y se deje de aventuras románticas y de reírle la gracia a los nacionalistas (una tercera pata para el banco, cuya única utilidad estos años ha sido atraer a lo más radical de la sociedad evitando, precisamente, tener una ultraderecha en la calle).

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#25037 16:11 26/10/2018

Yo me pregunto en qué momento el proletario ha dejado de ser el centro de las políticas de IU. Que lo haya sido del PSOE, vale, pero no metáis a quienes no tragaron con la Reforma Laboral, la Ley Mordaza, el ninguneo de la RBU o el trabajo garantizado o la persecución a los mineros. En cuanto a Cataluña, creo que Podemos e IU han sido lo bastante hostiles al independentismo unilateral o la burguesía nacionalista como para que ahora se hable de reírle las gracias. Claro, obviamente pedir soluciones a la canadiense (ley de Claridad), que tan bien han funcionado en el país norteamericano, es más de lo que nos podríamos permitir, pero ya vemos lo bien que nos ha ido con el 155, que sólo ha recrudecido más el conflicto. Casado, Rivera y Abascal son quienes, por hooliganismo, más favores hacen al nacionalismo. Podemos, uniéndose a ellos, se habría hundido más, y defendiendo la independencia habría caído del todo. Lo poco que pudo hacer es marcar un perfil propio, y visto que todas las opciones le iban a perjudicar, creo que la de diseñar una vía legal pactada era la menos mala.

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Madrugador 20:00 29/10/2018

IU ha seguido precisamente la estela del PSOE. No hay que ver nada más que allí donde se plantea un nuevo proyecto (industrial, minero, turístico, etc.) que va a generar decenas, cientos o miles de puestos de trabajo, IU son los primeros en unirse a los de la pancarta de turno. Da igual lo deprimida que esté la comarca o las cifras de paro o de emigración. Lo primero es ponerse con ese colectivo "anti", además aprovechando que el que monta el proyecto es (obviamente) un capitalista. Para luchar por los derechos del trabajador, primero el trabajador tiene que tener un trabajo. ¡Claro que sí! ¡Claro que el fulano inversor querrá pagar unos sueldos paupérrimos y que se trabajen 12 horas y domingos! Pero mejor luchar contra eso que seguir viendo volar las moscas desde la cola del paro. Se ve la lucha de IU por muchos derechos, pero los parados aún no han visto a IU luchando para que se abran minas, se monten fábricas o se abran centros turísticos.

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Baix Llobregat 14:07 26/10/2018

Lo más lúcido que he leído en mucho tiempo. Lástima que sea un comentario y no el artículo original...es lo que pasa cuando no lo escribe un "progre".

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#25015 8:58 26/10/2018

Hay que informarse un poco y no decir cosas sin conocimiento votaré a Vox

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Madrugador 20:07 29/10/2018

Estimado amigo, piénselo bien. Que estas cosas se saben como llegan y se sabe luego lo que pasa. Los "ultra" de un lado y de otro siempre tienen la razón absoluta y, naturalmente, no entienden que la mayoría esté equivocada y no se vayan con ellos. Por eso los "ultra" de ambos lado casi siempre tienen una vertiente violenta, de violencia real en la calle (skin o antisistema o caleborrokeros) y una violencia verbal allá donde les pongan un micrófono. El problema es cuando llegan al poder, que suelen laminar las minorías políticas (aunque estas sean de un 35%) y finalmente imponen el 100% de sus ideas a todo el mundo. Y el problema es que si usted sólo comparte el 75% de sus ideas, le va a tocar soportar el 25% restante sí o sí y entonces se lamentará porque ese 25% no suele compensar el 75%. En Italia (que vuelve a las andadas) los banqueros judíos financiaron al partido fascista de Mussolini. Resulta que los judíos italianos eran fervorosos patriotas (la República les había liberado de las imposiciones medievales y hecho ciudadanos de pleno derecho), y siendo comerciantes, banqueros, etc., "gente de orden", veían con malos ojos a esos revoltosos socialistas y el desorden social que promovían. Ya sabemos como acabó la historia.

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#25024 10:17 26/10/2018

Hagamos un unVoxing!

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#25235 11:45 29/10/2018

¿Ve su "España" en la gente que no vive en madrid?
¿La ven en la redacción de medios de babor y estribos con base capetalina?
¿Es una columpiada monumental lo de fliparse con Vox?
¿Importa a alguien que no viva en el puñetero centro radial?
Luego vendrán las brasas con que si la patria, que si el errejonismo y la reivindicación de la identidad castellana y "nosotros también somos víctimas" tan caros a los del interior.
En fin, que si, que la españa castellana está "obligada" a votar (transversalmente) a los de siempre "por las circunstancias".

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doctoranimacion 13:03 29/10/2018

al fascismo no se le debate se le COMBATE. Cualquiera que se considerase demócrata, aunque solo fuese un poco, seria un ANTIFASCISTA convencido, pero cuando les preguntas a los pepitos del estado español si se consideran antifascistas te dicen abiertamente que no, así que ¿Que mierda de democracia es esta? que legaliza un partido de extrema derecha fundado por un carcelero y un grupo de fascistas declarados.

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Madrugador 20:14 29/10/2018

Esta mierda de democracia es la que permite la extrema derecha, la extrema izquierda y los nacionalismos extremos, todos ellos partidos que se dedican a intentar la destrucción sistemática de nuestra sociedad, nuestro estado y, precisamente, nuestra democracia que consideran "una mierda". El problema es si nos ponemos a prohibir cuando paramos. Hasta ahora sólo se han prohibido algunos partidos porque hacían apología de "matar gente que no piensa como tú está bien". Pero se han permitido las ideologías radicales porque, en principio, las palabras no hacen daño. Pero la responsabilidad de mantener a estas ideologías a raya no es del Estado "prohibidor de partidos" si no de los ciudadanos. Durante 40 años de democracia hemos enviado al ostracismo a la ultraderecha y hemos a la extrema izquierda como un entretenimiento de adolescentes y universitarios. No hemos tenido tanta lucidez con los ultranacionalismos. Pero la responsabilidad es nuestra. Prefiero votar a los caducos PP, PSOE e IU o incluso a Ciudadanos y Podemos (si quiero fastidiar a los caducos), antes que arrojarme en los brazos de los extremismos que me dicen lo que quiero oír para luego obligarme a hacer lo que ellos quieren.

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#25036 16:01 26/10/2018

En un mundo donde crecen el miedo y las incertidumbres -difusas como el clima, trágicas como la emigración, amenazadoras como la robotización...- la gente quiere respuestas:
La izquierda ofrece esperanza, igualdad y reparto de la riqueza.
La derecha, mano dura, canibalismo laboral y huida hacia adelante en la lucha por los recursos finitos.

Los extremos de estas clásicas posiciones exacerban la oferta básica que tienen.

Ponganse en la cabeza de una familia trabajadora española y verán la duda entre una paz represiva y autoritaria, o una epifanía de la hermandad con el bosillo medio vacio.

Más allá de la caricatura, en este tiempo incierto, opciones como Vox esgrimen el repliegue en la familia y la patria como certezas con amenazas que necesitan protegerse con el ejercito.
Mientras, el Podemos imberbe e infantilista que diría Pepe Mugica, fundamenta en la extensión de los derechos de la población y en la lucha contra el agónico dragón neoliberal arrancando de sus fauces las plusvalias codiciosas que obtiene de los millones de consumidores conscientes de su fragilidad.

Quien establezca en la lábil y mágica mente humana, la seguridad de que se conservarán sus privilegios en riesgo, tendrá más posibilidades de acceder al poder.

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#25039 16:40 26/10/2018

Pardo detected.

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#25104 16:25 27/10/2018

Las derechas, ultras o extremocentristas, tienen dos agujeros en su analisis de la realidad actual que tienen efectos a todos los niveles:

A.- La negación de las consecuencias catastróficas del cambio climático (con la emigración en cabeza).

B.- La ceguera con que afrontan el fin del crecimiento fósil por el agotamiento de recursos que impone un reparto de la riqueza.

¡¡Ahí debe darle la izquierda!!

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Madrugador 20:19 29/10/2018

Este es el abandono del proletario que comentaba en mi primer comentario. ¿Cree que los trabajadores de Alcoa y de Cemex están felices porque con el cierre de sus plantas las emisiones de CO2 (por no decir otros contaminantes peores) van a bajar en España un 2%? ¿Cree usted que al votante de PP o Vox le va a convencer del cambio climático? Este comentario es el que genera votantes de estos partidos. Se deben dar argumentos económicos y sociales de peso, no de modas.

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Naiara 14:42 27/10/2018

Hay una pequeña errata: es Luigi di Maio, no Giorgio.

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#25013 8:35 26/10/2018

Una vez más, otro articulista de este medio empeñado en hacer ver que la culpa la tienen "otros", y que la razón es "suya". Y en algo tan obvio que parece mentira que le paguen por ello.
La política de la derecha de meter miedo en los barrios obreros (y no tan obreros) está funcionando y, encima, bien. Entonces llegas a este artículo, pensando encontrar por fin un análisis decente del problema. Pero no... La palabra 'racializada' ya indica que esta será otra loa más al ombligo, otra celebración de lo buenos que somos, sin entender que es lo que hace que los otros estén ganando votos. El problema no está en la derecha, está en la izquierda, y su incapacidad de leer a la mayoría de la sociedad.

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Stop_Franquismo 9:47 26/10/2018

Muy buena reflexión, Sarah. Ojalá hubiera más conciencia social de la interseccionalidad de las luchas. Tristemente la derechización adopta muchas formas, algunas muy sutiles, como la postkeynesiana del Trabajo Garantizado. Y peor aún es el olvido de las aportaciones feministas al análisis de la realidad neoliberal, bastante más iluminador y capaz de orientar las luchas colectivas de una manera más eficaz.

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#25004 19:08 25/10/2018

muchos ex votantes de podemos e IU se va a VOX

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Madrugador 20:22 29/10/2018

Esto apoya mis tesis. En cuanto a Podemos, no olvidemos que recogió mucho voto de castigo, mucho voto con ganas de perjudicar al PP-PSOE-IU. Voto con mucha indignación y mucha rabia. Y este voto a lo mejor ve en Vox una forma de dañar aún más a los viejos partidos PP-PSOE-IU e incluso a los nuevos C's-Podemos que en seguida han adoptado las costumbres de los viejos.

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#25050 21:20 26/10/2018

De IU no sé, pero de Podemos conozco unos cuantos que se han pasado a Vox, increíble pero cierto.

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#25023 10:14 26/10/2018

Jajajaja.

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#24975 14:56 25/10/2018

Si.

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