Ayuntamiento de Madrid
Sin escuchar el reclamo vecinal y científico, Madrid continúa el iluminado en un tramo del Manzanares
Con sus 92 kilómetros de caudal escaso del que se burlaron literatos como Quevedo (que lo llamó “arroyo aprendiz de río”), el Manzanares atraviesa Madrid y ha escrito su historia. Fue escenario de los primeros asentamientos humanos y testigo del crecimiento urbanístico de la capital, que lo relegó a fluir por un lecho de hormigón, hasta que un proyecto de renaturalización logró lo impensable: que la ciudad que siempre ignoraba a su río volviera a mirarlo.
Sin embargo, ese logro ambiental se enfrenta hoy a nuevas amenazas. En un contexto de gentrificación, transformación urbana y emergencia climática, ecologistas y asociaciones vecinales denuncian la última ocurrencia del Ayuntamiento de Madrid: un sistema de iluminación nocturna en el río que, desde el 22 de noviembre, que aspira a atraer a turistas poniendo en riesgo, según los críticos, el ecosistema recuperado.
“Es dar pasos atrás en la recuperación de los valores ambientales, naturales y ecológicos del río”, dice Erika González Briz, bióloga y coordinadora de Ecologistas en Acción. Pero no solo supone un daño sobre el ecosistema: “También traerá problemas sociales y económicos en los barrios que se están turistificando”.
De aguas estancadas a volver a escuchar el río
Para entender esta preocupación hay que rememorar el proceso que transformó el tramo urbano del Manzanares. Tras el soterramiento de la M-30 y la creación del parque Madrid Río, que le devolvió a la ciudadanía, continuó en un cauce de hormigón. En enero de 2016, Ecologistas en Acción presentó al Ayuntamiento el Plan de naturalización y restauración ambiental del Río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid, siguiendo ejemplos exitosos como el del río Arlanzón en Burgos. La propuesta (renaturalizar unos siete kilómetros entre el Puente de los Franceses y el puente de la línea C5 de Cercanías en la zona del Nudo Sur) fue aceptada por la entonces alcaldesa Manuela Carmena.
En 2016, el río dejó de ser una sucesión de piscinas oscuras y quietas y recuperó su naturalidad mediterránea
La primera medida: abrir las presas que habían sido instaladas en los años 60 para darle una apariencia caudalosa. Estas se abrieron a partir de marzo de 2016 para que el río, hasta entonces un caudal de aguas quietas, discurriese de forma natural. Según recoge la publicación El río Manzanares a su paso por Madrid, la respuesta fue extraordinaria: sin necesidad de más acciones, en el segundo de los tres tramos sobre los que se llevó a cabo el proyecto (del Puente de Reina Victoria hasta la presa nº 9) el agua en movimiento creó en poco tiempo islas y orillas, que se cubrieron de vegetación de ribera autóctona, desde herbáceas hasta arbustos y árboles. El río dejó de ser una sucesión de piscinas oscuras y quietas y recuperó su naturalidad mediterránea (poco caudal, pero continuo).
“La vez que dijimos, han levantado las presas, vamos a ver el río, nos emocionamos al escucharlo. Pasas de unos estanques a escuchar agua fluyendo entre las arenas. Dijimos, ¡si tenemos un río!”, recuerda González en un paseo por la zona renaturalizada, que permite ver las orillas con abundantes chopos, la vegetación desordenada. Menciona que también hay sauces, álamos blancos y negros y vegetación arbustiva: juncos, carrizos y eneas. “Ningún árbol [de estos] ha sido replantado, han salido de manera natural”, señala.
“Con el fluir del agua se ha recuperado el barbo, el pez históricamente más común del Manzanares, que ahora es la especie más abundante”, explica la bióloga Erika González
La vegetación trajo a orillas del río otros habitantes: peces y pájaros. Desde 2016 se han observado 121 especies de aves, tanto forestales como fluviales, y se ha recuperado la fauna piscícola autóctona: “Antes había sobre todo carpas y alguna especie exótica resistente a aguas estancadas y con poco oxígeno. Con el fluir del agua se ha recuperado el barbo, el pez históricamente más común del Manzanares, que ahora es la especie más abundante”, explica la bióloga. El río se ha convertido en un enclave privilegiado para la observación de especies muy poco comunes en la península ibérica, como la agachaíta chica.
Una respuesta a la emergencia climática
El éxito del Manzanares impulsó otros proyectos de renaturalización en España, como el Piles en Gijón, el Río de Oro en Melilla, el Francolí en Tarragona, el Castaños en Barakaldo o el Guadalmedina en Málaga. En esta ciudad, el debate sigue abierto: el ayuntamiento del PP propone remodelar el cauce por 300 millones de euros mientras que los arquitectos, oposición y ecologistas apuestan por renaturalizar, al estilo del Manzanares, por cinco millones.
Está comprobado que la renaturalización, además de ser mucho más barata que las grandes remodelaciones, ofrece beneficios clave frente al cambio climático: reduce la isla de calor, mejora la gestión de avenidas y amortigua los efectos de lluvias extremas. Además, lejos de aumentar el riesgo de inundaciones, la vegetación de ribera ralentiza la fuerza del agua y reduce los daños. “Necesitamos que los ríos estén en buen estado, y más en un contexto de emergencia climática. Una buena conservación del río amortigua los efectos del incremento de temperaturas”, dice González.
La batalla contra el iluminado
Sin embargo, “como cualquier otra ciudad que tenga la especulación urbanística como un motor de obtención de beneficio importante, cuando mejoras el entorno o tienes un entorno más agradable alrededor de las viviendas, sube el precio de la vivienda y puedes especular con él”, analiza González. Un ejemplo es el soterramiento de la M-30 para hacer Madrid Río, que supuso “un pelotazo para precios y alquileres de la zona, que pasaba de estar pegado a una autovía a estar pegado a un parque. La recuperación del río también ha supuesto una justificación para un incremento de los precios”, reconoce. “Hay que apostar por la renaturalización de los ríos, pero siempre reclamando que vengan acompañadas de medidas que impidan la exclusión de población más precaria con menos recursos”.
Además, señala el problema de la turistificación creciente en ciudades como Madrid, que cree que está detrás de la polémica idea del Ayuntamiento: instalar 61 focos para proyectar luz artificial nocturna en un tramo de 560 metros del cauce del río, entre el puente Oblicuo y la pasarela de Andorra, un proyecto con una inversión de 947.000 euros.
El encendido comenzó a finales del mes de noviembre de 2025 y se han marcado ciertos horarios de la iluminación, en función de la luz solar. Actualmente el horario de encendido es de 19:30 a 23:00 horas, y en abril y junio se retrasará a las 21:00 y 22:00 horas respectivamente. En su web, el ayuntamiento destaca que “la nueva iluminación permite hacer más atractivo este entorno de la ciudad para residentes y visitantes”, y que ofrece “más seguridad a los viandantes”, a pesar de que no es una zona que destaque por su inseguridad.
El ayuntamiento también aclara en la web que “es una actuación sostenible y respetuosa con el medio ambiente” y que “su instalación se ha desarrollado mediante soluciones que minimizan la contaminación lumínica”. Sin embargo, ha declinado aclarar a este medio a la pregunta de qué informes han utilizado como base para hacer esas afirmaciones.
“No tiene ningún sentido, solo un sentido ornamental-turístico, una estrategia de incremento de actividad turística”, coincide González
Por el contrario, en 2024, 80 científicos firmaron un manifiesto denunciando que esta medida causará graves daños a las 116 especies de aves, a las de mamíferos, anfibios, reptiles e insectos, ya que alterará sus ciclos naturales y el comportamiento de todas estas especies que lo habitan, concluyendo que este proyecto va en el camino contrario a lo que marca la ciencia y la política europea. “No tiene ningún sentido, solo un sentido ornamental-turístico, una estrategia de incremento de actividad turística”, coincide González.
El proyecto se ha intentado frenar por parte de vecinos y ecologistas de todas las maneras posibles. Al manifiesto científico se sumó la petición, hace dos años, que consiguió más de 52.000 firmas y las movilizaciones de asociaciones como Vecinas Corniseras, Asociación Vecinal Pasillo Verde Imperial y Ecologistas en Acción, un movimiento que va en paralelo a la lucha contra la tala, que han interpuesto un recurso denunciando denunciaban irregularidades urbanísticas y medioambientales.
Toda esta presión social ha hecho que el proyecto se ralentizara, hasta que se resolvieron las medidas cautelares, el pasado verano, y una jueza dio luz verde al encendido. “Seguiremos presionando y movilizándonos para que no se mantengan esos días, ni esas horas”, insiste González. “Creemos que no hay afectación en el ecosistema en esas dos o tres semanas de iluminación, pero puede ir a más”, concluye.
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