El 14% de las mujeres madrileñas ha sufrido violencia sexual más de una vez

Según el último informe de prevalencia de este tipo de violencia en la ciudad de Madrid, elaborado por el Ayuntamiento, en la mayor parte de las violaciones las víctimas conocían a su agresor.
25N Contra la violencia machista 2025 - 12
David F. Sabadell Una joven porta una pancarta irónica contra la violencia sexual, en la manifestación contra las violencias machistas del pasado 25 de noviembre, en Madrid.
4 feb 2026 06:00

El 13,8% de las mujeres madrileñas reconoce haber sido víctima de violencia sexual en alguna de sus manifestaciones y en el 65% de los casos los victimarios fueron hombres conocidos por la víctima. Son datos que se desprenden del último informe de prevalencia sobre violencia sexual en la ciudad de Madrid, un estudio del área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del Ayuntamiento que conforma la primera investigación a nivel local del impacto de esta forma de violencia machista.

La investigación ha sido realizada a través de encuestas a 2.601 mujeres de entre 16 y 64 años residentes en la capital. La muestra se compone de entrevistas a profesionales de Centros Municipales de Atención a Víctimas de violencia sexual, de servicios sociales, centros de mayores, juveniles, espacios de igualdad, así como a usuarias de los centros municipales de atención a víctimas de violencia sexual y entidades del tercer sector.

El primer dato relevante que arroja el sondeo es que no existe un perfil único de víctima sino que se trata de un fenómeno absolutamente transversal, aunque sí hay factores que provocan una mayor vulnerabilidad, como no disponer de una situación administrativa regularizada o presentar alguna neurodivergencia. En este sentido, la violencia sexual se ejerce sin distinción de edad, origen, estado civil, nivel cultural o educativo, etc. “Esta forma de violencia no establece distinciones, el único aspecto compartido en el caso de las víctimas de violencia sexual hacia la mujer es, de hecho, ser mujer”, sostiene el estudio, que subraya el carácter estructural de estas violencias.

Desde una perspectiva interseccional, la encuesta distingue distintas casuísticas que influyen en el nivel de vulnerabilidad y riesgo: “Es el caso de las mujeres con discapacidad o deterioro a nivel cognitivo, mujeres migrantes con historias de abuso en sus países de origen, entre otros, como la precariedad”, destaca.

Si bien el mayor porcentaje de mujeres que han sufrido una agresión sexual en Madrid son españolas, la nacionalidad aparece como un factor relevante para determinar la probabilidad de haber sufrido o no una agresión sexual

En relación a las mujeres migrantes, si bien el mayor porcentaje de mujeres que han sufrido una agresión sexual en la ciudad de Madrid son españolas (77,7%), la nacionalidad aparece como un factor relevante para determinar la probabilidad de haber sufrido o no una agresión sexual. El número de mujeres extranjeras que han sufrido violencia sexual, un 22,3% indica el informe, es seis puntos mayor al de aquellas extranjeras que no han sido víctimas de este tipo de violencia (16,4%).

La diferencia más notable entre las víctimas y las mujeres que no han sufrido violencia sexual se da, subraya el sondeo, en el grupo de las solicitantes de protección internacional, asilo o refugio. De este grupo de mujeres, el 13,9% ha sufrido algún episodio de violencia sexual, frente al 3,1% que indica no haber experimentado este tipo de agresiones. “La situación administrativa de las mujeres extranjeras que residen en la ciudad de Madrid constituye un elemento que puede incidir sobre la probabilidad de ser o no víctima de violencia sexual, agravando la vulnerabilidad”, apuntan.

Los tipos de agresiones señalados como mayoritarios son los tocamientos (23%), comentarios (21%), miradas lascivas (16%) y caricias (12%), besos (12%), sexo oral (8%) o coito en contra de su voluntad (7%)

El hecho de tener reconocido algún tipo de discapacidad sí que evidencia diferencias considerables respecto a otros perfiles de mujer, ya que el 18,9% de las mujeres víctimas de violencia sexual tiene algún tipo de neurodivergencia, mientras tan solo el 7,8% de las mujeres no victimizadas sexualmente lo es. Tanto este estudio como la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer estatal correlacionan la tenencia de algún tipo de neurodivergencia con haber sufrido algún tipo de abuso o agresión a lo largo de la vida.

La mayor parte de los agresores pertenecen al entorno cercano de la víctima

Los tipos de agresiones señalados como mayoritarios son los tocamientos (23%), comentarios (21%), miradas lascivas (16%) y caricias (12%), besos (12%), sexo oral (8%) o coito en contra de su voluntad (7%). La mayor parte de las mujeres víctimas de estas violencias machistas, un 60% reconocen haberlas sufrido en más de una ocasión, predominantemente en el espacio privado y por parte de hombres que ya conocían previamente o del ámbito familiar. Solo un 35% de las agresiones se produjeron en el espacio público. La mayoría, en lugares de ocio y en el centro de trabajo. Esto evidencia “que la violencia sexual es un fenómeno que tiende a revictimizar a quienes la sufren y que se puede prolongar en el tiempo”. Pero también rompe con el falso mito, todavía presente en el imaginario social, de que las agresiones se producen en el espacio público y en condiciones de riesgo. Por contra, la violencia sexual se produce en entornos cotidianos de la víctima principalmente.

Esto a su vez permite esbozar un perfil del agresor en su relación con la víctima: de los casos donde las agresiones sexuales fueron ejercidas por personas conocidas, más del 50% afirman que las agresiones fueron perpetradas por su expareja y el 4,8% por su pareja actual. Paralelamente, el 39,1% de las víctimas de violencia sexual han sufrido este tipo de agresiones por parte de su entorno cercano como compañeros de trabajo y/o estudios (12,7%), amigos (10,8%), familiares (9,2%) y jefes o superiores jerárquicos (6,4%). Estos datos coinciden con los de la Macroencuesta estatal, según la cual indica que solo el 12% de las mujeres que han sufrido una violación fuera del ámbito de la pareja cita a un hombre desconocido como agresor.

El hecho de que la mayoría de estas violencias las ejerzan personas próximas a la víctima explica en parte las altas cifras de infradenuncia e infradetección

El hecho de que la mayoría de estas violencias las ejerzan personas próximas a la víctima explica en parte las altas cifras de infradenuncia e infradetección. El 60,9% de ellas no ha denunciado las agresiones sexuales sufridas y, de éstas, más del 50% apela al miedo, la presión social, falta de información y a la vergüenza como factores determinantes a la hora de rehusarse a denunciar. Asimismo, el 46% de ellas no ha buscado ayuda profesional.

Sin embargo, también hay un fuerte componente de normalización y tolerancia hacia ciertos tipos de violencia que impide su identificación y, por ende, la denuncia. La cultura de la violación, la socialización diferencial o roles y sesgos de género y la invisibilización de ciertas formas de violencia sexual hacen que todavía muchas mujeres no sean conscientes de haber experimentado agresiones en su vida cotidiana.

Sobre esta cuestión, además, el estudio añade que la infradetección “deriva en una ‘cifra negra’ u oculta de esta forma de violencia que queda lejos del escrutinio público”. Por tanto, en base a esta consideración, resulta probable que las cifras totales de violencias sufridas sean mucho mayores que las percibidas por la encuesta.

La investigación hace hincapié en la violencia institucional como factor revictimizante, aunque no hace referencia directa a este término

No obstante, la desconfianza en las instituciones que deberían proteger a las víctimas cuando atraviesan contextos de violencia también actúa como revulsivo a la hora de denunciar o acudir a centros de atención. La investigación hace hincapié, pues, en la violencia institucional como factor revictimizante, aunque no hace referencia directa a este término: “Los prejuicios o estereotipos presentes en los sistemas o instituciones comunitarias con los que la víctima entra en contacto tras una agresión pueden comprometer la imparcialidad de los profesionales, generando consecuencias devastadoras y sumando más dolor al ya causado por la propia agresión”, aseveran.

En este sentido, uno de los retos que se aparece en el estudio es “garantizar el acceso de las mujeres a un espacio amable y seguro, donde recibir la atención necesaria”. La forma predominante de asegurar que esos espacios sean seguros resulta esencial la formación continua especializada de los profesionales en clave de género. Pero la victimización secundaria también está influida por el desbordamiento de los espacios de atención, las largas esperas y en general la precariedad de los servicios públicos.

La juventud atraviesa una “oleada reaccionaria de misoginia”

Por otro lado, el estudio ahonda en la normalización de la violencia sexual percibida entre los jóvenes, que presentan dificultades para identificar conductas o acciones de acoso o violentas. Los datos desprendidos en este aspecto son preocupantes: “Se vislumbra un retroceso a nivel de concienciación y sensibilización social con la desigualdad de género, retroceso que se aprecia con más intensidad en lo relativo a la violencia sexual contra las mujeres”. La población masculina joven, según, el estudio, enfrenta una “oleada reaccionaria de misoginia” que deriva en el no reconocimiento del victimario como agresor y en la impunidad de la violencia.

Así, apuntan a la reproducción de conductas que implican compartir vídeos o fotografías con contenido sexual de otras jóvenes a través de redes sociales o vía WhatsApp sin el consentimiento de la persona fotografiada o grabada. Por otra parte, se subraya el intercambio de fotografías de contenido sexual a través de redes sociales o como mensajes privados, sin el consentimiento de la parte receptora de estas fotografías. Las expertas encuestadas apuntan a la reproducción de violencias de carácter sexual a través del entorno digital y las redes sociales. Un 5% de las mujeres encuestadas han estado expuestas a la violencia sexual a través de internet y de ellas, al 100% “les han presionado para enviar fotografías, vídeos o mensajes de carácter sexual o les han insistido para que envíen fotos o vídeos de sí mismas desnudas o en actitudes comprometidas”.

“La exposición a contenidos violentos y sexistas en redes sociales y videojuegos influye en la normalización de la violencia”, destaca el informe. El otro escenario de riesgo entre la juventud son los espacios de ocio nocturno, donde han aumentado los casos de sumisión química en el último año, si bien el estudio no ofrece datos concretos de este tipo de agresiones ni su prevalencia en Madrid.

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