Antiespecismo
Santuarios de animales: refugios para supervivientes de la explotación animal

¿Te imaginas dejar todo e irte al campo para cuidar de animales que nacieron para ser explotados? Grupos de activistas protegen y atienden cada día a individuos provenientes de industrias de explotación animal en los santuarios de animales, verdaderos hogares en los que se promueven relaciones de respeto y solidaridad entre especies. Hablamos con algunas de sus responsables para contarte cómo es el día a día en estos oasis donde los cuidados son una forma de liberación. 

Laura da de comer a dos habitantes del Santuario Vegan
Dos habitantes del Santuario Vegan son alimentados por Laura. Aitor Garmendia (Tras los Muros)

publicado
2019-06-22 06:00

Los santuarios de animales son “espacios antiespecistas para animales anteriormente explotados, en los que viven el resto de sus vidas en libertad, con respeto y a salvo de cualquier forma de explotación”, explican Mónica y David, responsables del Santuario Espíritu Libre, situado en Murcia.

En estos refugios seguros se da cobijo y cuidados a aquellos animales que han logrado sobrevivir a la explotación para la que fueron producidos. La mayoría de habitantes provienen de la ganadería, aunque también hay víctimas de otras industrias como las de espectáculos y experimentación.

Para las personas que gestionan estos lugares, se trata de un trabajo en el que no se ficha ni para entrar ni para salir: “Ofrecemos cuidados acordes a las necesidades individuales de cada habitante, las 24 horas del día”. Todas las actividades que se realizan en estos espacios “son por y para los animales”; no tienen fines lucrativos y se basan “en el respeto e igualdad entre los animales humanos y no humanos”. Para Laura, presidenta del Santuario Vegan —que cambió su nombre hace poco, pero aún es muy conocido por su denominación anterior, Wings of Heart—, ubicado en la Comunidad de Madrid, este respeto es lo que hace que “los santuarios sean el único lugar en la Tierra donde los animales rescatados de la industria pueden ser ellos mismos”. Así lo afirmó en sus declaraciones para el libro Refugiados. Animales liberados de granjas, mataderos y otros centros de opresión(Ochodoscuatro Ediciones), obra dedicada a los santuarios de animales, firmada por el fotoperiodista Aitor Garmendia, responsable del proyecto de fotografía por la liberación animal Tras los Muros.

Astrid y Raquel en Espíritu Libre
Astrid y Raquel disfrutando en el Santuario Espíritu Libre

Objetivo: una vida digna lejos de la explotación

Laura nos explica que el objetivo del Santuario Vegan es “ofrecer una vida digna a los animales de granja que salvamos del maltrato y la explotación. Y a través de sus historias personales generar otra conciencia respecto a ellos, promoviendo los derechos animales y el veganismo”.

Rocío y Sonia, responsables del refugio antiespecista Free Phoenix, también instalado en la Comunidad de Madrid, persiguen las mismas metas y destacan que “el objetivo principal es que sea un espacio seguro para las y los refugiados, trabajando con ellas desde el respeto y la igualdad y priorizando siempre su bienestar y sus necesidades individuales”. Del mismo modo, también consideran importante la labor de visibilización: “queremos dar a conocer sus historias para mostrar la opresión que han sufrido y la importancia de seguir luchando con ellas por su libertad”. Desde Espíritu Libre añaden que les interesa “mostrar cómo son estos animales fuera de la esclavitud, e intentar lograr que después de todo puedan confiar en el ser humano y vivir su vida”.

Dos habitantes de Wings of Heart
Hart y Laura: dos habitantes del Santuario Vegan. Aitor Garmendia (Tras los Muros)

Dejarlo todo para cuidar a animales no humanos

En la mayoría de casos, las personas que deciden abandonar sus vidas tal y como las conocían para poner en marcha un santuario de animales son personas antiespecistas —y veganas, por ello— que provienen de profesiones muy diferentes, pero tienen en común su experiencia como activistas para la liberación animal. Como nos cuentan Rocío y Sonia desde el microsantuario Free Phoenix, “nosotras coincidimos haciendo voluntariado en un santuario, y al ir conociéndonos nos dimos cuenta de que teníamos objetivos activistas en común. Ambas vimos la necesidad de crear un espacio dedicado exclusivamente a las especies consideradas de granja que más difícil lo tienen actualmente, las aves, siguiendo el modelo de microsantuario o refugio antiespecista que existe en otros países”.

Para las personas que gestionan Espíritu Libre, la historia es parecida: "A raíz de ser voluntarias en distintas asociaciones, visitar otros santuarios… Sentíamos que podíamos hacer mucho más por los animales menos visibilizados por la sociedad". En su caso, su inspiración se la dieron 52 pollos —de solo 42 días de vida— a los que salvaron después de que un camión volcase a escasos metros del matadero: “Durante un mes los cuidamos dentro de nuestras posibilidades, en nuestra casa, hasta que pudimos llevarlos a dos santuarios que pudieron ofrecerles una segunda oportunidad”.

Ana, habitante del santuario Espíritu Libre
Ana, habitante del santuario Espíritu Libre

RATONES, PALOMAS, CABRAS, VACAS Y BALLENAS

En España existen, ahora mismo, entre veinte y treinta santuarios de animales. Cada uno de estos espacios tiene su personalidad y su forma de funcionar. La mayoría de los santuarios españoles están poblados por animales que provienen de la industria de explotación ganadera. Sin embargo, también hay otros especializados en pequeños animales (como El Ratolí); primates (Rainfer, Primadomus, MONA) –en el caso de Primadomus también grandes felinos– o aves (como Free Phoenix).

En otros países, se pueden encontrar santuarios marinos como el Beluga Whale Sanctuary (Isla Heimaey, Islandia)  y el Aegean Marine Life Sanctuary (Isla de Lipsi, Grecia), que se encuentra actualmente en construcción y estará en funcionamiento a principios de 2020; y los hay también especializados en cabras, como el célebre Goats of Anarchy (Nueva Jersey, EEUU), que cuenta con más de 600.000 seguidores en instagram.


En cuanto a su capacidad, hay todo tipo de aforos. En Espíritu Libre viven 60 individuos de diferentes especies: “ovejas, cabras, palomas, cerdos, patos, gallinas, gallos, pavos, ratas y perros”. En Free Phoenix, con una capacidad menor, “conviven 32 refugiados en total”. Este es lo que Rocío llama 'microsantuario', un proyecto cuantitativamente más reducido en el que viven “gallinas y gallos y también dos patos, un pavo, una gata y un perro y palomas en un voladero gestionado por la asociación Las Miradas del Olvido”, que se dedica al rescate, recuperación, rehabilitación y liberación de aves urbanas, como las palomas.

Wings of Heart alberga a muchos más animales, unos 300: “Aquí viven vacas, toros, caballos, burros, ovejas, cabras, cerdos, gallinas y ocas. Son animales que han vivido la explotación y que han llegado hasta aquí porque no resultaban rentables a la industria: estaban enfermos, heridos o situaciones de maltrato y abandono”, nos cuenta Laura.

24 horas al día, 365 días al año

Las personas responsables de los santuarios se levantan muy temprano y dedican todo su día a cuidar de los animales con los que conviven. Desde Free Phoenix nos cuentan que “comenzamos cuando amanece, preparando y repartiendo los diferentes desayunos por grupos. Mientras salen de sus dormitorios y desayunan, comprobamos que se encuentran bien, que comen con ganas y que empiezan sus rutinas diarias con normalidad, y aprovechamos para rellenar todos sus bebederos para que empiecen el día con agua fresca y limpia”.

Según avanza el día, la actividad no para: “vamos realizando las diferentes tareas de limpieza y mantenimiento de sus espacios y del terreno, a la vez que seguimos prestando atención a sus actividades diarias, que nos indican que todo va bien: que coman y beban de forma regular, que se acicalen y se den sus baños de arena, que se den sus paseos en grupo... Además, a mediodía les ofrecemos verdura o fruta y volvemos a renovar el agua, ya que especialmente ahora con el calor es muy importante que mantengan una hidratación adecuada”.

Las otras activistas con las que hemos hablado relatan rutinas muy similares. Una parte importante que tienen en común todos los santuarios son las prácticas de cuidados y curas: desde Free Phoenix nos cuentan que “cada día hacemos rehabilitación, terapia en el agua, curas, medicaciones, socialización... Y, a la vez, revisiones básicas de su estado general: patas, buche, cloaca, plumas, seguimiento de huevos...”.

Al provenir de las industrias de explotación, casi todos los animales llegan enfermos. Y la mayoría, como relata Garmendia en su libro Refugiados, tienen “marcas visibles que nos recuerdan que esos animales que hoy juegan, corretean o se dan baños de arena han sido esclavos de la industria y arrastran un pasado de abuso y opresión”: vestigios como orejas perforadas o tatuadas; cuerpos marcados y quemados; cuernos arrancados; picos recortados o rabos amputados son pistas que evidencian la realidad de la explotación animal.

Antiespecismo
Así es la vida de los cerdos explotados por su carne
Jaulas tan estrechas que impiden a las cerdas darse la vuelta; lechones a los que se mutila la cola y se castra de forma rutinaria sin anestesia.

De forma cotidiana, la industria ejerce sobre estos animales selección y manipulación genéticas, así como un incremento alarmante en su metabolismo —por ejemplo, las vacas explotadas por su leche, tienen, según el profesor John Webster, un índice metabólico “equivalente a un ciclista pedaleando en el Tour de Francia”—.  Todo esto con el fin de exprimir el máximo beneficio económico de cada animal, de forma que sus cuerpos se van deformando, generación tras generación, en una búsqueda del incremento de la productividad que nunca cesa.

Como resultado de esta explotación, muchos de los animales que terminan en los santuarios llegan con enfermedades, malestares crónicos tanto físicos como psicológicos y problemas metabólicos. En el caso de las gallinas utilizadas para la puesta de huevos, por ejemplo, “las gallinas tal y como las conocemos hoy en día han sufrido un proceso de selección genética que las lleva a tener una vida desnaturalizada. Sus cuerpos alterados por la industria las llevan a poner un huevo diario, 200 más al año de lo que sería natural. Todas mueren antes de los tres años por problemas relacionados con la puesta de huevos, aunque su esperanza de vida sería de unos diez”, explicaba Laura en el libro Refugiados. Por ello, en los santuarios, se les coloca a las gallinas un implante subcutáneo hormonal, que bloquea la liberación de dos hormonas responsables de la ovulación, con lo cual previene enfermedades reproductivas y evita procedimientos más peligrosos a largo plazo. 

Revisión rutinaria
Una de las visitas al veterinario de Ester, refugiada en Free Phoenix.

¿Santuario o protectora?

Estos proyectos parten de una posición política antiespecista. Tal y como declaran desde Free Phoenix, “los santuarios tienen una base política antiespecista, y no reciben ningún tipo de subvención, en contraposición a algunas protectoras”.

A diferencia de los refugios o protectoras, nos cuentan Mónica y David desde Espíritu Libre, “los animales con los que convivimos en los santuarios no se dan en adopción. Les ofrecemos una segunda oportunidad, convirtiéndonos en parte de su familia, y se crean unos vínculos muy fuertes y especiales”.

Laura, del Santuario Vegan, nos explica que a diferencia de las protectoras, que procuran buscar hogar a animales que lo necesitan, “los santuarios son lugares donde los animales llegan para recuperarse y quedarse toda su vida. Porque se necesitan unas condiciones especiales para su bienestar que en un domicilio particular no podrían garantizarse. El que se tengan que quedar de por vida incluye aspectos legales, cuestiones de espacio, estabilidad física y emocional, especialización veterinaria, y mucho más. Para las protectoras lo ideal es que los animales sean adoptados en hogares, que es donde mejor van a estar. Las protectoras son lugares de paso”.

Por otro lado, los santuarios suelen tener un componente de difusión del veganismo, como se puede leer en la web de Wings of Heart: “El veganismo es una forma de decir no a la explotación animal, de no querer ser partícipe de lo que millones de animales sufren cada día. Es llevar a la práctica el respeto al resto de animales, dejando de participar en su explotación. Es declarar que no somos superiores a nadie, que somos tan sólo diferentes, y que eso no nos da derecho a aprovecharnos de sus vidas”.

Mateo en Espíritu Libre
Mateo, una cabra muy curiosa, alojado en el Santuario Espíritu Libre

Problemas en el paraíso: las mil y una trabas para ayudar a los otros animales

El gran reto para las responsables de Free Phoenix es “poder ofrecer la libertad y los cuidados al mayor número de individuos posible, y garantizar a la vez la mejor vida a quienes ya viven aquí”.

Uno de los factores que más limita la labor de los santuarios es el económico, “tanto para el día a día de manutención y asistencia veterinaria, como para la mejora y construcción de las instalaciones”, explican desde Free Phoenix. Los pagos por el terreno y la alimentación de los animales son algunos de los gastos principales que conlleva la gestión de este tipo de espacios, pero también necesitan sufragar los gastos veterinarios –para los que pagan el mismo IVA del 21% que los particulares–, entre otros muchos otros elementos necesarios para cuidar de los habitantes.

Los santuarios de animales no reciben ninguna subvención del Estado, pese a la labor sin ánimo de lucro que realizan, con lo cual su financiación depende exclusivamente de las donaciones y ayudas de particulares: “Sobrevivimos gracias a las aportaciones en forma de donativos, cuotas de socias, madrinas, teamers, eventos solidarios y la venta de artículos en nuestras tiendas”, detallan desde Espíritu Libre.

En el caso de Espíritu Libre, la situación actual es especialmente complicada, pues necesitan cambiar la localización de sus instalaciones debido a una serie de problemas que llevan padeciendo los dos últimos años: “vivimos en una pesadilla constante”, cuentan Mónica y David: “Conflictos con los vecinos de al lado, que nos amenazan con matar a escopetazos a las ovejas. Nos lanzan hierros y piedras, han colgado patas de cerdo en el buzón, y nos han llegado a agredir. Además han intentado llevarse animales varias veces”. A todos estos disgustos se suma el problema de no tener un terreno en propiedad: “tenemos un contrato de alquiler que en cualquier momento se puede acabar, y una parte del terreno cedida, cuyo dueño quiere vender”. En resumen, “son muchos los motivos por los que necesitamos mudarnos urgentemente, por seguridad de las habitantes, lo que nos impide acoger más animales que también necesitan ayuda”.

Ahora mismo Espíritu Libre está en mitad de una campaña de recaudación de fondos para conseguir mudarse a un terreno que han encontrado en Córdoba. Para sufragar la nueva finca necesitan 80.000 euros, de los que les quedan por recaudar unos 32.000. “El problema de ser una asociación sin ánimo de lucro es que no tenemos facilidades para obtener préstamos, y ahora mismo necesitamos conseguir esa finca para poder continuar nuestra labor”, explican.

Labor pedagógica: "son amigos, no comida"

La labor pedagógica de los santuarios es muy importante. Gran parte de esta tarea de concienciación se lleva a cabo visibilizando las vidas de los habitantes de los santuarios, sobre todo a través de las redes sociales de estos proyectos. Para Laura, “contar lo que hacemos también es una parte muy bonita, cuando sabes que cada uno tiene su personalidad, sus emociones, la forma en la que ven el mundo y te expresan su cariño, como juegan, se divierten o incluso sufren la pérdida. Esa parte es muy emocionante porque ves que las personas que te siguen consiguen conectar también con ellos y empiezan a plantearse cosas. Empiezan a verles como amigos, como compañeros; no como comida”.

Y es que a pesar de sus limitaciones, los santuarios “tienen un valor incalculable para el movimiento por la liberación animal, no solo por la diferencia cualitativa que ejercen sobre las vidas de los animales individuales a los que rescatan, sino por el poder simbólico que supone mostrar de un modo práctico que existen formas diferentes de convivir con los otros animales”, tal y como declara la antropóloga Elan Abrell en su tesis doctoral

Así, gracias a las imágenes de los animales rescatados que aportan los santuarios, además de disfrutar de un ratito de ternura cada día (hay quien afirma que los vídeos y fotos de cerdos empiezan a ganar en popularidad a las imágenes de gatos) podemos comprobar, que como afirma Laura, cada uno de los individuos tiene su agencia, su propia personalidad y sus formas de relacionarse con el resto de habitantes en los que conviven, en esta especie de laboratorios para la puesta en práctica un nuevo tipo de relaciones entre animales no humanos y humanos, basadas en el respeto y la igualdad.


Visitas a los santuarios

Otra parte importante de esta labor de concienciación son las visitas que se llevan a cabo en algunos de estos proyectos, aunque nuestras entrevistadas destacan que son algo complicado gestionar, pues la prioridad es que los animales estén bien.

En Free Phoenix, por ejemplo, no se realizan visitas: “nosotras consideramos que los santuarios y refugios son espacios de lucha y, sobre todo, espacios seguros donde sus habitantes tengan la mejor calidad de vida posible. Para ello, es de máxima importancia que el estrés que puedan sufrir se reduzca al mínimo, ya que esto repercute en su estado de salud. Cualquier interacción humana que se salga de la rutina afecta a su bienestar, sobre todo la de quienes llegan con graves secuelas psicológicas. Por ello nosotras intentamos limitar el acceso a quienes colaboran de forma regular, ya familiariazadas con las pautas de seguridad y sabiendo la mejor manera de relacionarse con cada individuo”.

Para Laura, de Wings of Heart, las visitas tienen sus pros y contras: “La interacción con los animales aporta muchas cosas positivas. En general vivimos desconectados de los animales y no nos planteamos que a quien nos comemos tenía una vida, que le gustaba tomar el sol, o disfrutaba de las caricias. La industria de la carne ha hecho un gran trabajo mostrando que los cerdos son sucios, las ovejas tontas y que están encantados de darnos su leche o su jamón. Pero esconde que estos animales son iguales a nuestros perros o gatos. En este sentido poder conocerles en un entorno natural, amable y de cuidados aporta muchos beneficios a la concienciación. Las visitas en los santuarios de animales son muy positivas”. “No obstante”, incide, “dependiendo de la cantidad y tipo de animales, pueden requerir de una gran infraestructura para garantizar la seguridad de los visitantes y de los propios habitantes del santuario. También es necesario programar un recorrido y un discurso elaborado. Es por este motivo que es complicado hacer visitas cuando la mayoría de santuarios económicamente vivimos mes a mes, y tienes que trabajar mucho para embarcarte en nuevos proyectos que requieren más trabajo humano y más coste económico”.

Rocío y Pati
Rocío y Pati (cuidadora y refugiada, respectivamente), en el santuario Free Phoenix. Linas Korta

Necesidad de reconocimiento legal

Las portavoces de los santuarios piden que se reconozca la figura legal de los santuarios de animales: “Hoy en día, a partir de cierto número de animales es obligatorio darse de alta como explotación, lo que implica verse sometidos a las mismas inspecciones sanitarias y legislación”, explican desde Free Phoenix.

Laura destaca esta necesidad de regulación: “no existe una figura legal que recoja nuestro trabajo, y por este motivo en muchas comunidades autónomas siguen aplicando la ley de animales para consumo a los santuarios”. Esto hace que haya “animales que se podrían salvar que terminan en el matadero, porque la ley no está avanzando al ritmo que avanza la conciencia social. También es necesaria la regulación como entidades de protección animal para garantizar que esos animales están siendo bien cuidados y atendidos”.

Desde la Comisión de Derecho Animal de Abogacía Española, la abogada Laura Sánchez, explicaba esta situación en su blog Derecho de los Animales: “a pesar de la labor protectora de estas entidades, no existe una normativa a la que deban estar sujetos, debiendo ser registrados como explotaciones ganaderas extensivas”. Lo que puede, en palabras de la abogada, “llegar a perjudicar a los animales que viven en ellos”.

Muchos proyectos, pocos recursos

Además de los santuarios contactados para la elaboración de este artículo, ahora mismo existen en el Estado español más de 20 santuarios que buscan también apoyo, como por ejemplo La Vida Color Frambuesa (Euskadi)  que ahora mismo tiene activa su campaña Objetivo mil kilos de Zanahorias; El sueño de Jill (Pontevedra) que necesita, como el resto de santuarios, ayuda para financiar los gastos veterinarios y de alimentación o la Fundación El Hogar Animal Sanctuary (Tarragona) , donde viven unos 200 animales. Este santuario tuvo que mudarse repentinamente el año pasado a otras instalaciones, debido a diferencias con los propietarios del terreno, y ahora realiza visitas guiadas exclusivas para sus teamers (colaboradoras con 1€ al mes), madrinas y padrinos y socias de la fundación. Se puede ver un listado completo de todos los santuarios de animales que existen en España en este enlace de la revista Infoanimal.

santuarios y libros
Con el aumento por el interés por el antiespecismo, una serie de editoriales han comenzado a editar libros relacionados con el veganismo y los otros animales. En esta ocasión, te recomendamos algunas obras enfocadas en los santuarios, con las que puedes conocer (y ayudar) a estos proyectos, a través de la lectura:
Portada Refugiados
Portada del libro Refugiados de Tras los Muros Aitor Garmendia (Tras los Muros)
  • Refugiados (Ochodoscuatro ediciones, 2015). Por Tras los Muros. Libro elaborado con una serie de fotografías y textos del fotoperiodista detrás del proyecto Tras los Muros, que explica la problemática de la explotación animal, hablando de los santuarios (y del veganismo y antiespecismo) como parte de la solución. Incluye también entrevistas a los dos cofundadores del santuario Wings of Heart. Benéfico para dicho santuario. En 2018 fue traducido al euskera y editado en Euskadi por el colectivo Nor.
  • Un Refugio para Mel (Diversa Ediciones, 2019). Por Sheila G. Esquivel, está basado en hechos reales y especialmente pensado para un público infantil. Cuenta la vida de una conejita que, después de algunos problemas, acaba en brazos de Sheila G. Esquivel, que además de autora del libro es cofundadora de El Refugio de Sheivid, espacio donde se dedica, junto a su pareja, a rescatar a pequeños roedores. Disponible en castellano y catalán.
    *Otro libro de esta misma editorial, Vive vegano. Una guía sobre ética animal y alimentación vegetal, es benéfico para el santuario Gaia.
  • El Santuario (Autoeditado, 2015). Por Karen García y Maite Muro.Contrasta las vidas de los animales explotados en la industria con las de los rescatados por santuarios. Para conseguirlo es necesario contactar con su autora, que gestiona el blog Infancia Vegana, en su correo karengorges@gmail.com. Disponible en catalán y castellano.

 

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4 Comentarios
#36278 10:51 24/6/2019

Qué daño ha hecho Disney

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Lu 13:26 23/6/2019

Auténticos héroes y heroínas. Bravo!!

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#36206 14:02 22/6/2019

Por qué no habéis hablado de León Vegan Animal Sanctuary???
Ellos tienen a su cuidado unos 100 animales (entre los cuales ovejas, gallos pollos y gallinas, conejos, cerdos) rescatados y que cuidan bajo unas condiciones terribles de acoso y llevan mucho tiempo con una campaña de recaudación de fondos para un nuevo terreno y hogar más grande para poder seguir cuidando y rescatando más animales. Son sólo dos personas que llevan el Santuario, Evelyn y Diango, y necesitan que los ayudéis

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#36551 22:33 2/7/2019

Faltan muchisiimos santuarios..El Paraíso de Nora que lleva más de cinco años por ejemplo con 80 animales q su cargo,el santuario joplin,salvando peludos...

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