Senegal vs Marruecos: mucho más que un partido de fútbol

El pasado 18 de abril eran liberadas algunas de las personas detenidas tras la polémica final de la Copa de África de las Naciones, un partido que, a dos meses de su celebración, sigue enfrentando a ambos países en un conflicto que desborda lo deportivo.
Mujeres Marruecos fútbol
Mujeres en un bar de Rabat durante el partido de cuartos de final de Marruecos contra Camerún. Ricard González
20 abr 2026 06:00 | Actualizado: 20 abr 2026 06:33

La final de la Copa Africana de Naciones (CAN) 2025 entre Senegal y Marruecos transcendió el terreno de juego, convirtiéndose en un episodio revelador de las tensiones políticas, institucionales y económicas que atraviesan el fútbol africano. La competición dejó al descubierto un entramado de intereses que va mucho más allá del balón y del rectángulo verde, afectando a la gobernanza del fútbol continental y mundial.

Una relación histórica marcada por la espiritualidad tijani

Las relaciones entre Senegal y Marruecos han sido tradicionalmente estrechas, cimentadas en una cooperación multidimensional. En el plano religioso, la espiritualidad ha jugado un papel central, especialmente a través de las tarikhas tijania, conocida como la vía tijania, una corrientedel islam sufí. Estos lazos anteceden a las independencias de ambos países. La vía espiritual de la tijania, originada en Ain Madí (Argelia) por Sheikh Ahmad Tijaní y asentada en Fez en 1757, convirtió esta ciudad en un espacio de peregrinación y encuentro para fieles de todo el mundo.

A esta dimensión se suman relaciones académicas significativas: Marruecos acoge a miles de estudiantes senegaleses, una de las comunidades más numerosas en el país, mientras Senegal recibe a muchos estudiantes marroquíes, especialmente en Medicina y Farmacia.

Los lazos económicos, diplomáticos y comerciales se han intensificado en la última década. El último encuentro de alto nivel tuvo lugar el 26 de enero de 2026, cuando el primer ministro Ousmane Sonko visitó Rabat y firmó acuerdos relevantes con su homólogo Aziz Akhannouch.

El país anfitrión se jugaba más que un título: llevaba años invirtiendo masivamente en infraestructuras deportivas con la mirada puesta en la Copa del Mundo 2030

De la hospitalidad a la desconfianza

En lo deportivo, el recorrido de Senegal durante la Copa de África fue impecable, lo que lo permitió mantener su campo base en Tánger, mientras la selección de Marruecos fue haciendo lo necesario para quedarse en su feudo de Casablanca recibiendo por el camino algunas contestaciones. Primero fue Camerún, con Samuel Eto’o a la cabeza, quien denunció un supuesto favoritismo hacia el anfitrión. El resultado: Fue sancionado con cuatro partidos fuera del palco y 17.000€ de multa.  Luego, el guardameta de Nigeria se quejó de que recogepelotas y miembros del equipo marroquí le arrebataron su toalla durante las semifinales.

Senegal y Marruecos llegaron a la final del 18 de enero de 2026 como las mejores selecciones del continente: Marruecos lideraba el ranking africano y Senegal ocupaba el segundo puesto. Para Senegal, era su tercera final de las cuatro últimas ediciones; para Marruecos, la tercera de su historia, tras los títulos de 1976 y el subcampeonato de 2004. El país anfitrión se jugaba más que un título: llevaba años invirtiendo masivamente en infraestructuras deportivas con la mirada puesta en la Copa del Mundo 2030, que organizará junto a España y Portugal.

Durante buena parte del torneo, el combinado senegalés, afirmó sentirse como en casa. Sin embargo, esa percepción cambió. Al avanzar hacia la final en Casablanca contra el anfitrión, la selección senegalesa declaró que el trato hospitalario se transformó drásticamente. Según un jugador senegalés, “hasta el té que nos servían con amabilidad, ya no lo tenían”.

A su llegada a la estación de tren de Rabat, la delegación de la Federación Senegalesa de Fútbol (FSF) denunció condiciones de acogida indignas, la falta de dispositivos de seguridad adecuados, el trato desigual para acceder a hoteles que respondiesen a los estándares de la selección y la dificultad para contar con campos de entrenamiento con cierta garantía de privacidad.

La designación del equipo arbitral se hizo unas horas antes del encuentro, lo que imposibilitó impugnarlo conforme a los reglamentos de la Confederación Africana de Fútbol (CAF). El árbitro elegido fue Jean Jacques Ndala, de la República Democrática del Congo, el mismo que había pitado el inaugural Marruecos–Comoras. A esto se sumaron las dificultades de los hinchas senegaleses para acceder a entradas, lo que alimentó la percepción de favoritismo.

Una final bajo presión

La final estuvo marcada por decisiones arbitrales polémicas. El gol anulado a Senegal por una supuesta falta de Abdoulaye Seck sobre Achraf Hakimi generó una primera oleada de protestas. Poco después, un penalti señalado por una acción entre El Hadji Malick Diouf y Brahim Díaz desató la tensión. Los jugadores senegaleses denunciaron que, a diferencia de otras jugadas, el árbitro solo decidió acudir al VAR tras la insistencia del futbolista marroquí del Real Madrid.

El partido estuvo interrumpido 12 minutos. En ese lapso se produjeron disturbios en la grada senegalesa; algunos aficionados denunciaron sentirse víctimas de un “robo”. El seleccionador Pape Thiaw pidió a sus jugadores retirarse al vestuario; solo Sadio Mané, tras consultar con algunas personas presentes, llamó a sus compañeros a regresar al campo. Brahim Díaz finalmente falló el penalti. En la prórroga, Pape Alassane Gueye, jugador del Villareal, marcó el gol definitivo en el minuto 94. Senegal se coronó campeón por 1-0.

Tras el encuentro en Casablanca, las autoridades marroquíes detuvieron a 19 personas, una persona con doble nacionalidad franco-argelina y 18 senegaleses

Cabe destacar que no era la primera vez que una final africana o internacional se veía alterada por decisiones arbitrales polémicas. En los Juegos Olímpicos de París 2024, un penalti discutido en la final Marruecos-Argentina provocó una interrupción de más de una hora, con invasión de campo y lanzamiento de objetos. El gol argentino fue finalmente anulado y Marruecos conquistó el título.

Tras el encuentro en Casablanca, las autoridades marroquíes detuvieron a 19 personas, una persona con doble nacionalidad franco-argelina y 18 senegaleses, de los cuales cuentan con ciudadanía española, inglesa, italiana y estadounidense. El juez les condenó en primera instancia a entre tres meses y un año de cárcel y a 370.000€ de multa por hooliganismo.

El abogado de los hinchas senegaleses, Patrice Kabou, denuncia un proceso arbitrario que no ha respetado los derechos fundamentales de los detenidos, se les negó el acceso a una interpretación en su lengua materna, el wolof, cuando muchos de los detenidos no hablan francés. Según el letrado, la detención de los hinchas y las condiciones del proceso judicial demuestran que no se trató de un proceso judicial ordinario sino de un “secuestro” por parte de las autoridades judiciales marroquíes. El juicio se aplazó tras el recurso de uno de los abogados de los detenidos con nacionalidad italiana,  incorporado recientemente al caso. Finalmente, se confirmaron las sentencias el pasado 14 de abril. Cuatro de las 18 personas condenadas cumplieron sus penas y salieron de la cárcel el sábado 18 de abril.

La revancha en los despachos

El día 28 de enero de 2026, el Jurado Disciplinario de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anunciaba sanciones a la Federación Senegalesa de Fútbol (FSF), la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) y algunos jugadores de ambos equipos.

Lejos de cerrarse con el pitido final, la polémica se trasladó a las estructuras de poder del fútbol africano. El seleccionador de Senegal fue sancionado por cinco partidos por comportamiento antideportivo y 100.000 dólares de multas, dos jugadores fueron suspendidos por dos partidos, y se señaló como inapropiado el comportamiento de los hinchas senegaleses. La totalidad de las multas a la Federación Senegalesa de Fútbol ascendieron a 615.000 dólares.

Por su parte, la Federación Real Marroquí de Fútbol recibió sanciones disciplinarias, las más destacadas son la suspensión de tres partidos al jugador Ismaël Saibari y una multa de 100.000 dólares, junto a una suspensión de dos partidos al capitán Achraf Hakimi, tras la difusión de imágenes de ambos jugadores quitando las toallas al portero senegalés. También se ha sancionado el comportamiento inapropiado de los recogepelotas y la utilización del láser por parte de algunos seguidores marroquíes. La totalidad de las sanciones contra el combinado marroquí ascendían a 330.000 dólares.

El Jurado disciplinario rechazó las reclamaciones introducidas por la Real Federación marroquí que solicitaba la aplicación de los artículos 82 y 84, del Reglamento de la Copa África de las Naciones, relativos al abandono de un equipo y sanciones. La selección marroquí no quedó satisfecha con estas decisiones y, dos meses después del pitido final, recurrió ante el Jurado de Apelación. Este último falló a su favor, declarando vencedor al combinado marroquí y considerando que Senegal había perdido el partido por abandono.

Cabe recordar que el artículo 44.5 del mencionado reglamento estipula que las decisiones del Jurado disciplinario o la Comisión de organización no se podrán recurrir, salvo aquellas decisiones sobre aplicaciones de medidas disciplinarias.

Por su parte el gobierno senegalés emitió un comunicado el 18 de marzo 2026 en el cual arremetía contra la decisión del Jurado de apelación, sospechando un caso de posible corrupción en el seno de las instancias directivas de la CAF. Más allá de la decisión del Jurado de apelación, algunos incumplimientos se hicieron patentes: la composición del Jurado que ha de ser nueve miembros independiente, contó con tan solo cinco.

Según un trabajo de investigación de Xalaat TV, algunos miembros del Jurado de Apelación afirmaban no haber sido informados, y no haber participado en la toma de decisión, como es el caso de Mohamed Robleh Djamal de Djibouti, que ha negado su participación. También se han detectado algunas irregularidades como la participación del presidente de la federación tunecina de fútbol, un hecho que viola los principios de transparencia y equidad, ya que los presidentes de federación no pueden participar. Además, unos días antes de la toma de la decisión, la CAF había cesado el responsable del área jurídico del Jurado disciplinario que había sacado las primeras sanciones.

Voces críticas, como la de Samuel Etoó, han denunciado la concentración de poder en manos de determinadas élites

El poder del Reino de Marruecos es indiscutible, con su presidente, Fouzi Lekjaa, acumulando múltiples cargos en diferentes instituciones: ministro delegado del Presupuesto del gobierno de Marruecos, miembro del Consejo de la FIFA, presidente de la Comisión de Fianza y primer vicepresidente de la CAF. Fouzi es muy cercano al presidente de la CAF, el sudafricano Patrice Motsepe, conocido por sus negocios fuera del fútbol en empresas destacadas en Marruecos y otros países del continente africano.

Voces críticas como la de Samuel Etoó han denunciado la concentración de poder en manos de determinadas élites, cuestionando un modelo que, según sus detractores, limita la transparencia y la equidad en el fútbol africano.

El desenlace, en manos del Tribual de Arbitraje Deportivo

Ante este escenario, Senegal ha decidido recurrir al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), trasladando el conflicto a una instancia externa en busca de garantías jurídicas.

La resolución de este organismo no solo determinará el cierre de este caso concreto, sino que podría sentar un precedente sobre la gobernanza del fútbol africano y los límites del poder institucional dentro de la CAF.

Más allá del resultado deportivo, la final entre Senegal y Marruecos confirma que el fútbol africano es hoy un escenario donde se cruzan intereses políticos, económicos e institucionales. Un espacio donde los partidos no terminan en el campo, y donde el verdadero resultado sigue escribiéndose lejos del césped.

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