Análisis
Otro acuerdo comercial peligroso entre la UE e India: ¿quién gana y quién pierde?

Han concluido las negociaciones de un nuevo tratado comercial entre la Unión Europea (UE) y la India impulsado por intereses corporativos y geopolíticos.
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El primer ministro indio, Shri Narendra Modi en una reunión de jefes de estado y de gobierno de los países BRICS.Foto: Kremlin.ru

@tomkucharz

3 feb 2026 08:12

El pasado martes 27 de enero, coincidiendo con el 77º desfile del Día de la República en Nueva Delhi, en el que el primer ministro Narendra Modi recibió a la presidenta de la Comisión Europea y al presidente del Consejo Europeo, y un día antes de la 16ª cumbre UE-India, se ha anunciado un nuevo tratado comercial que ha sido negociado sin transparencia y que alberga riesgos significativos para los derechos laborales, el acceso a medicamentos, los servicios públicos, la soberanía regulatoria y la naturaleza.

Las negociaciones entre la UE y la India comenzaron en 2007, se suspendieron en 2013 por desacuerdos (especialmente sobre propiedad intelectual y acceso a mercados) y se reanudaron en 2022, en un contexto marcado por la rivalidad eco-imperial de Estados Unidos con China, la guerra entre Rusia y Ucrania o el colapso de las cadenas globales de suministro durante la pandemia de la covid-19. Aunque la narrativa oficial de la Comisión Europea presenta el acuerdo como una “gran oportunidad económica”, el verdadero enfoque es geopolítico mientras que los posibles impactos ambientales y sociolaborales negativos han sido sistemáticamente ignorados o minimizados.

Las negociaciones con India se han llevado a cabo a puerta cerrada; incluso miembros del Parlamento Europeo han tenido dificultades para acceder a los textos negociados

Con este breve análisis queremos desmontar la narrativa oficial y mostrar que este tratado responde sobre todo a los intereses de las grandes corporaciones europeas e indias, mientras pone en riesgo las mayorías sociales en la India y Europa.

Un mercado gigantesco, un botín empresarial

India es hoy una de las economías de mayor crecimiento (6,5 % entre 2024 y 2025) y ya ha adelantado a China como país más poblado del planeta (1.454 millones). La UE es el principal socio comercial de la India, representando un comercio de bienes por valor de 124.000 millones de euros en 2023, o el 12,2 % del comercio total de la India. Sin embargo, solo representa alrededor del 2 % del comercio exterior de la UE. Para la tecnocracia de Bruselas y para el gran capital europeo significa un mercado inmenso por conquistar.

Uno de los objetivos centrales de la UE es abrir aún más si cabe ese mercado a las multinacionales europeas, especialmente en sectores como farmacéuticas, servicios financieros, agroindustria, telecomunicaciones y plataformas digitales. La eliminación o reducción de aranceles para automóviles, autopartes, maquinaria, aeronaves, productos químicos y plásticos de la UE generarían mayores ingresos para los gigantes de estos sectores.

Al mismo tiempo, la UE busca diversificar sus cadenas de suministro y reducir su dependencia de China, una prioridad desde la pandemia y la guerra en Ucrania.

La prisa por cerrar el pacto también está vinculada a la competencia con el Reino Unido, que tras el Brexit ha firmado su propio tratado con India en julio de 2025.

Un tratado diseñado en despachos corporativos

Como ha ocurrido con tantos otros acuerdos económicos, las negociaciones con India se han llevado a cabo a puerta cerrada. Incluso miembros del Parlamento Europeo han tenido dificultades para acceder a los textos negociados, mientras que los lobbies empresariales disfrutaron de un acceso privilegiado a los borradores y los equipos de negociación.

India es conocida como la “farmacia del Sur global” por su enorme capacidad de producir medicamentos genéricos baratos

Tampoco es una sorpresa que los negociadores de la Comisión Europea se han reunido decenas de veces con organizaciones empresariales como BusinessEurope, FoodDrinkEurope, SpiritsEurope o asociaciones del sector textil y farmacéutico. En cambio, sindicatos, organizaciones campesinas o grupos ecologistas apenas han sido escuchados.

El resultado es un acuerdo moldeado a imagen y semejanza de los intereses corporativos: menos aranceles, menos regulaciones, más protección para las inversiones y la propiedad intelectual en manos de monopolios corporativos. La protección de las inversiones y las indicaciones geográficas (IG) se están negociando por separado, lo que limita este acuerdo a los bienes, los servicios y las normas comerciales.

Intereses ofensivos de la India

Las grandes empresas informáticas y digitales indias buscan una mayor facilidad para obtener visados para sus profesionales y más exportación de servicios de tecnologías de la información. Asimismo, el gobierno indio demanda la libre circulación de datos y el reconocimiento de sus estándares para facilitar exportaciones de software y servicios.

Los gigantes del metal (Tata Steel, JSW Steel y SAI) han estado presionando a la UE para que reduzca las restricciones comerciales a sus exportaciones de acero.

Otro objetivo de la India es quedarse con una parte de la cuota de mercado de otros países exportadores como Bangladesh, Vietnam, Nepal y Camboya. Por ejemplo, los sectores textil, la confección y el calzado son las industrias con mayor probabilidad de verse afectadas negativamente por el aumento del comercio entre la UE y la India. Se verá una “competencia a la baja” en términos de salarios y estándares, ya que los países buscan competir en precio. De hecho, se prevé que la reducción de los aranceles para los bienes importados indios podría conducir a peores condiciones laborales y socavar las protecciones sociales y ambientales existentes en terceros países porque ciertos productos serían más baratos de importar desde la India.

Medicamentos más caros y menos acceso a la salud

Uno de los puntos más sensibles es la propiedad intelectual. India es conocida como la “farmacia del Sur global” por su enorme capacidad de producir medicamentos genéricos baratos, esenciales para millones de personas en países empobrecidos.

La UE ha defendido los intereses de su poderosa industria farmacéutica, introduciendo reglas más estrictas de patentes y exclusividad de datos. Esto podría retrasar la producción de genéricos y encarecer tratamientos contra el VIH, el cáncer o la hepatitis, no solo en India, sino en gran parte del mundo.

El tratado amenaza así el derecho a la salud y dificultará el acceso a medicamentos de las personas más necesitadas.

La pequeña agricultura en riesgo

Otro frente crítico es la agricultura. La UE quiere que el país asiático reduzca sus aranceles a productos como lácteos, vino o alimentos procesados europeos. India se resiste a las exigencias de la UE. Parece que productos como arroz, pollo, especies o lácteos están excluidos del texto.

La realidad social de la India es que decenas de millones de familias rurales, la mayoría de ellas encabezadas por mujeres, dependen de la agricultura y producción lechera a pequeña escala. La entrada de productos europeos subsidiados y producidos mayoritariamente por la industria agro-alimentaria podría destruir sus medios de vida, eliminando una parte de la pequeña producción y comercio agropecuarios así como acelerando la concentración de tierras y la migración forzada hacia las ciudades.

Lo que se presenta como “eficiencia de mercado” sería, en la práctica, una nueva vuelta de tuerca de desposesión campesina.

Servicios públicos y soberanía bajo presión

El acuerdo también pretende abrir sectores de bienes comunes como educación, sanidad, agua o servicios digitales a empresas europeas. Esto significa más privatización, más mercantilización y menos capacidad de las administraciones públicas para proteger servicios esenciales.

Además, de abrir mercados de servicios indios (consultoría, etc.), el objetivo del capital europeo es el acceso a contratos públicos estatales de la India.

La evaluación del alcance del acuerdo comercial entre el Reino Unido y la India estimó que las emisiones del transporte relacionadas con el comercio aumentarán entre un 18 % y un 36 %

Muchas de las normas que la UE quiere imponer limitarían la capacidad de India para regular en interés público, por ejemplo en protección ambiental, control de plataformas digitales o políticas industriales como el programa Make in India.

En nombre de la “seguridad jurídica para los inversores”, se recortaría la soberanía democrática.

Más racismo ambiental

En un momento histórico, en el que la crisis climática está empeorando y nos dirigimos hacia un calentamiento global de 3 grados, el acuerdo comercial aumentará las importaciones y exportaciones de bienes, lo que, por consiguiente, provocará un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. A modo de ejemplo, la evaluación del alcance del acuerdo comercial entre el Reino Unido y la India estimó que las emisiones del transporte relacionadas con el comercio aumentarán entre un 18 % y un 36 %.

Como en otros tratados recientes de la UE, el acuerdo incluiría un capítulo sobre comercio y desarrollo sostenible. Pero una mirada a la letra pequeña deja claro que esas cláusulas son puro lavado verde, no vinculantes y prácticamente hechas para no ser cumplidas jamás.

No habrá mecanismos para sancionar violaciones de derechos laborales o ambientales. En la práctica, los compromisos climáticos y sociales quedan subordinados a la lógica del libre comercio y la competencia global.

La industria armamentística europea se ofrece como proveedor al gobierno de Nueva Delhi que busca reducir su dependencia militar de Rusia

Los informes de numerosas organizaciones coinciden en que tanto empresas europeas en India como grandes grupos indios que exportan a la UE gozan de una impunidad espantosa ante los impactos que generan tales como precariedad laboral y violaciones de derechos laborales en cadenas de suministro (incluida trabajo esclavo y forzoso); daños ambientales por minería, plantas energéticas e industrias pesadas; desposesión, robo de tierras y desplazamiento de comunidades locales por proyectos de infraestructura y extractivismo; y obstáculos al acceso a la justicia y reparación para comunidades afectadas.

Entre los sectores con mayores abusos se encuentran el textil (salarios bajos, subcontratación, graves riesgo laborales, trabajo forzado en proveedores indios de marcas europeas, contaminación ambiental), la agricultura industrial para producir o caucho (abuso laboral, discriminación salarial, condiciones de vida degradadas), energía e infraestructuras (contaminación de agua y suelos, pérdida de pesca y medios de vida, desalojos forzosos y violentos de comunidades).

Si bien hay menos literatura sobre las exportaciones de empresas indias (Tata, Adani, otros) hacia la UE, sí existe evidencia y litigios sobre impactos de grandes conglomerados en India (p. ej. proyectos energéticos o mineros) que generan graves impactos.

Más geopolítica comercial

La Comisión Europea presenta el tratado como una alianza entre “democracias afines” y alternativa a la política arancelaria de Trump. Pero en realidad, se trata de un instrumento geopolítico para atraer a India a la órbita occidental, alejarla de los BRICS y contrarrestar la influencia de China y Rusia.

Un pacto de seguridad y defensa también está en el horizonte que prevé la posible producción conjunta de equipo militar. La industria armamentística europea se ofrece como proveedor al gobierno de Nueva Delhi que busca reducir su dependencia militar de Rusia diversificando las importaciones e impulsando su propia base manufacturera nacional.

Además, India no es cualquier potencia. Desde su ascenso al poder en 2014, el gobierno de Modi ha apostado claramente por el autoritarismo, la promoción del nacionalismo hindú y la discriminación contra minorías. Sus discursos belicistas y el aumento del gasto militar han agravado las tensiones regionales y desviado recursos de políticas sociales (salud, educación, mitigación climática).


Varias ONG de derechos humanos han criticado el uso del conflicto con Pakistán –incluida la región de Jammu y Cachemira, donde la disputa histórica se ha vuelto elemento recurrente del nacionalismo hindú, potenciando sentimientos belicistas y militaristas— como instrumento de disciplinamiento interno. Se han reprimido manifestantes, restringido la libertad de opinión y instrumentalizado leyes de seguridad para perseguir policial y judicialmente a activistas o periodistas críticos del manejo oficial del conflicto. La detención de académicos que condenan políticas de guerra o que abogan por la paz ha sido objeto de denuncia.

Asimismo, el informe “Arquitectos de la ocupación: El Grupo Tata, el capital indio y la alianza India-Israel”, afirma que el Estado Indio y la clase capitalista están “apoyando y beneficiándose del proyecto colonial sionista y su continua ocupación militar y violencia genocida contra el pueblo palestino“ y Tata está ”en el corazón“ de la alianza militar entre India e Israel. Las filiales del conglomerado alimentan directamente el complejo militar-industrial israelí.

Tata Advanced Systems Limited (TASL), uno de los mayores fabricantes privados de defensa de la India, mantiene una larga colaboración con Israel Aerospace Industries (IAI). Juntos, fabrican componentes clave para el sistema de misiles tierra-aire Barak-8, que constituye la columna vertebral de la defensa naval de Israel y se utiliza en ataques contra Gaza.

Jaguar Land Rover, otra filial de Tata, suministra el chasis de los vehículos blindados ligeros, utilizados por las fuerzas israelíes de ocupación en Cisjordania y para reprimir manifestaciones. Tata Consultancy Services (TCS), el gigante de las tecnologías de la información, participa en la construcción de infraestructura digital para los sectores gubernamental y financiero de Israel, incluyendo su participación en el Proyecto Nimbus, el controvertido contrato de computación en la nube gestionado conjuntamente por Google y Amazon que facilita la vigilancia del Estado israelí.

¿Para quién es realmente este acuerdo?

El acuerdo UE-India sigue el mismo patrón que otros pactos comerciales impulsados por la UE, como el de Mercosur, Chile o el de México. Mucha retórica sobre crecimiento, pero una estructura diseñada para beneficiar a las grandes corporaciones.

Este acuerdo se vuelve aún más problemático para un país como la India que ya sufre de manera aguda el cambio climático —olas de calor extremas con temperaturas que superan 45–50 °C en muchas regiones provocando hospitalizaciones y muertes, además de estrés térmico extremo para millones de personas, sequías, monzones destructivos, inseguridad alimentaria y destrucción costera— lo que hace que un tratado centrado en facilitar negocios y exportaciones, pueda profundizar la desigualdad, la vulnerabilidad climática de poblaciones urbanas y rurales así como los conflictos sociales tanto en India como en las cadenas de suministro que alimentan el modo de vida imperial del mercado europeo. Porque el problema no es solo el tratado UE-India o el acuerdo UE-Mercosur. Es el modelo de comercio que se lleva imponiendo décadas con la globalización capitalista.

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