Uruguay
Uruguay tiene mucho que decidir en las urnas

Uruguay se juega este domingo mucho más que un nuevo Gobierno: la elección de en qué tipo de sociedad quiere seguir viviendo.

Urna en unas votaciones
Urna en unas votaciones. Olmo Calvo
27 oct 2019 11:00

Uruguay no ha podido escapar al intenso momento político que se vive al sur del sur latinoamericano y este domingo tiene una doble cita con las urnas. Por un lado, elige un nuevo Gobierno nacional y renueva las 90 bancas de la Cámara de Representantes (Diputados) y las 30 del Senado. Por el otro, las 2.699.847 personas obligadas a votar participarán de un trascendental plebiscito impulsado por la derecha del país: una reforma constitucional que prevé, entre otras medidas punitivas, la formación de una Guardia Nacional de 2.000 militares, para que cumplan funciones policiales.

Si el candidato del Frente Amplio, el exintendente de Montevideo, Daniel Martínez, lograra revalidar los 15 años de gobiernos frenteamplistas, sumaría al país en un escenario regional que parece poner freno al impulso neoliberal que precedió al auge vivido en el continente con los gobiernos de Chávez, Mujica, Kirchner, Lula y Correa, entre otros.

La rebelión aún no apagada en Ecuador, la masiva repulsa del pueblo chileno ante la declaración (y ejecución) de guerra de su presidente Sebastián Piñera, el nuevo triunfo de Evo Morales en Bolivia, la casi segura caída del derechista Mauricio Macri en las elecciones argentinas de hoy, y la eventual ratificación de los colores del gobierno uruguayo, aparecen como un bálsamo para una izquierda que en pocos años vio a la derecha neoliberal quedarse con la mayoría de los gobiernos del continente.

El candidato oficialista no lo tendrá fácil. Pese a que las encuestas lo dan como claro ganador con un 40% de apoyo, sobre el 26% del segundo, Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, son cifras que no alcanzan para obtener una mayoría absoluta que evite ir a una segunda vuelta a celebrarse el 24 de noviembre próximo. Solo la obtención del 50% de los votos más uno garantiza ser gobierno en forma directa.

Este año son 11 los partidos que presentan candidaturas a la presidencia y nueve de ellos tendrían posibilidades de obtener alguna banca en el Congreso. En ese marco, el tercer puesto y cuarto puesto a las presidenciales lo ocupan en intención de voto el Partido Colorado y la novísima fuerza Cabildo Abierto, con un 13 y 12% respectivamente. El candidato de esta última, el excomandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, es considerado el “Bolsonaro” local.

La más que probable segunda vuelta tiene un problema añadido para la izquierda, la derecha y centro derecha —hoy fragmentada en una innumerable cantidad de partidos— ya habría iniciado conversaciones para formar un frente que les permita sacar del gobierno al partido del expresidente Pepe Mujica.

La paradoja uruguaya

Uruguay es uno de los países más estables del continente y cuyo transitar político menos titulares regala a la prensa internacional. “Es el más igualitario de la región”, elogió en agosto la secretaria ejecutiva de la Comisión Ejecutiva para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena.

Además, destacó que el país lleva 16 años de crecimiento consecutivo, pese a estar rodeado de dos economías del peso de la argentina y la brasileña, ambas en crisis económica y con sus números negativos. Según la Cepal, solo el 2,7% de sus 3,4 millones de habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza y apenas 0,1% en la indigencia. “Quiero decirles a ustedes, uruguayos, que deben sentirse orgullosos de este país, pues uno llega aquí y siente que el mundo no se va a acabar”, declaró Bárcena.

Pese a este contexto de paulatina reducción de la pobreza y la desigualdad social, la sociedad uruguaya vive con preocupación el exponencial crecimiento de los índices de delincuencia y homicidios. Según el Observatorio Nacional sobre la Violencia y Criminalidad del Ministerio de Interior, en 2018 los robos con violencia crecieron un 54% y los homicidios un 46%, respecto al año anterior.

Nunca Uruguay había sufrido tantos asesinatos en un año, 414 personas. Una tasa de homicidios de 11,8 casos cada 100.000 personas, que lo coloca muy por encima del 5,2 de Argentina o el 3,6 de Chile. En Montevideo, con 62 casos más que en 2017, la tasa se disparó a un 16,1%. Y en la ciudad de Salto se ha pasado de 2 homicidios a 12.

Milicos nunca más

Los números demuestran que Uruguay no ha quedado exenta del escenario de redes de tráfico que asola a gran parte de los países de la región, sin que los gobiernos hayan podido encontrar una respuesta. A la inseguridad real, se suma una creciente alarma social muchas veces fomentada desde el sensacionalismo mediático.

Este combo ha sido capitalizado por el sector que conduce el senador del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, que en febrero de 2019 presentó ante la Corte Electoral más de 400.000 firmas que avalaban la solicitud de un plebiscito para decidir sobre unas reformas constitucionales que abrirían la puerta a las fuerzas militares a participar en cuestiones de seguridad interior, hoy reservadas a la policía, entre otras medidas punitivas.

En el marco de la denominada campaña “Vivir sin miedo”, la propuesta gira en torno a cuatro ejes. El principal, la creación de una Guardia Nacional integrada por 2.000 militares que colaboren con la policía para “hacer velar la Constitución y las leyes”, “amparar a las personas en el ejercicio de sus derechos individuales” y “la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico”.

También se pretende el cumplimiento de la totalidad de las penas para determinados delitos considerados más graves, eliminando la posibilidad de su reducción por buena conducta, trabajo o estudio, o la libertad vigilada. En ese sentido, se impulsa la prisión permanente revisable, es decir la reclusión continuada durante 30 años sin atenuantes que aplicar.

Por último, el proyecto impulsa legislar sobre la realización de allanamientos nocturnos, en lugares donde hay sospechas “fundadas” de que se está cometiendo un delito.

Las simpatías con la reforma han ido fluctuando con el transcurrir de los meses. Según distintas encuestas, en junio alcanzó el pico máximo de apoyos con un 47%. A partir de allí la tendencia ha ido disminuyendo en forma paulatina y a día de hoy nadie se atreve a anticipar un resultado.

Los apoyos a estas medidas siguen siendo muy altos, pero no alcanzarían a superar el 50% necesario para su aprobación. El electorado de la derecha, en sus diferentes facciones, se ha mostrado ampliamente por el “sí”, mientras que entre el voto al Frente Amplio la contundencia es en el sentido contrario.

Pretender solucionar situaciones de conflictividad social y de seguridad con medidas represivas o punitivas no es una novedad entre las politicas de la derecha latinoamericana. Un discurso simple y directo que, con un buen andamiaje mediático, cala con facilidad en estos contextos. Llenar las cárceles de presos, una antigua propuesta que nunca ha solucionada nada.

Sin embargo, a tan pocos días de las elecciones nadie contaba con que el “oasis” chileno explotara y con ello, quedaran al descubierto prácticas militares que han sido muy sensibles a los pueblos de América Latina. Lo que era el modelo a seguir, se ha convertido en pocos días en un bumerán para los impulsores de la reforma constitucional pretendida e incluso para sus aspiraciones electorales.

La central sindical Pit-CNT, la Federación de Estudiantes Universitarios, los partidos políticos de izquierda y un amplio racimo de organizaciones sociales son los impulsores del “No a la Reforma”, un movimiento que esta misma semana convocó a más de 100.000 personas por las calles de Montevideo que corearon “Milicos nunca más”, un viejo cántico de la democracia uruguaya contra los resabios de la dictadura.

Uruguay se juega este domingo mucho más que un nuevo Gobierno: la elección de en qué tipo de sociedad quiere seguir viviendo. Y aunque los sondeos son más alentadores para quienes impulsan el sí, no existiría una convicción férrea en una parte importante de ese voto positivo, lo que hace impredecible el resultado final. Las urnas tienen la palabra.

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