Teatro
Un espejo llamado Cerro Belmonte devuelve la mirada desde las tablas: cuando amar el barrio también es vencer
Hay ocasiones en las que un escenario se queda pequeño. Pequeño para mirar al pasado, pequeño para imaginar un futuro, pequeño para sufrir en tus propias carnes el presente. Sin embargo, en Un verano por metro cuadrado ocurre todo lo contrario. La compañía 7 Minutos de Gloria ha conseguido materializar en algo menos de hora y media todo un trabajo de arqueología de la memoria que les ha llevado tres años de preparación y que se podrá disfrutar en diferentes fechas hasta mayo en el Teatro del Barrio de Lavapiés, en Madrid.
Son estrellas que miran a Cerro Belmonte, el barrio que se independizó de la capital en 1990 y hasta pudo ser asilado en Cuba como respuesta al enésimo proyecto de especulación urbanística auspiciado por el Ayuntamiento. Pero también son estrellas que iluminan un presente de lucha y resistencia, de conciencia y consciencia barrial, guiadas por la promesa de nunca dejar de prometerse a sí mismas un futuro mejor.
Les dijeron que formaban parte de una Bolsa de Deterioro Urbano. El alcalde del momento, Agustín Rodríguez Sahagún, así lo anunciaba a bombo y platillo, como se hacían siempre esas cosas. En medio, algo más de 200 vecinos que decidieron resistir. Eran sus casas. Era su territorio. Era su vida, la misma que quisieron arrebatarles mediante un proceso de expropiación forzosa para construir chalés unifamiliares. El norte de la capital no estaba hecho para ellos. A cambio, les ofrecían pisos en ensanches como Vicálvaro, Villaverde y Moratalaz. Pisos nuevos, pero sin su gente.
Un verano por metro cuadrado recupera esa lucha entre la dignidad y la soberbia del pelotazo. Lo dijeron las mujeres de entonces, lo dicen las actrices en la obra: “Expropiación = Especulación”. Aquello era inadmisible. Solo les querían dar 5.018 pesetas por metro cuadrado, cuando en la zona su valor alcanzaba las 200.000 pesetas.
“Somos una compañía creativa, juguetona e inocente, y vimos cierto reflejo en la forma en la que Cerro Belmonte luchó contra esta situación que les parecía injusta”, introduce Lucía Feijóo Robles, quien interpreta los papeles de Estrella y Susi en la obra. Junto a ella están Manu Cantelli, Nayarit Fuentes, Marta Guijarro Rojas, Cristina Marco y Paula Mira, y también Marina Margallo. Todas han dirigido la obra. Colectivamente, como luchó Cerro Belmonte. Ellas lo dicen: “Hay que entender la obra como obrero. Si no, la obra deja de ser la obra”.
La promesa continua de la lucha social
El Teatro del Barrio ha sido el primer escenario en el que estas jóvenes de 26 y 27 años han desplegado su crítica, pero también su humor. Son ellas quienes sufren en su día a día la pérdida de la esencia del barrio. Unas en Puerta del Ángel, otras en Carabanchel o Vallecas. Da lo mismo. La gentrificación galopa sobre una cotidianidad que avanza demasiado rápido como para oponerse a ella. Son ellas, también, quienes saben que si de alguna forma esto puede pararse es con la unión. “La transformación de nuestros espacios ha sido brutal. En Cerro Belmonte decidieron prometerse que resistirían, y lo intentaron”, comenta Feijóo, vecina de Tetuán, muy cerca de Valdezarza, donde un verano se declaró la independencia.
Las integrantes de 7 Minutos de Gloria han cumplido su promesa particular: estrenar la obra. “Queremos reivindicar la lucha social en un momento en el que siento que nuestra generación está algo desencantada con el activismo”, comenta Nayarit Fuentes Licht. Esta actriz de 26 años, que se gana la vida como programadora cultural en un proyecto de ocio saludable y gratuito en Usera, se muestra orgullosa de haber recuperado una historia en la que el individualismo todavía no había colonizado la imaginación de los vecinos. Algo parecido siente Feijóo, quien se ha formado como gestora cultural y trabaja en un despacho de abogados, al experimentar este tipo de creación teatral comunal como una forma de activismo político.
El barrio le roba una estrella a la Comunidad de Madrid
Aquel verano de 1990 se presuponía caliente en Cerro Belmonte. Los dislates y eufemismos cacareados desde el Consistorio capitalino, como el mantra del Plan de Absorción Vecinal, venían a decir solo una cosa a los vecinos: vivís en un lugar que no os corresponde, os pagaremos una miseria por ello y haremos caso omiso de vuestras protestas. Los gerifaltes de Urbanismo y las empresas desconocían hasta dónde podían llegar los afectados.
Lo más sonado fue el recibimiento de veinte de ellos por Fidel Castro, en Cuba, tras pedir asilo. Lo concedió, pero estos madrileños afligidos por aquella ola expansionista del cemento decidieron retornar a sus hogares. También escribieron al papa Juan Pablo II, a la ONU y al Comité Olímpico Internacional, y acamparon, se encerraron en iglesias, hicieron huelgas de hambre, intentaron parar las demoliciones mediante cadenas humanas y protestaron hasta desgañitarse la voz.
Nada era suficiente, así que decidieron independizarse tras votarlo en referéndum. Los resultados fueron 212 votos a favor y dos en contra
Nada era suficiente, así que decidieron independizarse tras votarlo en referéndum. Los resultados fueron 212 votos a favor y dos en contra. Se creaba así el Reinado de Cerro Belmonte, al que incluyeron el Principado de Villaamil y el Condado de Peña Chica. Su moneda propia, el belmonteño, serían 5.018 pesetas al cambio.
En su bandera colocaron una estrella de cinco puntas que, aseguraban, le habían robado a la enseña oficial de la Comunidad de Madrid. El grupo punk del barrio, Kaduka2000, escribió el himno. El estribillo todavía se recuerda: “¡Queremos pan, queremos vino! ¡Queremos al alcalde colgao de un pino!”. Y redactaron su propia Constitución. Una suerte de Carta Magna en la que escribieron, en su primer artículo, que abogarían por “la justicia, la igualdad, el pluralismo político y la FELICIDAD", en mayúsculas.
Feijóo es la actriz, Susi en la ficción, encargada de leer este pasaje llevada por el fervor del momento y subida a un par de cajas de botellines de Coca-Cola, el atril del pueblo. Ahora, una pequeña muestra de lo que hicieron los vecinos de Cerro Belmonte se reproduce en la obra y en su proceso creativo. Horas y horas planeando las acciones, debatiendo qué decir y la forma en que hacerlo, abrazando miedos, incertidumbre, añoranzas, anhelos y hasta alegría. Todo eso es compartido, en 1990 y ahora, sobre sillas de plástico blancas, en círculo, donde todas nos veamos las caras.
“Unos se quedaron, pero otros se fueron, y nos parecía interesante pensar sobre por qué algunas personas no tuvieron la fuerza para seguir luchando”, comenta Lucía Feijóo Robles
Muchos se marcharon. Entender la realidad que envolvía a esas familias que decidieron aceptar lo propuesto también es tarea del presente, y desde 7 Minutos de Gloria no la rehúyen. El tema sigue siendo doloroso en un barrio en el que Villa Esperanza resiste en el número 12. “Unos se quedaron, pero otros se fueron, y nos parecía interesante pensar sobre por qué algunas personas no tuvieron la fuerza para seguir luchando”, comenta la misma Feijóo. “La España de las plazas se empezó a convertir en la España de las rotondas”, sintetiza el guion.
La última promesa
Un verano por metro cuadrado no deja de ser una creación divertida, coral, horizontal y pensada desde un presente que quiere mirar al pasado para aprender y no olvidar. El elenco, además, logra que el escenario se convierta en una fiesta del teatro donde un grupo de amigas se saben disfrutonas mientras cantan y bailan, playback de la actuación de Marta Sánchez ante los militares españoles en la Guerra del Golfo y reparto de bollo al público incluido. Se trata de una compenetración que tiene algo de diferente, que habla de una rebeldía común hacia un mundo voraz, que se transmite al presenciarla. Porque recordar juntos, hacer memoria y amar la ciudad, “especular con la idea de un barrio en el que se cabe”, es otra forma de resistir.
La obra se descubre con una cita: “Prometer es una acción capaz de atravesar el tiempo”. Forma parte del ensayo de Marina Garcés El tiempo de la promesa (Anagrama, 2023). Este mes de febrero se ha cumplido la promesa que hace tres años se hicieron las ocho integrantes-amigas de 7 Minutos de Gloria. A partir de ahora, Feijóo intentará ser más realista con sus tiempos y no intentar abarcarlo todo. Fuentes, por su parte, se ha prometido lograr que el trabajo no sea el centro de su día a día. “Y tú, ¿cuál es la última promesa que te has hecho?”.
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